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Capítulo 4
—Alfred… Oye, Alfred — sintió que alguien le daba unas palmadas en las mejillas — Hombre, necesito que te despiertes un momento, ¿me escuchas?
Murmuró algo que ni siquiera él entendió, pero lo que sí sabía, era que no quería dejar de dormir, ¡ya era bastante tarde!
—Alfred, ¿oyes eso? — la voz bajó de volumen — ¿Algo como cadenas y pasos? ¿Una mujer que llora y dice tu nombre?
—Uhn… ¿mi nombre? — repitió por inercia, percibiendo un escalofrío que le corría por toda la espalda
—Sí, sí, tu nombre… algo como —el tono cambió de pronto — "Alfred, vengo por tiiiiiii~"
—¡Ahhhhhhhhhh! — soltó un grito aterrador que, seguro, había sonado por toda la casa — ¡No, no, yo no hice nada! ¡No vengas por miiiii! — se tapó con la sábana hasta el rostro, sintiendo la natural punzada en su hombro por el movimiento — ¡Help me! ¡Help meeeeee!
—Y yo que creí que no funcionaría — esa era la voz de Alexander, ¡apenas la reconocía!
—¡No debería hacer eso! — regañó una tercera que no se le hizo familiar — ¡Podría retrasar su recuperación!
—¿Qué tiene que ver un hombro herido y un pequeño susto? ¿La sangre se le va a salir, o algo parecido?
Bajó un poco la tela para revisar el panorama, temblando todo el tiempo…
Vio a su anfitrión acompañado de un hombre viejo que portaba unos graciosos lentes, lo que le hizo recordar que no se había quitado los suyos para dormir…
—Bien, despertaste — se topó con la sonrisa burlona del moreno — Ahora sé que debo espantarte con fantasmas si quiero que me hagas caso
—¡¿Q-Qué?! — se sentó de golpe — ¡¿Entonces me engañaste?!
—Sí, yo lo diría de esa manera
—Hay formas más amables de despertar a una persona, Don Alejandro — volvió a quejarse el mayor, que se ubicó a la orilla de la cama — Espero que no se vuelva a repetir
—¿Despertarme? — ahora venía la confusión — ¿Para qué?
—Él es el médico — indicó el de ojos rojos — Hasta ahora pudo venir a revisarte, así que necesitaba que estuvieras consciente para responder algunas de sus preguntas — sonrió mostrando los dientes — Sin resentimientos, ¿de acuerdo?
—J-Jah, eso lo veremos — imitó el gesto, aunque todavía estaba algo alterado — ¡Me las pagarás en cuanto esté mejor!
—¡Por favor, no hablen! —ambos fueron reprendidos — ¡Y menos usted, jovencito, que necesita estar lo más tranquilo posible!
—P-Perdón…
No sabía de qué estar más sorprendido: del susto, de un doctor que lo regañaba por ser tan eufórico, de un Alejandro que escuchaba todo atentamente, o del inusual horario para atenderlo…
Como fuera, era evidente que ya no podría conciliar el sueño después de eso
…
… y estuvo en lo correcto, porque una hora después, cuando el anciano ya había terminado con su trabajo y le dio varias indicaciones, no tenía la mínima inspiración para acomodarse en esa cama y volver al mundo de Morfeo
Le daba envidia la cara de sueño que ya tenía el médico, y también la de cansancio que el moreno se cargaba… que por cierto, ¿dónde había estado todo el día? Podría ser que tuviera compromisos importantes, pero… b-bueno, él también tenía derecho de cierta parte de su tiempo al ser su huésped, ¿no? Así que no había nada de extraño en esa sensación de abandono
Hizo un puchero gracioso por el pensamiento, llamando la atención del de ojos rojos
—¿Qué sucede? — preguntó divertido — Tienes cara como de que quieres que te dé un beso de buenas noches
—¿Qué…? — cuando procesó la oración, se coloró en un segundo — ¡J-Jajajaja! ¡Of course not! ¡I´m fine! ¡I can sleep without problems!
