Las gemelas Kou no soportan tanto secreto en la sala.
-¿Por qué debemos quedarnos aquí? ¡ya somos grandes! -Azumi se queja.
-Debimos traernos el comunicador de Lizzy, dejar detrás del sofá el de su habitación y traernos el que mamá tiene en la cocina. -Cerecita comenta enojada. La otra niña gruñe. -Espera -Corre a su mesa, vacía el agua de un vaso y regresa a la puerta -Vi esto en un programa de televisión -Pega el vaso a la madera y su oreja al frío cristal.
Azumi observa silenciosa a su gemela, Cere mueve el vaso hasta que asiente satisfecha, paralizándose.
-¿Escuchas algo? -Susurra Azumi. Su hermana levanta el índice para que guarde silencio. Azumi se sienta junto a Alan. Espera unos minutos hasta que no puede controlar su curiosidad -¿Qué has escuchado?
-Mamá está llorando y la señora Michiru casi grita, está diciendo que deberían esconder a Haruka de él.
-¿Quién es él? ¿Seiya?
-Shhh. -Cere sisea. Cubre su boca sorprendida.
-¿Vas a decirme qué sucede o tengo que salir y preguntar? -La paciencia es una virtud de la que Azumi carece.
-La señora Michiru dice que primero lo mata ella a que él toque a Haruka.
-¿Quién es él?
-¿No me dejan escuchar mi comiquita! -Alan gruñe.
-¡Cierra la boca niñito o le digo al cuco que te coma esta noche!
-¡No Achu! Me callo -Haciendo pucheros, Alan le suplica.
-Entonces no molestes -Azumi le arroja un cojín, vuelve su atención a su gemela -Dime algo.
-Mamá le pide a papá que no permita que maten a Seiya.
Azumi se asusta.
-Cielos... -Tiembla atemorizada -¡Descubrieron que Seiya salta al balcón de Haruka para amapucharla! -Gimotea -No quiero que el señor Haroto mate a Seiya.
Los gemidos se transforman en chillidos.
-Cálmate Azumi que... ¿Seiya salta al balcón de Haruka? -Cere mira sorprendida a su hermana, berrea estruendosamente.
-¡Van a matar a Seiya! ¡no quiero que lo maten! ¿Quién hará mis caligrafías? ¿Quién me llevará a comer hamburguesas? ¡Que Seiya no se muera!
Cere le cubre la boca en el instante que su padre entra a la alcoba.
-¿Qué ocurre? ¿Por qué tu hermana llora? -Interroga a Cere.
Azumi se suelta de su gemela, abalanzándose a su padre.
-¡No dejes que el señor Haroto mate a Seiya papá! Solloza abrazada a su cintura.
-¿Qué? -Pregunta confundido.
-¡Seiya es tonto y no tiene cerebro, pero yo lo quiero!
Taiki hace una señal a Cere para que cierre la puerta. Alzando en brazos a Azumi se sienta al borde de la cama. Alan los observa silencioso.
-Azumi, ¿Por qué dices que Haroto asesinará a Seiya?
-¿Si lo matan puedo quedarme con sus cosas? -Cere interviene.
-Nadie va a morir -Expresa severo.
-Cere escuchó cuando mamá te pedía que no dejes que maten a Seiya.
La mencionasa enrojece al verse descubierta. Tartamudea ante la acusadora mirada de su padre.
Yo... uste... ustedes grita... ban...
El castaño suspira.
He recomendado y ordenado hasta la saciedad que no escuchen conversaciones ajenas, y menos si es detrás de las puertas -Extiende el brazo. Cere se acerca temerosa -Siéntate a mi lado. -La niña obedece. Su padre la abraza apretando a ambas contra su pecho. Alan no se queda por fuera, trepándose en la espalda de Taiki se cuelga a éste como un koala.-Quien escucha detrás de las puertas, puede confundir las palabras de los involucrados.
Azumi limpia sus mejillas.
-¿Y Seiya?
-Lo protegería con mi vida si alguna vez corre peligro. -Solemne asegura.
-¿El señor Haroto no matará a Seiya?
-¿Qué razón tendría para lastimarlo?
-Seiya salta de nuestro balcón al de Haruka todas las noches.
-¡Cierra la boca Cere! Azumi pellizca a su gemela -¡Seiya se enfadará por tu mentira!
-¡Me dijiste que él salta!
-¡Pero no todas las noches!
Las gemelas se pelean sin percatarse del estado de shock de Taiki.
Si el príncipe pacotilla no asesina a su hijo, Haroto lo hará...
.-
Casa Kimore.
Jedite revisa el obsequio que le compró a Abby. Duda en llevarlo a la fiesta de Kazuki en vista que la gimnasta no estuvo esa mañana en la coronación de Seiya y la derrota de Diamante.
Extrae de la caja de regalos las pulseras multicolores, son trece, cada una es un año de vida de la niña que le gusta de tal manera que sueña todas las noches con ella.
Se siente frustrado. Cada vez que intenta ligar con ella, Abby lo evade. Sale de su habitación hacia la cocina, quiere cerciorarse de que su madre esté preparando los entremeses que le solicitó.
-¿En qué quieres que te ayude? -Ingresa a los dominios de Ángela Kimore. -¿mamá? -La llama luego de ver que ella no ha comenzado a prepara ningún alimento.
