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Capítulo 5
—¡Vaya, vaya! Miren quien ha regresado
—¡Y yo que imaginé que ya era comida para tiburones!
—¿Dónde te habías metido? Pasaron, ¿qué? ¿Casi tres semanas?
—¡Por un momento pensamos que nuestro querido superior se había levantado la falda para huir!
—El único que usaría una serías tú, Smith, ¡y créeme que no tendrías nada bueno que presumir con tu culo de mierda!
El comentario encendió las carcajadas de los hombres que bebían en aquel bar, provocó algunos golpes de ira alcoholizada y se entonaron canciones apenas entendibles en su honor, al grandísimo orgullo de que el Primer Oficial del Black Gold, Alfred F. Jones, regresara con vida de lo-que-fuera que el Capitán Kirkland le hubiese encargado
No evitó sonreír ante tales acciones, porque a final de cuentas, admitía que extrañó ese ambiente tan desenvuelto, cínico y poco confiable donde ya sonaban algunos balazos al aire, donde reían histéricas las prostitutas que complacían a sus clientes en un rincón, y en que se percibía el olor a ron, whisky, aguamiel y lo que remotamente atontara los sentidos
Ahí pertenecía. Lo veía desde que era un niño. Ese representaba el cuadro que siempre identificaría como lo más parecido a un hogar, a su oficio y a su ser
Era un pirata y le gustaba serlo
Atravesó el sitio, esquivando a un par que ya se golpeaba, evadiendo sin problema unas botellas que volaron, y escuchando el crujir de la madera podrida por el agua salada y el tiempo; pisó algo suave que no quiso saber qué era, y el lugar apenas iluminado por la luz que se mezclaba con esa tonalidad verdosa del techo, lo hizo sentir querido y bien recibido
Saludó a Madeline Williams, la hermosa dueña de aquel sitio y que atendía con el amor digno de una madre a esa bola de perdedores que, aún con la basura que tenían por cerebro, la respetaban y la defendían a punta de espada de aquel que quisiera pasarse de listo... cosa que pasaba seguido gracias a su tierna belleza: tenía el cabello rubio claro, talle delgado, piel blanca y ojos lilas que hacían juego maravillosamente con su dulce sonrisa
No sabía cómo fue que terminó en aquel lugar, en esa zona de La Habana; tampoco cómo conoció a Kirkland y por qué brindaba su apoyo incondicional en cualquier situación de riesgo, pero era un auténtico respiro de aire fresco la curvatura de labios que animaba sin importar la ocasión
Claro, no tanto como la de aquel que conoció en Campeche
—Me alegra mucho verte por aquí – escuchó su fina voz mientras limpiaba un vaso — E-El Capitán te está esperando en la parte de atrás
—¡Ok! — hizo un movimiento con la mano — ¡Dale a Levi las gracias de mi parte! Me ayudó cuando más lo necesitaba~
—L-Lo haré
Se adentró en la posada recorriendo pasillos y dando la vuelta un par de veces hasta llegar a una puerta
Apenas se molestó en tocar y abrió, topándose enseguida con una mujer despeinada y medio desnuda que salió a toda prisa. Eso no lo inquietó, ni siquiera al distinguir el moretón que ocupaba toda su mejilla izquierda y la sangre fresca que se asomaba por su nariz
—¿Otra vez? — preguntó con cierta pesadez al encontrarse a solas con el mayor — ¿Qué le hiciste a esa pobre chica?
—Nada que no se mereciera — lo encontró sin camisa y tirando por la ventana unas prendas que, seguro, pertenecían a la que recién huyó — Ese tipo de putas deben aprender a obedecer
—¿Obedecer qué? ¿Tus reglas? — sonrió con sarcasmo — Pues déjame decirte que tienes unas bastante raras, sin mencionar que las cambias a cada rato
—Ellas no comprenden nada — dijo sin importancia — ¡Ninguna entiende absolutamente nada! Me enfurecen con sus estupideces y prefiero darles una lección que tirármelas
—Con esa actitud me pregunto si hubo una mujer con la que de verdad te acostaras
—Sí, sólo con una… — pareció consciente del gesto ligeramente melancólico que estaba poniendo, así que al instante dibujó una sonrisa cínica — Espero que la información que me traigas sea mucho más útil que esa perra que acaba de irse
—¡That boring! — hizo un puchero — ¡Al menos pregúntame si estoy bien!
—De acuerdo — rodó los ojos con diversión — ¿Estás bien?
