Disclaimer: Nada ni nadie me pertenece, excepto mi alma que ya no sé ni cómo sigue conmigo la pobre. No saco beneficio de esto excepto mi saneamiento mental y espiritual, o mi hundimiento en el lado oscuro más todavía.
Perdonad las posibles salidas de tiesto-personalidad de ambos personajes, las erratas y zarpas propias (que ni lo revisé. No tengo alma)
Advertencias: leguaje, ¿smut?, slash obvio, cierto grado de violencia, bizarrismo no puede faltar, Darpple
Día de San Valentín
Daryl hundió las tarjetas de cartón rosas con forma de corazón en el fondo de su mochila. Aún podía sentir el calor en sus mejillas y orejas cuando varias de sus alumnas se acercaron a él con ellas en la mano y una sonrisa.
Gracias a Dios logró disimular su primera reacción de estupefacción y confusión ya que jamás había recibido una de esas. Ni una por lástima cuando era un crío en el colegio. Ni Michonne se había molestado en darle una de broma.
Daryl frunció el ceño recordando ese detalle, no era normal que su amiga dejara pasar una oportunidad como esa para mofarse de él… Quizá tendría que preguntárselo la próxima vez que se vieran.
Sentado tras el volante de su coche, las arrugas de su frente se iban haciendo cada vez más visibles a cada escaparate con el que se cruzaba, a cada pareja que veía sonriendo agarrada de la mano deseando internamente que se cruzaran con una placa de hielo para acabar con tanto teatro.
Detuvo el vehículo en un semáforo y encendió la radio.
̶ ¡Feliz San Val…!
Daryl apagó la radio de un manotazo hincando el pie en el acelerador en cuanto el brillo verde de la luz cayó sobre él dándole vía libre.
El bailarín llegó en tiempo recordar a casa sin que el sonido de una sirena de policía le detuviera en el arcén. Había tenido suerte.
Cogió la mochila que había dejado en el asiento del copiloto y bajó del vehículo, apresurándose a cerrarlo echando una breve carrera hacia la puerta, huyendo del frío.
Daryl cerró la puerta tras él con el talón dejando que la bolsa se deslizara de su hombro hacia el suelo bajo el colgador de la entrada. El calor de la calefacción le golpeó en la cara convirtiendo la rojez de sus mejillas en una visión más saludable y agradecida. Se deshizo de la chaqueta con un escalofrío y desenrolló la bufanda negra de Shane de alrededor de su cuello (aunque ya era suya, pero aun así, de vez en cuando le hacía usarla para conservar su olor).
— ¿Shane?— Preguntó Daryl extrañado por no escuchar a su novio en ninguna parte de la casa.
Estaba en allí, eso seguro. Su turno ya había terminado y la luz de la sala estaba encendida. Pronto escuchó las pisadas de Vincent derrapando por el pasillo (habían tenido que acolchar una de las esquinas por la cantidad de ocasiones en las que había dado con su cuerpo contra ella), acercándose a él a gran velocidad.
— ¿Qué pasa, enano?— Le habló Daryl en un murmullo colocándose de cuclillas, acariciándole el lomo mientras el perro no dejaba de mover su rabo de un lado a otro y de intentar lamerle las manos o lo que tuviera a su alcance.— ¿Dónde está, Shane, uhm?
Vincent intentó mordisquearle el pulgar antes de alejarse de él en dirección a la habitación, Daryl, pisándole los talones.
Tenía que reconocerlo, no respiró tranquilo hasta clavar sus ojos sobre el edredón y verlo como siempre, con varias arrugas pero nada más. También tragó saliva con calma cuando por el camino no vio nada fuera de lo habitual, lo cual en parte era ligeramente extraño conociendo a su…
Daryl echó la cabeza hacia atrás esquivando el golpe floral. Un enorme ramo de rosas había aparecido de la nada frente a sus narices, no sacándole un ojo de milagro.
El profesor no tardó en arrugar el ceño y no porque Shane hubiera hecho oídos sordos a su más que evidentes indirectas de que él no creía en San Valentín; sino porque…
— ¿Me has comprado… flores artificiales?— Le preguntó inspirando hondo. No había olor y la luz brillaba de forma extraña sobre los pétalos rojos. No tenían ni espinas.
