Yamagushi, Japón.
Cere y Azumi entran cautelosas al apartamento silencioso.
Rápidamente se dirigen a su alcoba donde estarán a salvo de...
-¿Dónde estaban y quién les dio permiso para salir de noche sin supervisión? -Taiki las espera sentado frente a la computadora de las chicas revisando sus teléfonos celulares dejados en la gaveta a propósito para que no las ubicaran.
Azumi pierde el habla, mientras que Cere siente que el alma se le va del cuerpo. En su teléfono tiene varias fotografías de ella con Malachite. No son nada del otro mundo...
-¿Se dignaron a regresar a la casa? -La voz enojada de Natzu indica que están en problemas.
-Yo... -Cere intenta detener el impulso de arrancarle su teléfono a Taiki al ver que suelta el de su gemela y toma el suyo.
-No nos percatamos de la hora -Azumi tartamudea. –Salimos a tomar aire fresco y…
-Tienen una ventana panorámica en esta alcoba -Su madre señala la ventana.
Taiki dirige la mirada a sus hijas, pasmándose al ver el cabello de la más traviesa.
-¿Qué rayos le hiciste a tu cabello? -Se levanta de la silla, dejando a un lado el teléfono que Cere se apresura a guardar en su bolso.
-¡Oh, hija! -Natzu toca el sedoso cabello rojo y no rosa.
-Quería parecerme más a Cere para intercambiarnos en los exámenes -Suplica que esa tontería haga olvidar a sus padres de su escapada. -Cere es mala en matemáticas y yo no logro dibujar una línea recta... -Nota como el rostro de su padre va tornándose cada vez más rojo. -(Seiya, ¿Dónde estás cuando te necesitamos?) -Piensa desesperada.
Cere implora por un milagro que las salve de estar encerradas hasta la vejez.
De pronto y como si sus súplicas hubieran sido escuchadas, el timbre suena insistente.
-Yo abriré -Corre dejando a Azumi a merced de sus progenitores.
Su primo se encuentra en la puerta con una maleta, un bolso de mano a sus pies y una mochila en su hombro.
-¿Te he dicho que eres una pequeña muy bella? -El alto y guapo peliplateado de sonrisa deslumbrante la mira de pies a cabeza
-Hola Yaten -Cere se arroja en sus brazos.
-Te extrañé, pequeño Tasmania. Imagino que Azumi estará para espantarle los chicos. De no ser mis primas me aventuraría con ustedes. –Los ojos esmeraldas buscan a la otra jovencita.
-La carne de primo se puede comer –Indica sonriente.
-Y luego Seiya me cobrará a mí lo que dices –Besa la punta de su nariz - ¿Cómo están los pretendientes?
-A diferencia de los que le llueven a mi gemela malvada, no tengo ninguno –Finge lamentarse –Si quieres postularte…
-¿No se supone que estás en la tierra de las libras esterlinas? -Taiki pregunta detrás de su hija.
Cere se aparta de Yaten sin soltarle la mano.
Azumi y Natzu lo siguen. Yaten hace una reverencia.
-Hola tío, ¿Me permites pasar?
El castaño observa el equipaje.
-¿Y esas maletas? ¿No es mucho equipaje para visitar el país por unos días? ¿Por qué no dejaste eso en casa de tus padres?
-Eso... -El peliplateado parece incómodo -Verás...
-¿Tío Kaname está con la andropausia en su máximo nivel? -Azumi le pregunta.
Ella y Cere ayudan con la maleta y el bolso.
-Eh… -Yaten hala un pequeño mechón de Azumi -¿No eres la gemela rosa?
-¿Te gusta? Lo pinte para que nadie sepa quien es quien.
-Yo lo se –El peliplateado toca el lunar en el cuello localizado en la zona contraria al de Cere.
-Tu no cuentas, eres un molesto primo –Sus ojos felices indican que no es cierto. –Y no se te ocurra decir nuestra diferencia.
-Pobres de los chicos si se equivocan de novia.
-¿Ya cenaste? –Lo interroga Natzu.
-Yo me encargaré de prepararle un emparedado –Azumi se marcha a la cocina.
Yaten es halado por Cere dentro de la casa.
-Pido humildemente que me concedan asilo aquí hasta que comiencen las clases en Tokio –Deja la mochila en el sofá y se sienta temeroso de ver directamente a Taiki.
Natzu y el castaño cruzan las miradas mientras Cere se sienta junto a él mirándolo con adoración.
Taiki mueve la cabeza.