—No te creo — regresó a su lado, asegurándose de que el mayor fuese acompañado hasta la salida por una sirvienta — Lamento si te asusté, pero la cara que pusiste fue increíble
—¡Jajaja! ¿Quién estaba asustado? — cruzó sus brazos muy heroicamente — Te aseguro que no hay nada en el mundo que me atemorice
—Bueno, los fantasmas no son de este mundo, así que debe contar bastante
—¡N-No le tengo miedo a los fantasmas! — era obvio que sí — ¡Ni siquiera creo en ellos!
—Jo, ¿estás seguro? — la cara que puso no le gustó para nada — Entonces no tendrás problemas, digo, aquí hay muchísimos, ¡es natural en las casas viejas!
—¿E-En serio? — oh, no, de nuevo la sensación de terror — ¿V-Viven muchos…?
—No tienes idea de cuántos — esa sonrisa tampoco le gustó — Estoy seguro que estarán encantados de conocerte… ¡Mira! —señaló hacia la ventana —Creo que uno quiere saludarte…
Sí, volvió a gritar. Sí, volvió a temblar… y sí, volvió a aferrarse a la primera cosa viva que encontró, que resultó siendo su anfitrión
Exclamaron, se quejaron, forcejearon y hablaron sin que ninguno se entendiera
Alexander no paraba de repetir que sólo había sido una broma y de rogarle que se quitara de encima; él no paraba de gritar y de gritar que no quería ser un alma en pena
No supo si despertaron a toda la servidumbre, si los perros de la calle aullaron, o si alguien tuvo la fabulosa idea de llamar a los soldados, pues él sólo estaba interesado en ser protegido de esos malvados espíritus
Aún con todo el terror mal enfocado, hubo espacio para el placer
Fue agradable escuchar la risa alegre y juguetona del moreno; fue genial obtener su completa atención por medio de algo que él consideraba de máxima prioridad; le encantó tener entre los brazos ese cuerpo y darse cuenta de que no estaba siendo rechazado en realidad, y más que nada, le encantó esa… relación, ese trato espontáneo que se desarrolló sin que lo notaran y que parecía ser digno de los mejores colegas, de los cómplices que siempre se cuidarían la espalda sin importar la circunstancia
Ni siquiera con Arthur había sentido algo similar
…
Cuando pasó todo el alboroto, le alegró mucho que el contrario luciera tan divertido y satisfecho como él, con el cansancio desaparecido y todos los ánimos para hablarse de tonterías, de lo más estúpido y libre que les diera la gana
Y sin duda, estuvo feliz porque se quedara hasta el amanecer continuando esa conversación trivial, sin el mínimo rastro de arrepentimiento
Quería pensar que esa era una señal para interpretar que eran amigos, o por lo menos, que compartían el pensamiento de que había sido bueno conocerse, a pesar de la forma en que sucedió
Por un momento, realmente, se sintió como un sujeto normal, en ese papel de que era un simple chico que viajó a Campeche en busca de unos parientes para trabajar. Una vida como esa no le parecía tan mala ahora, sobre todo si podía continuar con esa extraña y súbita amistad que lo dejaba tan satisfecho
Quizá si tuviera un poco de valor… le confesaría que era un pirata y le sugeriría que lo acompañara a recorrer tierras que no imaginaba, a vivir lo que muchos no se atrevían, a tomar el mar con sus propias manos y dejar su nombre grabado en la memoria de todos…
Claramente, eso no sería posible de ningún modo
—Y así es como llegó la mañana —lo escuchó decir mientras algo de luz amarilla ya se colaba por la ventana —Tenía un buen rato que no me desvelaba por algo tan simple~
—¿Eso qué quiere decir exactamente? — la confianza adquirida en un plazo tan corto de tiempo lo abrumaba, y a la vez, lo hacía feliz — ¿Pues en qué otras cosas se ha desvelado Don Alejandro?