—Fuera de la apuñalada que me dieron en el hombro y de una molesta golpiza, estoy bien, ¡gracias por preguntar! — arrastró lo último con graciosa ironía
—Listo, ahí lo tienes — se puso la gabardina roja, dejándolo en el aire. Idiota — Ahora dime qué averiguaste
—En verdad eres aburrido — tomó asiento en una solitaria silla mientras jugaba con una pluma roja que encontró de paso — Espero que pronto asaltemos otro barco, porque parece que es lo único que te levanta el ánimo
—Depende de lo que me digas
Y eso fue lo que hizo
Le dijo todo lo que escuchó: cada rumor, cara oración susurrada, cada modificación de las versiones y cada afirmación provenientes de los ciudadanos de las partes ricas de la ciudad, sin olvidar las malas lenguas de los infelices en los barrios de pésima muerte. Extendió carteles en la mesa, algunos folletos que encontró en la basura, garabatos que pudiera dar alguna pista... y finalizó con un reporte de la condición general de la ciudad y las partes de la muralla que estaban mejorando, además del número de embarcaciones en el puerto y la distancia que separaba la costa de los baluartes
…
Al terminar, le divirtió la sonrisa que esbozó
Indicaba que algo bueno se le había ocurrido y que acarrearía otra aventura digna de mención… aunque en vista de las circunstancias, nada prometía un buen final
Bueno, no sería divertido sin eso
—La situación es bastante obvia — dijo con satisfacción — El Capitán Fernández, aquel que se dio fama por llevar a la horca a tan conocidos piratas en cuatro meses, se encuentra ahora en Campeche
—Todos parecían muy emocionados — se rascó la nariz — Tienen la total seguridad de que serán defendidos por él
—Una ciudad que es acechada constantemente ruega por alguien que se enfrente al peligro — comentó en tono burlón, jugando con un puñal de incrustaciones de piedras preciosas — Si lo piensas con cuidado, era un movimiento bastante predecible de la corona española
—Enviarlo a América, a ese puerto en específico… ¿no es como si lanzaran una advertencia para que los piratas que queden cuiden su espalda?
—O para retarlos a enfrentarlo con todo lo que tienen — encajó la punta del arma en la madera usada — Y eso es precisamente lo que haré
—¡¿Qué?! — se levantó de un salto — ¡¿Vamos a ir a Campeche?!
—A asaltarlo, saquearlo y demostrar que ese sujeto no es lo suficientemente bueno como para hacerme frente
—¡¿Entiendes lo que dices?! ¡Es lo que quiere que hagas!
—Si es así, ¿para qué hacerlo esperar? — mantuvo su sonrisa — En vista de los sujetos que ya ha eliminado, ¿no es lógico pensar que soy el que sigue? ¿El Capitán Kirkland y su Black Gold que le ha causado innumerables pérdidas al Imperio Español? Me dejaron para el final, está claro
Eso era bastante cierto, no por nada su fama resonaba por todas las colonias de España, y hasta en la misma capital. Inglaterra no estaba muy lejos de estar en una situación similar
—Además, tengo mucha curiosidad — caminó a la ventana — Quiero ver qué tan impresionante es este chico, el que derrotó a ciertos camaradas y a varios rivales que yo mismo quería borrar — la imagen de João y de Francis se le vino a la mente — Veremos si es un reto o sólo un patético charlatán que tuvo demasiada suerte
Tomada la resolución no había manera de convencerlo de lo contrario
Así era Arthy, y aunque la idea era arriesgada, no debía olvidar que ellos formaban la famosa tripulación que despertaba terror en los rincones del mar, ¡nadie era capaz de vencerlos!
