Canción: Boats & Birds de Gregory & The Hawks. Propuesta de June JK
Disclaimer: Digimon no me pertenece, ni ninguno de sus personajes.
¿No estás? ¿Sí estoy? ¿Los dos estamos?
¿Qué podía pensar ahora? ¿Que estaba sola? ¿Que no necesitaba de alguien para resolver sus problemas? ¿Que no existe la persona adecuada que estaría presente cada vez que lo llamara?
Jamás estuve tan equivocada en toda mi vida hasta que apareciste en el momento oportuno.
Creí que no tenía salvación, que estaba perdida, pero luego vi unas siluetas, y tú formabas parte de una de ellas. Pude ver en tus ojos que estabas dispuesto a rescatarme, a ayudarme a escapar de aquel mundo que me acechaba.
No te costó saber que había algo atormentándome. Solo te bastó mirar tu expresión para entenderlo, pero yo no lo entendía; creía que pertenecía a aquel lugar misterioso y oscuro. Y cuando decidiste preguntarme qué me ocurría, te dije todo lo que pensaba.
Y fue en ese momento cuando me dijiste lo que pensabas exactamente de mí, o eso creía: mi exceso de dependencia hacia mi hermano y mi inmadurez por aquella ridícula lógica mía. Entonces me sentí sola… sentí que ya no estaba cerca de ti.
No quiero ni imaginarme qué te estarían haciendo en estos momentos en caso de no haber actuado de inmediato.
Estuve cerca de perderte. Desapareciste como si hubieses ido a otra galaxia, dispuesta a no volver.
Mis piernas flagelaban a la primera hora de mi búsqueda y mi voz estaba seca de tanto gritar tu nombre, como le ocurrió también a Gatomon y a Patamon. Los tres estábamos muy preocupados de no volver a verte.
No sentía tu esencia, ya que de alguna u otra forma estamos conectados como si nos uniera una soga amarrada a nuestras muñecas, y tuve la sensación de que esa soga estaba a punto de romperse.
Las probabilidades de encontrarte estaban en mi contra.
No sé cómo, pero ya estaba ahí en menos de lo que tarda un parpadeo. Fue como subir a un cohete y llegar a un planeta desconocido por el hombre.
Yo soy luz, pero no podía iluminar en aquel lugar. La oscuridad era más fuerte que mi don. Me sentí como una inepta. No había algo que resplandeciera en mí; tenía una oportunidad de perder.
Pero recordé a todos a quienes les importaba. Y te recordé, y pronuncié tu nombre, que fue suficiente para que aparecieras.
Me sentí aliviada y confortada. Supe en ese instante que jamás estaré sola a partir de ahora.
Donde voy tú estarás ahí. Tarde o temprano, pero estarás. Y eso me hizo sentir que nunca estaré lejos de ti.
Unos minutos más y estaría llorando por tu ausencia. Pero te vi.
No estaba seguro que hayas sido tú al cien por ciento, pero con esa luz recuperé mi esperanza que estaba a punto de perderla para siempre.
Entré con todo valor a aquel pedazo de luz, y mis pequeños amigos me siguieron. Era totalmente oscuro y sombrío aquel lugar, que me recordó a una mala alusión de mi infancia. Pero tú me importabas ese día, no mis recuerdos.
Cuando finalmente llegué a ti, supe que la distancia que nos separa no importa, porque ni siquiera mundos diferentes nos podrán separar. Y tómalo como una promesa.
