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Capítulo 8


—¡ALEJANDRO! — gritó alguien de repente, quebrando provisionalmente ese ambiente de muerte que ya estaba presente

No le tomó importancia… no se la hubiera tomado de no ser por el gesto que hizo el otro, como si saliera de un sueño y se viera obligado a voltear por algo más allá de su propia voluntad

—Alfred…

Susurró por inercia, perdiendo el color de su tez morena y la seguridad de la mano que sostenía el arma de fuego, dando la impresión de que algo dentro de él había sido ineludiblemente acabado

Destruido

¡Era su oportunidad!

Desenfundó en un segundo la pistola que guardaba en la bolsa interior de su gabardina y apuntó al pecho contrario

El sonido de la detonación hizo perfecta combinación con la imagen del chico cayendo, derribado ante la bala que lo traspasó de lado a lado en un instante que apenas alguno de los dos notó

Se estrelló secamente en el suelo y emitió un suspiro de dolor, ya saliendo sangre por la herida y manchando su impecable sacó azul marino, además de parte de la madera húmeda que ocupó su cuerpo

Inhaló mucho aire. Aguantó la increíble dolencia de la herida que todavía lucía con la empuñadura de plata. Lanzó un quejido mientras se levantaba poco a poco, percatándose de cada movimiento que la hoja filosa realizaba en su interior

No pensó si ya estaba sufriendo una hemorragia interna, si aquella era la última lucidez de una muerte inevitable, o en lo inútil que podía ser la anatomía cegada por el sufrimiento físico

Lo único que deseaba era ponerse de pie. Lo único que pensaba y que logró a duras penas, necesitando de cada bocanada de aire conforme avanzaba hacia el enemigo

Necesitaba terminarlo

Lo vio tirado, con una mueca de desfallecimiento inequívoca, con los ojos todavía abiertos que miraban fijamente la pistola a una cortísima distancia de su mano. Intentaba alcanzarla, porque la dolencia no lo dejaba si quiera doblar el brazo y apoderarse de alguna que tuviera entre sus ropas

Fue una hermosa imagen, quizá honorable, digna para aquel que logró darle una pelea que recordaría por años… pero claro, eso no le interesaba como pirata

—Tenías razón — recargó — Fue… muy divertido

Apuntó justo a su frente, con firmeza y seguridad que contrastaba con la creciente debilidad FÍSICA

Alguien que le había dado suficiente batalla merecía una muerte rápida

Bye, Bye, Capitán Fernández

Y disparó

Sin embargo… la escena cambió

Todos sus sentimientos de satisfacción y victoria se vieron sustituidas por la más pura sorpresa

Sorpresa por haber fallado un tiro perfecto

Sorpresa por ver que falló gracias a que Alfred empujó su brazo lejos del objetivo

Sorpresa por hallarlo junto al de ojos rojos con ese rostro, el que expresaba genuina preocupación y una ternura desesperante que nunca distinguió antes

Todo por aquel enemigo que estuvo a punto de acabar con él

Hubiera jurado que aquella era alguna alucinación por el padecimiento, por el cansancio y la adrenalina que ya bajaban a toda velocidad… pero el ruido de muchos pasos acercándose le hizo repasar rápidamente los hechos a su alrededor

Venían más soldados, y en vista de que ya no estaban sus propios hombres, fue evidencia de que regresaron a la nave por órdenes de Jones. Bien, la situación lo ameritaba. Sólo necesitaban salir y estarían bien, ya que no permitiría que la herida que palpitaba sin piedad en su estómago lo matara. Sería patético a esas alturas

Así, sacó de golpe el puñal completo y se enredó con presión un pedazo de tela que rasgo de su gabardina. Serviría como torniquete en lo que llegaba al barco

—¡Alfred, tenemos que irnos! — ordenó, caminando a su lado. Preparó una vez más su pistola para rematar al chico que agonizaba — ¡Acabaré con él en este momento!

