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Capítulo 7


Se sintió mareado

Por un segundo respirar se volvió difícil

Un temblor atacó las piernas que se esforzaban con toda su energía, y en un instante que se movió por pura inercia, observó a su alrededor con cierta ausencia

Era como si estuviera viviendo en un sueño

¿Qué estaba pasando?

Veía a hombres pelear sin control. Veía soldados caer, compañeros caer, como si el mundo se estuviera desmoronando con ellos

No entendió la situación por una ilimitada fracción de minuto

No comprendió que estuvieran luchando hasta desfallecer contra militares que no paraban de llegar. No alcanzó a reflexionar cuál fue el punto de entregarse a esa situación que estaba escapando de sus manos

Fluyendo sin control hacia el completo caos

—¡Oficial! — alguien entre la concurrencia agitada pronunció su título, lo que lo devolvió al escenario de golpe — ¡Son demasiados! ¡No es posible continuar así!

Sabía perfectamente a lo que se refería

Aunque no contaba con una idea fija del tiempo transcurrido, sí alcanzaba a identificar los estragos del cansancio en cada hombre por sus movimientos, en sus golpes cada vez más lentos, en la desesperación por no poder acabar con un enemigo que creían inferior y patético

No se trataba de debilidad propia, menos de la falta de ánimo para continuar hasta que la vida se les saliera por la garganta… sin embargo, veía a cada compañero combatir contra dos soldados, tres, cuatro, siete…

Los superaban en número, y debido a la mejorada técnica que demostraban, era claro para la tripulación entera que habían caído directamente en una trampa. Más aún: se confiaron en tal grado, que jamás se plantearon lo inimaginable, lo imperdonable

Ordenar la retirada

No, ¡no! ¡Ellos nunca huían! ¡Nunca despreciaban un combate y nunca se iban con las manos vacías! Jamás eran humillados, ¡jamás podrían ser derrotados con tanta facilidad!

Y aun así, ahí estaban, puestos poco a poco contra la pared y sin una escapatoria si no actuaban de una vez

¡Además, mientras más tardaban en eliminar a los guardias, sólo estaban abriendo la brecha para que llegaran refuerzos! Sin olvidar la condición en que estaba el Black Gold cuando desembarcaron y cómo seguía respondiendo a unos cañonazos que se escuchaban inusualmente lejanos

¡No estaban llegando a ningún sitio! ¡No funcionaba nada como lo esperaban! ¡¿Qué demonios había sucedido?! ¡Si la última ocasión fue cuestión de unos cuantos embates para que la ciudad fuese suya! ¡La última vez sólo necesitaron a la mitad de la tripulación para aterrorizar a los habitantes y plantar ese miedo con el que se ganaba el respeto! ¡MIERDA!

Esquivó al momento un ataque, lanzando una patada en la espalda del sujeto y agachándose de inmediato para evitar un estoque directo a su pecho. Cortó parte del tobillo al instante y logró inmovilizarlo, rematando al pasar el filo por su cuello, sin embargo, recibió un inesperado golpe de uno más que no vio llegar, recuperándose y encajando el puño justo en la boca de su estómago

No podían continuar así, de otro modo, el mejor de los destinos sería morir en esos ataques, porque al resto lo capturarían y lo enviarían a España para una ejecución, si es que no la hacían ahí para demostrar que el Capitán a cargo eliminó al último pirata que amenazaba directamente el dominio del imperio español

Todo aquello… era por su culpa… bastardo… aprovechó su confianza y los acorraló como si fuesen un montón de estúpidos… incluso Arthur no…

Sí, caerían todos juntos, pero no estaba dispuesto a que fuera ese día

—¡Regresen al barco! — gritó con fuerza dentro del caos — ¡Tomen lo que puedan, pero lleven el maldito trasero de vuelta! ¡MUÉVANSE!

Fue obedecido enseguida, pero en vista de que los soldados iban tras ellos, los atacó fulminantemente para darles algo de tiempo. Aprovechó incluso los pocos tiros de su pistola, unos que sólo había ocupado en situaciones extremas, y aquella en verdad lo era

Inhaló tanto aire como pudo y acabó con los guardias inmediatos. Escuchaba que más se aproximaban, así que siguió gritando la orden hasta que la mayoría de los hombres estaban fuera de la muralla…

A Kirkland lo único que le interesó fue enfrentar a ese Capitán sin importar lo que perdiera en el proceso

—¿Qué? — reaccionó de pronto — ¿Arthur…?

¿Dónde… estaba?

¿Desde cuando no…?

Observó a todo punto con ansiosa desesperación, sintiendo el vértigo por ese movimiento brusco que no le dejaba obtener el aire

¿Dónde? ¿Dónde? ¡¿Dónde carajo estaba Arthur?!

