Yamaguchi, Japón.

-¿Cómo pudiste ocultarnos dónde se encuentra Darien? -Darien Armando está furioso con Zafiro.

-No les oculté su dirección, simplemente omití decírselas en vista de que no me preguntaron -El joven, vestido apenas con la bata de baño se encoge de hombros.

Rei prefirió retirarse a su alcoba, dejando al menor de los Chiba a merced de sus padres.

-¿No te preguntamos? -Brisa que intentaba calmar a su esposo se vuelve asombrada hacia su hijo -¡Siempre hemos mencionado...!

-No es cierto -Zafiro comienza a enojarse -Ustedes no me incluyen en nada porque me ven como un niño. Si platican algo importante no me toman en cuenta porque nunca tengo la edad suficiente para entender. ¡Y soy quince centímetros más alto que mamá! –exclama.

-Baja la voz jovencito que aún puedo proporcionarte los azotes que también "omití" darte –Darien Armando sisea amenazador –Anota la dirección y déjate de rodeos. - Va a la recámara por las maletas.

Silencioso y de mala gana, Zafiro escribe la última dirección de su hermano mayor.

-No entiendo por que hacen tanta alharaca con Darien. Es mejor tener a Serena en la familia que cualquier zorra de la gran Metrópolis –Farfulla.

-¿Qué palabras son esas? -Brisa se escandaliza.

-En caso de que no lo recuerdes, Serena es una niña y Darien apenas mayor que yo por casi dos años. –Reiinterviene en el momento en que sale a buscar un vaso de agua.

-¿Quién te preguntó? –Zafiro está insoportable.

Con la furia contenida, Rei se acerca amenazante.

-Podrás ser más alto que yo, pero tus rabietas te las tragas. No estoy dispuesta a tolerar las malcriadeces de un niñito crecidito.

-No soy niñito. -Con las mejillas ardiendo, Zafiro habla con los dientes apretados.

Rei lo mira de pies a cabeza antes de apartarse.

-Demuéstralo en lugar de vociferarlo. Vine a pasar el verano en paz y armonía después de varios años y no me lo vas a amargar. -Va por el agua regresando con una jarra de cristal. -En cuanto mis padres vayan por Darien, a tu primera pataleta me marcho sin importarme cómo te alimentarás.

-¿Alguna vez te ha importado alguien más que tú?

Inspirando para buscar paciencia, Rei deja la jarra en sus manos y va por su bolso.

-Papá, mamá. Iré con ustedes. Dejen la responsabilidad de cuidar este renacuajo a algún vecino. O, -Lo mira burlona -como ya es grandecito puede preparar su comida, lavar su ropa, plancharla y hacer los deberes del hogar, que lo haga riendo. De paso, debería buscarse un empleo veraniego para que se sustente mientras ustedes están ausentes. -Sale del apartamento.

Darien Armando y Brisa cruzan miradas. Ambos asienten.

-Mis hijos nacieron con genio de espanto y peleándose con el mundo cuando tú eres un ángel. -Darien Armando se dirige a Brisa, toma las maletas -Vamos Rei. No queremos encontrar el hogar bañado en sangre.

-Ya estoy afuera -Anuncia ella desde el pasillo.

Impotente, Zafiro ve como los tres se marchan dejándolo a su destino.

Tiene tres opciones, llorarle a Natzu para que lo alimente a riesgo de que Alan haga sus gracias asquerosas y Azumi le meta la cabeza en el retrete, trabajar temporalmente en el burguer y comer allí o aprender a hacer huevos escalfados, arroz y destapar latas de atún.

Se da la vuelta para ir a su habitación. De pronto se detiene.

Olvidó contarles el secreto más importante de Darien que éste le obligó prometerle no divulgar nunca. Él conoce la razón por la que su hermano y Serena escaparon juntos. Kenji ha mantenido hasta esa fecha en silencio el embarazo de su hija para que su apellido no se vea deshonrado.

-Me pregunto si mis padres y Rei sobrevivirán a la sorpresita de Darien -Comenta pensando en la pequeñita criatura que está siendo criada por dos niños...

.-

Las puertas del elevador se abren en planta baja. Brisa casi choca con Ikuko. Desde que Serena desapareciera, la mujer ha volcado su pena en limpiar obsesivamente todo a su paso como lo hace en ese instante con las puertas del elevador.

-Lo siento -Se retira para dejarlos pasar.

Rei observa a la mujer. Ha envejecido prematuramente, sus ojos no brillan como antes y el otrora cabello oscuro lo lleva corto y salpicado por abundantes canas.

