Epílogo


Cuatro años y medio más tarde, la mañana era cálida y primaveral, y la ligera brisa que susurraba entre los pinos arrastraba consigo una agradable fragancia.

Tras la abundante barbacoa que había preparado ese hermoso domingo familiar —con la carne en su punto justo, se dijo Regina satisfecha —, todos permanecían apoltronados en las viejas sillas de plástico, demasiado atiborrados para levantarse.

La única que mostraba algo de vitalidad era una preciosa niña morena de unos tres años que, en cuanto pudo, se subió a las rodillas de la policía.

—¿Qué quieres diablillo?

Preguntó Regina frunciendo el ceño, un gesto que no engañaba a su hija lo más mínimo pues, a pesar de su corta edad, sabía bien que su madre era incapaz de negarle nada.

La pequeña clavó en él sus grandes ojos verdes y respondió con firmeza:

—Jugar.

Regina miró su traviesa cara.


Flashback

Regina recordaba con nostalgia el tiempo transcurrido, aún sentía un cierto asombro cuando pensaba que esa diminuta y maravillosa criatura era parte de ella.

Claro se decía era hija de su mujer, una mujer que amaba a más que nada en el mundo, recordaba como hablaron durante mucho tiempo, después de darse cuenta que estaba profundamente enamorada de Emma , el que quería casarse con ella y tener una familia, una en la cual fuesen uno solo.

Recordaba lo difícil que fue convencer a Emma le horrorizaba el saber que su pequeño ángel pudiera heredar su capacidad de ver cosas que al resto de la humanidad le estaban vetadas.

Regina por su parte recordaba cada ardua noche tratando de calmar los fantasmas de su esposa, tratando de razonar, de darle a entender lo importante que era para ambas el tener una familia.

Fue una decisión complicada de tomar pero se dio, Emma semanas después de tener una maravillosa boda rodeada de solo sus familiares más cercanos.

Hablaron de someterse a procedimientos para que ambas tuvieran la posibilidad de ser madres, donde la cual Emma fue la afortunada de poder procrear vida en su interior.

Por su lado Regina no se lamentaba el hecho de que Emma fuera la madre de sus hijos, estaba cómoda con esa decisión, ella quería una familia y por su lado Emma necesitaba sanar sus heridas internas, heridas de la infancia que aun la perseguían y para Regina que mejor que fuese Emma la elegida, si ella podía sanar su dolor por medio de ella, de un pequeño, ella lo haría, todo sea por la felicidad de su esposa.

Regina recuerda cada noche desde que se enteraron del embarazo de la rubia, cada noche de miedos, de dudas; todo tipo de sesudos razonamientos que empleó Regina para tranquilizar a Emma, sin embargo, fue un simple comentario que hizo en una ocasión: «Estaré encantada de tener dos brujas en casa», lo que pareció apaciguar las dudas de ella para siempre.

Y así fue como nació una pequeña niña de ojos verde-azules, con hermosos bucles negros, las dudas perseguían a Emma pero Regina estaría a su lado toda la vida para acabar con ellas.

Por su lado Regina era inmensamente feliz al ver a la pequeña, al tomarla en brazos se dio cuenta que algo hacia clic en ella, eso era lo que ella quería y anhelaba, esa era su vida, eso se sentía tan correcto que eso era lo único que le importaba y que quería vivir el resto de su vida al lado de su pequeña Emily y su adorada Emma Swan.

Fin flashback


Hacía dos semanas, la niña le había dicho a Neal que tuviera cuidado con el columpio. Dos días después, uno de los tornillos que lo sujetaban cedió y al pobre chaval tuvieron que darle tres puntos de sutura en la frente. Que fuera lo que Dios quisiera, se dijo Regina, ella no cambiaría a su pequeña brujilla por nada del mundo.

Como hacía siempre que la tenía cerca, la abrazó con fuerza, hundió la nariz en sus hermosos bucles morenos, que olía a ese aroma tan especial que desprenden los niños a champú de manzanas, a sudor y a vida, y lanzó un gruñido capaz de ponerle los pelos de punta al monstruo más monstruoso. La niña se retorció de risa entre sus brazos, tratando de soltarse.

Entonces Ruby, una espigada adolescente de dieciséis años, se levantó de la mesa y rescató a la pequeña del abrazo de la morena.

—Ahora me toca a mí tenerla un rato.

—Esta niña está siempre en brazos, se va a quedar picada —protestó Regina gruñona.

Luego se volvió hacia Elsa, que estaba sentada a su lado sin parar de hacer manitas con su novia —la chica se había emancipado hacía un año, pero iba a menudo a visitarlas— y le propinó un ligero puñetazo en el hombro.

—Deja de babear, Elsa, que ya llevas casi un año saliendo con Bella. Por Dios, resulta patético.

Las dos jóvenes se sonrojaron ligeramente, y soltaron una risita avergonzada. La policía esbozó una mueca burlona y luego dirigió los maliciosos ojos oscuros hacia su mujer que asistía, divertida, a la escena.

—Por cierto, hablando de brazos, es la primera vez en el día que no estoy como una esclava, sudando la gota gorda en la barbacoa, y los tengo libres... — dijo, al tiempo que le lanzaba a Emma una significativa mirada.

—Pobrecita, la verdad es que eres la reina de las barbacoas y te mereces un premio.

