COINCIDENCIAS
No lograba calmar el dolor que sentía ante la noticia, no lo había pensado sino hasta ahora; ahora que tenía la certeza de que no la volvería a ver es cuando no podía evitar ésta sensación de culpa por no haber pensado en ella antes. Se encontraba en la habitación que le había sido asignada, su hermana se encontraba en una habitación contigua, en el mismo piso donde se quedaban las demás, su padre estaba en una importante conversación con el Rey Vegeta, no entendía bien qué quería hablar con él, pero allí estaban.
Quiso buscar un lugar donde pensar sin sentir toda esa carga emocional que ahora mismo sentía, no conocía todos los ambientes del palacio pero necesitaba respirar y sobre todo llorar sin que nadie más la escuchara, eran cerca de la medianoche y habían pocos Saiyajin merodeando por los pasillos, no le importó, se cubrió con un velo oscuro el rostro y caminó apresuradamente hasta llegar a una de las salidas, atravesó el portal sin obstáculos pues no habían guardias y eso le llamó la atención, pero lo dejó pasar después de un momento. Se encaminó entre la espesa niebla y la oscuridad rojiza de aquel planeta, se sentía demasiado triste.
Regresó por un camino que había encontrado antes, un oscuro bosque lo rodeaba y sin mirar atrás cruzó aquella naturaleza frondosa, al otro lado del bosque se encontraba un lago, mediano pero era solitario y eso es lo que ella necesitaba, soledad.
La soledad que debería reconfortar su alma destrozada, lo había perdido todo, sus amigos, su mundo, a su madre. Aunque ahora tenía junto a ella a su hermana y a su padre, su sufrimiento no cesaría tan pronto. Las lágrimas caían sin mesura sobre sus mejillas, sus ojos enrojecidos y quebrados ante la tristeza, cayó al piso de rodillas mientras sus manos sostenían su cabeza.
-Mamá…mamá…!perdóname! – Sollozaba mirando hacia el suelo lodoso de aquel lugar, la lluvia comenzó a caer y el frío empezó a hacer mella en su cuerpo – Siempre quise ser la hija que tú querías, siempre quise que me amaras tanto como a Tights y lo arruiné todo, perdóname madre…perdóname por favor – No podía evitar tiritar ante el frío, pero poco le importaba, era la única manera que tenía de exteriorizar el dolor que sentía.
Muy cerca de aquel lugar, un saijayin contemplaba todo lo ocurrido pues este era uno de sus lugares preferidos en todo el planeta, no sabía bien si intervenir o no, la lluvia que se había desatado era demasiado fuerte y muy diferente de la tierra el agua que caía era helada, para él no era problema alguno pero supuso que para la humana era peligroso, se acercó lo suficiente como para oírla y la escuchaba hablar sobre su madre. ¿Tanto les afectaba a los humanos perder a un pariente?, al parecer la respuesta se hallaba ante sus ojos. Si bien él perdió a su madre cuando apenas era un pequeño niño, la noticia no fue tan devastadora pues los guerreros no creaban vínculos tan fuertes con sus progenitores, por ende su muerte si fue una mala noticia, pero pudo superarlo rápidamente.
Al parecer la humana no podía evitar permanecer en ese estado y la vio temblar ante el frío que azotaba Vegetasei en esos momentos, su llanto era abrumador y no entendía por qué aquella desesperación apretaba su pecho, como si verla así no estuviese permitido y tuviese que calmar su pena, no tenía idea de lo que le pasaba. Pero poco a poco fue acercándose a ella, dispuesto a obligarle a que regrese dentro del palacio si es que no quería morir ahí de hipotermia.
-¿Qué estás haciendo aquí humana tonta? ¿Acaso quieres morir? – Fue lo único que atinó a decirle una vez que estuvo casi frente a ella. Las salvajes gotas de lluvia helada, recorrían su rostro y sus oscuros ojos se posaron en aquellos azules, que denotaban una gran agonía.
- No te importa…déjame sola – Fue una respuesta cortante, al parecer ella quería permanecer en ese lugar.
- Debes estar loca mujer, pero no dejaré que mueras aquí… ¡Entra inmediatamente al palacio! – Le ordenó. Ella solo lo miró sorprendida.
- ¿Por qué haces esto?, ¿Acaso te importa lo que me suceda?
- Me importa…estás trabajando para nosotros, de ti depende la prosperidad de la tecnología en mi planeta, por ende es de mi incumbencia, así que regresa ahora mismo – Le dijo, pensando rápidamente que responder fue lo primero que se le ocurrió.
- Déjame en paz…no eres el dueño de mi vida, puedo estar donde quiera – Le dijo, además de todo lo que estaba viviendo, ¿Tenía que soportar a un idiota engreído que creía que podía ordenarle y decirle qué hacer?
- Aunque no quieras te llevaré de regreso, no sé si eres ingenua o demasiado estúpida – Diciendo esto la tomó fuertemente por la cintura y la atrajo hacia él, su brazo se posó por debajo de sus piernas y la cargó rápidamente, no le dio tiempo de reclamar siquiera cuando ya se habían elevado por el cielo, ella no pudo hacer más que aferrarse a su cuello y hundió el rostro contra su pecho.
