Haruka despierta al escuchar caer algo en su balcón.

Arropándose hasta el cuello observa la silueta que se dibuja a través de la ventana.

Sorprendida piensa que ha vivido esto antes, solo que en otro lugar.

-Eshe, soy yo –Susurra Seiya.

Rápidamente Haruka salta de la cama y coloca el seguro en la puerta antes de correr al balcón.

-¿Qué haces? –Pregunta asustada descorriendo las cortinas.

-Abre, me estoy helando –Le suplica él.

La rubia abre la puerta de cristal y permite que su novio entre. Enciende la lámpara junto a su cama y se sientan.

-Creí haber escuchado que decías que no harías esto porque mis padres son fieras salvajes.

-Y después de esta noche lo certifico –Asiente Seiya –Sin embargo, no puedo dormir pensando en como tus padres habrán reaccionado.

-Mamá estaba alarmada por como quedó mi vestido y revisando que no me hubieran hecho daño –Le informa tocando suavemente el hematoma del ojo de su novio –Papá casi contrata al tuyo para demandar a la escuela por no tener seguridad y control en una simple fiesta.

-¿No te castigaron?

-Me despojaron de mi celular, Ipod, y el cable de conexión de Internet. La televisión también se la llevaron. No puedo recibir visitas ni asistir a otras fiestas donde no estén mis papás – Se encoge de hombros. -¿Cómo te fue a ti?

Seiya hace una mueca al sentir el palpitar en sus costillas cuando suspira.

-Nuevamente estoy bajo régimen. Me toca hacer los oficios de las gemelas y también me despojaron de todos mis derechos a comunicarme. Ni siquiera tengo permitido usar el teléfono de casa. Y eso que aún no me presento ante el tribunal de tu papá y el del señor Tsukino.

-Es extraño, el papá de Serena me dio las gracias por protegerla durante la pelea.

-Debemos saber qué fue lo que ella dijo para no contradecirla. –Aguanta la respiración cuando le llega un nuevo palpitar de dolor, esta vez es en su pómulo izquierdo.

Haruka busca en su gaveta un ibuprofeno y se lo entrega a su novio.

-Esto ayuda contra la inflamación –Le dice sirviendo un poco de agua.

Silenciosa, lo observa ingerir la píldora y recostarse en la cama.

-Estoy destrozado.

-A mí se me quebraron dos uñas –Asegura la rubia mostrando su mano derecha –Y con lo que me costó dejar de comérmelas. -Seiya se ríe para a continuación gemir dolorido. Tomando una almohada, Haruka le cubre la cabeza –Cierra la boca que te escucharán. -El joven la hala hasta recostarla a su lado. Haruka toca cada moretón de su rostro. -¿Duele mucho?

-No es tan malo como se ve. -Susurra –Me siento bien pagado al recordar como quedaron los otros.

-¿Puedo preguntarte dónde dejaste mis zapatos, el chal y el bolso?

-Se los di a Lalo para que los cuidara ¿Recuerdas haberla visto después de la pelea?

Haruka niega con la cabeza.

-Vi cuando la mamá de su guardiana vino a buscarla, no parecía preocupada por Lalo, digo Abby. Tal vez puso pies en polvorosa al comenzar el tumulto.

-Puede ser, y espero que la fiesta de navidad no termine en pelea como esta.

Recostada en el pecho de Seiya Haruka ríe suavemente.

-Para mí fue la mejor fiesta, perdí el vestido y sin embargo...

-Lo se, arrastrar a Anny y Dafne por el salón mientras evitabas que se te viera el paraíso fue genial,

-¡Ey! -Lo palmea -No digas esas cosas.

Seiya toma su mano y la besa.

-Nadie sabíaque se podía hacer eso, tejer dos horrorosas pelucas piojosas y con la fuerza de Maat arrastrar...

Haruka levanta la cabeza.

-¿Maat? -pregunta sorprendida…

Residencia Reb

Abby, arrodillada frente a los zapatos de Haruka. Observa el chal perfectamente doblado y lo coloca sobre los zapatos.