—Emma se levantó de su silla, se sentó en su regazo y, enredando los dedos en la nuca, la atrajo hacia sí y la besó. Y entonces ocurrió lo que ocurría siempre; en vez de una rápida caricia, que era lo que ella pretendía, en cuanto sus bocas se juntaron, ambas parecieron olvidarse del resto del mundo y siguieron besándose con pasión.

—¡Eh, que hay menores! —exclamó Elsa sin soltar la mano de su novia.

—Qué te crees. Todos los días es lo mismo. Estoy más que acostumbrado —replicó Neal sin inmutarse y se sirvió otra ración de fresón con nata.

Al oírlo, Emma apoyó las palmas en el pecho de Regina y se separó de ella, sonrojada.

—Qué bochorno Gina, nuestros propios hijos se avergüenzan de nosotras.

Muy a su pesar, Regina dejó que se apartara, pero sin mostrar el menor signo de arrepentimiento respondió:

—Pura envidia, mi amor.

Emma se levantó con agilidad de su regazo y se dirigió hacia donde jugaban Ruby y su hija. Con un rápido movimiento, sujetó a la pequeña de la cintura y la alzó todo lo que pudo de forma que la niña quedó boca abajo, con las blancas piernecillas pataleando alegremente en el aire. Sus narices se tocaron y, entre risas, intercambiaron un beso de esquimal.

Regina las miraba embobada, hasta que un fuerte codazo en las costillas la sacó con brusquedad de su arrobamiento, mientras la voz sarcástica de Elsa resonaba en su oído:

—Joder Regina, después de más de cuatro años casadas babeas como un caracol. Eres patética.

Y, por tercera vez en su vida, Regina Milss enrojeció como una amapola.

Esa noche, en su habitación, tras hacer el amor como habían hecho casi cada noche desde que se declararon sus sentimientos, Emma notó que Regina estaba un poco rara. Después de mucho insistir, y ayudada por un potente armamento de besos y caricias, consiguió que, poco a poco, la dura y poco aficionada a mostrar sus sentimientos inspectora Regina Mills empezara a desembuchar lo que rondaba por su cabeza. Al fin, con la cara hundida entre sus senos desnudos, su mujer confesó:

—Ahora comprendo a mi padre.

A partir de esa críptica declaración, ella le fue sacando el resto.

—¿Ya no le desprecias?

—No, he descubierto que soy igual que él. —Su voz ronca tenía un matiz de desamparo.

—Y eso te asusta —afirmó Emma acariciando sus negros cabellos. Más que oír su respuesta la notó asentir contra su pecho

—.Te asusta quererme —insistió sin dejar de acariciarla.

—Es que no te quiero de una manera normal. —Su respuesta hizo que Emma sonriera con ternura, mientras sentía que su corazón se henchía en su caja torácica hasta que casi no le quedó espacio para seguir latiendo, pero continuó preguntando con seriedad.

—¿No?

—Si me dejaras, creo que no podría seguir viviendo. —Escuchar aquella sencilla confesión de labios de su hermética mujer, la llenó de una cálida dicha. Sin embargo, siguió con el interrogatorio, como si se encontrara en la consulta y ella fuera su paciente.

—Y eso te da miedo.

—Miedo no, terror —contestó la policía.

Un segundo después, elevó un poco la cabeza para besar uno de sus pechos, pasó la lengua por su sensible pezón y lo lamió hasta que Emma casi perdió el hilo de la conversación.

—Creo que en todo este asunto has perdido de vista dos factores muy importantes... —A pesar de que estaba sin aliento, trató de mantener su tono de psicóloga profesional.

Regina se vio obligada a levantar la cabeza para preguntarle qué era lo que quería decir, pero, entonces, la mano de ella tomó el relevo de su boca y empezó a subir despacio por su muslo, así que Emma trató de contestar antes de que de su mente borrara todo lo que quería decir a la policía, el tacto de aquellos dedos acariciadores la hacían perder la razón. Con delicadeza, tomó el rostro de Regina entre sus manos, y mirándola con todo el amor que albergaba en su pecho, declaró:

—Primero, que yo no soy tu madre y, segundo, que te amo tanto que me duele.

Durante unos largos segundos, Regina clavó sus pupilas en esos iris de color verde que rebosaban adoración, luego emitió un profundo gemido, se abalanzó sobre su boca y la besó con una pasión irresistible, sin parar de repetir:

No te apartes de mis nunca que yo soy tuya hasta el fin de mis tiempos, lo sabes.

Te amo, te amo, te amo,...

iFIN!


Muchas gracias a todas mis lectoras de este fic, ahora si está completamente concluido, gracias a todas las que se tomaron el tiempo de comentar y las que llegaron hasta el final que nunca se rindieron como: 15marday, paisa27, shiryuz.

Espero el final las complazca y les haya llenado las expectativas, gracias por todo y espero verlas en mis próximos trabajos.

En este momento tengo PERDIDA EN TU MIRADA (enlace abajo) me gustaría mucho que se pasaran, mirarlas de nuevo por aquel lugar, nada me haría más feliz.

De nuevo gracias por todo

Espero tengan un excelente día/tarde/ noche y no duden en pasarse.

Gracias por esperar tanto tiempo el desenlace.

ya saben pagina de FF y (esto) /s/12291134/1/Perdida-en-tu-mirada

Pasen

Todo lo bueno tiene que acabar y pues esto ha llegado a su final Gracias por todo :,)

Alguna falta una disculpa.