Para cualquiera que no conociese los secretos de la mansión Phantomhive tratar de acercarse a ella sin invitación y a la mitad de la noche resultaría en una misión suicida en que los soldados que la custodiaban causarían su total aniquilación… así, a pesar de su gran fuerza y poder, Sebastián no iba a ser tan tonto de cometer la tontería de ir a la mansión de Ciel para mostrar su hallazgo, pero en cambio sonrió a su buena suerte y esperó reclinado contra una vieja y casi derrumbada columna de piedra, vestigio de la imponente construcción que un día estuvo ahí.
Sonó la doceava campanada y el demonio en forma humana repasó con la lengua la punta de sus afilados colmillos sintiendo como un olor familiar y delicioso flotaba hasta él procedente de un pasaje cercano.
-¿No es esta una hora inadecuada para que un pequeño de su edad esté fuera de la cama, señorito?
-En realidad eso no es de tu incumbencia, Sebastián – respondió Ciel Phantomhive emergiendo de una trampilla en el piso ubicada muy cerca de donde estaba parado el demonio, vistiendo un abrigo negro desgastado por sobre el camisón de dormir y resguardando su cabeza con una peluca de cabellera totalmente azabache – ahora, vamos al grano – su mano enguantada tendió al demonio un mapa similar al que habían analizado sus "criados" en la tienda de dulces – Mey-Rin, Bardock y Finnian encontraron pistas que los conducen a esta área de exploración y sería conveniente que hicieras lo posible por reunirte con ellos en algún punto del camino.
-Sí, supongo que sí – respondió Sebastián mostrando una sonrisa deslumbrante.
-¿Qué es lo que pasa contigo? – se irritó Ciel.
-No entiendo que quieres decir, joven amo.
-Vamos Sebastián no quieras jugar conmigo… jamás sonríes de esa manera a menos que tengas algo realmente interesante para decirme.
-Oh, ya que no he podido engañar al señorito supongo que deberé enseñarle esto.
Y conforme hablaba sacó de entre los pliegues de su ropa la moneda que tantas reflexiones le había llevado a hacer.
-Esto… - los ojos del niño se agrandaron - ¿de dónde rayos sacaste esto?
-Destruí un grupo de humanos que acampaban cerca de la frontera entre el reino humano y el reino de los demonios, y mientras revisaba el área asegurándome de no dejar supervivientes este curioso objeto cayó en mi poder; por supuesto una vez localizada esta pieza tan valiosa me decidí a inspeccionar a conciencia y encontré también esto – añadió sacando otro puño de monedas iguales - ¿tienes alguna idea de lo que pueda significar?
-Yo… no. No reconozco el escudo más allá del hecho de que lo tengo gravado en mi piel, sin embargo… - la emoción en su voz se enfrió – si ignoramos eso y analizamos esto como si de cualquier otra pieza de metal se tratase sería fácil suponer que estamos hablando de monedas.
-¿Monedas? – Se desconcertó el demonio – no pensé que el dinero humano tuviera esta forma particular.
-Las monedas que se utilizan para el comercio ciertamente no tienen este tipo de características, pero hay ciertos sitios como centros de reunión privados y burdeles de alta categoría que manejan sus propias monedas y productos con la finalidad de mantenerse a salvo de infiltrados y espías. Tal vez la teoría es apresurada y realmente no tiene nada que ver con el verdadero origen de esta pieza de metal pero…
-Pero valdría la pena investigarlo – completó el demonio pensando que sitios como el que había sido mencionado por Ciel bien podrían haber servido para mantener cautivo al pequeño en ese tiempo que transcurrió antes de tratar de deshacerse de su cuerpo.
-Sí.
-Bien, si el señorito está de acuerdo entonces supongo que el siguiente paso lógico sería compartir algunas de estas monedas con el resto de sus criados a fin de rastrear su origen.
-Tendrán que hacerlo mientras continúan con la misión que les asigné anteriormente.
-Pero si no obtenemos resultados eso obligará a que sus criados se escabullan en el bajo mundo mientras yo continuo interrogando a las pobres almas que crucen en el camino de mis cacerías. Una vez hecho eso…
-Una vez hecho eso yo estaré más cerca de mi venganza y tú lo estarás de tu cena ¿no es así? – habló el niño como si no le importase en lo más mínimo hablar de su propia muerte.
-Ha dado en el clavo, señorito – respondió el demonio con una sonrisa.
-Una vez dicho esto entonces supongo que eso es todo lo que debíamos tratar antes de despedirnos.
Pero al hablar fue un acto reflejo para Ciel acomodar un mechó de cabello detrás de la oreja utilizando su mano derecha, y al hacerlo la vista demoniaca de Sebastián fue capaz de notar una marca rojiza que surcaba el dorso de la mano… para el mayordomo fue también un acto reflejo el tomar esa mano entre las suyas y analizar la marca detenidamente.
-¿Qué crees que haces, demonio?