Sintiendo lástima por ella, atrae a su madre.

-¿Qué le ocurrió? -Murmura para que solo ella la escuche.

-Enloqueció con la partida de su niña.

-¿Y su ogro esposo?

-Se separaron cuatro meses después. -Brisa mueve la cabeza -Kenji viene una vez a la semana para traerle las compras y cerciorarse que se alimenta. Ikuko lo culpa de haber hecho huir a Serena.

-¿No era eso lo que ese hombre buscaba al tener a su hija como una prisionera? -Pregunta sarcástica -Si mi teoría es cierta, Serena se fue con Darien porque ese señor nos odia. -Se le ocurre una idea -Adelántense, olvidé algo -Indica sin perder de vista a Ikuko. Espera que su madre abandone el edificio antes de acercarse a la mujer. -Señora Ikuko.

-¿Si? -No deja de restregar afanosamente la puerta con el paño.

-Si le dijera que sospecho donde está Serena, ¿Me acompañaría?

La mano se detiene. Ikuko observa a Rei.

-Te recuerdo jovencita, te metías mucho con mi bebé.

-Y humildemente pido perdón por eso. -Hace una reverencia. -Es una corazonada pero si me acompaña, podríamos saber...

La mujer se despoja del delantal con peto.

-No le informes a Kenji. -Le suplica. El brillo ha vuelto a su ojos -Podría hacer que mi niña huya.

Abandonando los artículos de limpieza en el pasillo corre al interior del apartamento.

Rei los toma preguntándose qué hacer con Ikuko si sus sospechas son infundadas...

.-

Desierto de Sahara, Egipto.

Los quejidos quejumbrosos disminuyen el impacto del susto.

-¿Se encuentran bien? -Haroto pregunta apisonado por las tres mujeres.

- Si -Abby se siente mareada.

-No creo haberme roto un hueso. -Sitti.

-Estoy bien, creo -Michiru está bajo las otras dos y sobre su marido.

-En ese caso, quítense de encima que me ahogan -Gruñe el rubio. Las tres mujeres obedecen. -Umm...

-¿Qué ocurre? -Arrastrando las manos en el suelo, Michiru encuentra el casco que tenía Abby.

-Creo que me doblé el pie derecho. -Palpa su tobillo.

-A Indiana Jones nunca le pasó nada. Ni siquiera perdió el sombrero -Abby encuentra una linterna. Ilumina el rostro de Haroto.

-Ese tipo no es real y yo no soy arqueólogo -Gruñeél masajeándose la pantorrilla.

-Lo se. Haruka dice que el ejercicio más extremo que usted hace es alcanzar la caja de las galletas que esconde la señora Michiru para las visitas. -Indica inocente la gimnasta.

-No es cierto -Michiru levanta el pantalón de su marido -Él hace el ejercicio de perseguir a Seiya y Haruka para que no... -Haroto carraspea ante la risa de las otras dos -¿Qué? -La iluminación muestra al hombre contrariado -¿Dirás que es mentira?

-Los protejo de un loco -Se justifica.

Sitti y Abby pasean las luces de las linternas a su alrededor.

-Hay tres grutas -Les dice a los Tenoh.

-Nunca pisé este lugar en mi vida como Masika -Abby inspira insegura.

-¿Recuerdan dónde quedaba la tumba? -Asistido por su esposa, Haroto se incorpora.

-No -Las tres mujeres dicen.

-¿Puedes afincar el pie? -Michiru lo interroga.

-Me duele al hacerlo.

Abby se dirige a la gruta de la izquierda, mientras que Sitti ilumina el interior de la que está detrás de ellos.

-Voto por la otra cueva -Michiru señala la tercera -No se por qué pero creo que el alma de mi hija está por allí.

Los otros dudan un instante.

-Veamos el lado positivo, si no lo es, podremos regresar e inspeccionar otra -Abby la secunda.

-Hemos tenido la suerte de nuestro lado al encontrar la tumba y entrar pero, ¿alguien ha pensado en la manera de como salir de aquí una vez que hayamos encontrado lo que buscamos?

Las tres linternas apuntan al interrogador.

-No -Abby confiesa.

-Busquemos primero a mi hija, después nos pondremos histéricos -Michiru ya no ve la diferencia entre Eshe y Haruka.

Pisando con dificultad, Haroto camina temeroso delante de las mujeres sometiendo el deseo de esconderse detrás de Michiru...

.-

Jedite ha rodeado la fortaleza donde vio que la camioneta donde llevaban a sus amigos se escondió.

