Porque lo pidieron Legendary-HeavyMetalLovers, Franchiulla y jessica, es un honor leerlas y que les esté gustando la historia gracias por sus reviews. Los sueños de Emma creen que sean solo eso o algo mas?
Bueno sin mas les dejo leer.
"...Camina con rapidez. El cielo apenas esta iluminado por el leve resplandor del sol que acaba de esconderse. Desde hace rato, tiene la inquietante sensación de que alguien la observa. Le parece escuchar un ruido a su espalda: tal vez una pisada, acaso una rama que se rompe, probablemente algún pequeño animal, quizá... Acelera el paso; solo le quedan unos metros para llegar a la curva del camino desde la que se divisa la casa. Aliviada, suelta el aire que ha estado reteniendo durante el último minuto y, en ese preciso momento, una mano enorme se posa sobre su boca, impidiéndole gritar, al tiempo que un brazo de hierro se aferra a su cintura y la lleva en volandas en dirección contraria. Ella se retuerce y patea en el aire con todas sus fuerzas, tratando de golpear a quien la tiene cautiva; pero es como luchar contra un monstruo de seis brazos y con el vigor de seis hombres. Aterrorizada, nota las lágrimas correr sin control por sus mejillas, sin embargo, a pesar de todo, sigue peleando hasta que un puño se estrella con violencia contra su mandíbula y pierde el conocimiento... "
Eran las seis de la mañana y empezaba a amanecer. Alrededor del pequeño chalé se habían desplegado en silencio los efectivos de la BCDP, que permanecerían escondidos hasta que les dieran la orden de entrar.
—¿Están listos? —susurró Regina en el pequeño almacén walkie-talkie.
Tras unos segundos de ruido estático recibió la respuesta:
—¡Listos!
—¡Adelante! —ordenó.
Los miembros de la unidad, con los chalecos antibalas en su sitio, se acercaron con precaución al almacén algo apartada del centro urbano de Maine. Desde hacía días, tenían fundadas sospechas de que en ese lugar se encontraba retenido George Velázquez conocido como el rey, un conocido empresario de la construcción que había sido secuestrado hacía dos semanas y por el que los delincuentes habían pedido un rescate millonario.
La detective Regina dirigía el operativo. Podría haberlo hecho tranquilamente desde su despacho, pero ella prefería estar en primera línea, como si la adrenalina que segregaba en este tipo de operaciones diera sentido a su vida.
Varios de sus hombres rompieron la puerta de madera con un acto especial y, al grito de «¡Policía!», entraron a toda prisa en el interior de la vivienda. Encontraron a dos de los secuestradores en calzoncillos en uno de los dormitorios. Aún estaban medio dormidos y no les dio tiempo a reaccionar; cuando se quisieron dar cuenta, estaban tirados en el suelo con las manos esposadas detrás de la espalda. Regina salió del dormitorio y, con precaución, fue abriendo las puertas de todas las habitaciones que encontraba a su paso sin dejar de empuñar su arma con las dos manos. "—¡Despejado! —gritó pero, justo en ese instante, un hombre salió de un pequeño armario al fondo del pasillo, perfectamente camuflado en la pared, y vació el cargador de su arma sobre ella. En respuesta a un instinto de supervivencia, Regina se arrojó al suelo en el acto, mientras un dolor abrasador se extendía a lo largo de su cráneo.
La detective Zelena, que marchaba detrás de ella, aprovechó para disparar a su atacante y dejarlo tendido, inmóvil, en el suelo.
—Regina, ¿estás herido? —Zelena le dio la vuelta y se asustó al ver la cantidad de sangre que resbalaba por un costado de su rostro.
—Por fortuna, no demasiado. — Mills se incorporó despacio, se llevó una mano a la cabeza y la sacó empapada de sangre—. No es más que un rasguño en el cuero cabelludo.
—maldita sea, Regina no hace falta que montes estos numeritos para llamar la atención. —Su hermana la agarró del brazo y la ayudo a recomponerse.
en pie, al tiempo que secaba el sudor de su rostro carnoso con la manga de su chaqueta.
—¡Ay, Zelena!, es que últimamente no me haces ni caso! —Bastante mareado, Regina trató de bromear, mientras cubría la herida con un pañuelo no muy limpio que su hermana había sacado de su bolsillo—. Joder, la verdad es que duele como si me hubiera atravesado el cerebro de lado a lado.
Sin dejar de ejercer presión sobre la herida, Regina se acercó al hombre que yacía en el suelo y colocó dos dedos sobre su cuello buscándole el pulso, pero en seguida se dio cuenta de que era inútil. El tipo estaba muerto. De pronto, miró la camiseta que cubría la gruesa panza de su agresor y se estremeció.