-¿Por qué siento que es mi obligación cuidarlos? –Lleva su mano a la oreja. Ha comenzado a dolerle nuevamente.

Samantha entra a la alcoba sin tocar la puerta.

-¿Qué haces rindiéndole pleitesía a las cosas de Tenoh?

-No lo se – Admite –Pero siento que es mi deber velar porque nada les suceda.

Samantha toma los zapatos y los arroja al final del armario pese a las protestas de Abby.

-Comienzas a preocuparme, tus períodos de locura son más seguidos. –Se sienta en la cama con una bolsa de hielo en su mentón. –La otra noche gritabas que no quisiste hacerlo pero te obligaron. ¿Qué fue lo que hiciste?

Enojada, Abby busca los zapatos y los coloca nuevamente en su lugar.

-No lo se, tal vez soñaba con que te colocaba un cohete en el pantalón –Responde. -¿Qué te dijo tu mamá de la pelea?

-Que las próxima vez les rompa la madre –Se encoge de hombros –Si papá estuviera vivo invitaría al la pelusa de Director a pelear. -Opina mientras observa como su amiga revisa que todo esté bien -¿Segura que no recibiste ningún golpe en la cabeza?

-Estoy intacta, el tonto lindo me sacó de la fiesta y trajo a casa sin dejarme ver mucho.

-Si, ese es lindo y un gran idiota. Ustedes dos fueron los únicos que salieron ilesos, pero eso no quiere decir que no pagarán con nosotros. -Samantha comenta maliciosa.

-Es una injusticia.

-Como digas "Galimero" –Toma nuevamente los zapatos y los arroja por la ventana antes de marcharse a su alcoba…

Los días pasan lentamente

Como prometiera el director, todos en la escuela restauraron el gimnasio y sus alrededores. Rei se marchó a Italia en silencio y con la bendición de su madre. Brisa y Darien Armando no castigaron a Darien luego de conocer el motivo de la pelea. Por el contrario, lo felicitaron por ser un buen hermano.

Haroto no le impide las visitas al apartamento a Seiya en vista que conoce la naturaleza peleonera y retadora de su hija. Haruka misma le confesó que donde vea a las arpías las dejará como uvas pisadas.

Como hicieran Darien y Serena, ellos también burlan la confianza de sus padres; usando como aliada la oscuridad de la noche, Seiya salta del balcón de su sala al balcón de la alcoba de la chica. Pasan juntos tres horas cada dos noches cuidando de no tentar a las hormonas.

No se cansan de hacer planes para la fiesta de invierno, o de casarse cuando ella cumpla dieciséis años aún en contra de los padres de ambos.

El invernadero resultó ser un éxito... para los enamorados. Los noviazgos continúan prosperando. Seiya rogando porque Haruka recuerde su vida pasada, ella sin dar señales. Con catorce años, Haruka resultó ser una chica muy hermosa; por recomendación de Seiya dejó crecer su cabello y lo lleva suelto a todas partes, ganando admiradores; su novio ha tenido que espantar a más de una atrevida enamorada.

Diamante no cesa en su lucha por separar a Haruka y Seiya, está obsesionado con la rubia y se ha propuesto crear conflicto entre ellos, sin conocer que su hermana le cuenta todo a Seiya, en retribución el platinado al enterarse del noviazgo de su hermana, quiso golpear a Yaten, siendo él el vapuleado. Lita le enseñó al adolescente peliplateado técnicas de defensa personal.

El colegio participó en losjuegos deportivos nacionales, Ganaron en fútbol, básquet y atletismo. Los porristas fueron humillados en vista que las tres arpías como bautizaron a Dafne, Anny y Mary, no supieron seguir la coreografía. Mina, avergonzada, se retiró de toda actividad extracurricular y se dedicó a hacer los mismos cursos que los Tsukino obligan a tomar a Serena.

Abby compitió en los juegos olímpicos resultando ganadora de varias medallas de oro y el orgullo de su país, Samantha no se quedó atrás. Fue algo que no soportaron las arpías.

