Legendary-HeavyMetalLovers, tienes toda La razón fue un momento hermoso, como que Regina y Emma ya están pensando en sus sentimientos, si Kath es la asesinada, y si se pondrá mejor, /NewBlitz espero te guste esta extensa a continuación xD/LyzzSwanQueen Que bueno que te gusta me alegra :D
un honor leerlas y que les esté gustando la historia gracias por sus reviews. Sin mas a leer!
Un amplio jardín en el que crecía algún que otro pino solitario, rodeaba la pintoresca construcción serrana de los años sesenta, edificada con piedra y madera, y enmarcada por el maravilloso espectáculo de Siete Picos.
En cuanto la detective detuvo el Mercedes delante de la puerta de la casa, Emma abrió los ojos; se sentía como una alfombra a la que alguien hubiera sacudido hasta arrancarle la última mota de polvo.
Miró a la mujer que estaba a su lado y, como de costumbre, notó los profundos ojos que marcaban sus delgadas y definidas cejas. Por unos segundos, la mente de Emma empezó a divagar y se preguntó por qué la detective Mills parecía perpetuamente enojada con el mundo. Esbozó una sonrisa desganada y se recordó a sí misma que, al fin y al cabo, a pesar de su aspecto malhumorado, la policía había ido contra sus convicciones más íntimas y era la única que le había dado algo de crédito.
«A lo mejor», pensó bajando del coche, «en el fondo de esa hermosa grinch que es, alberga un tierno corazón... aunque lo dudo mucho, la verdad»."
"—Bueno, señorita Swan, que descanse.
—¿No quiere quedarse a comer, detective?
Seguro que ha sobrado algo, Granny siempre hace comida para un regimiento.
Regina echó un vistazo a su reloj. Eran las cuatro. Nunca prestaba mucha atención a sus comidas; normalmente, picaba cualquier cosa en algún restaurante cuando le sobraban unos minutos. Además, sentía que necesitaba alejarse de la inquietante cercanía de esa mujer para pensar un poco. Sin embargo, se sorprendió al escuchar su propia voz contestando:
—Muy bien, gracias.
Emma buscaba las llaves en su bolso cuando la puerta se abrió de repente y un chica rubia de unos diecisiete años la recibió con un alegre saludo.
—¡Hola, Elsa, gracias! Qué pronto has vuelto hoy.
—El jefe tenía cosas que hacer en Boston y me ha dado la tarde libre, si quieres puedo tratar de arreglar el grifo del baño de las chicas. —En ese instante, el muchacha paso su vista en la mujer que permanecía en pie al lado de Emma y una expresión enojada cubrió su atractivo rostro que, hasta ese instante, había lucido una ancha sonrisa.
—Hola, soy la detective Mills. —Algo incómoda, Regina tendió la mano a esa pequeña adolescente, alta y delgada, que la miraba con desconfianza, pero Elsa miró la mano tendida sin hacer el menor amago de estrecharla.
—No hace falta que me lo diga, puedo oler a la gente como usted a cien metros.
—Venga Elsa, no seas mal educada. La detective Mills está llevando el caso de Katheryn y... será mejor que vengas un momento, tengo que hablar contigo. Perdone un segundo, detective.
Emma agarró la mano de la chica y ambas se alejaron en dirección a un viejo columpio oxidado que quedaba a varios metros de la puerta."
A pesar de que Regina no podía escuchar lo que decían, el lenguaje corporal de ambas era inconfundible. En un momento dado, Emma la estrechó entre sus brazos con una expresión de profundo dolor reflejada en su rostro. La muchacha permaneció inmóvil con la cara escondida en el hombro de Emma, pero, pocos segundos después, se apartó de ella, se dio la vuelta y se alejó a toda prisa en dirección al bosque que rodeaba la casa.
Regina notó como la señorita Swan se secaba los ojos con los dedos y apartó la vista discretamente. Cuando recobró algo de su perdido equilibrio, Emma regresó a su lado.
—Pase por favor. —La agradable voz de la joven la invitó a entrar mientras sostenía la puerta abierta—. Espero que no le importe comer en la cocina.
—Por supuesto que no.
La cocina era muy amplia y, a esas horas, la luz entraba con suficiencia por las dos ventanas. La gran mesa de madera sin desbastar, rodeada de sillas que no hacían juego entre sí, ocupaba la mayor parte del espacio y creaba un ambiente acogedor. En un rincón de la estancia, una mujer de mediana edad, bajita y regordeta, se desataba en ese mismo instante el delantal que llevaba atado a la cintura.
—¡No me digas que vienes a comer a estas horas! —fue el saludo de la mujer.
