Encontrar a los sirvientes de Ciel no fue un reto para Sebastián Michaelis, no después de la familiaridad que en el último año había adquirido con sus aromas y presencias particulares. Sin embargo se acercó a ellos con sigilo, midiendo cuidadosamente la distancia que los separaba y asegurándose de que sus pasos pasaran inadvertidos aún a oídos de los más expertos depredadores.

Sabía que tenía una oportunidad de sorprenderlos y, actuando bajo los mejores reflejos con los que su forma humana contaba, enfocó su atención en Mey-Rin llegando hasta ella con un solo movimiento fluido para sujetarla de la cintura y ondearla como bandera de triunfo ante la vista repentinamente desconfiada/sorprendida de Bart y Finny.

-Recomendaría prestar mayor atención a la próxima, madame – exclamó con voz seductora al oído de la mujer.

-¡Sebastián! – exclamaron los tres al reconocerlo.

-Vaya que nos has pegado un buen susto – reclamó Bart.

-Por supuesto ¿qué clase de demonio sería, después de todo, si no pudiese demostrar a los servidores de mi amo que deben de mantener la guardia alta?

-Teníamos la guardia en alto… pero Sebastián es demasiado rápido y no pudimos evitar que se acercara a Mey-Rin a pesar de que nos dimos cuenta que ella era su objetivo.

Soltando un suspiro ante la explicación de Finny, Sebastián soltó a la mujer permitiéndole regresar a donde estaban sus dos compañeros y, una vez que eso sucedió, se acercó a ellos con una sonrisa que nada tenía de cálida.

-Supongo que esta no es una visita social – habló Bart.

-No lo es. El joven amo me ordenó para ayudarles en la misión de reconocimiento a fin de que la información solicitada le llegara con mayor rapidez y velocidad, además de que quería que tuviesen apoyo en caso de que las cosas llegaran a complicarse.

-Si tenemos éxito en esta misión el joven amo podrá demostrar a su padre que en realidad es una persona fuerte – asintió Mey-Rin con solemnidad.

-Además de que podríamos detener a los delincuentes que lastiman a esos niños inocentes – secundó Finny.

-Por supuesto las intenciones iníciales del amo giraron sólo en torno a esto pero ahora hay algunos otros intereses involucrados.

-¿Otros intereses?

Sin más comentarios sacó de entre sus ropas el saquito de las monedas que la noche anterior había mostrado a Ciel y las repartió entre él y los tres humanos.

-¿Qué son estas? – cuestionó Finny observando detenidamente el objeto de metal.

-Parecen alguna especie de monedas – murmuró Bart dando varias vueltas a una de las fichas entre sus dedos.

-Ni el joven amo ni yo estamos totalmente seguros de lo que son pero a nosotros nos corresponde averiguar de dónde salieron estas fichas y cualquiera que sea su utilidad.

-¿Y eso por qué?

-El joven amo tiene sus motivos, eso es lo único que debeos saber.

Los tres humanos no dijeron otra cosa y se conformaron con suspirar, pues sabían que no había fuerza en el mundo capaz de arrancar información confidencial de labios de Sebastián.

En tanto, en la mansión Phantomhive los criados corrían de un lado a otro apurados con plumeros, sábanas, manteles, piezas de plata y cristalería. Decir que no estaban nerviosos sería mentira, pues dos horas antes había llegado una carta en la que se anunciaba la pronta llegada del amo Vincent Phantomhive, y, como siempre que algo así sucedía, el caos había estallado en un intento de organizar un recibimiento adecuado para satisfacer el humor del amo (cualquiera que este fuese).

Ahora, mientras los criados correteaban de un lado a otro y el mismo Tanaka tenía las manos llenas con el trabajo, Ciel Phantomhive simplemente mantenía su atención enfocada en el documento que llevaba ya un par de horas redactando y que debería terminar a tiempo para lograr ocultarlo antes de la inoportuna llegada de su padre, la cual le privaría del tiempo y la libertad de continuar con la redacción esa misma tarde como inicialmente lo había previsto.

Trabajando bajo presión consiguió apuntar las últimas líneas y, con un movimiento sorprendentemente rápido, guardó el documento en una caja de madera que después deslizó por el hueco en la pared que solía utilizar para escapar de la mansión por las noches y cuyo acceso ocultó al escuchar pasos que se acercaban por el pasillo.

Los pasos estaban prácticamente fuera de su puerta cuando regresó a la cama de un brinco y se estacionó sobre las sábanas justo a tiempo para recibir a Tanaka mientras este entraba en la habitación.

-Joven amo debe alistarse de prisa: su padre ha vuelto.

En muchos otros niños la noticia del regreso de un padre traería verdadera felicidad y una sonrisa sincera, pero para Ciel el regreso de Vincent Phantomhive significaba nada más que un nuevo nudo de presiones y represiones que chocarían contra sus planes en el momento mismo en que el hombre atravesara las puertas de la mansión.

Unos años antes quien hubiese llegado a conocer a la familia Phantomhive habría descrito a una familia noble conformada por un padre cariñoso y con una alta posición social, una madres gentil y amorosa y dos hijos: astuto, fuerte y atlético el mayor, adorable y hermoso el más joven… ese tiempo terminó el día mismo que asaltantes desconocidos penetraron la seguridad de la mansión Phantomhive (cuando Vincent no estaba en ella para proteger a su familia) asesinando a Rachel Phantomhive y secuestrando a sus dos hijos.