-Shh... -Le dice ésta sin dejar de ver las imágenes en el pequeño televisor sobre la encimera.
-¿Qué es tan interesante como para que hayas olvidado ayudarme? -Una vez más su madre le ordena callar.
-¡Hasta dónde ha llegado la mala crianza!
-¿Ocurre al malo mamá?
-Una niña loca intentó asesina a otra pequeña.
-No tienen oficio. ¿Dijeron la causa de esa estupidez?
-Al parecer la víctima le robó el novio.
-Niñas locas, peleándose por un chico en lugar de ponerse a estudiar. -Se dirige a la nevera, toma una botella de agua -¿En qué paró la contienda?
-La chiquilla endemoniada terminó en el fondo del cañón donde quiso arrojar a la otra.
-Las frescas han de estar en el cielo.
-¡No te expreses de esa manera! -Lo amonesta su madre.
-Lo siento -Sirve agua en un vaso.
-Para tu decepción, la niña víctima logró salvarse. Los noticieros dieron una loca versión, la víctima descendió por el cañón hasta su victimaria accidentada y la protegió hasta que los bomberos llegaron.
-¿Qué? ¿Es una X-Men? -Se burla.
-Tal vez. La pequeña que se salvó de la muerte es Abby Reb, la gimnasta olímpica. -Ángela se encoge ante el sonido del cristal estrellándose contra el suelo. El azote de la puerta al cerrarse la enoja. -¡Llévate la puerta! -Grita irónica.
Jedite corre por la acera sin saber a donde dirigirse. Entre tanto parloteo, debió preguntarle a su madre la dirección donde atentaron contra Abby.
Siente que pierde el aliento, cayendo de rodillas en el pavimento. Las imágenes de su vida pasada llegan a su memoria como una película. Imágenes de un lugar que nunca ha visto, jugando con espadas de madera con su amo, un niño muy parecido a Seiya. Obedeciendo y compartiendo las travesuras con ese chico, de adolescentes escapando a los pub para disfrutar de las bebidas y cortesanas.
Jedite respira con dificultad, reconoce a Haruka como la beata y prisionera hija del invasor inglés, un hombre despiadado Marqués de Marlowe. Fue testigo del amor que su joven amo le profesara a Meredith Marlowe, de las triquiñuelas y los obstáculos que ambos superaron para consumar su amor.
-Anabella... -Gime. La doncella de Meredith fue el gran amor de Jedite -No soy... -Le palpitan las sienes -Bruce...
Con el hermoso rostro de Abby, Anabella correspondió a su amor. Ella y Bruce fueron testigos del amor que se prometieran frente a un sacerdote católico, Meredith y Kendrick. La doncella también cambió de religión, se casaron en una iglesia mientras huían con sus amos al norte frío e inhóspito de escocia.
Los nueve meses que siguieron, fueron los más felices de las dos parejas. No importaba que Kendrick trabajara tan duro como Bruce en el campo, ni que Meredith cocinara y tejiera gruesas mantas mientras cantaba al fruto de su vientre. Anabella y un anciano que terminó traicionándolos por unas monedas de oro, se hacían cargo de la casa y ordeñar las ovejas para preparar queso y mantequilla.
Jedite entierra la frente en el piso, su cuerpo comienza a convulsionar por el llanto que lo domina. Recuerda como si hubiera sido el día anterior, la llegada de los soldados a la casa. Cómo el Marqués, sin mediar palabra alguna, atravesó el pecho de Kendrick en el momento que el joven descendió las escaleras de piedra. Siente como los grilletes colocados en su cuello, manos y pies lo ahogan. Llora por la manera cruel como Meredith fue sacada de la casa, el frío al que fue sometida mientras caminaba detrás del caballo de su padre que no le importó su avanzado estado de gravidez. Los azotes que Anabella se ganó por ayudar a su ama.
Él, como Bruce, fue testigo del nacimiento de las gemelas hijas de Kendrick, la muerte de Meredith víctima del dolor por la pérdida de sangre y de su amado esposo. Sufrió en carne la furia del Marqués al ver a su hija sin vida. Atado en las mazmorras, lo último que llega a su memoria es la mirada suplicante de Anabella quien clamaba al Marqués piedad por Bruce y el lazo que aprisionaba su cuello, cierra los ojos sintiendo paz...
-¿Te encuentras bien?
-¿Necesitas ayuda?
Jedite aspira una bocanada de aire.
Abre los ojos, varios jóvenes lo miran con expresión preocupada.
Tembloroso asiente, no logra gesticular palabra alguna. Dos chicos lo toman por las axilas ayudándolo a incorporarse.
-Gracias -Tiembla.
-Si quieres llamamos a alguien que venga por ti. -Una joven le dice estudiando la palidez de su rostro.
-No es necesario, estoy recuperando mis fuerzas.
Minutos después, se despide de sus auxiliadores. Camina lentamente hasta la esquina más cercana a su casa.
-Anabella... -Se detiene. -Mi amor, no te dejaré nunca más. -Observa las nubes grises -Kendrick, prometo que esta vez estaré preparado para protegerte a ti y Anabella. -Promete.
Corre a la parada de autobús, irá a ver a Seiya y Haruka...