Retornando al país y Abby dio a su padre la noticia que conmocionó a todos: No participará más en el equipo de gimnasia femenina, retirándose para mejorar en sus estudios y tener una adolescencia normal. Se hizo amiga y visitante asidua de Haruka y Seiya sin entender por qué se siente atraída hacia ellos.

Kenji se retractó de mudarse a Tokio, algo que hizo saltar de felicidad a Serena y Darien, quienes están más unidos que nunca. Sakura sigue en la misión de conquistar al moreno, quien a su vez ha debido luchar contra los chicos que atrae la belleza inocente y despistada de su novia.

Azumi y Cere continuaron haciendo de las suyas, La gemela peleonera siguió ignorando a Zafiro, el pequeño rufián en venganza porque la pequeña Kou no lo perdonó se hizo novio platónico de Hotaru, ya que aún no supera su aversión a los gérmenes, fue algo de lo que después se arrepintió; Hotaru resultó ser manipuladora y dominante y Azumi ni se inmutó.

Yano, para limar asperezas entre su familia y los Kou, se ofreció enseñar a Cere álgebra. La pequeña no avanza en absoluto debido a que se hipnotiza viendo el rostro de su tutor en lugar de atender sus instrucciones.

Al piso cuatro del edificio se mudó una nueva familia. Algo excéntricos, los Rokujō tienen dos hijos varones. Un despistado ratón de biblioteca llamado Kakashi de doce años y el mayor de nombre Shōgo de catorce, galán de cuñas de televisión quien se prendó de Serena en el instante que la vio, algo que mantiene furibundo a Darien.

Zafiro casi sufrió un síncope al ver una tarde a Kakashi llevarle el bolso a Azumi.

-¿Por qué no lo golpeas y encierras a tu hermana? -Preguntó una oportunidad a Seiya.

-El chico es un caballero y no se propasará con el pequeño virus, por el contrario, me da lástima -Respondió el adolescente. Desde ese día Zafiro dejó de considerarlo su amigo.

Gracias a la ayuda de Haruka, Seiya superó sus notas y pasó a primer año de preparatoria con "B" de promedio, no fue una "A" pero sus padres se sintieron felices que por fin dejara de ser el chico "C".

Los aplazados en noveno grado fueron cinco chicos "invisibles" además de Nicolás, Neflyte, Anny, Mary y Dafne.

Las vacaciones de verano resultaron ser una agonía para los enamorados; Los Chiba se fueron de vacaciones al Distrito del mismo nombre, mientras Los Tenoh se fueron a Italia y Reino Unido, en el condado de Avon.

Haroto no olvida los sueños de su hija y Seiya, pero por tener compromisos previamente establecidos con la carrera de Haruka, se vio forzado a viajar, siempre consciente de regresar en caso que las pesadillas regresaran. Vigila que a todo lugar en que se hospede no esté nadie con apellido Chatebriand.

Lo que él ignora, es que Eros vigila cada paso que Haruka da, mientras elabora el plan que llevará a cabo en cuanto tenga listo el lugar que vio en sus sueños.

Lentamente desplaza a su padre en los negocios y de las riendas de la fortuna familiar. Eros Chatebriand o Ptahhotep no escatima esfuerzos para sentir la gloria que lo rodeaba en su vida pasada. En las afueras de Alejandría levanta un palacete para albergar todas las obras de arte adquiridas para tal fin, incluidas las pinturas y esculturas de Michiru, es una fortaleza impenetrable donde llevará a Eshe una vez que la tenga en su poder.

Los sueños de la rubia, transcurren en montañas desconocidas, protegida en un castillo contra hombres que usan botas de piel y faldas a cuadros, rudos guerreros que defienden sus tierras de clanes enemigos como la consideran a ella y su padre.

Seiya también se sumerge en esos destellos de su pasado, hijo de un jefe de casta orgulloso, analfabetos y testarudos que odia al clan McGee, pelirrojos eruditos que luchan para salvar sus tierras de los malsanos tribales vecinos y a los invasores ingleses.

Por fin el verano termina y todos regresan a casa.