-Nada, señorito… pero me resulta extraño que marcas como estas aparezcan nuevamente en usted, después de todo, tan aficionados como son a castigar de manera física los profesores contratados por su tía Frances, pensé que su aprovechamiento en las lecciones había mejorado lo suficiente como para evitarle sufrir este tipo de reprimendas.
-El alemán no es mi mayor fuerte – admitió el chiquillo en voz baja.
-¿Alemán? ¿Desde cuándo lleva el señorito clases de alemán incluidas en su programa de estudios?
-Realmente desde esta mañana.
-¿Y tan pronto ha conseguido ya una reprimenda del profesor? Vaya… eso es un record aún para usted.
Las palabras del demonio eran burlonas pero sólo para enmascarar la preocupación que sentía en el fondo, porque si bien Ciel Phantomhive distaba de ser un estudiante perfecto era también una verdad conocida que su terquedad solía impulsarlo a lograr inclusive aquellas cosas que otros fácilmente podrían etiquetar de imposibles, y si a tan tempranas fechas el nuevo profesor ya infringía castigos físicos al chiquillo eso más bien podría ser juzgado como algo muy poco profesional.
Es normal que me preocupe – se repetía a sí mismo Sebastián una y otra vez – con o sin contrato el chiquillo en mi futura cena… es normal que no quiera que nadie lo arruine.
-Difícilmente se me puede culpar del hecho de que mi profesor es un amargado… pero realmente no importa. Él piensa que puede pasar sobre mí sólo porque he tenido dificultades para comprender el alemán pero ya verás que terminaré convirtiéndome en un alumno modelo y terminarán por despedirlo una vez que entiendan que ya no tiene nada que enseñarme.
La respuesta del demonio para eso fue ahogar una risa que era mitad producto del ego desbordante e infantil del niño y mitad producto de la expresión que seguramente pondría el dichoso profesor cuando Ciel cumpliera su amenaza.
-¿Qué te da tanta risa?
-La actitud infantil del señorito, por supuesto. Ahora ¿qué plan tiene usted para dejar obsoleto a su nuevo y seguramente experimentado profesor?
Los labios de Ciel se sellaron en un puchero.
-Eso imaginé. Pero para su buena suerte señorito, yo soy un experto en el idioma alemán… aunque – su expresión se formó en una sonrisa que el niño sabía que no le traería nada bueno – ya lo sabe: también yo soy un profesor muy exigente.
…
Cerca de las cinco de la mañana un rincón de una de las habitaciones de la mansión Phantomhive se vio brevemente iluminado por el resplandor débil de una lámpara de aceite, aunque momentos después el resplandor se pagó dejando a Ciel penetrar en la habitación con los pasos silenciosos que sólo un chiquillo acostumbrado a escabullirse de la cama podría tener.
Abrigo, zapatos, guantes y peluca habían sido dejados en el pasadizo secreto que usaba para escapar de la mansión por lo que su única vestimenta era ahora el camisón de dormir pero pese a todo no sentía frío, pues la habitación templada era una mejora considerable al frío cortante del exterior, pero aún así cada movimiento de los pies producía a Ciel ligeras pizcas de dolor después de haber recibido las lecciones de alemán de Sebastián… lecciones que no eran menos dolorosas que las de su nuevo maestro pero que por lo menos podían ser catalogadas como de mayor provecho.
Su cuerpo estaba agotado y su mente rogaba por un descanso pero el pequeño realmente no tenía prisa por entrar a la cama… en lugar de eso dejó que sus pies lo llevaran hasta la ventana y, asomándose por ella, contempló el bosque que envolvía las ruinas de la que había sido la antigua mansión. Contemplar esas ruinas era algo absurdo, desde que todos – incluido el demonio con el que se había encontrado esa noche – habían abandonado el lugar pero, pese a todo, había algo en esas viejas ruinas que siempre lo había atraído, siempre, desde el primer momento que puso un pie ahí…
Oh, pero recordar ese tiempo feliz cuando conoció las ruinas era un ejercicio demasiado doloroso como para hacerlo por propia voluntad, por lo que ignoró el llamado de su instinto y se refugió en las sábanas calientes de su cama. Tenía muchas cosas que hacer al día siguiente por lo que Tanaka lo despertaría puntualmente a las ocho de la mañana y además su cuerpo estaba resentido por todos los entrenamientos y quehaceres había impuesto para él el día anterior y que no eran más severos de los que tendría que enfrentar ese mismo día a partir de la salida del sol. Se suma a eso que debía buscar la forma de comenzar a investigar las extrañas monedas que había guardado en el bolsillo de su abrigo y todo eso sin descuidar sus ya de por sí saturados deberes como representante de la familia Phantomhive en ausencia de su padre…
Aún así, la charla con Sebastián había valido totalmente la pena.
Sí, buscando su venganza a lado de un demonio Ciel Phantomhive estaba jugando un juego muy peligroso en que su vida podría terminar en cualquier momento pero, después de todo, él amaba los juegos ¿verdad?