—Lo siento, Granny, ya sabes que de vez en cuando surgen imprevistos. —Emma le dirigió una débil sonrisa.
—Imprevistos, imprevistos —gruñó la cocinera —¿Y esta quién es? ¿No será tu novia?
Sus ojillos claros, brillantes como canicas de cristal, miraron a Regina de arriba abajo con curiosidad y, a pesar de todo lo ocurrido, Emma no pudo reprimir una carcajada que, sin saber por qué, a Regina le pareció irritante.
"—¡No, por Dios! —negó , divertida—. Granny, te presento a la detective Mills. Está investigando la desaparición de Katheryn.
—Hmm. Una pena, no está mal la muchacha, muy hermosa—Por primera vez en su vida, Regina sintió que se ponía colorada, además, la burla que detectó en los expresivos ojos verdes no contribuyó a aligerar su incomodidad
—. Bueno, ha sobrado bastante estofado y un poco de arroz, caliéntalo en el microondas, pero no mucho rato, ya sabes, que luego se reseca la carne.
—Sí, Granny, sí. Anda, vete ya, que seguro que tu marido está de los nervios esperándote.
—Ese pesado —resopló la gruesa mujer—, no sé qué va a hacer sin mí cuando yo me muera. Hazme caso, Emma, nunca te cases con un hombre o mujer que no sepa prepararse ni una tostada. —Se volvió de repente hacia la detective y pregunto
— ¿Usted sabe hacer una tostada?
—Cuando me lo propongo, soy capaz de cocinar un menú exquisito para chuparse los dedos —respondió Regina muy serio.
La mujer la miró con aprobación
—Esta chica te conviene, Emma, no seas tonta. Si sigues sin hacerle caso a ninguna chica te vas a quedar para vestir santos...
Ahora fue Regina la que dirigió una mirada burlona al rostro sonrojado de la joven.
—Bueno, las dejo. Espero que le guste el estofado, detective.
—No tengo la menor duda de que me va a encantar, Granny. Tiene usted pinta de ser una cocinera estupenda. —Halagada, Granny le dirigió una amplia sonrisa y se marchó.
—Caramba, detective, nunca pensé que una mujer como usted fuera capaz de encandilar en cinco minutos a una mujer como Granny. —Una mueca maliciosa bailaba en los sensuales labios de Emma y, una vez más, Regina se puso a la defensiva ante ese encanto que, de alguna manera, la sentía como una peligrosa amenaza.
"—Eso es porque no me conoce, le advierto que soy un gran conquistadora —respondió con una mirada enigmática que hizo que Emma esbozara una ligera sonrisa:
—No lo dudo detective, pero estoy segura de que suele dirigir sus atenciones a otro tipo de mujer, imagino que a uno que no le de muchos problemas...
—¿Está poniendo en práctica sus superpoderes conmigo, señorita Swan? Le agradecería que no lo hiciera —comentó, desagradable, haciendo que su sonrisa se borrara de golpe.
—Le recuerdo que soy psicóloga y tengo buen ojo para juzgar a las personas —respondió ella con sequedad, mientras empezaba a calentar la comida.
Algo avergonzada por su actitud agresiva, Regina preguntó:
—¿Puedo ayudarla?
—Puede poner la mesa, encontrará lo necesario en esa alacena.
Cuando todo estuvo dispuesto empezaron a comer en silencio, hasta que Emma preguntó por fin lo que llevaba tiempo rondando en su cabeza:
—¿Ahora qué va a pasar?
—Por supuesto, habrá una investigación —respondió Mills poniendo más estofado en su plato—. Llevamos unos días de retraso, pero espero que todavía queden indicios suficientes para poder encontrar al asesino.
—Hay una cosa que me sorprende —continuó Emma, era evidente que no había parado de darle vueltas al asunto desde que habían encontrado a la muchacha—. ¿Por qué el asesino no se deshizo de Kath... del cuerpo tirándolo al pantano? Al enterrarlo corría un riesgo mucho mayor de que fuera descubierto.
—Es evidente que quería que encontráramos el cadáver. — Regina contempló los enormes ojos verdes que la miraban perplejos.
—¿Por qué? No tiene sentido.
"—Los asesinos, como el resto de los mortales, no siempre se mueven por parámetros lógicos. Quizá quiere que sirva de aviso para alguien, tal vez le apetece salir en las noticias... puede ser cualquier cosa.
—¿Desea un café? —preguntó Emma, después de que la detective le hubiera ayudado a recoger la cocina.
