Disclaimer: La mayoría de los personajes mencionados en ésta historia pertenecen a Akira Toriyama, la historia es mía y alguno que otro personaje por ahí también.

Advertencia: Lenguaje explícito y lemoncillo.


ENTREGA

Nave nodriza del emperador del mal

Regresaban con una gran ventaja hacia el planeta cuarenta y cuatro, los reyes de Kempell habían accedido a formar una alianza con él, si se hubiesen negado los habría asesinado, pero todo indicaba que también odiaban a esos monos tanto como él , la princesa se notó bastante dispuesta con ellos, era una maldita mujerzuela, ¿Cómo podría él tomar a una mujer? Las detestaba, pero al instante una sonrisa desquiciante emergió entre sus labios, la torturaría hasta causarle una muerte lenta, sublime e increíble, regresaba junto a su hermano Cooler y sus soldados élite, iba de muy buen humor, al fin sólo dos días debería esperar para poder ver arder aquel detestable planeta, su hermano quiso convencerlo de conservarlo, pero él había recibido una estricta orden del Dios de la Destrucción y debía de acatarla, sino el sería el asesinado.

Pero más allá del miedo que sentía sólo ante la presencia de Bills, antes que todo se encontraba aquel sentimiento mezquino y profano de la venganza, de todos aquellos años en que su familia se vio detenida en el tiempo por el miedo al súper saiyajin legendario, simples leyendas y chismes baratos. Tenía entre sus garras al saiyajin más poderoso y no mostró muestras siquiera de convertirse en el elegido, los monos que se encontraban en Vegetasei, eran incluso más débiles que Brolly , nada podría detenerlo ésta vez.

-Freezer, sigo creyendo que sería una muy buena oportunidad si conservaras el planeta Vegetasei intacto, a los monos podemos asesinarlos por diversión – Observó a su hermano mayor en uno de los asientos, miraba pacientemente hacia el espacio desde su ubicación, él no quería deshacerse del planeta, pero no podía hacerlo, debía borrarlo de la faz del universo.

-Lo reduciré a polvo, querido hermano – Le dijo un tanto incómodo – No cuestiones mis decisiones, ya lo he decidido – Fue apático, no toleraba la estúpida manera de ser del mayor, pero necesitaba su poder, ¿Qué más debería pedir? Una vez desaparecidos los monos, no habría nada que se interponga en sus planes, acabaría con su padre y su hermano sin problemas, él sería el amo y señor del universo.

-¡Cuando te encaprichas con algo, no existe quien te detenga!, pero está bien, honestamente ya necesito un poco de diversión, sabes que gobernar en M81 es demasiado aburrido, los seres que habitan esos planetas son extremadamente débiles y estúpidos, aquí sí que tienes bastante diversión – Bufó como si estuviese haciendo una rabieta.

-Pues esos monos son bastante fastidiosos, pero en fin una vez que los destruya pienso dar un paseo hasta Andrómeda, he escuchado que HIP presenta un magnífico clima – Respondió burlesco.

-No me llama para nada la atención, padre conquistó ese planeta hace muchísimos años, pero como no había nada de extraordinario, lo vendió a los zargeanos – Sonrió.

- Oh, eso quiere decir que ahora aquel planeta me pertenece, ya que yo los maté a todos – Decía burlonamente.

-¿Conquistaste a los zargeanos? – Se sorprendió, esa civilización era bastante avanzada y poderosa.

-Fue demasiado simple, en menos de dos días los desaparecimos – Sonrió maliciosamente ante los recuerdos de su sadismo – Eran sólo escoria.

-Me lo puedo imaginar, ¡bah! ¡Y yo en ese lugar tan aburrido! – Suspiraba abatido.

- Descuida querido hermano, pronto podrás divertirte con esos monos – Su risa desagradable y contagiosa se esparció por toda la nave, ambos hermanos reían ante sus planes, uno de los soldados de su ejército entró al área donde se hallaban y los interrumpió.

