-No están aquí. -Sitti, en medio de la ciudad en ruinas anuncia a sus acompañantes -Debieron llevarlos a otra necrópolis.

Haroto y Michiru se miran decepcionados.

Han cuidado de su hija sin separarse de ella más que para dormir. Ese día fue la excepción. Como Jedite, quieren encontrar la tumba de la princesa Eshe y separarla del infame príncipe. Confían en que Haruka cumpla su promesa y se mantenga rodeada de personas hasta que ellos regresen a El Cairo.

-¿Qué vamos a hacer? -Haroto observa el panorama.

-¿Cómo vamos a salvar a nuestra hija de ese hombre? -Michiru gime, está ataviada con un Hiyab y un velo que cubre su cabello, rostro y deja al descubierto sus ojos celestes.

Se siente agotada. Cuatro años protegiendo a Haruka, acompañándola a las campañas, descuidando su profesión por la vida de su hija.

-La princesa fue nombrada Eshe de Sakkarah en honor al último reposo de los faraones y sus familiares -Sitti especula pensativa.

-¿Qué es Sakkarah? -Haroto le pregunta.

-Una Necrópolis o ciudad de los muertos. Fue abandonada luego de que los posteriores faraones se trasladaran a la nueva acrópolis y al morir se enterraron en el Valle de Los Reyes.

Michiru tiene una nueva esperanza.

-¿Dónde queda Sakkarah?

Tokio, Japón

La puerta del modesto apartamento se abre, permitiendo la entrada a un hombre alto de cabello azabache y ojos azules. En sus manos lleva un ramo de rosas y un conejo de felpa.

-¡Papi! -Una pequeña de ojos azules y cabello rosa corre a su encuentro.

-¿Cómo está mi pequeño conejito? - Se agacha para que ella se cuelgue de su cuello. Luego se incorpora, dirigiéndose hacia la rubia que, sonriente lo espera en la puerta de la cocina. -Mi princesa -Se inclina para besarla.

-Llegas tarde, ya televisaron la participación de Abby.

-Lo se, el jefe no dejaba de bailar por la medalla de oro que Lalo ganó -Le ofrece las flores -Las próximas serán rosas -Le promete.

Serena sonríe. A sus diecisiete años, la rubia es una mujer hermosa. Su cuerpo esbelto no parece haber albergado a la pequeña hija que le da felicidad. Darien evita en lo posible los lugares públicos para que no sea reconocida por alguien que tenga amistad con Kenji.

-¿Y yo? -Pregunta la niña.

-Para ti es este conejito. Rosa como tu cabello.

-El hecho de que detestaras a Azumi, provocó que nuestra pequeña tenga el cabello como ella -Serena toma a la niña en brazos para que Darien se lave las manos.

-Solo espero que no sea como ella. -Dirigiéndose al tocador, recuerda algo, regresando sobre sus pasos. -Por fin tengo la licencia de matrimonio.

Serena suelta a la niña corriendo a abrazar a Darien.

-¡Oh, mi amor!

-Nos casaremos el viernes. -Sonriente le informa.

-¿Este viernes? -Serena jadea sorprendida. -¿No deberíamos esperar a nuestros amigos?

-Les envié un correo a su cuenta secreta. Tienen cuatro días para regresar. No podemos arriesgarnos a que tu padre nos halle y separe.

-¿Y yo? -Rini se mete entre ambos apretándose contra sus piernas.

-Tú eres la persona más importante para nosotros -Darien la toma en brazos.

-No solo ella... -Serena se ruboriza.

-¿Qué quieres decir? -Darien enarca una ceja.

-Creo que... -Desciende el rostro -que Rini tendrá un hermanito.

El moreno se sorprende. No sabe si celebrar o preocuparse, las finanzas no están a su favor...

Yamagushi

Azumi, con un conjunto de falda y blusa verde, usa un labial rojo que le tomó prestado a Natzu.

-¿A dónde crees que vas a esta hora de la noche? -Cere le pregunta.

-No me quedaré encerrada en el verano. Iré al centro, los chicos estarán allí. -Acomoda unos mechones de su cabello recién teñido detrás de las orejas.

-Prometiste ayudarme con el invernadero.

-Eso fue esta mañana, antes de que me dejaras los oficios por correr detrás de tu entrometido novio. Tuve que asear los tocadores y acomodar el desastre de Alan. -Suspira -Extraño a Seiya.

-También lo extraño, pero mamá ya nos dijo que debe seguir su camino.

Azumi levanta su colchón. Saca una bolsa de papel.

-La otra noche, el bonito policía vino a ver a nuestros padres. Les dijo que atraparon al hombre que quería matar a Seiya, pero que el tipo se ahorcó en prisión antes e que lo interrogaran.

Cere se cubre las mejillas.

-¿Querían asesinar a Seiya?

