Hubo un día en que los demonios teníamos libre albedrío, y actuábamos en base a nuestros propios caprichos personales y en satisfacción a nuestra estética.

Sólo que esos días han quedado atrás.

Hace trescientos años las reglas eran sencillas: nosotros permanecíamos en nuestro propio sitio hasta que nuestras reservas de almas se agotaban o hasta que nos aburríamos, entonces nos infiltrábamos sutilmente entre los humanos y – evadiendo a cazadores y sacerdotes – buscábamos a cualquier persona lo suficientemente desesperada como para entregarnos su alma a cambio de la concesión de un deseo absurdo.

Hay día las reglas son diferentes, pues el placer y la satisfacción de la cacería han quedado olvidados, y nuestro único objetivo consiste en asesinar a un humano tras otro para así darle gusto a ese ángel corrupto y demente que mira hacia el mundo con aires de superioridad sin darse cuenta que él es mil veces más sucio que los "impuros" a los que tanto desprecia.

Y sin embargo ese ángel estúpido no puede entender siquiera de lo que está hablando, porque las almas totalmente puras y libres de marchas son demasiado aburridas para su propio bien.

He vagado por el mundo el tiempo suficiente para saber muchas cosas y para entender a la humanidad de formas que ese ángel jamás podría siquiera imaginar.

Los seres humanos por lo general son aburridos y predecibles, pero hay algunos que no son así, y esos pocos pueden hacer interesante por lo menos una parte de la eternidad.

Hubo un día en que los demonios hacíamos contratos con los humanos, contratos en los que esos seres pedían un deseo estúpido y a cambio de la concesión de éste nos entregaban sus almas manchadas para que nosotros las consumiéramos como un delicioso platillo, pero desde el día que ese ángel demente tomó nuestro trono ninguno de nosotros ha podido realizar nuevos contratos.

Por supuesto estoy trabajando para que eso cambie.

Nosotros como demonios no podemos desafiar ciertas reglas: cuando estamos en un contrato nos es imposible desafiar las órdenes directas de nuestros contratistas, pero cuando no tenemos uno entonces es la orden directa de nuestro rey la que no podemos desobedecer.

Nuestro rey…

En el orden normal de las cosas hay siete príncipes que gobiernan cada uno de ellos uno de los siete territorios en que nuestro reino se divide, sin embargo, en el punto de convergencia entre siete territorios hay un salón especial en el cual descansa un trono en el que sólo tiene permitido sentarse el rey.

Por regla general uno de los siete príncipes estaba sentado en ese trono, pero cuando la luz del solsticio de invierno tocaba el trono cada diez años entonces llegaba el momento de entregar el poder a uno de los otros seis y la posesión del trono se mantenía en constante rotación permanentemente, dando a los príncipes diez años de poder absoluto después de sesenta años de espera.

Cuando Ash atacó al rey era el día del cambio de poderes y todos los príncipes estaban presentes, sin embargo, su movimiento fue tan repentino que ninguno de ellos lo vio venir, y el mismísimo rey demonio y cinco de los príncipes fueron asesinados antes de poder hacer cualquier cosa para evitar que Ash se apoderara del trono… el séptimo príncipe sin embargo sobrevivió el tiempo suficiente para amenazar a Ash sobre el día en que regresaría al reino para retomar el trono que le pertenecía y devolver su libertad a los demonios.

Ese ángel se enfureció, pero ahora tenía el poder que robó a su entera disposición, así que sin reparos enfrentó al séptimo príncipe y lo asesinó… sin contar con que el príncipe le había tendido una trampa, y al asesinarlo sólo completó aquel ritual que permitía que el alma del príncipe demonio reencarnada en otro cuerpo.

Desde ese día Ash ha buscado por todos lados: en cada roca, en cada familia y en cada demonio recién nacido. Ha buscado con la esperanza de encontrar al príncipe demonio reencarnado, para así destruirlo y poner fin a la última oportunidad que queda a los nuestros de recobrar el reino que un día nos perteneció.

Nosotros como demonios no podemos desafiar ciertas reglas y si nuestro rey nos ordena que destruyamos a los humanos – independientemente de que eso nos destruya también a nosotros – estamos obligados a obedecer…

Sólo que tal vez, algunos odiamos tan profundamente esta guerra que se ha desatado que estamos dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de destruir a ese maldito ángel.

Como todos los días el lacayo llevó a Ciel a la más grande de las tiendas de dulces y juguetes ubicadas en el centro de la ciudad y esperó pacientemente mientras el niño se perdía de vista en los interminables pasillos… en ese sitio no había ningún peligro para el joven Phantomhive ya que el fiel sirviente vigilaba la única entrada, pero desconocido para él era que, escondida entre los múltiples escaparates, había una habitación secreta en la que una torpe sirvienta con lentes y dos hombres rubios de distintas edades lo esperaban en una mesa servida con té frío, adorno a pésimo gusto y una mesa cubierta con un mantel arrugado que ellos pensaban que había sido colocado de manera correcta.

-Buenos días joven amo – saludaron los tres a coro.

-¿Tienen completo mi encargo? – preguntó el pequeño dejando su abrigo y su sombrero a un lado.

-Sí… sí – titubeó ella – lo siento, sólo estábamos…

-Lo que Mey-Rin quiere decir es que su encargo está completo, joven año – intervino el rubio más viejo que sostenía entre sus labios un cigarrillo – tal y como usted lo pidió rastreamos toda el área en la que fue el último combate y redujimos la zona de búsqueda a un área de dieciocho kilómetros alrededor – mientras hablaba extendió un enorme mapa sobre la mesa – pero considerando la presencia del río y lo irregular del terreno yo personalmente me inclinaría por comenzar la búsqueda en la parte norte, sobre todo en las cercanías a la llanura.

-Sería demasiado peligroso si obscurece antes de que se termine la exploración del terreno – murmuró Ciel casi para sí mismo – no… salgan de aquí mañana al amanecer y serán dos días de viaje hasta la cabaña de campo, si se dan prisa terminarían la inspección en tres días y nos veríamos aquí el próximo miércoles a la misma hora de hoy siempre que mi tía Frances no encuentre una nueva clase a la que quiera someterme.

-No se preocupe, joven amo, nosotros nos encargaremos de todo.

-Ustedes trabajan para mí, por supuesto no esperaría nada menos que el éxito en esto.

Y los tres "criados" asintieron sin dudar.

Ante los ojos del mundo Ciel Phantomhive era el futuro heredero de una de las familias más importantes del reino humano, pero en la realidad, mientras Vincent Phantomhive ocupaba hasta el último soplo de su tiempo en intentar ganar una guerra centenaria, el joven Ciel se encontraba fortuitamente con sus "criados" en la tienda de dulces y movía una a una cada una de sus piezas para intentar por todos los medios a su alcance conseguir acabar con aquellos que eran sus enemigos.