- Señor, tenemos una comunicación urgente del planeta cuarenta y cuatro – El soldado se notaba preocupado, pero Freezer no toleraba ninguna interrupción ni molestia.

- ¿Cómo te atreves a entrar de esa manera, acaso quieres morir? – Sonrió sádicamente.

- Deja que te pase la llamada, Freezer, puede ser importante – Intervino su hermano.

- ¡Como sea! ¿Qué demonios pasa? – Contestó de muy mal humor, escuchó la voz de otro de sus soldados del otro lado.

-"Señor, hemos tenido un gran inconveniente, el saiyajin que se encontraba en cautiverio, de un momento al otro explotó en rabia y destruyó la base principal, ha…escapado" – Escuchó la voz temerosa del soldado que acababa de firmar su sentencia de muerte.

-¡¿Cómo fue posible que lo dejen escapar?! Son unos ineptos débiles, ¡pero me encargaré de hacerles pagar! – Gritaba furioso, maldita sea. Su arma secreta, el maldito simio loco había escapado, ahora sí tenía serios problemas pues al mantenerlo encerrado había dado por terminado el pacto que tenían, debía cuidar sus espaldas.

-¿Qué está pasando Freezer? – Cuestionó su hermano mayor.

- El maldito mono loco ha escapado – Gruñía colérico – Malditos imbéciles, buenos para nada – Un fuerte estruendo resonó en el ambiente, Freezer había destruido la máquina de comunicación y había perforado el pecho del soldado que se atrevió a traer tan mala noticia.

- Nunca cambiaras – Le contestó divertido, no sabía por qué se alteraba tanto su hermano, ¿Acaso tendría miedo? ¿En el fondo de todo esto, Freezer tendría miedo de ser derrotado por un saiyajin?

Lo vio posicionarse nuevamente en su trono, mirando fríamente el firmamento, conocía esa mirada de odio y muerte, conocía más de lo que quisiese a su pequeño y caprichoso hermano, pero como toda maravillosa creación, no era ajeno a los sentimientos, aunque dañinos y malignos, los poseía.

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Planeta Vegetasei

Se arrepentía en el alma de lo que acababa de hacer, después de que sus ojos no contenían más lágrimas que derramar por él, en un fuerte impulso se dirigió hasta la habitación de Tarble, necesitaba sentirse amada, querida, se sentía estúpida pues se estaba comportando como una mocosa inmadura, pero ¿Qué importaba? ¿A quién le importaría lo que haga? Después de todo, sólo había un culpable y era él, ese insoportable saiyajin que se atrevió a despreciarla. Aquello lastimó su orgullo, nadie jamás la había aborrecido. Cuando vio al pequeño príncipe, no lo pensó dos veces y se abalanzó sobre él y lo besó, fue un beso desesperado, errático, frío, lleno de culpa y dolor, aquellos labios no le transmitieron nada, que vacía y absurda se sintió en ese preciso momento, no sintió absolutamente nada. Pero ¿Qué esperaba? Estaba actuando de manera equivocada.

Estaba arrastrando en ese absurdo juego de mentiras a un hombre que no le había hecho nada más que preocuparse por ella, ¿Qué debía hacer? No podía hacerle ese daño, se dio cuenta en ese entonces que jamás sentiría por él algo más que un cariño fraternal, si tan sólo uno pudiese elegir de quién enamorarse, maldecía su suerte. Incluso Raditz hubiese sido un buen partido, ¡pero no! Se tuvo que fijar en el más insoportable y desgraciado. ¿Algún día se perdonaría a sí misma por sus errores? Parecía nunca entender.

Tarble correspondió inmediatamente ese inesperado beso, colocó sus manos en su cintura y cerró apresuradamente la puerta, no pudo haber hecho peor cosa en ese momento, ella abrió los ojos ante lo que estaba haciendo, no debía de dejarse arrastrar por el odio, era una mujer madura, consciente de sus actos. Se separó bruscamente de él y lo miró a los ojos. Lo que vio en ese momento partió su alma en miles de pedazos, algunas lágrimas se asomaban en los orbes negros del saiyajin, ¿Por qué? ¿Qué estaba sucediendo?