El calor que la envolvió en ese instante fue increíble, aquel saiyajin parecía no inmutarse ante la lluvia, trató de mirar lentamente hacia su rostro y lo observó viendo hacia adelante sin pestañear, concentrado en su destino. No pudo evitar sentir aquella absurda sensación de protección y seguridad. ¿Estaba loca acaso? ¿ Cómo podría uno de los idiotas más salvajes que había visto hacerla sentir de ésta manera?. Sin duda sería una gran incertidumbre que debería tratar de responderse ella misma, en esos momentos solo quería sentir aquel calor embriagador que él desprendía de su cuerpo; sin darse cuenta se había aferrado más hacia él, provocándole una extraña sensación que pasó por alto.
A los pocos minutos de trayecto el frenó bruscamente y la bajó sin más de sus brazos, depositándola rápido en el piso, se encontraban frente a una de las entradas al palacio.
-Ahora entra inmediatamente y cámbiate esa ropa, a no ser que aún tengas esa tonta idea de morir en medio de la nada, mujer – Sin voltear a mirarla caminó hacia la entrada y abrió la enorme puerta e ingresó, la dejó abierta como para que aquella humana entienda que debía entrar ya.
- Gracias… - Ella solo murmuró, pero aquel murmullo poco audible, él pudo oírlo. Se adentró en el palacio y caminó entre los pasillos rápidamente hasta regresar a su habitación.
Se desvistió rápidamente y arrojó sus ropas hacia un rincón, prendió una pequeña chimenea que se encontraba hacia unos de los lados y se colocó ropa seca, se arropó con una enorme frazada y trató de conciliar el sueño lo más rápido que pudo, aunque por momentos algunos espasmos recorrían su cuerpo y temblaba aún un poco por el frío. Supo que sin su ayuda no hubiese podido regresar y el fondo de su alma le agradecía por su preocupación
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Planeta cuarenta y cuatro
Desde aquella derrota de su ejército en Zarg tuvo que controlarse las inmensas ganas que tenía de acabar con todos esos asquerosos monos que osaban interrumpir sus planes, su soldado favorito había sido derrotado, ¿Dónde podría conseguir a otro servidor como él?, el mono que tenía como aliado era detestable, pero solo lo mantenía a su lado por conveniencia, una vez que haya alcanzado sus propósitos también acabaría con él, no quería que queden rastros de esa raza de simios. Solo su casta y progenie reinaría el universo.
Por ahora buscaría el momento exacto para acabar con ellos, primero enviaría a ese tonto de Brolly a que haga su trabajo sucio y después, el solo reiría desde su trono viendo como aquel ridículo planeta explota sin dejar rastros de su existencia. La idea lo excitaba demasiado, por un momento recordó a aquel guerrero que tuvo bajo su cargo por tantos años, el pequeño Príncipe mono, como solía llamarlo. Era una criatura exótica y cautivante, debía reconocerlo. Esos ojos negros que lo miraban llenos de odio lo estimulaban a aplicarle más y más torturas unas más salvajes que otras.
Sonreía pues seguramente el pequeño mono siempre lo recordaría por eso, le dejó tantas cicatrices que al observarlas cada día recordaría su procedencia y alimentar su odio era una de sus más grandes adicciones. Ya lograría volver a tenerlo bajo su poder, quizás podría mantenerlo solo a él con vida y disfrutar viéndolo humillarse y rendirse ante el miedo de morir por sus manos.
-Pronto Brolly, tú obtendrás lo que quieres y yo podré al fin cobrarle todo lo que me debe a ese estúpido de Vegeta – Freezer se dirigió al hombre que se encontraba recostado contra una de las paredes de su nave principal, detestaba el silencio y la estúpida timidez que parecía desprender aquel mono.
- Recuerda que a Vegeta lo mataré yo – Le decía sin mostrar algún gesto, diciéndole esto se retiró.
- Maldito imbécil, al final yo mismo te asesinaré mono sin gracia – Sus labios se curvaron en señal de desagrado. Pero debía ser paciente si al final quería lograr todo lo que se proponía. Debía comunicarse con su padre y contarle sus planeas, ya no estaban Zarbon ni Dodoria y no tenía ninguna otra distracción por ahora, matar a sus propios soldados no le apetecía en esos momentos.
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Las humanas sobrevivientes se encontraban realizando diversas labores dentro del palacio, alguna ayudaban a Bulma en el laboratorio, otras en las salas médicas y otras en quehaceres cotidianos, Milk había desistido de ayudar a su amiga en el laboratorio pues aunque intentó no lograba comprender mucho y sin embargo la medicina se le daba bastante bien, por ende ahora esa era su labor, curar a los soldados heridos o velar por la salud de los pequeños soldados. Hacía unos días que una Saiyajin embarazada había acudido alegando que no podía soportar los dolores prenatales, se sorprendió al saber que los guerreros de este planeta solo necesitaban seis meses para desarrollarse lo suficiente dentro del vientre de sus madres, la barriga de aquella mujer se veía enorme y al ver su rostro de sufrimiento no pudo negarle ingresar a uno de los tanques de curación hasta que al fin se encuentre preparada para alumbrar a su hijo.
