Tokio.
Serena no puede dormir.
Las luces de la calle se filtran por las cortinas dando a la alcoba rosa un aire de paz. Pero ella no está en paz.
Con otro bebé, Darien se vería obligado a abandonar la universidad y trabajar tiempo completo.
Suavemente se gira para ver las plácidas facciones de su amado.
-No quiero truncar tu futuro – Toca la mejilla rasposa por la barba incipiente.
Dormido, Darien le toma la mano, besándola la aprieta contra su pecho.
Serena ahoga un sollozo. Ama tanto a ese hombre que está dispuesta a sacrificarse por él.
-¿Qué haces despierta? -Le pregunta de pronto.
-Siento haber perturbado tu sueño -Susurra.
-¿Rini no ha llorado?
La pequeña tiene varias noches llorando para que la dejen dormir con ellos.
-Hoy no... -Es halada por Darien quien la rodea con sus brazos aprisionándola cuando acomoda su pierna sobre la cadera de ella.
Serena ama estar así. La primera vez que hicieron el amor Darien fue tan dulce que la hizo llorar de felicidad a pesar de saber que habían cometido un error.
Por él fue capaz de escapar para salvar el fruto de su amor y pasar penurias hasta que Haruka los auxilió con algo de dinero y convenció a Haroto de ayudarlos como representante e inscribir a la adolescente en una escuela pública, además de acompañarla puntualmente a las citas ginecológicas.
No fue sencillo. Haroto quería matar a Darien cada vez que lo veía y daba sermones a Serena acusándola de obligarlo a mentir a Michiru quien desconoce todavía el paradero de los chicos y la existencia de Rini. Todo porque Haruka lo obligo a prometer que no diría nada antes de confesarle todo.
Tendrá que vérselas nuevamente con él.
Por ser menor de edad no puede asistir sola a la consulta del médico para conocer si sus sospechas son ciertas. De serlo, volverá a Yamaguchi con sus padres. Ruega que Kenji la reciba nuevamente con una hija a cuestas y no le de con la puerta en la nariz.
No permitirá que Darien se vea afectado su futuro porque entonces la odiaría...
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El Cairo, Egipto.
Haruka y Seiya deambulan por el mercado de turistas al aire libre.
Planean felices casarse tan pronto regresen a Japón sin tomar en cuenta las objeciones de sus padres.
Los guardaespaldas caminan a su lado escuchando como los jóvenes regatean con los vendedores en su idioma, admirados por la fluidez de su dialecto.
-De no ser porque sus padres son japoneses y sus rasgos semejantes a los nuestros, pensaría que son egipcios descendientes del mismísimo faraón –Susurra uno al otro.
Éste último asiente silencioso observando a la gente que se va acercando a los jóvenes rodeándolos y ofreciéndoles telas, collares, túnicas, lámparas de mano, artesanía, separándolos de sus guardianes.
-Hora de regresar -Ordena a su colega.
-De inmediato -Se pone en guardia.
El más veterano de los dos se mezcla con los demás, de inmediato siente una puntada en el abdomen, llevándose la mano al lugar, nota como sus dedos se tiñen de rojo. Busca a su compañero, quien cae de rodillas.
Notando que todo se está alterando y Haruka es alejada de él, Seiya la toma fuertemente de la mano.
-Quédate conmigo, Eshe –le indica buscando cómo escapar de la turba que los obliga a retroceder a un oscuro callejón.
Sus esfuerzos por mantenerse unidos son en vano.
La gente cada vez más numerosa logra separarlos. Seiya es empujado contra una pared golpeándose la cabeza con tal fuerza que pierde el sentido.
Haruka es cubierta con una capucha negra y arrojada a una cesta de mimbre.
En medio del caos los guardaespaldas han sido heridos con puñales, robadas sus identidades y dejados atrás.
Varios hombres envuelven a Seiya con una manta. Lo suben a una especie de carretilla donde reposa la cesta que contiene a la chica. Desaparecen entre los callejones.
La policía corre soplando silbatos para dispersar a la gente.
-Hay dos turistas heridos aquí –Indica un oficial.
-Vándalos –Declara otro al descubrir que fueron asaltados.
Los hombres inconscientes son llevados a un hospital público sin poder denunciar la desaparición de sus jóvenes protegidos.
Desde una esquina Jedite ha visto todo reconociendo a uno de los secuestradores sin poder creer que se haya prestado para esto. No debería extrañarle, desde que conoció a Seiya ha declarado antipatía por el joven y querido poner sus manos en Haruka.
Dispuesto a salvar a Seiya y su novia sigue a los malhechores…
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Necrópolis de Sakkarah, Egipto.
Michiru, Haroto y Sitti se confunden entre los turistas y sus guías observando las áreas que están permitidas a los visitantes y estudiando las vetadas a éstos.