-Le dije a Kaname que era mala idea enviarte al extranjero pero mi hermano testarudo no me escuchó.
-Mi padre no lo dice, pero me da a entender que le estorbo. Nada de lo que hago o digo le parece y nunca tiene tiempo o paciencia necesaria para sentarse a explicarme nada.
Los Kou Kido escuchan la frustración en las palabras de su sobrino. Con la mirada, Taiki ordena a las gemelas retirarse en el momento que Azumi aparece con una bandeja de té y panecillos. Silenciosas abandonan la sala.
-¿Cuándo regresaste del extranjero? –El castaño lo interroga una vez a solas.
-Esta mañana. Llegué a casa y ya le habían anunciado a papá que abandoné la carrera. La empleada tenía listo el bolso con los efectos personales que mamá me compró.
-¿Qué dice ella de esto?
Yaten se encoge de hombros.
-Está de viaje, no se donde. –Suspira –Hace tres horas que estoy deambulando sin saber a dónde ir.
-Debiste venir sin pensarlo dos veces –Taiki lo amonesta duramente –La habitación de Seiya está desocupada y el entenderá si te quedas con nosotros hasta el final de las vacaciones.
-¿Qué harás después? –Natzu sirve la bebida caliente en tazas.
-En Cambridge me encargué de llamar a la Universidad de Tokio y solicitar mi ingreso en Ciencias Políticas.
-¿No era lo que estabas estudiando en Reino Unido? –La dama le entrega una taza.
Yaten asiente.
-¿Se imaginan ir a vivir a un país con costumbres, idioma y alimentación distinta a la nuestra? ¿Dónde no conoces a nadie? –Sus tíos asienten silenciosos - Mi padre no me comprende. Cree que la vida es dar órdenes y yo solo tengo que obedecerlo sin pataletas. -Continúa explicando cómo el cambio de alimentación afectó su salud. –Y resumiendo para hacer más corta mi patética vida, papá me echó de la casa y deseó que todos los males, incluyendo la ruina económica caigan sobre mí.
-Si, eso es característico de Kaname –Taiki expresa pensativo.
Él, con cinco hijos tiene la paciencia para soportarlos y apoyarlos. Sufre teniendo a Seiya lejos de la familia pero comprende que su hijo debe estar con Haruka si quiere que sobreviva a los extraños sueños en que se sumergen sin poder despertar.
Natzu no lo divulga, pero cada día que su hijo está en Tokio es para ella una penitencia aliviada medianamente por las mañanas y las noches cuando él se conecta antes de ir y regresar de clases y el trabajo de medio tiempo. Por su viaje a Egipto, se conecta solo por las tardes hora de Japón.
En cambio Kaname, le molesta tener que hacerse cargo de un hijo que no amerita más trabajo que verlo por las mañanas y las noches.
-Estoy segura que Seiya estará feliz de saber que estás con nosotros. –Natzu declara.
Taiki observa su reloj de pulsera. Seiya no se ha conectado y ya es tarde. Esperará hasta la hora de dormir para llamar a Haroto y saber cómo están los chicos…
Desierto de Sahara, Egipto.
-(Ptahhotep) –La rubia detiene sus pensamientos.
Observa al hombre.
Eros Chatebriand se ha transformado en un hombre extremadamente atractivo. Las facciones perfectamente simétricas, el cuerpo poderoso que la ropa egipcia no logra ocultar emanan un magnetismo sexual que tal vez pocas mujeres pueden resistir.
Haruka solo ve al monstruo que ha impedido su felicidad.
Eros se aproxima con el sigilo de una pantera midiendo a su presa.
-Mi adorada Eshe, por fin estamos juntos.
-Lo siento, mi nombre es…
-Eshe, Kamila, Meredith, Elizabeth. –Se encoge de hombros -Qué importancia tienen los nombres si eres mi adorada prometida.
Ella mueve la cabeza de un lado a otro.
-Se equivocó de novia. Mi prometido es Seiya Kou…
-Eres Eshe, -Acaricia con el nudillo la mejilla tersa –La mujer escogida por los dioses para que sea mi esposa.
-Y yo le digo que no tengo idea de lo que habla –Juega a la ignorancia –Vine a Egipto para presenciar los juegos olímpicos y apoyar a mi país Japón y de pronto me secuestran, disfrazan antes de tiempo para Halloween y encierran en una torre como si fuera Rapunzel. No se qué hago aquí, no tengo idea de donde está mi prometido y eso me angustia porque el bebe podría verse afectado. –Miente con tal desfachatez que las gemelas estarían orgullosas de ella.
