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A llegado el fin, estoy triste, pero a la vez MuY feliz de que algo tan bueno como esta historia tuviera un excelente seguimiento! La verdad que se los agradezco.
Y a todas mis hermosas lectoras, gracias amo sus reviews. Cualquier error una disculpa.
si lo se, no tengo perdón de dios! Las he hecho esperar, y créanme lo siento! El tiempo, lo he tenido limitado, así que les pido disculpas.
bueno lo prometido es deuda, aquí se los dejo.
gracias por su apoyo! Y el recibimiento de mis historias! les doy las gracias estoy sumamente agradecida! Las amo tanto! Espero pronto volver a leerles, espero pronto estar por aquí!
un honor leerlas y que les esté gustando la historia gracias por sus reviews. Sin les dejo leer
Esa misma tarde Regina regresó en su Jeep Wrangler con una bolsa de deporte llena de ropa y útiles de aseo y con una sorpresa mucho más importante.
—¡Elsa! —A Emma se le saltaron las lágrimas cuando la muchacha se arrojó sobre ella para abrazarla. La joven estrechó con fuerza su cuerpo delgado, mientras por encima de su hombro vocalizaba en silencio su agradecimiento en dirección a Regina.
Cuando se separaron, en los ojos de Elsa también había un brillo sospechoso, así que, para ayudarle a reponerse de su emoción sin avergonzarla, la policía palmeó su espalda y le dijo:
—Vamos muchacha, te toca aguantarme en tu cuarto unos cuantos días, así que hazme un hueco en el armario.
Ruby protestó con ganas al enterarse de que August dormiría en su habitación, pero unos días después, parecía que la policía había vivido con ellos toda la vida y no prestaron más atención a los nuevos arreglos. Ni siquiera a Elsa parecía importarle la presencia de la detective —de baja hasta que se le curase el brazo—, entre las dos se ocuparon
De los pequeños mientras Emma se recuperaba. Asombradas, descubrieron que tenían varias cosas en común; a ambos les gustaba hacer las chapuzas de la casa; las dos eran fanáticas de la equitación — y les encantaba recorrer los pedregosos caminos de la sierra en bicicleta a toda velocidad. Para la muchacha no fue fácil hacerse a la idea de que no tenía nada que hacer con Emma pero, al ver cómo miraba ella a la detective cuando esta no se daba cuenta y observar como Regina la devoraba con los ojos a todas horas, finalmente, se resignó.
Regina era la primer sorprendida al ver cómo se había adaptado a la agitada vida en el hogar de Emma y sus protegidos, tan distinta de la tranquilidad monacal de su apartamento. Por un lado, le fascinaba poder ver y conversar con Emma todos los días. Cuanto más la conocía, más adorable le parecía y notaba que su relación empezaba a hacerse más profunda, a pesar de que, durante esos días, no habían intercambiado más que algún que otro beso que la policía le robaba cuando ya no podía más.
Por otro lado, y para Regina era algo aún más extraordinario, notaba que empezaba a apreciar al resto de los habitantes de la casa. Con Elsa aún mantenía cierta distancia pero, a pesar de ello, se respetaban mutuamente y cada día se llevaba mejor; pero con los pequeños había nacido una confianza mutua que había crecido de una forma inesperada y natural. Ruby, inteligente y reservada, la buscaba a menudo para preguntarle esas pequeñas cosas sobre los chicos que le preocupaban a las niñas de su edad, y August era un crío alegre y sociable que enseguida se hacía querer.
Emma se recuperaba con rapidez y el doctor, que acudía de vez en cuando a visitarla, estaba muy satisfecho con sus progresos. En cuanto se sintió un poco más fuerte, insistió en comer con ellos en la cocina, así que Regina la cogía en brazos para ayudarla a bajar. Esa parte era la que más echaría de menos cuando tuviera que marcharse, se dijo la detective. Sus solitarias cenas a base de bocadillos frente al televisor le parecían muy lejanas. Disfrutaba de esas comidas «en familia», siempre animadas, llenas de discusiones sobre lo divino y lo humano, mientras observaba fascinada la manera en que Emma echaba la cabeza hacia atrás al reírse de algún comentario; sus manos hábiles cortando el filete de August, cómo se colocaba un suave mechón de pelo rubio detrás de la oreja; sus brillantes ojos esmeralda y su forma de agitar los cubiertos en el aire cuando trataba de explicar alguna cosa...
¡Dios, estaba loca por esa mujer!