— ¿No pretenderás que me deje una pasta en algo que va a terminar en la basura en dos días, verdad?— Rebatió Shane golpeándole con el ramo en plena frente antes de que Daryl se lo arrebatara para que no le atizara más.
El moreno sonrió con suficiencia cruzándose de brazo con el hombro apoyado contra el quicio de la puerta.
— Feliz San Valentín, Billy Elliot.— Daryl soltó un gruñido estrujando el ramo por no hacer lo mismo con el cuello de Shane al escucharle. Desde que habían visto la película británica bajo su insistencia, Shane no dejaba de llamarle así. Entre otras cosas.— No seas tan gruñón, amor.— O eso o peor todavía…— Vamos, pitxoncito…— Le dijo con tono sugerente, o eso creía él, arqueando las cejas con su mano derecha contra su abdomen.
Shane rio escupiendo varios pétalos de una de las rosas cuando Daryl le dio con el ramo en la cara dejándole atrás para ir a la cocina.
Un café, una cerveza, lo que fuera, pero necesitaba algo.
Daryl ignoró la voz de Shane a su espalda hablando con Vincent sobre su tozudo novio que no era capaz de deshacerse de su traje de hojalata y celebrar San Valentín con él, por su falta de empatía y porque ese trasero fibroso suyo parecía iba a quedarse sólo esa noche si las cosas no cambiaban.
Se sirvió una taza de café, que aún estaba caliente, y le echó suficiente azúcar para provocarle un coma diabético (quizá así se ahorraba celebrar la festividad) y se apoyó contra la encimera de la cocina junto a la ventana.
Shane se acomodó contra el canto de la mesa frente a él con Vincent aún en brazos dándole lametones a su mentón. Daryl no se molestó en mirarle a la cara entreteniéndose con los imanes de la nevera donde se podía ver un dibujo de Judith, una foto de Carl en su primer recital de Ballet pero ninguna foto de ellos dos.
Se humedeció los labios dejándose llevar por el sabor del café por unos instantes. ¿No se suponía que las parejas tenías fotografías suyas sujetas con imanes en la nevera? Vale que ellos no eran normales, nunca lo habían sido, y que él no fuera gran amante de las fotos pero…
Miró de reojo a Shane quien había cogido un palito del armario de Vincent y jugueteaba con él para que lo mordisqueara.
— ¿Por qué no tenemos una foto nuestra?
Antes de que pudiera guardarse la pregunta, ésta, ya había escapado su boca. Shane apartó la mirada de Vincent quien aprovechó para robarle la comida. El moreno volvió su mirada hacia la nevera.
— ¿No le darías la vuelta si la pusiera?— Le preguntó con tono calmado pero cierta duda evidente en su voz.
Daryl se mordió el interior de la mejilla, encogiéndose de hombros.
— Es solo que… ¿Todo el mundo, las tiene no?— Preguntó mirando con atención la humedad apoderándose de sus botas.
— El resto del mundo me da igual lo que haga.— La voz tajante de Shane le obligó a mirarle.— Puedo traer la que tengo en el escritorio de la comisaría y…— Daryl alzó las cejas sorprendido.— ¿Qué? Es una de las fotos de escritorio más popular del cuerpo, que lo sepas.
Daryl ocultó su cara tras la taza sintiendo que el rojo volvía a apoderarse de su piel a pasos agigantados, los mismos que Shane daba acercándose a él.
— Carol me pidió una copia.— Daryl cerró los ojos al escucharle.— Está pensando en pedirle a su marido, a Morgan, ya sabes, que se apunte a ballet para adultos. Las mallas le vuelven loca.
— Cierra el pico, Shane.— Le pidió elevando su rostro lo suficiente para ver la sonrisa en la cara de Shane, igual que la que Vincent lucía.
— Eres muy fácil, Daryl…— Le dijo, hincándole un dedo en el abdomen arrancándole una media sonrisa por culpa de las cosquillas. — Pero buscaré una foto buena nuestra para ponerla en la nevera. Será mi… tercer regalo de San Valentín para ti.
— ¿Tercero?
Shane le cogió de la mano y tiró de él hacia la nevera, dejando de camino a Vincent en el suelo. Abrió la nevera de par en par y sacó una malla azul de manzanas rojas. Sus favoritas, esas que sólo compraba una vez cada mes y como mucho, una, por su alto coste. Le debían haber costado una fortuna.