—Alfred, comienza los preparativos. Quiero que zarpemos lo antes posible
—Entendido~
—Y por cierto — le miró de reojo — Has que Levi te revise el hombro: te necesito vivo para lo que viene
—Así que me escuchaste~ — sonrió divertido — Ok, al menos así mi muerte no caerá sobre tu consciencia
Pasó a retirarse, caminado otra vez hacia la parte del bar para preguntarle a Madeline dónde estaba Carlos
Era un hecho: necesitaba estar en las mejores condiciones para soportar el siguiente embate, ¡y lo haría! Demostraría con todas sus letras lo que podía hacer Alfred F. Jones, el primer oficial de uno de los más famosos barcos piratas del siglo
Una punzada de su herida, sin embargo, lo hizo suspirar de alegría, agradecido por ese dolor que se rehusaba a abandonarlo. De alguna forma, pensaba que era una señal de que Alexander recordaba su súbita amistad
Era un pensamiento bastante tonto, pero le hacía bien imaginarlo
¿Él habría aceptado acompañarlo si le hubiese dicho la verdad? Jah, por supuesto que no
Y así estaba bien: Alejandro era un chico rico, y él un pirata que se preparaba para una de las batallas más divertidas
Podía vivir perfectamente con eso
Los preparativos tomaron alrededor de dos semanas
Se revisaron los cañones y el estado de la pólvora; hicieron algunas reparaciones en la zona de carga, reforzaron el mástil central y el ajuste de las velas se mejoró; hubo un recuento general del número de espadas y pistolas, junto con el de las provisiones y los barriles de ron que, en un caso muy grave, podrían fungir como un combustible que mejorara una hipotética explosión suicida…
En cuanto a los hombres, bueno, no se podía hacer demasiado para "perfeccionarlos", y no era necesario en vista de que su historial demostraba que, al momento de la verdad, sabían cumplir con sus papeles al pie de la letra
No se necesitaba de mucho para asesinar a un hombre, de todas formas
Así que para el amanecer del quinceavo día, cuando la imponente bandera negra con un cráneo que tenía por base una espada y una pistola cruzados al fin ondeaba en el mástil principal, ya se encontraban en altamar con el rumbo fijo hacia el puerto de Campeche
El Black Gold era bastante rápido, tanto como nunca lo serían aquellos modernos bergantines que construían en Inglaterra o España, y si el viento continuaba a su favor, el tiempo de llegada se calculaba para el atardecer del tercer día… lo que pasaría en una hora o dos…
Y ahí iba de regreso a esa ciudad que, por algunos días, pensó que podría convertirse en algún tipo de hogar bienaventurado
Ingenuo
—¡Alfred! — el inglés le habló de repente, por lo que no evitó saltar en su sitio — ¡¿Qué te sucede?! ¡Te he estado llamando por un rato!
—¡J-Jajaja! ¡Sorry! —sonrió tontamente — ¡Sólo estaba algo distraído!
—Pues espero que ya no lo estés, porque hay muchas cosas de debes vigilar aquí abordo — afiló la mirada un poco — ¡Sube! No quiero repetirlo otra vez
Acudió enseguida, pensando que ya estaba volviéndose estúpidamente loco
Había cosas que no podía dejar de reflexionar con ese viaje
—¡Aquí estoy! — anunció con estrépito divertido — ¡He llegado para salvar el día!
—Has llegado tarde, como siempre — se quejó mientras masticaba unas hojas de tabaco — ¡Muévete! Quiero que veas algunos mapas
La más evidente, era el motivo de aquella partida… sí, era consciente de que Arthur sabía perfectamente lo que hacía, ¿pero llegar al grado de enfrentarse como si nada a ese tal capitán, en su propio territorio? Si su motivación era gigantesca cuando salieron de Las Tortugas, ahora estaba mellada un ínfimo
Vamos, era eufórico, impaciente e impertinente, ¡pero no idiota! Y tenía el firme presentimiento de que algo malo saldría de todo aquello. Claro, eso no quitaba que se esforzaría con todas sus ganas, aunque tal sentimiento era una completa molestia al momento de desempeñarse en ciertas labores en el barco, por ejemplo, en ese instante, que veía la boca del mayor moverse y no entendía nada de nada
Se estaba cansando de sí mismo, qué mierda
—¿… escuchaste?
—¿Qué…? ¡Oh, sí! — obvio que no — ¡Todo cubierto de ese lado de la playa!
—… te estaba preguntando sobre los baluartes del Sur
—¡Por eso, todo cubierto!
La más personal, era lo que podría encontrarse una vez en tierra… y no en el sentido de una ofensiva, sino en algo mucho más natural, más simple en vista de lo que recién había conocido
Se estaba cansando de recordar una y otra vez a ese chico de ojos rojos, y con eso, no había manera de evitarlo
—¿Me estás diciendo la verdad? ¡No quiero ninguna sorpresa por tu fallo de cálculos!
—¡Te digo que está bien! — respondió con cierta agresión, inexplicablemente fastidiado — ¡Deja de tratarme como si fuera un niño estúpido que no sabe hacer nada!
—¡Entonces, deja de actuar como uno! ¡Ni siquiera estás tratando de fingir que sabes de lo que hablo!
—¡Claro que lo sé! ¡Y de cualquier forma, te lo he estado repitiendo por dos semanas enteras! ¡¿Qué más quieres?! ¡Ya hasta te lo debiste aprender de memoria!
—¡Si tanto te molesta hacerte responsable, Primer Oficial — arrastró con sarcasmo — bien puedes irte a la zona de carga! ¡No necesito que me estorbes con esa actitud!
—¡Bien! — aventó lo-que-fuera que traía en las manos — ¡Como quieras!