Haruka arribó a Japón tres semanas antes del inicio del nuevo año escolar, teniendo que permanecer en Tokio para varias cuñas comerciales. No vio su apartamento hasta la noche del último domingo libre...

-Leidy Meredith, Lord Marlowe ha ordenado que se esté lista en una hora.

La joven levanta la vista libro y observa a la criada.

-¿Alguna nueva queja porque no soy el heredero varón del linaje Marlowe?

-No Milady, el Marqués de Marlowe hará un pequeño agasajo a al jefe del clan Mackenzie.

-Odio esta tierra de salvajes. -Haciendo un mohín arisco, cierra el libro y lo coloca junto a su cama

-Son hijos del creador…

-Del creador de los cerdos –Espeta la joven cubierta de pies a cabeza por largos y pesador ropajes.

Tiene dos días castigada en su alcoba consumiendo frutas y agua debido a que se vistió con atuendo masculino para demostrar a su padre que podría ser igual a él, es hija única de un noble inglés venido abajo desde que el Rey escogiera a la Marquesa Marlowe como su amante.

Ojos verdes y un largo cabello rojo escondido bajo el velo grueso que es obligada a llevar,Meredith Marlowe dejó atrás la corte, su exuberancia y viajó con su padre a las tierras de Escocia para que éste cumpla la función de jefe del Ejército inglés, premio de consolación asignado por su Alteza para mantenerlo silencioso y con suerte, sea asesinado por los escoceses.

-Su padre le envía a decir que si la descubre leyendo, la enviará a un convento. –Temerosa, la doncella saca de sus ropajes dos libros. –Saqué estos del rincón más oscuro de la biblioteca.

-Gracias Anabella –Esconde los ejemplares bajo el colchón –Dile a papá que si me envía al convento estará más solo que nunca y sus empleados se beneficiarán de su desamparo para envenenarlo. -Se sienta en la pequeña silla para permitir a la doncella soltar el velo. -¿Por qué no me casó con algún horrendo Duque antes de apresarme en esta lúgubre fortaleza?

-En Liddesdale también hay nobles…

-¡Me niego a mirar uno de esos salvajes! He escuchado decir que no se bañan y sus cabellos los llevan largos y despeinados hasta la espalda, han de apestar y estarán llenos de piojos y pulgas. –Hace una mueca de asco -Evitaré estar cerca de alguno de esos…

-Mackenzie.

La noble realiza una mueca de fastidio.

-Sabré si estoy a salvo cuando no me llegue el hedor que emanan.

Asintiendo, la criada peina suavemente la larga y tersa cabellera pelirroja. Su ama es hermosa y joven, con apenas dieciséis años, Leidy Meredith Marlowe debería estar comprometida o casada, sin embargo su padre se niega a hallarle un esposo que pueda sufrir la misma traición que él, dentro de dos años será considerada muy vieja para desposarse.

Siente lástima por la chica, paga con su aislamiento el pecado de su madre…

Seiya, abre los ojos y se halla junto a un caudaloso río.

Sorprendido se sienta junto y observa a su alrededor, la vegetación de un intenso verde impera en ese lugar. Presta atención a lo que lleva en su mano, es una caña de pescar.

Escucha pasos que se acercan y precavido toma la espada junto a su camisa.

-Kendrick –Reconoce su nombre y al hombre que lo pronuncia en idioma gaélico –Tu padre envía por ti. Están cercanos a partir para el castillo del Marqués de Marlowe.

-Lláma al invasor por lo que es Bruce. Asesino y ladrón que trabaja para el diablo –Toma su camisa, se la coloca antes de envainar la espada –No son solo los McGee, sino también ese forastero el que desea despojarnos de nuestras heredades y tradiciones para que hagamos lo que ordena.

Su escudero, más amigo que sirviente asiente.

-Tu padre dice que hay que conocer al enemigo en su territorio para que el ataque sea certero –Recoge la caña de pescar.

-Bah. Son tonterías de viejos. Cuando sea el jefe del Clan, ordenaré que ataquen a todo inglés que cruce los a' Ghaldashs. Liddesdale será nuevamente independiente del dominio de Jaime II de Inglaterra. Lo juro por nuestro mártir William Wallace.