¡Cuidado con el dragón!
En su cerebro volvió a escuchar la dulce voz de Emma Swan previniéndole del peligro. Aunque al principio el dibujo sin forma, en el frente de la prenda le había parecido un montón de líneas de aire oriental, al examinarla con detenimiento era fácil distinguir el contorno de un dragón echando fuego por las narices.
Notó que Zelena dirigía una mirada desconcertada de la camiseta a ella y viceversa, así que Regina se encogió de hombros con fingida indiferencia y respondió a su pregunta no formulada:
—Pura casualidad.
Pero ella creía en las casualidades casi tanto como en las visiones...
—¡Emma, hay un mujer en la puerta que pregunta por ti! —gritó August, el pequeño de la casa, desde el vestíbulo sin dejar de vigilar a la extraña de imponente tamaño y superioridad que, parada al otro lado de la puerta, lo miraban con curiosidad.
—¡Ya voy!
Emma, que en ese momento estaba ayudando a Granny a preparar la comida, se acercó a la puerta limpiándose las manos en el delantal floreado que llevaba atado a la cintura.
—¡Detective Mills! —exclamó la Emma, asombrada—. No esperaba verla por aquí.
—¿Llego en mal momento? —preguntó la detective, observándola con atención.
En esta ocasión, la señorita Swan no llevaba las gafas puestas. Varios mechones de suave pelo rubio habían escapado del improvisado moño que se había hecho con un bolígrafo y sus mejillas estaban sonrojadas por el calor de la cocina. A Regina, le pareció muy distinta de la mujer que se había presentado en la comisaría dos días atrás.
—No se preocupe, estaba ayudando a preparar la comida... —Emma se detuvo y frunció el ceño, con los ojos clavados en la gasa que cubría su cráneo cerca de la sien derecha—. ¿Qué le ha ocurrido?
Regina se llevó una mano a la cabeza y rozó el vendaje; se había olvidado por completo de la curación que le habían hecho en el mismo centro de salud de Maine después de la operación encubierta.
"—No es nada —respondió encogiéndose de hombros y, al instante, cambió de tema—. Verá, señorita Swan, quería hablar con usted. No le importa que entre, ¿verdad? No la entretendré mucho.
Sin esperar su respuesta, Regina se metió adentro, mientras lo examinaba todo con curiosidad. A pesar de las ganas que tenía de echar a patadas a esa tipa insolente, Emma se mordió la lengua y la condujo hasta el salón.
—Por supuesto que no me importa, detective, siéntase como en su casa. —El tono sarcasmo que imprimió a sus palabras no le pasó desapercibido y Regina frunció los labios para contener una sonrisa—. ¿Quiere algo de beber?, ¿una cocacola?, ¿una cerveza...?
—Si no le importa, ¿no tendrá usted paracetamol o ibuprofeno? Me duele un poco la cabeza.
—Enseguida se lo traigo —se apresuró a decir Emma y salió de la habitación.
La detective prosiguió su inspección sin ningún tipo de vergüenza, examinando un objeto aquí y una foto allá. El salón estaba decorado de forma sencilla y acogedora; no era, en absoluto, la idea que él tenía de un centro de menores. Por fin, se sentó en uno de los cómodos sofás, iluminado por el agradable sol de mediados de noviembre que entraba por la ventana y cerró los ojos. La cabeza le latía como si el pico de un minero excavara una galería dentro de ella. A los pocos minutos, Emma estaba de vuelta con un vaso de leche y una caja de ibuprofeno.
—Muchas gracias. —Regina alzó el vaso dubitativa, no bebía un vaso de leche desde que su madre le preparaba la comida al volver del colegio. Como si adivinara sus pensamientos, Emma comentó:
—Ya sabe que no es bueno tomar pastillas con el estómago vacío.
Tras haber leído la agitada historia de su vida, a la detective le hizo gracia la actitud maternal de la psicóloga, pero contuvo a tiempo el comentario irónico que subía a sus labios y se limitó a sacar dos pastillas de la caja, que se las tragó con ayuda de la leche.
"«Después de todo, no está tan mal», se dijo.
—Señorita Swan...
—Llámeme Emma, por favor —repitió sentándose en el otro sofá, al tiempo que cerraba los ojos y se frotaba el puente de la nariz con el índice y el pulgar.
—¿Está cansada? —preguntó Regina, al tiempo que examinaba las sombras oscuras bajo sus ojos—. ¿Acaso ha tenido más... visiones?
Emma abrió los párpados en el acto y la miró desafiante.
—Pues la verdad es que sí, detective Mills. Aunque a usted le cueste creerlo, llevo varias noches durmiendo muy mal por culpa de mis visiones —recalcó las palabras con violencia.