Sí, en una situación como aquella era necesario acabar con el líder, pues así los demás se verían confundidos y terminarían dispersándose aterrados, dándoles la vía libre para el escape

Debía hacerlo también por su nombre, por los daños provocados, y por fama

Por toda la fama que ganaría en los 7 mares cuando se supiera que había acabado con tan temido Capitán, el que eliminó a los mejores de tal vil oficio y que alzó el nombre de la podrida Corona Española

Se lo merecía. Todas las jodidas molestias serían recompensadas al llevarse la vida de ese maldito infeliz

Empero, le agradó, en eso no cabía la menor duda, y quizá en otras circunstancias no sólo le hubiese agradecido tan divertida experiencia, sino que hubiera considerado reclutarlo en las filas del Black Gold

No era el caso, para lástima de los dos

Tener simpatía por un rival no significaba ningún respeto por su vida

Pero no pudo…

No cuando su Primer Oficial se interpuso entre el moreno y el cañón de su pistola, con la mirada fiera y llena de determinación que no consideró ninguna consecuencia

Era una que le advertía… no, que lo amenazaba con un peligro sin nombre si osaba tocar a ese sujeto…

Nunca le había mirado así

—Si querías que los chicos tuvieran una mascota, sólo tenías que decirlo

Y al tiempo que guardó el arma, el otro asintió y cargó al herido con cuidado, sin olvidar colocar la tela que usaba para cubrir su cabeza sobre el pecho ajeno y hacer presión. De primera vista sabía que la lesión era grave, pero no se podía hacer mucho en tanto no hubiese una revisión precisa, y sólo lo conseguiría si llegaba al barco a tiempo

Al siguiente momento ya estaban corriendo escaleras abajo para alcanzar a cruzar la salida

Hubo disparos. Hubo sonidos de metal chocando contra la piedra. Hubo gritos, exclamaciones, el inconfundible aviso de que el Capitán estaba lastimado y que había sido capturado por los piratas

La máxima prioridad se marcó en no dejar escapar a nadie

Con balas rozándoles las espaldas, salieron por la única puerta y aceleraron para llegar a la playa, donde dejaron los botes y se extendían el resto de las embarcaciones pequeñas…

Pero…

Era demasiado tarde para detener todo

—… no puede ser…

—¡El Black Gold…!

El barco que los había guiado por rutas insospechadas… que soportó innumerables encuentros y que brillaba en la imaginación de todos los hombres como magnífico, impenetrable e indestructible… aquel con el que comenzó aquella vida y que llevaba su propia sangre impregnado en la madera negra…

El barco que muchos temieron por largos años… ahora se estaba hundiendo en las profundidades del mar conforme los cañonazos que otras cuatro naves imponentes cernían sobre él

Hubiera sido bueno fingir que nada de aquello era posible

Hubiera sido bueno fingir que sólo eran Alfred y Alejandro

—¡MALDITO BASTARDO!

Antes de que pudiese notarlo, ya elevaba por el cuello del uniforme a Fernández… a ese malnacido chiquillo hijo de puta que le vio la cara de estúpido desde el principio… ¡al desgraciado infeliz que lo dejó en completo ridículo, como si no fuese absolutamente nadie en ese mundo de mierda!

—¡Maldito bastardo! — repitió con ira, con demasiada que ya no le cabía en todo el cerebro — ¡¿Quién te crees que eres?! ¡¿Quién demonios crees que eres para tener el jodido valor de enfrentarme así?! ¡BASURA! ¡No eres nada más que eso!

—¡Arthur! — Jones intentó separarlo del moreno. No sabía a quién pretendía proteger en realidad, pero sólo podía pensar en apartarlos — ¡Tranquilízate! ¡Deja de actuar como un idiota!

—¡NO ME DIGAS QUÉ HACER!

Lo aventó agresivamente con una sola mano, escuchando con claridad el sonido de su cuerpo cayendo en la arena

Si no estuviera sujetando al otro, seguro que le habría dado un puñetazo en la cara

—¡Responde! — lo sacudió, satisfecho de su mueca de dolencia — ¡Basura inútil, no entiendes ni un carajo quién soy! ¡No tienes ni una insignificante idea de lo que soy capaz de hacerte!

Lo humilló completamente

Escupió sobre su orgullo como si fuera algo sencillo, predecible, con tanta obviedad que no fue capaz de ver en qué momento las cosas estuvieron fuera de su alcance

Se confió demasiado…

No quiso pensar que aquel chico ameritaría más de la tan conocida táctica que ejercían sobre ese puerto…

No pensó que responderían a sus cañonazos con tan buena puntería. No previó el alcance de las modificaciones de la muralla, ni el del nuevo entrenamiento de soldados que demostraron ser superiores… ¡no imaginó su Black Gold sería atacado mientras estuvieran en tierra! Esos barcos no podían venir de zonas cercanas, ¡no había ningún astillero ni un sitio donde darle abastecimiento! Tal vez… tal vez los mandó traer desde Veracruz como parte de una nueva ofensiva…

Percibió una risilla burlona, empero

Aun con el dolor, con esa herida que continuaba sangrando, con la posición y con la fija idea de que podría morir de golpe… el Capitán reía sin vergüenza, sin escrúpulo, sin otra cosa más que pura satisfacción

Maldito. Mil veces maldito

—E-Es… divertido… — formuló con problemas — D-Divertido… ¡Muy divertido!