— Shane no tenías que…— El moreno negó con la cabeza cogiendo una de las manzanas de la malla, ofreciéndosela.
— Un fin de semana en Atlanta que nos ahorramos.— Le dijo en tono jocoso, guiño incluido.
— Eres un…
Vale que no fuera el regalo del siglo, y que a él San Valentín le diera igual pero… Daryl le asió del cuello atrayéndolo hacia él para poder besarle en condiciones y agradecerle el detalle. Flores de plástico incluidas.
Pero ese beso no quedó ahí. No fue el único, no quería que lo fuera. Quizá no creyera en el espíritu de esa fiesta, pero ciertas consecuencias de la misma, a esas, no les iba a poner ninguna pega.
Daryl ahogó un gemido contra la boca de Shane cuando éste siguió el camino pautado por él y mordió su labio inferior, empujándole contra la nevera cerrada.
La manzana rodó al suelo a la par que colaba su mano bajo la tela del pantalón agarrándole del trasero, pegándole más contra él si cabía.
Ignoraron el ladrido asustado de Vincent quien se escabulló de la cocina. Shane se encargó de girar a Stan contra la pared para que no les mirase. Daryl besó su cuello dejándole un buen mordisco del que pudiera pavonearse junto a sus compañeros en el café de media mañana en la comisaría.
Un tirón, un enganchón en la parte baja de su muslo y Daryl cogió a Shane encima de su hombro entre risas, recorriendo el pasillo con rapidez para lanzarle sobre el colchón y tirarse encima de él.
— Para que luego digan que el ballet es de debiluchos…— Farfulló Shane entre besos quitándole la camiseta a Daryl e intentando aflojar su cinturón.
— Cállate y quítate la ropa.— Le pidió el bailarín con voz ronca desnudando a Shane a marchas forzadas.
Pronto se encontraron desnudos sobre el edredón, Daryl aún encima de Shane a pesar de los esfuerzos del otro por intentar cambiar las tornas, pero sin ofuscarse al no conseguirlo. Eso era lo de menos.
Un lloriqueo y un leve tirón al borde del edredón hizo que los labios de Daryl se desviaran del abdomen de Shane hacia la orilla de la cama. Los brillantes ojos de Vincent se clavaron en los suyos.
— Ahora no, Vince.— Le dijo asiendo el borde del calzoncillo de Shane dándole un leve tirón para descubrir sus cadera y poder clavar sus dientes en ella.
Un lloriqueo. Unas patas sobre el canto y una cabeza peluda dando saltos en el sitio.
Ahogó un gruñido contra la entrepierna de su pareja, negó con la cabeza.
— Yo así no puedo.— Levantó la cabeza y miró a Shane quien apuñaba el edredón bajo él mirándole entre el cabreo y la angustia.
— No me jodas, Daryl.
— Yo quiero, pero él…— Señaló con el pulgar a Vincent.— No me deja. No… ¡No puedo hacerte….— Se relamió los labios.— Con él mirándonos!
La cabeza de Shane rebotó contra la almohada.
— ¡Vincent, fuera!— Espetó el policía con voz firme y mirada furibunda.
Vincent se encogió con la orejas gachas.
— Lo has asustado…— Le recriminó Daryl ganándose la mirada incrédula de Shane quien le miraba atónito.
— ¿Pensaba que querías follarme?— Siseó en voz baja mirando de reojo a Vincent a sabiendas de que si hablaba más alto, Daryl se cabrearía.
— Y quiero, pero no puedo con él aquí y…
Shane le dio un empujón con el pie en el pecho que casi le lanza al suelo y se levantó de la cama como un resorte. Vincent se escabulló hacia el pasillo, Shane cerró la puerta con fuerza y sin girarse se quitó los calzconcillos.
— A la cama, ahora. Y esos— señaló la ropa interior de Daryl— fuera de mi vista.
Hay momentos en los que creo que estoy poseída por el espíritu de este Sharyl a ritmo de Vivaldi o qué sé yo. Tenía ganas de escribir algo de estos y como el capítulo del original va a pedales pues... Busqué alternativas de entretenimiento.
Espero que os haya gustado y os hayáis reído un poco (?)
Cualquier comentario, sugerencia, idea, es más que bien recibida.
¡Nos leemos y gracias de antemano a quien asome el hocico por aquí!