La deseaba, sí, pero sobretodo quería dormir con ella cada noche y abrazarla. Anhelaba ayudarle a llevar alguna de las pesadas cargas que soportaba sobre sus hombros, necesitaba compartir con ella sus pensamientos más íntimos. En definitiva, quería pasar con ella el resto de su vida. Sin embargo, no se atrevía a decirle nada. A pesar de que ardía en deseos de tocarla, besarla, hacerle el amor... le daba miedo que Emma la rechazara. Le aterraba que la frágil relación que parecía haberse establecido entre ellas se rompiera para siempre.
Emma y Regina salieron una tarde a dar un largo paseo. El aire era gélido y vivificante; había nevado dos días atrás y el camino estaba cubierto por una espesa capa blanca. Emma se había recuperado casi por completo de los duros momentos que había pasado en los oscuros pasadizos, aunque ya no se libraría jamás del pánico que le provocaba la oscuridad. Durante aquellos días, ambas habían hablado, largo y tendido, de lo ocurrido en las galerías y de la muerte de Keyla Jones en su lujosa mansión. Emma también le había contado lo que Keyla le confesó sobre sus horrorosos crímenes. En breve, las dos tendrían que ir a declarar ante el juez y la policía trataba de prepararla lo mejor posible para afrontar esa dura prueba.
Era la primera vez desde que la detective se instaló en su casa que se encontraban a solas. Regina estaba nerviosa y no cesaba de pasarse la mano por su despeinado cabello. Emma tampoco estaba tan tranquila como aparentaba, la morena que caminaba a su lado le hacía sentirse tan insegura y temblorosa como una adolescente sin experiencia.
Hablaban de temas intrascendentes cuando, de repente, la detective se detuvo en mitad del camino, la agarró del brazo y la obligó a volverse hacia ella. Observó su precioso rostro, enmarcado por unos cuantos mechones de pelo rubio que escapaban de su gorro de lana, sus mejillas enrojecidas por el aire frío, y su boca tentadora en la que se dibujaba una dulce sonrisa, mientras la miraba con las cejas alzadas en una muda pregunta.
"—Emma...
—Dime, detective Mills.
—Dilo —La miró con el ceño fruncido y acompañó la orden con una suave sacudida.
—¿El qué? Detective Mills, no entiendo a qué te refieres. —Traviesa, Emma bajó la mirada con fingida timidez y su sonrisa se transformó en una mueca remilgada.
—Claro que lo sabes, pequeña bruja, quiero oír de nuevo mi nombre en tus labios. —Sus cálidas manos se enroscaron alrededor de la garganta delicada de Emma y sus pulgares se deslizaron bajo la barbilla, obligándola a alzar la cabeza y a mirarla. Con amenazadora suavidad, añadió—: Ahora.
—O si no, ¿qué? ¿Me vas a estrangular?
—Puede —respondió muy seria, mientras sus dedos acariciaban su mandíbula. Ambas seguían inmóviles en mitad del camino nevado, con las pupilas entrelazadas, ajenas por completo a la temperatura bajo cero y a todo lo que no fueran ellas dos. Regina inclinó su cabeza hasta que su cálido aliento rozó los labios de Emma y, en un susurró, repitió con voz ronca—: Dilo.
"—Ya sabes que no me gusta que me den órdenes. —Emma apoyó su frente contra la frente delicada de la Morena, en un gesto que desmentía sus palabras desafiantes. Así, tan cerca que sus bocas se encontraban a pocos centímetros la una de la otra y sus alientos se fundían en una única y vaporosa nube, permanecieron un buen rato, mientras sus respectivas respiraciones traicionaban una agitación cada vez mayor.
—Emma... —Las delicadas manos de la policía abandonaron su cuello y enmarcaron su rostro. Sus labios helados se posaron con la suavidad de una pluma sobre la boca de Emma, ligeramente entreabierta, y fueron trazando su contorno con leves besos, hasta que un gemido de rendición brotó de la garganta de Emma.
—Gina... —Jadeó su nombre al fin, avivando aún más la llamarada de pasión de la Morena que la mantenía cautiva.
—Emma, te quiero.
—Te quiero, Gina.
Y siguieron así, repitiendo sus nombres una y otra vez, sin darse cuenta de que la cúpula gris que esa mañana había tomado el lugar del cielo se abría y dejaba caer sobre ellas una miríada de suaves copos de nieve.
Gracias chicas por su aceptación, no saben como ame sus reviews, y créanme las extrañare mucho, Las amo! Nos vemos a la próxima!