-Bulma, te aseguro que es el día más feliz de mi vida – Las palabras de él terminaron por hacer añicos su corazón – Desde que te vi por primera vez supe que tú y yo estábamos destinados a estar juntos – La abrazó fuertemente, se aferró a ella como un pequeño niño asustado a su madre.

-Tarble…yo – No encontraba las palabras adecuadas para decirle que todo esto había sido producto de su impulsividad, que no existía un tú y yo – Tarble, perdóname por favor…esto no está bien, no debí de venir y mucho menos besarte, me siento tan tonta – Le confesó bajando la mirada, al instante las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, resbalando por sus mejillas.

- Tranquilízate – Tomó su rostro entre sus manos y lo levantó a la altura de sus ojos – Sé que quizás estás confundida ahora, pero te prometo que te ayudaré a que aclares aquello que sientes, no soy ajeno a tus problemas, Bulma – Le sonrió ligeramente y posó un suave y corto besó en sus labios – Sé que no es el momento, pero pronto te darás cuenta de que en verdad podemos tener un futuro juntos, lo sé.

No pudo evitar abrazarlo y llorar en sus brazos, cuanta verdad y mentira en esas palabras, ella sabía, algo dentro de su alma le decía que aunque quisiese jamás amaría a Tarble, jamás ardería su piel de deseo tan sólo ante el roce de su cuerpo. Tenía la completa seguridad de que no podía luchar contra sus sentimientos.

-Debo irme, gracias por…este momento – Le dijo mirándolo con los ojos llorosos, al instante salió apresuradamente de la habitación del príncipe pensando en lo que debería de hacer y una vez más se dirigió a aquel lugar que tan solitario y reconfortante era, allí podría jurar que en más de una ocasión sintió su presencia.

Quizás estaba loca, pero lo sintió, aunque sabía que no habría forma, ella soñaba con sus atemorizantes ojos atravesando su razón, derribando cada fortaleza de su alma y su cuerpo, él era capaz de desarmarla tan solo con una caricia y aquel era su mayor temor, había llegado demasiado lejos aquel sentimiento confuso e irracional.

Caminaba entre la oscuridad totalmente austera de aquel planeta, ya conocía el camino de memoria, no debía preocuparse por lo que suceda, estaba preparada para todo. Aceptaría con valor cual sea que fuese su destino, a lo lejos podía apreciar el reflejo del agua en aquel hermoso paisaje de árboles y plantas silvestres, el agua de aquel lago siempre estaba tibia por eso le gustaba nadar ahí , tenía un hermoso color durante la noche, reflejos celestes asomaban, era demasiado hermoso y tranquilizante estar allí, sola. Pero entonces una extraña aparición se posó ante sus ojos, en un primer momento creyó estar soñando, pero nunca el destino sabría por qué causaba éstas consecuencias tan sublimes.

El lujurioso paisaje susurraba su murmullo nocturno mientras lo vio caminar por aquellos senderos olvidados. Viendo la tierra erosionada por el paso del viento y de los años, pensó en aquellos que algún día pasaron con la suficiente frecuencia como para dejar un rastro en tan bello lugar y allí lo encontró. Si, en estos precisos momento, un sólo hombre sería capaz de atravesar aquella tierra, no pudo contener la sorpresa y tampoco aquel sentimiento tan extraño queriendo estallar en el interior de su corazón.

De pronto lo vio caminar hacia una de las orillas, parecía guiarla y en ese momento pensó que veía un espejismo. Había prometido a algún íntimo dios de alguna perdida mitología no cruzar palabra acerca de su destino en aquel planeta, manteniéndolo en el secreto. Se animó a caminar tras de él, sin importarle el lugar donde la llevase, se sintió hipnotizada por aquellos inquietos y profundos ojos oscuros, no le importó ni el motivo que lo movía a llevarla hasta donde sólo él sabía.