—Debería volver a la comisaría, pero no todos los días tengo la oportunidad de darme un homenaje semejante. —Por primera vez, Emma la vio sonreír y no le quedó más remedio que admitir que la detective era una mujer muy atractiva.
—Vaya al salón, lo tomaremos allí.
Cuando Emma regresó con la bandeja, Regina estaba sentada sobre el sillón con los párpados entornados sintiendo el agradable calor de los rayos de sol en su rostro, pero al oírla se levantó para ayudarla; un gesto de amabilidad que la sorprendió.
—Dígame, Emma, ¿desde cuándo tiene esas visiones? —preguntó la detective mientras revolvía su café con la cucharilla.
"—Desde que tengo memoria —suspiró ella, llevándose la taza a los labios.
—¿Influyó ese asunto en el hecho de que pasara por tantas familias de acogida?
Emma le dirigió una mirada confusa y respondió, serena:
—Veo que se ha puesto al día con mi expediente.
—Bueno, al fin y al cabo soy policía ¿no? —Regina se encogió de hombros, sin inmutarse e insistió—: Por favor, contésteme.
—Pues sí, influyó mucho —respondió al fin con una mueca de amargura—. Pero claro, hay que entender que a nadie le gusta tener en su casa a una niña rara, que entra en trance cada dos por tres, para luego anunciar que te va a atropellar un coche o que la lámpara del comedor se caerá en mitad de la cena.
—¿Sabe algo de sus padres biológicos? —Emma se sintió como un criminal en la sala de interrogatorios, pero a pesar de ello siguió contestando a las preguntas de la detective con calma.
"—Nada en absoluto. Me encontraron hace treinta años, el día de San Joaquín y Santa Ana, envuelta en una manta con mi nombre bordado en mitad del puente de piedra por el que se entra al estanque de los cisnes en Maine, De ahí mi apellido.
A pesar de que Emma hablaba sin amargura, Regina sintió el repentino impulso de estrecharla contra su pecho. Era increíble cómo algunas personas podían entrar en la vida con mal pie; sin embargo, aún resultaba más sorprendente que la señorita Swan hubiera llegado a donde había llegado con semejantes inicios. De pronto, a Regina la embargó una corriente de admiración hacia Emma una mujer luchadora de aspecto engañosamente frágil, pero, acto seguido, se regañó a sí misma con dureza. No había andar sintiendo ternura por mujeres casi desconocidas, ya que ella había logrado mantener su corazón cerrado durante treinta y cuatro años, se recordó, así que sería mejor que se anduviera con cuidado. La detective decidió seguir con el interrogatorio, al fin y al cabo, aún no había terminado su horario de trabajo.
"—¿Ha ocurrido algo en los últimos tiempos que piense que debería contarme? ¿Alguien del centro ha recibido alguna amenaza, un suceso que se salga del orden natural del día...?
—La observó juguetear, nerviosa, con el azucarero como si hubiera algo que no se decidiera a contarle—. Señorita Swan, es fundamental que confíe en mí si quiere que esta investigación llegue a buen punto. —El tono alto que utilizó la detective le hizo dar un respingo y Emma alzó sus suaves ojos verdes hacia ella en una muda disculpa.
—Tiene razón, detective Mills, le contaré mis sospechas. Hace unas semanas tuve que despedir a un hombre que había contratado para que se ocupara del jardín y para hacer los arreglos que, de cuando en cuando, son necesarias en la casa. Tuvimos...
—Siga —ordenó la detective al ver que titubeaba.
—Tuvimos unas palabras y me amenazó.
—¿Qué tipo de amenaza?
—Del tipo: «Zorra, te vas a arrepentir de esto». Creo que esas fueron sus palabras exactas. Verá, el hombre había estado en la cárcel...
"—¡Un expresidiario! ¡No sé si es usted increíblemente buena o increíblemente estúpida! —la interrumpió la detective, furiosa.
—Le ruego que no me insulte, detective. No sé si ha oído hablar de las segundas oportunidades. A mí me dieron una en su día y este lugar —continuó, señalando con un gesto lo que la rodeaba— es un ejemplo de ello. Todos los chicos que pasan por aquí arrastran a sus espaldas un pasado que dista mucho de ser bonito, pero si alguien no se arriesga por ellos están condenados de antemano, y nadie merece eso.
A pesar de que Emma mantenía un tono calmado, sus pupilas brillaban con violencia y sus mejillas estaban teñidas con un leve rubor y, a regañadientes, la detective tuvo que reconocer que la señorita Swan se ponía preciosa cuando se enfadaba.