¡Damn! ¡¿Where is your fucking ass?! — echó a correr, buscándolo tan rápido como podía

Se acercaban más soldados. El eco que rezumbaba lo indicaba sin ningún margen de error

No iban a caer más hombres, ¡mucho menos el Capitán!

Si eso pasaba…

Negó enérgicamente con la cabeza, ¡no sucedería! ¡No sucedería bajo ninguna circunstancia! Lo arrastraría si era necesario, pero saldrían de ahí

Sólo tenía que encontrarlo…

Ese mal presentimiento se acentuaba con fuerza


Paso. Paso. Vuelta y desliz. Paso. Golpe. Golpe. Corte y estocada

No recordaba la última vez que alguien había durado tanto peleando contra él sin emitir señales de cansancio y desesperación… o que hubiese soportado los primeros minutos sin caer muerto, o recibir una herida que condenara su existencia

Tampoco recordaba al último sujeto que disfrutó un combate contra él, emitiendo esa ansiedad emocionante por haberlo encontrado y por tener la oportunidad de sentir la fuerza de cada reflejo bien calculado

No rememoraba la última ocasión que se había divertido por la pelea, la amenaza, la promesa real de ser derribado gracias a unas habilidades que no lo decepcionaban en lo absoluto

Por el placer en sí de una muerte en pie

Era imposible estar decepcionado

Vuelta. Vuelta. Golpe. Estocada. Corte. Corte. Vuelta

Lo admitía: ese chico estaba dándole lo que muchos no lograron en algún tiempo… no desde la ocasión que el estúpido de Francis pensó que podría derrotarlo en aquella batalla en altamar. Los viejos años, por supuesto

Le gustaba su juventud, el ánimo que se percibía en cualquier acción y la espontaneidad para marcar un ritmo. Le agradó, a la vez, que esa ingenuidad de la edad no pareciera repercutir en su estrategia, y menos en un hipotético patrón de ataque que todavía no captaba. Fue gustosa su prudencia, la frialdad y la sádica diversión que trasmitía con su mirada y su sonrisa, la auténtica prueba de que eran similares

Le recordaba a sí mismo cuando estaba envuelto en la euforia de una victoria vil y cruel

Salto. Desliz. Vuelta. Golpe. Golpe

Esto no podía continuar mucho, empero

Quiso aprovechar el supuesto de que, al ser militar, se regía por un código de lucha respetable que no le permitiría defenderse o calcular movimientos bajos

Dio un largo paso mientras extendía completamente el sable. El otro lo esquivó como esperaba, y dado que con ese traslado llegó cerca de la barda, dio un salto que encontró apoyo en la pared, y en el aire, bajó la espada justo por encima de la cabeza ajena, que al ser evitado, continuó al extender de nueva cuenta el arma justo por su espalda que estaba al alcance

Alcanzó a formar una línea pequeña de sangre sobre el hombro… sin embargo, la acción que ejecutó el otro de rodar por encima del filo dirigiéndose a su retaguardia fue inesperada, rápida, que encontró su respuesta en un leve quejido y una abertura de importancia en su costado izquierdo

Ambos dieron un salto para darse espacio

Chistó, tocando la zona herida y sintiendo lo caliente de su sangre… aunque fue más interesante la simpática risilla que entonó el contrario, justo acompañada de esa sonrisa que gritaba que no sólo estaba complacido por la pelea, sino por el caos de ella

No eran distintos: ambos poseían esa mirada perdida que brillaría al ver el cadáver despedazado del otro

Evocó de pronto lo que le recordaban aquellas pupilas rojo oscuro… y quizá vio la sangre de todos los compañeros caídos

Casi vio cómo se inundaban de ese líquido vital, pudriéndose, marchitándose en su propia desgracia

Lo disfrutó, no tenía duda

Era como en los viejos tiempos

—Odio a los piratas, Capitán Kirkland — habló de pronto, irguiendo de nuevo el sable — Pero… tengo que admitir que son demasiado divertidos

—Coincido en ello — ignoró su molestia y se preparó una vez más — ¿Los otros también lo fueron? Gilbert, Bryan, João…

—Cada uno, hasta con los que no he tenido el placer de tratar… ¿pero sabe qué es más divertido? — ladeó ligeramente la cabeza, en un gesto que podría pasar hasta por inocente — Cuando los veo colgados de un púlpito con el cuello roto, o ahogándose por su propia saliva al no poder gritar

Se imaginó de golpe a todos… a Francis en medio de la concurrencia que exclamaba su muerte… y el sonido de la palanca que abría el piso para dejar un vacío bajo sus pies

Todos fueron…

Pero ya no tuvo tiempo de nada

No cuando el contrario ya estaba a centímetros de sí con el estoque a la altura de su cuello