Su escudero solo atina a asentir mientras camina a su lado.

-El Conde…

-¡Conde mis posaderas! –Vocifera pateando un perro, el pobre animal sale despedido entre aullidos de dolor.

-Lo serás cuando tu padre fallezca.

-Mi padre se dejó seducir con esos tontos títulos. Otros ¡d¡iotas fueron esos McGee, queriendo llamarse Vizcondes y no son más inteligentes que nosotros.

-De inteligencia quiero hablarle, la nueva orden del patriarca es que todos aprendamos a leer y escribir.

-Leer, escribir –gruñe el joven -¿Qué ordenará después? ¿Qué nos bañemos todos los días?

Bruce voltea su rostro para que no vea su sonrisa.

Kendrick Mackenzie es un alto y forzudo hombre de veinte años que no tiene un solo gramo de grasa en su cuerpo, cabello negro y ojos azules atrae las miradas de las jóvenes casaderas de su clan. Sin embargo, lo que tiene de atractivo le dobla lo tozudo, antipático y su desdén por la higiene.

-Precisamente quiere que hagas eso, te bañarás y cambiarás de atuendo. Al parecer, hay mujeres en el castillo y sabes lo quisquillosas que se comportan las inglesas ante un mal olor.

Ahora el que aúlla es él.

-¡Maldito sea el primer inglés que vino a implantarnos su malas costumbres!

Ante ese comentario el sirviente no hace más que reírse a todo pulmón…

Enojado, el joven Kendrick se deja restregar con una áspera trusa mientras piensa en los sueños que lo visitan cada noche. Una doncella lo besa y le jura amor eterno. Es una locura, porque nunca la ha visto.

-Te amo Adom –Le susurra conmovida.

-Eshe –Murmura quedo sintiendo que su corazón le da un vuelco ante la mención del nombre.

Con una daga afeita su incipiente barba, pensando enojado que alguien debe pagar por ese sacrificio.

Ataviado con una camisa blanca, botas, kilt (la característica falda a cuadros) y un lienzo largo semejante en color al kilt colocado sobre su hombro y sujeto por un broche, Kendrick camina junto a su padre y dos hombres que soplan sus gaitas para informar a los lugareños que los señores de esas tierras pasan por allí. Otros ocho integrantes del Clan los acompañan para protegerlos.

-Compórtate como un honorable Mackenzie este día –Le recomienda su padre, un enorme y corpulento hombre de más de dos metros de estatura. Kendrick, con su metro noventa, parece un crío delante del caballero.

-Como digas padre –Asiente indignado al ver el castillo, un enorme edificio amurallado con un gran muro de piedra y una verja de hierro forjado que impide naturalmente el paso o la salida a alguien que no se le tenga permitido.

Son recibidos por soldados, todos uniformados con el escudo de Inglaterra en el pecho.

-Conde Mackenzie –Un caballero calvo y de espesa barba pelirroja sale a su encuentro. Se dirige directamente a su padre ignorándolo a él –Bienvenido a mi humilde morada.

-Es un honor que el más fiel servidor de su Majestad Jaime II nos reciba en su casa ¿Cierto Kendrick?

El joven asiente silencioso, se siente asfixiado dentro de ese lugar amurallado deseando escapar cuanto antes de allí.

Un movimiento llama su atención.

Detrás de unos rosales se halla una joven. Intrigado, el joven Kendrick se separa del grupo de hombres y se aproxima a ella. La joven, cubierta de pies a cabeza, eleva el rostro al cielo en muestra de súplica y es cuando la reconoce.

-¡La mujer de mis sueños! –Exclama estupefacto.

Al escucharlo, la mujer lo mira directamente.

Un indicio de brillo se asoma en sus hermosos ojos verdes, desapareciendo casi de inmediato.

-No está permitido que se aísle del séquito que lo acompaña –Expresa calmada, busca con la mirada a su criada no hallándola –Le recomiendo que regrese con ellos.