Caminó entre enmarañadas frondas siguiendo el rastro de un predecesor indeterminado. La bóveda celestial y oscura como su mirada se ocultaba de ellos tras las espesas copas de los árboles que, imperturbables, vigilaban detenidamente sus pasos. Estaba tan desorientada que sabía que subía cimas cuando el terreno ascendía y que bajaba a hondonadas cuando veía las raíces de los árboles sobre su cabeza, ¿A dónde la estaba llevando?. La guiaba a través de un laberinto de árboles y extrañas plantas que parecían cobrar vida propia.

-¿A dónde me llevas, Vegeta? – Detuvo su andar y cuestionó, ni siquiera sabía por qué lo estaba siguiendo.

- No tienes por qué saberlo, ¿Ya me estás siguiendo, no? Termina lo que empezaste –Le contestó y continuó con su recorrido. Aunque dudó por un momento, ¿Qué podía perder? El encontrarla por tercera vez en el lago no era una absurda casualidad, al volver a verla las respuestas se dibujaron en su mente.

Para ella, pareció que fueron horas las que permaneció en silencio, siguiéndolo por entre la naturaleza, andando entre tanto verdor, serpenteando entre el esplendor de la naturaleza nocturna. Por fin, tras unos arbustos, la claridad de la luna los enfrentó desafiantemente mientras sus pies se embarraban en unas tierras anegadas. Ante ellos, abriéndose paso entre las columnas naturales de madera que lo bordeaban, quedaba un caudaloso río que alimentaba aquel lago, iba estrepitosamente en busca del mar oscuro, ¿Acaso todo en este planeta era tan hermoso si era oscuro, como sus ojos?

Entonces no había soñado con su presencia, era verdad; él realmente había estado allí pero, ¿Por qué sus aguas, que acariciaban fieramente su lecho pedregoso, no le habían antes advertido de su presencia? Pareció haber oído su silenciosa pregunta y una sonrisa se esbozó en el rostro masculino a manera de idéntica respuesta.

Lo vio acercarse lentamente hacia ella y en vez de temer, sintió ansiedad, sintió aquel calor abrumador que jamás en su vida pasada había sentido, la tomó entre sus fuertes brazos y la levantó sin problemas, voló envuelto en aquella luz plateada derramándose sobre su piel, para ella fue la visión perfecta de algo que inalcanzable, ahora mismo estaba junto a ella. Avanzaron un trecho más a lo largo de la orilla del río hasta llegar a un verde pastizal, tibio como la humedad que resplandecía fruto el rocío y que tímidamente empezaba a sentir entre su zona más sensible, se sintió avergonzada, pero aquella imponente y varonil presencia no le era indiferente, él provocaba muchas sensaciones en ella y sabía que tenía conocimiento de eso. La colocó entonces sobre una roca que, sumergida en el agua, sobresalía al exterior su parte mayor. Continuaron en silencio. Él la miraba y ella a él. Sólo se oía el murmullo del río, las hojas apareándose con otras hojas, los insectos zumbando en busca de alimento. Parecía todo aquello un rezo orquestado por una misteriosa coincidencia natural. Tan sagrada esencia dimanaba de aquella majestuosa luna, que no se atrevieron, a pesar de su curiosidad, a violarla con palabras que, fuesen las que fuesen, sonarían obscenas en esos momentos, el silencio fue uno solo y eterno.


POV VEGETA

Confiado de haber vivido todo, de creer que me faltaban pocas cosas por experimentar me quedé en un letargo en esa angustiante noche, en una zona de confort sin darle más rienda suelta a lo que mi instinto animal asomaba; dediqué parte de mi tiempo y de espacio sólo a contemplar e idealizar que lo que por mi vida se había cruzado era suficiente y que nada más podría llenarme de placer, lujuria y locura.