Quiso consultarlo con alguno de los Príncipes primero, pero cuando quiso hacerlo no se encontraban en el planeta y no tenía confianza en el Rey Vegeta, por eso no sabía qué hacer. Así que fue en busca de su soldado de mayor confianza así se lo comunicaba y sería él quien de la noticia, buscó a Bardock por entre las salas de entrenamiento, aunque sabía bien que no era bueno que las mujeres se anden paseando por ahí, lo que quería comunicar era importante, sintió muchas miradas posarse sobre su cuerpo, pero era una mujer fuerte por naturaleza y no se sentiría agobiada por eso. Al encontrarlo en una de las salas de entrenamiento se acercó a él y lo llamó desde una distancia prudente a fin de evitar que sin querer aquellos salvajes la lastimen.
-¡Bardock, soy Milk necesito hablar contigo! –Le dijo, a lo que él no contestó; parecía ignorarla y esto molestó a la humana, más de lo que hubiese imaginado.
- Bardock te estoy hablando, ¡Deja de ser tan grosero! – Volvió a llamarlo, al parecer al aludido al fin se dio cuenta de su presencia.
- ¿Eh? ¿Me hablas a mí? – Vio al hombre voltear y lo miró fijamente, ya no tenía esa cicatriz cruzándole el rostro y también parecía un poco más bajo que el que había visto en Zarg.
- ¿Bardock? – Cuestionó, temía haberse equivocado.
- Bardock es mi padre, yo soy Kakarotto aunque puedes llamarme Gokú – La miró y le sonrió sin querer, era su naturaleza el no ser tan agresivo y hasta ser amable pues su madre los había criado de esa manera.
- ¿Eres el hijo de Bardock? Vaya…lo siento tanto, te confundí con él son muy parecidos – Le dijo sincerándose, aquel saiyajin era bastante apuesto ahora que lo veía bien, traía el torso desnudo y solo un spandex negro hasta la mitad del cuerpo,
- Sí y no te preocupes ya ha pasado antes…por cierto, no deberías estar aquí puede ser peligroso para ti, podrían lastimarte – Le dijo a la mujer de cabello oscuro y ojos del mismo color, la piel tan pálida como la aurora que podía apreciar en las mañanas.
- Sí ya lo sé…ya me iba, solo necesitaba hablar urgentemente con tu padre, ¿Sabes dónde puedo encontrarlo?
- Ahora no está en el planeta, fue junto a mi hermano a traer algunos materiales que les encargó el Rey – Le dijo, sonaba honesto así que le devolvió la sonrisa que le había regalado él hace un momento.
- Bueno entonces tendré que esperar – Suspiró resignándose – Me voy ahora, que estés bien Gokú – Le dijo y se alejó de él rápidamente.
- Espera…no me dijiste como te llamabas, ¿Eres una de las humanas que rescataron en Zarg no es así? – Corrió detrás de ella hasta alcanzarla y la tomó lo más suave que pudo del brazo.
- Sí soy una de ellas y…soy Milk – Le dijo, el agarre de aquel guerrero la estaba lastimando un poco – Por favor, me estás lastimando.
- Perdón – La soltó de inmediato – Traté de hacerlo lo más suave que pude, lo siento – Se sintió apenado por haberla lastimado, apenas la conocía y ya estaba arruinándolo todo.
- Está bien, no te preocupes – Lo miró nuevamente y haciéndole un gesto de despedida con la mano se alejó de aquel lugar.
Se dirigió nuevamente hacia las salas médicas, ya encontraría la forma de comunicarles que estaba cuidado de una mujer y su embarazo en uno de los tanques de curación, aún en su mente se dibujaban las imágenes del torso desnudo de aquel Saiyajin, sin duda alguna era demasiado apuesto y no pudo evitar sentir sus mejillas arder, decidió concentrarse en lo que debía hacer y fue a revisar a la mujer que estaba bajo su cuidado.
Hola preciosas, gracias por pasarse siempre por aquí. Como ya verán poco a poco nuestro Príncipe empieza a tomar interés, pero no desesperen jaja que todo a su tiempo, les agradezco infinitamente que siempre anden por aquí.
Un abrazo enorme Naomigomiz eres un amor! ¿Ya lo sabes, verdad? Besos infinitos linda!
Para johaaceve envío muchos muchos abrazos a la distancia, nena gracias por siempre pasarte por aquí un beso hermosa!
También agradezco a los lectores que pusieron ésta historia en favoritos, muchas gracias!
Sin más me despido por ahora, ya ando trabajando en el siguiente cap, será un poco más largo. Nos leemos muy pronto y cuídense mucho! Besos!