Las pirámides escalonadas son para Michiru un recordatorio de lo que le espera a su hija si no logran separar su alma de la de Ptahhotep.
-No creo que hallemos nada aquí, - lamenta -según leí, todas las tumbas de esta necrópolis fueron descubiertas.
Sus acompañantes no responden. Haroto observa a Sitti que ha entrado en trance.
Con los ojos nublados, la mujer se gira ligeramente dándole la espalda a las ruinas de Sakarah.
-Se dice que la princesa Eshe caminó con Ra. -Señala hacia el oeste -El sol se oculta en esa dirección.
Los tres se dirigen al poniente, abandonando la ciudad de los muertos.
Los esposos Tenoh siguen a la parasicóloga quien avanza con paso lento. De pronto se detiene como si hubiera chocado con una pared invisible.
-¿Qué sucede? -Haroto la interroga, más ella no lo escucha.
Ladeando la cabeza parece escuchar a alguien invisible.
-No Sokar, -dios de la oscuridad y decadencia de la tierra representado como hombre momificado con cabeza de halcón- no es mi intención perturbar a los que yacen bajo tu cuidado, pero debo diferir en algo. La princesa Eshe de Sakkarah está bajo el cuidado de Maat.
Los Tenoh se miran confundidos.
¿Cómo su hija puede estar dividida en dos? No comprenden la división de su alma, una parte en el más allá, la otra viviendo con ellos.
-¿Sabes quién es Sokar? -Haroto interroga a Michiru.
Ella asiente silenciosa concentrada en Sitti.
-Osiris no puede oponerse a Maat, él se nutre de ella igual que tú -Sitti indica, calla como si escuchara algo -¿Por la noche? Los escorpiones nos atacarán. ¡Oh! -Preocupada se gira hacia sus acompañantes -Tenemos un problema.
-¿Cuál es? -Michiru está ansiosa.
Haroto teme que pierda la cordura.
-Sokar permitirá entrar solo a alguien especial.
-¿Alguien especial? -Ahora el rubio es el preocupado.
Si recuerda bien el mito griego, el can cerbero o perro del demonio resguarda la puerta del Hades y cuida que ningún muerto salga del tártaro y ningún vivo entre.
Tal vez eso no se aplique a la mitología egipcia.
-Por mi hija estoy dispuesta -Michiru exclama de inmediato.
Sitti asiente, de inmediato niega vehemente.
-No debe ser cualquier alma, tiene que ser una que haya estado antes en el reposo y se le haya dado una oportunidad de nacer de nuevo para enmendar su pecado.
Los Tenoh Kaioh cruzan miradas. Solo hay alguien, además de Seiya y Haruka.
-Vamos por Abby -Ruega Michiru.
Sitti regresa presurosa a donde dejaron el Jeep.
-Regresemos de inmediato. Abby tiene que comenzar su travesía antes del ocaso.
-¿Cómo burlaremos la seguridad de la Villa Olímpica? -Michiru corre a su lado.
-Déjenlo en mis manos -Haroto está dispuesto a pelearse con el mismísimo presidente del Comité Olímpico si es necesario...
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Villa Olímpica.
Abby siente una opresión en el pecho.
Algo no está bien con Haruka. En las recámaras de la delegación japonesa sus acompañantes celebran la medalla de oro, si embargo para ella es solo un fin.
-Masika, es hora de que salves a Eshe. -Una voz femenina penetra su mente.
La chica se retira al tocador.
Deteniéndose frente al espejo. No ve los cabellos cobrizos enmarcando su rostro juvenil sino oscuras trenzas cayendo a los lados de un rostro aceitunado y ojos oscuros como la noche.
-¿Cuál es mi tarea?
-"Eres nacida de la tempestad. Usarás la fuerza que adquiriste para ir al duat (Inframundo,lugar donde se celebraba el juicio de Osiris), buscar a Eshe y regresar con ella. Debes tener en cuenta que serás tentada a cruzar el gran río, si caes en la tentación de Osiris morirás para siempre y Eshe también".
Abby se muerde el labio.
-¿Qué debo hacer? -Pregunta a su imagen.
-"Debes encontrarte con mi sirvienta en Sakarah. La tengo detenida en la ciudad de los que duermen".
-¿Cómo escaparé? Son muchos los que me rodean. -Algo suena detrás de ella. Sorprendida ve como una grieta se abre en la pared. Más pasmada queda al descubrir, no las calles de la Villa Olímpica, sino las cercanías de Sakkarah. -Si cuento alguna vez lo que me sucede, certificarán que si estoy loca.
-"Tienes una sola oportunidad para salvar a Eshe. Antes del alba debes haber vuelto y reunido las dos mitades de su alma"-
Tragando en seco, Abby cruza el portal abierto en la pared. Ésta se sella nuevamente sin dejar rastros de la atleta...