-No solo a él. Haruka también estaba siendo vigilada. Me ofrecí a cuidar a los monstruos de él y la secretaria de papá para poder entrar en su casa y revisar su despacho.

-¡Me anoto! Quiero saber que es lo que todos mantienen en secreto desde que Seiya y Haruka son novios.

-Pero mientras soy llamada al campo de batalla, me iré a divertir.

-¿Irás con Zafiro?

-Por supuesto que no. Hay que mantener a la mala vibra bien alejada. Iré sola, tal vez hoy tenga suerte y encuentre un novio atractivo.

-Tienes a Zafiro.

-No es más que mi vecino, y él prefiere a las morenas altas. La última vez que discutimos me llamó chichón de piso -Gruñe. Apenas alcanza un metro con cincuenta y cuatro centímetros, mientras que Zafiro pasa el metro con ochenta.

Cere ríe divertida.

-Si, eso le mereció que le arrojaras su proyecto de grado por el puente.

-Un Kou solo puede ser saboteado por un kou. Ese es mi lema. Ahora escaparé antes de que mamá quiera que hagamos de niñeras.

-Pero serás niñera. Y ese color de cabello te queda espantoso. Mamá va a gritarte cuando te vea.

-Allí me pagarán con dinero, no con un simple gracias. -Ignorando el último comentario, toma el bolso y las sandalias guardándolas dentro de éste. -Si quieres alcanzarme, estaré en nuestra heladería favorita. -Sin esperar respuesta, se asoma al pasillo.

Está despejado. Emprende la carrera hasta la salida. Apretando el botón del elevador escucha que se abre la puerta de su apartamento. Asustada, entra veloz a la cabina que acaba de abrirse, dándose de bruces contra un fuerte pecho. Las dos poderosos brazos la sostienen evitando que caiga hacia atrás.

En el impacto, golpea su cabeza contra la otra humanidad, sintiéndose mareada.

-De veras traes locas a las Kou, hermanito -Susurra una mujer.

-Cierra la boca, Rei -Espeta el otro. -Azumi, ¿Te encuentras bien?

Las puertas del elevador se cierran con los tres ocupantes dentro.

-Tenías que ser tú -Murmura, sujetándose de él -No solo me insultas, ahora quieres matarme.

Rei observa a la chica. Azumi ha teñido su cabello del mismo color de Cerecita. De no ser porque Zafiro la llamó por su nombre, se habría confundido de gemela.

-¿Cómo sabías que es Azumi?

-Podría reconocerla aún dentro de un disfraz de payaso -Responde el joven.

-Te estás ganando que te aviente por las escaleras -Murmura la jovencita.

Zafiro la toma por el mentón. Es ahora o nunca.

-Si he de ganarme un castigo, que sea por algo productivo -Expresa besándola en los labios.

Rei sonríe divertida.

-Ya era hora que demostraras ser un verdadero Chiba...

El Cairo, Egipto.

Después de celebrar y dejar a Jedite y Haruka en el restaurante del hotel, Seiya se disculpó aduciendo tener un fuerte dolor de cabeza.

Eso decepcionó a Haruka, que esperaba pasar la tarde en su compañía.

Juega con la comida, hasta que molesta suelta los cubiertos.

-Tomaré una siesta -Se despide de Jedite. Los hombres la siguen hasta la puerta de su habitación. -Ya estoy a salvo. Vayan a descansar. Si necesito algo los llamaré.

-Señorita Tenoh...

-¿Van a cambiarme el pijama y leerme un cuento? -Ironiza.

-Revisaremos la habitación y nos marcharemos. -El guardaespaldas más joven abre la puerta, observa la alcoba, el tocador y el balcón -Sin novedades. -Le entrega la llave.

-Buenas tardes. -Ella les dice cerrando la puerta en su nariz.

Despojándose del velo que cubre su cabello, camina hacia la mesa, notando en ese instante de que el aire acondicionado está encendido. Va a salir corriendo a buscar a los guardaespaldas, hallando a Seiya en la puerta del tocador.

-Nunca revisan la tina -Dice divertido.

-¿Cómo entraste?

-Pedí la llave en recepción. No me la negaron, en vista de que siempre estamos juntos. -Avanza lentamente hacia ella.

Haruka traga en seco, su novio la mira como no lo ha hecho en esta vida.

-Dijiste que te dolía la cabeza.

-Tengo la medicina milagrosa. Verte me alivia cualquier malestar -Sonríe de medio lado.

Se detiene frente a ella.

-Adom... -Sin voluntad propia, Haruka eleva el rostro ofreciéndole sus labios.

-Eshe... -Murmura contra su boca.

Muerde suavemente el labio inferior antes de besarla apasionado, invadiendo su interior.

Ella eleva los brazos rodeando el cuello masculino. Tiembla al sentir las palmas de Seiya en su espalda apretándola contra su cuerpo duro.