—Ahora no importa lo que yo crea o deje de creer; está claro que usted está convencida de que lo que dice es cierto, pero yo soy una mujer de costumbres, Necesito hechos.
—Pues eso es algo que yo no puedo ofrecerle, detective —interrumpió ella mostrándole las palmas de las manos, como si con ese gesto, quisiera manifestar la sinceridad de sus palabras.
—Lo sé. He venido hasta aquí porque quería preguntarle por el estanque del que me habló. ¿Recuerda algo más de lo que me contó?
—Le dije que era una superficie de agua bastante grande, no sé si una laguna, un pantano... Me es imposible ser más precisa. Como ya le conté, había algún tipo de estructura cerca.
—¿Cree que si viera una fotografía podría reconocer el lugar?
—No sé... quizá —respondió, insegura.
Regina se levantó y fue a sentarse a su lado, le tendió un Ipad y le mostró cómo se pasaban las fotos con el dedo.
—Tómese su tiempo."
Mientras Emma miraba cada una de las fotografías con detenimiento, los ojos de la detective se posaron en los mechones rubios que escapaban de su moño y le dieron ganas de enrollar una de esas mechas alrededor de su dedo y comprobar si eran tan suaves como parecían. Sus pupilas siguieron el recorrido por la cremosa piel de su mejilla y por la delicada oreja, como una concha perfecta, que quedaba a la vista. No llevaba pendientes y no había rastro de agujeros. De pronto, le asaltaron unas ganas poderosas de inclinarse sobre ella, introducir ese inmaculado lóbulo en su boca y saborearlo con un poco de succión.
—¡Se parece mucho a este lugar! —La voz excitada de Emma la devolvió de golpe a la realidad.
Regina se acercó un poco más a ella para echar un vistazo y, de pronto, el perfume sutil que emanaba de ella se introdujo en sus fosas nasales y le provocó una violenta arremetida de deseo. Asombrada por su extraña reacción, la policía se llamó al orden. No entendía esa imprevista exaltación de su libido. Hasta ese momento, a ella siempre le habían atraído las mujeres con más tetas que cerebro y, a juzgar por su expediente académico y por lo poco que podía apreciar bajo la holgada camiseta que cubría el pecho femenino, ese no era el caso de la señorita Swan. Disgustada consigo misma, Regina trató de concentrarse en la fotografía que señalaba la joven.
—El pantano de Storybrooke.
—¡Estoy casi segura de que se trata de este lugar! La estructura de la que le hablé me recuerda mucho a este puente que lo cruza. —Emma apenas podía reprimir su entusiasmo.
—Es el viaducto de la M-505... sí, podría ser. Está bien, pediré un perro y echaré un vistazo. —Inquieta, se puso en pie; estar tan cerca de esa mujer la estaba poniendo nerviosa.
—Detective Mills, me gustaría hacerle una pregunta. —Emma se había levantado a su vez del sillón y tuvo que alzar bastante la cabeza para mirar ese rostro, agresivamente femenino de mandíbula, nariz ligeramente suaves y labios severos, duros, que parecían cincelado en piedra."
"—Pregunte lo que quiera. —En ese momento, con los rayos de sol incidiendo de lleno sobre sus ojos, Regina descubrió que los iris de la señorita Swan eran de un insólito tono verde esmeralda que, según la luz, que caía, se veía entre un matiz casi negro y uno acerado.
—Me gustaría saber qué es lo que ha ocurrido para que, de repente, usted haya decidido tomarme en serio.
Definitivamente, pensó Regina, las mujeres más listas de lo normal no eran lo suyo. Molesta por su aguda percepción, contestó, sarcástica:
—¿Quién le ha dicho que la tomo en serio? Lo que ocurre es que no me gustaría que luego fuera diciendo por ahí que la policía no hace su trabajo. —Los sensuales labios de emma esbozaron una mueca burlona, dando a entender que sabía que había algo más de lo que ella quería confesar. Al verla, Regina se sintió aún más irritada y se despidió con brusquedad—: Ahora me voy, tengo mucho trabajo. Mañana pasaré a buscarla a las diez. Sería conveniente que sacara la ouija del sótano, a ver si le da una idea más precisa de por dónde debemos empezar a buscar.
«Estupida», pensó Emma.
Sin embargo, se limitó a asentir con la cabeza sin manifestar hasta que punto le molestaba su altanería, al fin y al cabo, se dijo Emma,ya había conseguido lo que quería"
Y a las que aún no siguen mi otra historia les invito, abraza mi oscuridad, les gustara. me gusta mucho leer sus reviews ayuda a poder actualizar mas pronto.
Ya saben como es esto, reviews y entre mas sea más rápido y extenso será. Gusto de leerlas hasta la próxima.