-¿Bebé? –Ruge viendo su cuerpo esbelto.
Haruka observa su reacción, pero no le da tiempo de intervenir.
–Luego un loco que estudió en mi colegio está aquí diciendo que se llama Perkins cuando yo se que es Diamante Black y que me hizo la adolescencia difícil con sus acosos –Continúa con su monólogo comportándose como lo harían las gemelas Kou – Porque no perdía la oportunidad para intentar manosearme cuando fui novia de Darien y después de Seiya. –Advirtiendo la tez de Eros roja por la furia, usa la exageración como arma hasta que se le ocurra qué hacer para descubrir donde esta Seiya. - Estas esculturas y los cuadros son de mamá que se supone los vendió a un coleccionista y la porquería de peluca me da escozor y dolor de cabeza –Se la arranca descubriendo su cabello rubio –Si quisiera ser morena, me habría comprado un tubo de pintura –Termina arrojándola al suelo y mirando retadora a Eros.
Éste la observa con ojos entornados. Está seguro que la rubia es Eshe de Sakkarah.
-¿No lo recuerdas? –Pregunta dubitativo.
-¿Recordar qué? –Lo mira retadora –Quiero que me lleves a mi hotel en este instante con Seiya. –De pronto se hace la sorprendida -¡Ya lo recuerdo!
-¿Si? –Sonríe soberbio.
-Eres francés. Si recuerdo bien, eres el hijo del creador del evento de modelaje en que participé hace unos años.
Eros pierde la sonrisa.
-¿No recuerdas nada más?
-Si, en tu casa me robaron unos artículos personales muy valiosos para mí. Deberían estar mas pendientes con su personal –Mirándolo de pies a cabeza sale del salón –Tengo hambre, mi bebé exige comida.
Él maldice para sus adentros preguntándose por qué Haruka no recuerda su vida pasada. ¿Se habrá equivocado de mujer?
Tokio, Japón.
-¡Un momento! –Darien grita enojado ante los golpes insistentes en la puerta y el dedo que parece haberse soldado en el timbre –Van a despertar a… -Enmudece.
Sus padres, Rei y la madre de Serena se hallan en la puerta.
-¿Dónde está? –Un furioso Darien Armando lo empuja y entra al humilde apartamento.
-¿Quien llama a esta hora? –Serena sale de la recámara cubriendo su diminuto camisón con una bata de felpa rosa.
-¡Serena, hija! -Ikuko no le da tiempo de asombrarse. Aproximándose la abraza fuertemente.
-¿Cómo puedes ser tan irresponsable de escapar con Serena y no decirle nada a su madre? –Brisa palmea el brazo de su hijo mayor. - ¿Pensaron alguna vez en el dolor de ellos?
-Todos estos años engañándonos. De veras que me provoca golpearte esa cabezota – Darien Armando controla su ira.
Darien no sabe qué decir. Voltea a ver a su mujer.
-¿Has estado bien? ¿No te has enfermado? -Ikuko le pregunta a Serena que toca el corto cabello descuidado de su madre.
Rei aprovecha para inspeccionar el lugar. En sus locos sueños jamás imaginó a Darien viviendo en un humilde apartamento con muebles que alguna vez tuvieron buena vida. Todo está pulcro. Arquea una ceja al ver una sillita de comer y un caballito mecedora nuevos en un rincón.
Sigue con su revisión hasta que escucha al llanto apagado de un niño. Viendo que Darien y Serena continúan bajo los regaños y escrutinios de sus padres, abre la puerta de donde sale el sonido.
-Irresponsable nieto de tu arpía abuela –Brisa golpea a Darien con su bolso por una respuesta de este.
-¡No metas a mi madre en esto! –Darien Armando salta en defensa de la anciana.
-Houston, tenemos un problema.
Las palabras de Rei los hacen girarse para verla.
-¡Por las barbas de tu abuelo!
Una pequeñita pelirrosa juega con el cabello oscuro de la chica a la vez que se chupa el pulgar.
Los visitantes miran a la niña, a Serena y por último a Darien.
-Por todos los cielos –Ikuko reconoce en la niña a Serena de pequeña. Después de todo, su hija no abortó - ¡Mi nieta! –Exclama con voz entrecortada.
-Huimos porque no queríamos que papá acabara con la vida de nuestro bebé –Confiesa la rubia a sus pasmados suegros…