En serio, se estaba hartando de actuar como un imbécil, uno que se enfurecía por el mínimo comentario al no saber cómo canalizar esa preocupación que ya se había convertido en ira
Sí, una preocupación que de repente ya estaba instalada en el fondo de su mente y que surgía a cada momento en que rememoraba a Alejandro
Existía una razón de fondo, aunque no lo pareciera
Estaba inquieto porque el hecho de ir a cumplir el capricho de Kirkland a Campeche, significaba una segura tragedia para el moreno, ¿por qué? Pues porque ganaran o perdieran –era imposible lo segundo- equivalía a la destrucción de la ciudad, del puerto y de un asalto despiadado a los habitantes del sitio
De tan sólo imaginar lo que podría suceder… la forma en que quedaría la residencia, el comedor, ese patio tan verde al que le hubiese gustado regresar algún día… ¡y sí era posible! Puesto que la parte Norte no estaba demasiado alejada de la muralla que daba al mar, y en caso de disparar los cañones, la destrucción llegaría hasta la zona
No le gustaba lastimar a las personas sin razón
No le gustaría lastimar a Alexander sin razón
Llegó a la parte baja del barco y se echó sobre una hamaca, apañándose una botella de ron que bien merecida se la tenía
Si al principio se sentía bastante aliviado sabiendo que tenía un buen recuerdo del de ojos rojos, ahora ya no encontraba la manera de sacárselo de la cabeza para deshacerse de sentimientos que no le servían de nada
Era incoherente, por supuesto que lo sabía, ¡si casi no había dormido por pensar en lo que podría pasarle! Y no era para menos, pues conocía perfectamente lo que la tripulación y el mismo Arthur podían lograr en medio de la euforia…
Si se comparaba en tal aspecto, él mismo se contenía bastante la mayoría de las veces, ya que no encontraba demasiado divertido matar a civiles desarmados, quitarles las pertenencias a los que apenas tenían algo con lo cual cubrirse… y eso de abordar a las mujeres o a ciertos hombres… no, realmente no, y si no estaba de acuerdo, al menos no se metía si hasta el de ojos verdes lo hacía
Pero volviendo al punto, era ridículo actuar así por un tipo que sólo trató por algunos días… por aquel que… lo defendió cuando lo necesitó… y que le dio una hospitalidad que nunca sintió antes… y que consideraba un buen amigo a pesar de todo…
Suspiró largamente, dando el primer trago
Bien, no era tan tonto preocuparse por él, ¿pero qué hacía? No podía ir con el Capitán y pedirle que desistiera, ¡definitivamente no podía quitarle el combate que tanto esperaba con ese famoso militar que tenía al alcance de la mano!, y mucho menos podía rogar clemencia por un único sujeto de entre toda la gente, ¡era un pirata, por Dios! ¡Ellos no se fijaban en ese tipo de cosas! ¡Nadie valía lo suficiente a comparación de las joyas, el oro, el poder y la fama!
Dio un segundo trago, un tercero y un cuarto
Quizá lo único bueno a suponer, era que probablemente seguiría fuera de la ciudad, ¿no? Si por eso se fue de la casa, porque el moreno tenía que salir de emergencia
Tal vez con un poco de suerte, no estaría presente durante la batalla… y si lo estaba, probablemente alcanzaría a ponerse a salvo… pero si todo se complicaba, si no había ninguna opción, haría lo necesario para que la tragedia no lo perjudicara demasiado
Conservar su vida era el objetivo principal, no existía error en ello
Sí, solamente tenía que enfocarse y todo estaría bien… además, había algo muchísimo más grande de por medio, ¡esto no se trataba de él! Sino del Black Gold. Su futuro… el de todos se vería en esta batalla, y si no era así, de todos modos repercutiría en sus nombres por todos los mares
Cierto, cierto, ¡eso era lo más importante!
—Estoy tan cansado — bostezó al tiempo que dejaba la botella a un lado — ¿Arthur se enojará si me duermo un ratito? Uhn… ¡claro que no! De todos modos, ya lo está~
Se acomodó, sintiendo con gran alegría que Morfeo se lo llevaría al mundo de los sueños…
—¡OFICIAL!
—¡Waaaa! — casi se cae de donde estaba, reaccionando a tiempo — ¡¿What the hell are you doing?!
—¡El Capitán lo llama a cubierta! — habló con rapidez el hombro corpulento — ¡El puerto está a la vista!
Se levantó de prisa y subió, colocándose con seriedad a un lado de Kirkland sin reparar en la discusión anterior, en sus pensamientos o en el dolor de su pecho
—Ahí lo tenemos — sonrió mostrando los dientes — No ha cambiado nada desde la última vez que vine, ¡espero que esta ocasión sea más divertido!
Ya se apreciaba la línea de costa, delatando la primera cara del fuerte y los baluartes que les daban de frente sin mostrar alguna actividad de importancia
Esto era. Esto es lo que siempre sería y lo que quería ser