—Por favor, no me hagas ser indiscreto~ — sonrió de forma sospechosa— ¿Has oído la frase de que "Un caballero no tiene memoria"?
—Ya sé, no me digas, ¿por mujeres?
—En efecto — la pose altiva fue reveladora — Ha esta edad uno ya no tiene el lujo de conservar "inocencia"~
—¿Lujo de conservar? —alzó una ceja, sintiéndose muy molesto — No suena como su hubiese sido un sacrificio perderla
—Tienes razón, la cedí con enorme placer… tomando en cuenta lo joven que era en ese entonces — ¿pues desde cuando demonios…? — Debo imaginar que para ti tampoco
—No estábamos hablando de mí — carraspeó — Como sea, ¿debo disculparme porque le privé a una hermosa dama tu fatídica compañía?
—No por ahora — se estiró — No tiene mucho que llegué a la ciudad, así que todavía no busco una amante — era extraño oír a alguien decirlo de forma tan natural, y personalmente, lo irritó más de lo debido en esa ocasión — Cuando la encuentre veremos qué sucede
—No quiero saber nada, gracias
—Vamos, no te pongas celoso — le dio un pequeño golpe en la cabeza — Tienes que comprender que soy un hombre "ocupado", y precisamente por eso sé cómo distribuir mi tiempo
—¡Jah! Como si el grandioso —arrastró con sarcasmo mientras le aventaba una almohada— Alejandro fuese tan solicitado
—Aunque no lo creas — recibió la suavidad con buen humor — Tal vez algún día te enseñe cómo llevarte una mujer a la cama en menos de cinco minutos
—No te preocupes, sé arreglármelas perfectamente
—Es bueno escuchar eso, ¡por un momento pensé que todavía eras virgen!
—¡Como si algo así fuera posible!
Siguiendo con ese tema que, muy en el fondo, le frustró de sobre manera y que hubiera deseado cortar de tajo, se asearon un poco y finalmente caminaron al comedor para tomar el desayuno
Era un cuarto bastante largo, con una mesa de gran longitud que casi ocupaba la distancia total; la madera brillaba de forma elegante, acompañado de un frutero en la parte central. Por encima, en la parte media del sitio, colgaba un candelabro de plata donde lucían algunas velas, siendo innecesario prenderlas por la luz que entraba por las seis ventanas distribuidas; aunque era una mesa larga, había sólo las sillas necesarias con cómodos cojines en el asiento, y algunas alacenas de finos adornos se ubicaban al fondo, resguardando platos de blanca porcelana
Sí, a pesar de tener una presentación sencilla, no le quitaba al ambiente ese implícito lujo… si no fuera porque estaba muy decidido a comportarse bien, ya habría robado lo valioso
… bien, eso demostraba que con todo, seguía latente la codicia digna de su labor
A punto de tomar asiento, una sirvienta llegó y le susurró algo al oído al moreno
… lo dejó un tanto intrigado el gesto serio que de pronto adquirió
—Me disculpo un momento — volvió a sonreír — Parece que llegó un mensajero y necesito atenderlo, ¡pero empieza a desayunar! Tómate tu tiempo
Se retiró antes de decirle algo, aunque lo dejó por la paz
Si su teoría de que era el hijo de alguien muy rico acertó, significaba que también tenía cosas importantes que hacer
¿Qué podía ser más importante que él? Se atrevió a pensar… y se descolocó por ello, no sabiendo describir el sentimiento que vino. Sin embargo, se fue tan fugazmente como llegó
Eso era lo mejor
…
Momentos después, cuando ya estaba disfrutando de esa sopa –suponía que lo era por su consistencia-, vio entrar al contrario con un gesto… distinto… bueno, seguía tranquilo y relajado, pero había algo… distinto. No tenía manera de describirlo con otra palabra
Comenzó a desesperarse cuando sólo se quedó recargado en el respaldo de una silla, sin la mínima intención de tomar asiento
—¿What´s wrong? — inició en vista de que el otro no lo haría. Parecía que pensaba en algo — ¿Perhaps you saw a ghost?