La puerta es prácticamente hermética y no existe ventana alguna en la planta baja de la estructura que consta de dos edificios, el primero de dos plantas el posterior es un fortín que le recuerda a las torres de atalayas que vio en fotografías de Turquía.

-¿Qué tiene que ver Diamante con el secuestro de mis amigos? -Pregunta confundido.

Está sobreentendido que el platinado odia a Seiya desde el primer día de clases en la secundaria y ha deseado a Haruka aún cuando se creía que era novia de Darien. Pero de allí a que colabore con el malhechor que ha impedido que sean felices desde milenios atrás es más que sospechoso.

El ruido proveniente del segundo piso lo alerta. Si no tiene cuidado podría ser abaleado y enterrado en las dunas del desierto.

Retornando al todo terreno rentado decide regresar al Cairo antes de que anochezca. Planea volver al día siguiente con las autoridades, pero antes deberá buscar la manera de explicarle a los Tenoh la desaparición de Haruka y Seiya...

.-

En lo alto de la torre, Haruka mira su reflejo en el espejo. En ese instante odia ser mujer.

-Maldito Ptahhotep -Piensa al ver el collar que una de las mujeres acerca a su cuello.

Automáticamente se retira para evitarlo, sin embargo, otra de las mujeres la obliga a sentarse nuevamente.

Sus ojos son maquillados, las rubias pestañas y cejas teñidas de negro.

-Su alteza está muy pálida -La que dirige a las otras aprecia la blanca piel que contrasta con las gruesas líneas que maquillan oscuro sus párpados. Toma un pincel delgado mojándolo en una crema labial -Un poco de color en los labios la...

Haruka detiene fuertemente la mano que va a colocar carmín en sus labios.

-Por favor -Susurra con la súplica brillando en sus ojos- Dígame que Seiya está bien.

-¿Quién? -Mueve la cabeza confundida.

-Adom. -La voz le tiembla -Es más alto que yo, cabello oscuro y ojos del color del océano.

A la mujer le tiembla levemente la mano al retirarla.

-No hemos visto a nadie que se le parezca – Desviando la mirada, deja el pincel sobre la paleta de colores. -Si no necesita nada más de nosotras nos retiramos. -Hace un movimiento a las otras para que salgan de la alcoba.

Obedientes abandonan en procesión el lugar. Haruka advierte a través del espejo que la más joven duda un instante antes de marcharse. Se pregunta si podrá sobornarla para que le informe algo sobre Seiya.

Una vez a solas, se mantiene quieta viendo su imagen en el espejo preguntándose si existe alguna posibilidad de escapar. De lograrlo, ¿Qué sucederá con Seiya? Preferiría morir a vivir sin él.

-Adom... -Lo necesita desesperadamente.

Cerrando los ojos revive lo acontecido ese día en su habitación. Aún puede sentir el calor del cuerpo masculino llenándola, cubriendo su ser hasta mezclarse sus almas, besándola en medio del éxtasis, sorbiendo su placer antes de unirse con ella en el cielo.

Limpia furiosamente una lágrima solitaria que recorre su mejilla. No es momento para mostrar debilidad. Debe poner en práctica lo que Francesco le enseñó a Kamila si quiere sobrevivir y salvar a su amado.

Incorporándose, alisa el kalasiri de lino ajustado a su estrecha cintura por un grueso cinturón a juego con la saya adornada con piedras preciosas. Su cabello rubio fue escondido bajo una gruesa peluca de trenzas negras que caen hasta su cintura.

Maldiciendo a Diamante y Ptahhotep abandona decidida la amplia alcoba sorprendiéndose al descubrir que abarca todo el piso. Todo el edificio es ventilado a una agradable temperatura de veinte grados Celsius aislándose del extremo calor del desierto.

Sujetándose del pasamano, desciende lentamente hacia el piso inferior. Cuenta seis pisos antes de alcanzar la planta baja.

Avanza por la superficie pulida estudiando el lugar. Murales de Osiris otorgándole el cetro divino a Ptahhotep están a cada lado. Alcanza una puerta encontrando un pequeño museo con esculturas y pinturas de...

-¡Mamá! -Exclama.

Acaba de descubrir que el cliente de Michiru es en realidad el hombre de quien han estado protegiéndola.

-Estás hermosa, más alta que antes pero apetitosamente hermosa.

La voz grave y seca a su espalda la sobresalta.

Girando sobre sus talones, Haruka se enfrenta a los acerados ojos de Eros Chatebriand...