—Bueno, bueno, no me venga con el sentimentalismo. —Mills la observó apretar los puños con fuerza, como si tratara de reprimirse para no lanzarse encima de ella y un puñetazo directo en la mandíbula, y escondió una sonrisa. Resultaba divertido sacar de sus casillas a esa mujer, siempre tan comedida.
—Es inútil, no voy a intentar convencerla de nada, no merece la pena. Es usted una mujer de mente estrecha y llena de prejuicios. —Emma se levantó con brusquedad del asiento y recogió la bandeja del café.
Cuando regresó de la cocina había recuperado el dominio de sí misma y Regina sintió cierta tristeza; pero bueno, se dijo, malévola, ya encontraría una nueva ocasión para hacerla perder los estribos.
—Hablábamos del expresidiario. —Regina retomó la conversación como si, anteriormente, no hubiera habido ningún acalorado intercambio de pareceres
—. Quiero saber cuánto tiempo estuvo trabajando para usted y por qué lo echó.
—Estuvo aquí unos tres meses. No era un tipo simpático, la verdad. Introvertido, brusco en sus contestaciones y, para más, tenía la desagradable manía de acercarse a mí de una manera sigilosa que me daba unos sustos de muerte."
Pero no vas a despedir a una persona simplemente porque te caiga mal ¿no? —La detective elevó los ojos al cielo, como pidiendo paciencia, y a Emma no se le escapó su gesto
—.Bueno, seguro que usted sí que sería capaz de echar a alguien por estornudar a destiempo. De todas formas, y aunque se empeñe en creer lo contrario, no soy del todo estúpida, así que le pedí a Elsa que lo vigilara con disimulo y, créame, yo también me mantuve alerta. A pesar de todo, durante esos tres meses desaparecieron un cenicero de plata, el reloj de Granny, que siempre se quitaba al cocinar, y un portátil que yo guardaba en mi despacho.
—¿Y no lo denunció? —Emma desvió la mirada, sin contestar, y ella misma respondió a su pregunta—: Entiendo. No estaba segura de si el autor de los robos era el jardinero o alguna de las «prendas» que cobija en su casa...
La sangre que afluyó en tromba a las mejillas femeninas le dio la respuesta.
—Pero unos días después de que robaran el ordenador, Elsa lo encontró espiando por la ventana del dormitorio de las niñas y lo despedí al instante. No ha vuelto a haber más robos —anunció con un orgullo que la enterneció.
—¿Y ha sabido algo más de él desde que lo despidió? —siguió preguntando la detective.
—No lo he vuelto a ver, pero hace tres semanas murió Machín, un enorme mastín que heredé con la casa. —La voz de la joven se quebró ligeramente al recordar a su perro
—Al principio pensamos que murió de viejo, pero cuando vino el veterinario y vio la boca llena de espuma sospechó que la muerte podía no ser natural y, tres días después, nos lo confirmó.
—Un perro envenenado y una muchacha asesinada. Parece que nuestro hombre esta saliendo a flote. —pensó Regina en voz alta.
"—Detective, le ruego que sea más delicada con sus comentarios. No está hablando de idioteses con sus amigotas. —El tono de Emma subió unos cuantos decibelios, mientras los ojos verdes despedían relámpagos plateados.
En ese preciso momento, Elsa se asomó a la habitación y, mirando a Regina con bastante molestia, preguntó:
—Emma, ¿necesitas ayuda? —A Regina le resultó evidente que la muchacha había estado escuchando detrás de la puerta y se volvió hacia ella, irritada.
—Esto es un tema policial y no me gustan las chismosas —declaró, amenazadora, al tiempo que se levantaba del sofá y clavaba la vista a la chica con frialdad.
Sin embargo, Elsa no se acobardó y se enfrentó a ella desafiante, a pesar de que la detective era un poco mas alta que ella.
—Esta es mi casa y usted no es bienvenida.
—¡Basta! —exclamó Emma, interponiéndose entre las dos —. No me gustan las escenas, Elsa, ya lo sabes. De todas formas, la detective ya se va.
Creo que ha conseguido toda la información que necesitaba. ¿No es así, detective?
Irritada por la forma tan poco sutil que la señorita Swan tenía de despedirla, la policía respondió sin apartar sus pupilas de los iris azules de la chica.
—Está bien, me voy. Pero volveré —avisó, Regina entrecerrando los ojos.
En ese momento, Regina captó la mirada de cachorra enamorada que la muchacha dirigió a Emma y sintió que se le revolvía el estómago.
¡A esa mujer le gustaba jugar con fuego!
Ya saben como es esto, reviews y entre mas sea más rápido y extenso será. Gusto de leerlas hasta la próxima.