Kendrick ignora su advertencia, aproximándose un paso extiende el brazo para tocarla.

-¿Eres real o producto de mi fértil imaginación? –Le pregunta aún sorprendido.

-No se a qué se refiere – Meredith da un paso atrás al advertir que su padre ya los vio y no quita ojo de ellos a la vez que le dice algo al enorme hombre maduro. –Si no desea un trato descortés le pido que me deje…

-Kendrick hijo –El Conde de Mackenzie le grita desde su posición –Te advertí que te comportaras.

-Lo siento padre –Grita a su vez el joven antes de volverse hacia la chica y hablar en un murmullo –Necesito verte…

La joven desciende el rostro y negando silenciosa se acerca al calvo pelirrojo. Se coloca un paso detrás del costado derecho de su progenitor.

-Les presento a mi hija, Lady Meredith Marlowe. –Dice reservado el hombre.

La chica reverencia cortés sin emitir sonido alguno.

-¿Meredith? Pensé que se llamaba Eshe –Kendrick piensa en voz alta.

La joven lo mira y sonríe brevemente.

-¡Respeta a mi hija! - Pronuncia encolerizado el anfitrión.

El sonido de una bocina llama la atención de Meredith, es insistente y desagradable…

Haruka despierta y se sienta asustada en la cama.

Observa perturbada a su alrededor descubriendo que no está sola, las gemelas sonrientes han invadido su recámara.

-Levántate que es lunes. Azumi le dice feliz soplando un silbato –Te extrañamos mucho ¿Qué nos trajiste?

Detenidas en la puerta, las madres ríen por la imprudencia de la niña.

-Veo que no ha cambiado –Michiru comenta.

-Los milagros no se dan a toda la creación –Lamenta su vecina y amiga.

-¡Tonta! –Cere le recrimina a Azumi –Primero saludas y después que ella desayune le preguntas cómo le fue y si trajo algún recuerdo.

Natzu pone los ojos en blanco.

-Estas hijas mías… -Se queja –Perdónalas Haruka, no saben lo que dicen.

-Creo que saben muy bien lo que dicen –La rubia asevera. –Si en lo que me tardo en desarroparme no están en la sala, me quedo con sus obsequios –Las gemelas salen despavoridas casi llevándose por delante a las mujeres –Siempre funciona –Ironiza.

-Apresúrate o llegarás tarde a tu primer día de preparatoria –Le aconseja su madre.

-Llevaré a las niñas a casa para que terminen de vestirse. No querían perderse darle la bienvenida a Haruka. –Natzu comenta, mira a la rubia -Seiya te espera en tu sala.

La chica sonríe feliz.

-¡En un santiamén estaré lista! -Se levanta y camina hacia el tocador.

Está deseosa de ver a Seiya. Son tres meses sin saber de él, sin sentir su calor, conversando solo por Skype.

Pasado un rato, observa analítica su imagen en el espejo.

Ha crecido más que las mujeres japonesas promedio y eso la enoja debido a que sabe que todos la verán como un fenómeno. Su madre siendo alta, es pequeña delante de ella, solo su padre la sobrepasa por escasos doce centímetros.

-¿Por qué me tiene que pasar esto a mí? -Se queja al arreglar la falda de su uniforme: camisa blanca, falda negra y chaqueta azul.

Michiru fue precavida esta vez y ordenó a un sastre inglés elaborarle a Haruka varias faldas, las originales del uniforme le quedaron muy cortas.

-¡Haruka, el desayuno te espera!

-¡Voy! -Apesadumbrada, abandona la alcoba caminando lentamente hacia la sala.

Se paraliza al ver a Seiya. Los tres meses que pasaron han transformado al joven en un hombre alto y magnífico. Su atractivo se acentúa con el uniforme de preparatoria.

A su vez Seiya admira a la joven alta y delgada que está frente a él.

Nervioso por la presencia de Haroto, solo atina a hacer una reverencia cuando en realidad desea tomarla en sus brazos y besarla.

-Bienvenida –Le dice sin perder detalle de su felicidad…