Esbozó una sonrisa, señal de que recordaba la pesada –a su parecer- broma con la que empezaron la noche. Eso devolvió en cierta medida las cosas a la normalidad…
¿Pero a qué normalidad se refería? No era como si algo así de verdad existiese tomando en cuenta que apenas tenían unos días de conocerse… claro, eso no le interesaba, porque él ya podía enlistar de memoria lo que hacía su convivencia normal y natural
—Es una pena— dijo de pronto con ese tono que no cambiaba — Me gustaría seguir asustándote con el asunto de los fantasmas, pero me temo que tendrá que ser para otra ocasión —se irguió — Tengo que salir de la ciudad en este preciso momento
Eso lo tomó por sorpresa, y no una muy buena
Exigir una explicación estaba fuera de lugar. No tenía derecho de entrometerse. Lo sabía, y aún así, sintió ese nudo en el estómago que casi le hacía vomitar sangre
La sensación se agravó cuando escuchó la orden de que prepararan su equipaje
—No hay que lamentarse — le dio unas leves palmadas en la espalda — Fue un placer conocerte, Alfred — extendió su mano en señal de despedida, y él correspondió en automático — Sabes que esta es tu casa, así que no te preocupes por nada y recupérate
Suspiró, sabiendo lo que debía decir
No quería que se terminara tan pronto. No quería. No quería
— Gracias por todo, y espero que tengas un buen viaje
—Digo lo mismo — le soltó. Ojala no lo hubiera hecho — Cuando regrese, y si todavía estás por aquí, tal vez pueda enseñarte esas tácticas de conquista que te propuse
—¡Right! — dijo con una nueva sonrisa — Pero estoy seguro que te llevarás una gran sorpresa cuando te demuestre mis habilidades
—Eso será digno de verse
Le supo muy irreal el último cabeceo de despedida que le mostró, al igual que el modo en que se alejó y la casa que se puso en movimiento para tener todo listo
Fue… demasiado rápido. Todo lo fue: desde la pelea en el callejón, hasta cuando despertó la primera vez; desde esa noche de extraña convivencia y ese apretón de manos. Todo terminó en un parpadeo
… incluso hallarse de repente solo en el comedor, con el desayuno a medio acabar, se preguntó si en realidad no había entrado a esa casa como parte de un motín, con la servidumbre escapando y sus compañeros saqueando y buscando los objetos de valor
El recuento de todo llegó y se desvaneció al mismo tiempo, como si hubiese salido de algún sueño demasiado amable para alguien como él, ¿lo había sido? ¿Imaginó o soñó todo aquello? ¿Incluso a ese chico de ojos rojos y sus palabras, sus gestos y la amistad que nació tan pronto como se le grabó en lo profundo del cerebro?
…
…
Se levantó y volvió a la habitación donde durmió apaciblemente por varias noches. Se vistió con la ropa que traía originalmente, guardó las pertenencias básicas en sus bolsillos y limpió sus lentes antes de ponérselos, seguro de que ninguna mancha afectaría la vista. También se guardó algunas vendas, porque lo más seguro era que tendría que cambiárselas conforme pasaran los días
Esa herida en el hombro era la única señal de que ese episodio no fue una invención de su desesperada imaginación
Salió con discreción, apenas agradeciéndole la hospitalidad a aquella mujer que le sirvió el almuerzo la primera vez
…
…
"Alejandro", ¿cierto?
Sonrió un poco
Se encargaría de recordar ese nombre. Tal vez la próxima vez que se vieran sería en una ocasión mejor y todavía conservando el juego de que era un muchacho en busca de trabajo
Tal vez la próxima vez podría quedarse todo el tiempo del mundo con él
…
Regresó al sendero, apreciando que se encontraba en la parte Norte de la ciudad, en una elegante y limpia zona donde ningún callejón peligroso lo acechaba
Suspiró y afiló la mirada, caminado hacia el centro
Esto no había acabado. Tenía cosas que hacer