Lo alcanzó a bloquear interponiendo su propio sable y manteniendo la tensión con mucha fuerza, ya que ese ataque tenía más de la que sintió anteriormente

No entendió por qué de la siguiente acción, no obstante

Esa donde el chico recorrió la mano completa para recargar la hoja a lo largo de su antebrazo y ejercer la misma presión. Como era de esperarse, pronto rebasó la tela de su saco y la piel, derramando su propia sangre con abundancia

Sólo alcanzó a ver un brillo corto y fino que emergió de pronto de la manga contraria

Sintió… un dolor profundo en la boca de su estómago…

…uno que se enterraba más y más en la carne indefensa y débil, cortando y dañando todo a su paso

Vio en cámara lenta cómo el otro dirigió el codo a su mandíbula, propinándole un golpe tan fuerte que le hizo escupir sangre y caer en el suelo estrepitosamente

No miró su herida. No miró la empuñadura de la daga clavada. No miró la posición en que ahora se encontraba

Lo único que observó en aquel instante, en todo el maldito mundo, fue la boca de la pistola justo a milímetros de sus ojos… tan oscuro, cálido y ansioso por invitarlo a que se perdiera de una vez ante lo inevitable…

Lo mataría

—Y bien…

El sonido de la carga preparada le hizo levantar la vista hacia el que la empuñaba

—Fue entretenido, ¿no lo cree?

No había nada en esa mirada, ni en esa sonrisa, salvo el placer del momento

Lo mataría sólo por diversión

Sólo eso


Mierda, mierda, ¡mierda! ¡¿Dónde estaba?! ¡¿Dónde?! ¡¿Qué demonios estaba haciendo Arthur como no aparecer por ninguna parte?!

Maldición, no podían perder más tiempo, ¡los refuerzos se acercaban y los dos no serían capaces de derribarlos a todos! ¡Era necesario irse ya, en ese preciso momento! Antes de que fuera imposible regresar al Black Gold

Recorrió toda la parte de abajo, incluso las entradas por las que ya se notaban a los soldados; revisó los pocos cuartos, las poquísimas bóvedas…

Lo que quedaba libre aún era la parte superior, la cual ya estaba alcanzado por subir a toda prisa las escaleras que rodeaban el patio, ¡Kirkland tenía que estar ahí!

Sin importar qué carajo hacía, lo sacaría, ¡incluso le cortaría las malditas piernas para hacerlo!

—¡Creo que…! — del otro lado, justo en frente, finalmente distinguió su figura, ¡al fin!

Iba a vociferar su nombre, ¡era momento de salir…!

… fue… cuando notó que no estaba solo…

Peleaba contra alguien…

…alguien que lo enfrentaba sin ninguna dificultad… ¿acaso era el sujeto que…?

Se detuvo por inercia cuando vio la forma estrepitosa en que caía… y la pistola que lo amenazaba sin vacilación… ¡No, tenía que ayudarlo y…!

Dejó de respirar en tan sólo un instante

Nunca había sentido la desesperación tan latente y despiadada como en aquel segundo

El sujeto que iba a dispararle a Arthur…

Quizá fue el único momento de su existencia en que el verdadero miedo se apoderó de él

Ese tipo de miedo donde presenciaba el mundo desmoronarse en pedazos, sin saber qué hacer o a quien rogarle para que todo se detuviera

El cabello… el porte… esos ojos de un rojo oscuro que le recordaba a la sangre corrompida por veneno

Hubiera sido mejor volverse demente que darse cuenta de lo real de aquello

Realmente hubiera sido lo mejor

Y gritó

Gritó con toda claridad aquel nombre que había conservado para sí, lo único que guardó como un recuerdo inquebrantable, casi sagrado

Lo gritó como si así pudiera detener la realidad que ya no podía dejar de despedazarse

Imbécil

—¡ALEJANDRO!

Rogó estar equivocado

Suplicó por encontrarse en un error, a pesar de lo evidente

Era la última defensa que podía permitirse su mente cansada y confundida…

…una que terminó de ser aplastada cuando el contrario, aquel quien estaba a punto de ejecutar al inglés, desvió con rapidez la mirada…

Las cosas no podían detenerse, por mucho que lo deseara

Entonces la posó en él. Solamente en él, eliminando lo exterior y colocándolos en un plano único donde quedaban expuestos como lo que eran: Un pirata, y un militar que disfrutaba matar piratas

Las cosas no podían cambiarse…

Lo reconoció. Lo vio en sus orbes que recuperaron de golpe el brillo que recordaba de los días pasados

… sólo quedaba que se terminaran de pudrir, como todo lo demás

El siguiente sonido de detonación los regresó al mundo que no podían evitar

Alejandro caía, atravesado por una bala fortuita del Capitán Kirkland