Por un mes entero Vincent había pasado cada segundo de sus días buscando el paradero de sus pequeños, pero después de ese tiempo de angustias y desesperación un hombre vestido de negro llegó a la mansión cargando entre sus brazos al pequeño Ciel, y tras poner al niño en la seguridad de los brazos de los sirvientes desapareció antes de que Vincent pudiese verlo.

Sin embargo, el regreso de Ciel no significó el retorno de la felicidad al hogar de los Phantomhive, ya que para Vincent la alegría de volver a ver a su hijo pequeño fue empañada por la confirmación de la muerte de su hijo mayor y la frustración y rencores de reconocer la naturaleza de las heridas y cicatrices que se esparcían por todo el cuerpo del niño.

Desde el regreso de Ciel a la mansión las cosas habían sido tensas entre él y Vincent, pues mientras que el carácter del pequeño había sido siempre dócil, algo de lo que sucedió ese mes lo alteró de forma considerable haciéndole perder sus miedos y comenzar a alzar la voz cada vez que no estaba de acuerdo con las opiniones de su padre o de los otros nobles que solían frecuentarlos.

Antes de la muerte de su esposa y su primogénito Vincent se habría enorgullecido de la repentina osadía de su pequeño pero, en realidad, al volver a ver a Ciel había esperado recuperar a ese pequeño obediente e introvertido que le había sido arrebatado, y recibir en su lugar a un muchacho rebelde y terco era algo para lo que emocionalmente no estaba preparado, por lo que su comportamiento para con el niño había sido tal vez todo menos lo que el pequeño habría esperado después de tanto tiempo de estar separados…

Si por Ciel fuese no se molestaría en ver siquiera a Vincent cuando este llegase a casa (no si Vincent no se molestaba siquiera en devolverle la mirada) pero los protocolos en la mansión era estrictos y le gustase o no lo único que podía hacer el hijo menor de Vincent Phantomhive era vestirse con un traje fino y recordar todas las "recomendaciones" que se le habían hecho en la última visita.

Así las cosas acomodó el mechón desarreglado de su cabello (aquel que tanto molestaba a Frances) detrás del oído derecho y lentamente permitió que sus pies lo llevasen hasta el salón principal de la mansión, en el que Vincent Phantomhive aguardaba luciendo (en un traje cubierto de polvo y maltratado por el largo viaje, sin sombrero sobre su cabeza ni joyas a la vista y con un callado rustico en la mano derecha) tan elegante y principesco como el mismísimo hijo de la reina lucia en sus habituales trajes formales.

-Bienvenido a casa, padre – hizo escuchar Ciel su voz por encima de los murmullos y charlas de los sirvientes.

Vincent no respondió de inmediato; en lugar de eso levantó la vista hacia la escalera en que su hijo permanecía en pie y, sin la más pequeña muestra de sonrisa llegando a sus labios, habló con voz severa.

-Has tardado mucho en bajar, Ciel.

-Te pido una disculpa, padre. No esperaba tu visita y me encontraba ocupado con mis labores académicas.

-Un digno heredero Phantomhive debe estar siempre preparado para recibir visitas en su hogar, independientemente de si estas son o no anticipadas, ya que una vez que recibas mi posición el prestigio y buen nombre de la familia y tu vida misma dependerán a cada momento de la capacidad que tengas para responder a situaciones inesperadas.

Ciel fingió que las palabras de su padre no se clavaban ni en su orgullo ni en su corazón.

-¿Escuchaste una sola palabra de lo que dije, Ciel? – aunque el tono de Vincent podía confundirse con el de una pregunta inocente aquellos que lo conocían se estremecieron al reconocer la amenaza velada detrás de sus palabras.

-Te escuché, padre. Tranquilo, prometo que mi comportamiento de hoy no se repetirá en ocasiones futuras.

-Así lo espero. Tanaka necesito que me pongas al corriente de lo que ha acontecido en estos meses que he estado en el campo de batalla, además esta noche he invitado a cenar a algunos de los generales del ejército de su majestad y hay que hacer los preparativos…

Con la atención de su padre centrada en Tanaka Ciel aprovechó para volver sobre sus pasos y encerrarse en su habitación. La hora de la cena estaba próxima y el niño sabía por experiencia que tratándose de invitados de Vincent ser "perfecto" era lo menos que podía hacer si quería evitar una dura reprimenda.

Eso sí, con su padre en casa la discreción era lo primero y por eso se aseguró de colocar el seguro en la puerta antes de correr hacia su armario y sacar del bolsillo de uno de sus trajes una nota de papel que llevó a esconder a su escondite secreto en la pared.

No buscó su reloj pero sabía que alguno de los criados sería enviado pronto para alistar el vestuario que usaría en la cena por lo que borró toda evidencia de su actividad, quitó el seguro a la puerta e "inocentemente" se sentó en su escritorio para leer el libro de latín.

…...

En otro lado muy lejos de ahí Mey-Rin, Finnian y Bard preguntaban a un viajero si reconocía las monedas encontradas por Sebastián y, para sorpresa de los criados, el anciano viajero dijo que sí.


Gracias a todos los que han prestado atención a esta historia y de verdad disculpas por los retrazos para actualizar.

Vienen más cosas en camino que espero y les gusten a todos pero este capitulo va especialmente dedicado a pluma.e3 y ambu780 por sus bellos comentarios ;)