El hombre desliza lentamente las manos por debajo de la holgada blusa que ella usa. Se excita al tocar la sedosa y cálida piel sin hallar el brassier. Haruka suspira temblorosa cuando él sube la prenda. La separa ligeramente, sacándosela por la cabeza.

Seiya inspira fuertemente, observando con fascinación sus senos desnudos. Haruka se mantiene inmóvil, su respiración se agita en el instante en que las manos masculinas acunan sus senos.

Completamente ruborizada y con manos temblorosas, ella alcanza los botones de la camisa. Se encadena a los ojos de Seiya mientras sus dedos sueltan uno a uno sus botones deteniéndose en su abdomen.

Él sonríe, la atrae nuevamente siseando de placer cuando siente su piel desnuda contra la de él. Se besan desenfrenados apretándose como si quisieran fusionar sus cuerpos, aspirando el aroma de sus pieles, gimiendo ante las sensaciones que los embargan.

-Adom...

Tomándola en brazos, se dirige a la cama. Depositándola suavemente, se acomoda a su lado, inclinándose sobre ella. Observa detalladamente el rostro de Haruka, acariciando delineando su nariz, sus labios. Besa sus párpados tomándose su tiempo en cada uno.

-Te amo, Eshe. Siempre te amaré.

-Soy tuya. Para siempre. -Haruka eleva ligeramente la cabeza, ofreciéndole su boca.

Seiya la toma, sus lenguas se encuentran y alejan mientras las manos masculinas acarician la cintura estrecha, soltando el cinto del pantalón a juego con la blusa olvidada en el suelo. Haruka jadea cuando la fuerte mano se abre paso entre su tanga.

Seiya desliza sus labios por su mentón. Besa el pulso desenfrenado de su cuello. Alcanza las cimas endurecidas y sonrosadas de sus senos. Su lengua sigue el ritmo de su mano.

Ya no son Haruka y Seiya. Son Eshe y Adom consumando en su tierra lo que debieron hacer en su primera vida.

Arrodillándose, Seiya acaricia sus caderas. Toma la tela de sus pantalones deslizándolos por sus piernas esbeltas, llevando con ellos la delicada tanga.

Haruka cierra los ojos. La presión que se acumula en su intimidad es insoportable. Abre los ojos cuando Seiya abandona la cama. Pierde la capacidad de pensar al verlo en su majestuosa desnudez, mostrando su generosa y henchida masculinidad.

Seiya regresa a su lado con un preservativo en la mano.

La besa apasionado.

Toma la mano de Haruka besando su palma antes de colocarla en su hombría. Ella parpadea al sentir su calor. Lo rodea suavemente.

Él busca la intimidad femenina, acariciándola con delicadeza. Sabe lo que a ella le gusta. Recuerda lo que compartieron en sus vidas pasadas.

-Acaríciame -le susurra al oído en medio de los jadeos femeninos.

Haruka lo obedece. La maravilla tocar la punta de su miembro, la suavidad de esa piel que contrasta con el resto del cuerpo del hombre.

Se besan intercambiando sus sueños, sus esperanzas de vivir.

Seiya aleja su mano. Arrodillándose, rasga el envoltorio del preservativo. Impaciente intenta ponérselo. Haruka se sienta, ayudándolo. Las clases de puericultura son de gran ayuda en ese momento.

Acomodándose entre las esbeltas piernas femeninas, Seiya la besa, invitándola a acostarse nuevamente. Con su mano se guía hasta la entrada virginal de la rubia.

Besándola, se interna en ella, sintiendo la resistencia que va cediendo a medida que él empuja con más fuerza.

Haruka se agita debajo de él, entierra sus uñas en la ancha espalda, aguantando la respiración al ser invadida. Una invasión que anhelaba desde que recordara su pasado.

Seiya eleva la cabeza para verla. La rubia tiene los ojos cerrados con los labios húmedos y rojos por los besos.

Lentamente abre los ojos.

-Ámame, Adom.

-Mi princesa Eshe -Se aprieta contra ella, besándola.

Haruka eleva las caderas permitiendo que él se hunda profundamente en su cuerpo y alma. Jadea cuando Seiya comienza a moverse sobre ella, llenándola y abandonándola con un ritmo que amenaza con robarle la cordura.

Seiya no logra controlar sus impulsos. Su cuerpo embiste con poder a Haruka. Ella gime ante cada arremetida. Sujetándola por el cabello y con el rostro arrebolado, Seiya observa sus ojos, los gestos que transforman su hermoso rostro en expresiones de placer. De pronto, Haruka grita su nombre convulsionando debajo de él. Seiya se abandona al mismo placer de Haruka.

El cielo vespertino de Egipto se tiñe de rosa en el mismo instante que ambos llegan a la cima del éxtasis...