—¡CÁLLATE! — colocó con fuerza la boca de la pistola en esa frente, temblando de pura rabia — ¡Te mataré! ¡TE MATARÉ, LO JURÓ!

Apenas percibió el grito de Alfred que le pedía detenerse

Apenas percibió la sonrisa que continuaba en el rostro del de ojos rojos

Tocó el gatillo con precisión, saboreando cada momento…

No disparó

El torrente de caos que lo invadía fue fulminado en un instante

Cada sentido, cada pensamiento, cada elemento del cuadro se concentró en… ese prendedor, uno del tamaño de una moneda que se ceñía con elegancia en el doblés del bolsillo, en el lado izquierdo del pecho

Había un escudo familiar

Mostraba con toda claridad un león, un castillo, una corona, las Columnas de Hércules… y ese lema… Plus Ultra…

Ese chico…

"—Nunca olvidarás mi nombre"

No podía ser… ese chico era…

"—A partir de hoy, y hasta el día de tu muerte, te juro que nunca lo olvidarás"

—¡Alto ahí! — exclamó alguien que lo obligó a darse cuenta de las circunstancias

—¡Maldición! — los perseguían, y con barco o no, tenían que salir de ahí

Importándole poco, prácticamente aventó el cuerpo del joven a los brazos del de ojos azules, quien pareció confundido al inicio… aunque no perdió tiempo para seguir atendiendo la herida, repitiendo como una jodida oración que resistiera

—¡Alfred, escúchame bien! — le lanzó una mirada profunda, amenazante, de una completa orden que no podía ser fallada — Quiero que ese chico viva, ¿entiendes? ¡No me importa qué tengas que hacer, pero mantenlo con vida!

—¡¿Qué?! — estaba confundido, se le notaba — ¡¿What you talking about?!

—¡Ya lo sabes! ¡Mantenlo con vida pase lo que pase!

Una bala que pasó rozando los obligó a retomar la carrera, desviando el curso hacia el puerto en busca de alguna nave que pudiera servirles

Grato fue el descubrimiento de que los hombres que sobrevivieron ya tenían una con todo listo para zarpar, así que aceleraron y dieron un salto, aterrizando en la cubierta. Una vez allí, inmediatamente retomó la autoridad y vociferó las órdenes necesarias, ya que Jones fue guiado al pequeño camerino para atender al prisionero

Esa panda de holgazanes hizo todo lo que dijo sin vacilar, sin chistar y sin quejarse un mínimo de las heridas o los golpes. Gracias a eso, lograron alejarse de la costa antes de que los soldados les diesen alcance, aunque no se pudo evitar que algunos disparos emitidos dieran en el blanco, perdiendo a tres hombres más

Tomaron la ruta hacia el noreste acompañados por la caída del sol, lo que les ayudaría a ser perdidos de vista dado que no había barcos en el puerto que pudiesen transportar a una escuadrilla, y los que estaban a la altura del caído Black Gold no alcanzarían a seguirles el paso por la velocidad de esa nave. Era pequeña, sí, pero contaba con la ventaja que necesitaban

Se alejaron del puerto de Campeche sin poder ocultar lo evidente

Fueron derrotados

No sólo eso: perdieron a ¾ de la tripulación original, su barco fue hundido, sin olvidar que estuvo a punto de ser asesinado y ahora cargaba con una herida que siempre se lo recordaría

Que le restregaría una y otra vez que fue humillado, ridiculizado y burlado por un jodido mocoso que había demostrado al mundo, con esa batalla, que no existía pirata al cual no pudiera eliminar, o por lo menos, deshacerse de su fama de invencible

Cierto… pero esto no había acabado

Aun con todo, al tener en su posesión al Capitán Alejandro Fernández, contaba con la pieza clave para saldar una vieja y codiciada cuenta. La más anhelada en su vida como pirata, y como hombre

Tuvo las ganas de sonreír, a pesar de todo

Esto sólo estaba comenzando