Pero tuve que conocer a ésta mujer, una terrícola que aunque a primera vista estaba un poco loca, con el tiempo iba despertando en mí las sensaciones más lujuriosas que me ha otorgado la vida; fue entonces cuando empecé a pensar diferente y decidí emprender la huida a un paraíso terrenal, ¿Si Freezer me asesinaba, qué quedaría de mí? Decidí al volver a verla ante mí, que hoy sería quizás la última vez que me mezclase con ella, decidí seguir adelante con mis deseos y sé que también los tuyos, mujer.

Empecé por mirarte fijamente, a decirte en pensamientos que la sonrisa que tienes es endemoniadamente sugerente y que tienes algo que no sé qué es que se ha encargado de que me interese en ti. Pero en la profundidad de mi mente, en mis pensamientos más oscuros pensaba en desnudarte y comerte a besos porque me parecías tan atractiva como inteligente, una mezcla perfecta para cumplir las fantasías más osadas que en mi cuerpo quería sentir. Hacerte mía, hacerte mi mujer era mi objetivo de fondo, aunque en la superficie no se notara mucho, porque jamás fui bueno demostrando lo que deseaba tener, no así, no de ésta manera.

Entonces noté que tu mirada también se agudizaba cuando de mi boca salía algún comentario que no esperabas, alguna frase mal intencionada que lo que quería era ubicarte en un contexto donde pensaras que sería un buen momento para ti, para escapar de mi avance y me dieras una estocada de realidad y detengas aquella entrada para poder arremeter contra ti y desgarrarte la ropa para poseerte. Pero no lo hiciste, no huiste, no te quejaste, al contrario de lo que esperaba me abriste la puerta, recordando que poco a poco fuiste dejando ver tu verdadero interior y cada día que pasaba se convertía en una meta más alcanzable el que estuvieras rodeada de mis brazos y ardiendo de placer con cada beso, en mi mente, te dibujaba así, sólo mía.

Noté entonces que eras una mujer que lograba encender mi cuerpo a niveles insospechados, que me apoyaras en cada frase loca que se me ocurría contra mi padre o el reino, me hacía pensar que cada encuentro íntimo entre los dos sería como un carnaval lleno de olores, sabores y movimiento únicos. Y efectivamente era así; con el paso de los minutos no quedó más que demostrarnos esas ganas de devorarnos que teníamos, de quitarnos la ropa que nos incomodaba y someternos el uno al otro en una intensa batalla cuerpo a cuerpo, donde lo único que prevalecía eran orgasmos mágicos y el éxtasis embriagador de que estábamos haciendo el amor como dos locos a los cuales el mundo se les iba a acabar, quizás pronto.

Empecé por besar tu boca tibia, suave, tu lengua en una lucha encarnecida con la mía decía en voz baja aquí estoy, lléname de ti, hazme tuya…tu saliva y la mía humedecían no solo nuestra bocas sino también nuestros pensamientos. Las caricias empezaron a hacerse fuertes, tus brazos rodeando mi cuello y los míos rodeando tu cintura, nos sumergían en un exótico baile sin música donde lo único que sonaba era nuestro corazón al unísono, me siento estúpido al decir esto, pero así lo sentí. Sincronizada nuestra respiración y con las manos llenas de ese temor por lo desconocido y al mismo tiempo expectantes por lo que iba a suceder nos empezaron a sudar y para secarlas no quedó más remedio que tocarnos, agarrarnos, amasarnos fuertemente…empecé con tus senos, aunque tocaba por encima de la blusa ya me invitaban a que los besara y los lamiera para certificar que siempre serían míos; tú no te quedaste atrás agarraste por encima del spándex mi miembro ya endurecido y sentí que al apretar querías que entero estuviera dentro de tu cuerpo…ya no aguantábamos más.

Te desgarre la blusa, te quite la ropa que llevabas debajo y empecé una sinfonía de caricias y besos en tus pechos, los pezones turgentes de tus senos ya mostraban el grado de excitación que tenías y al rozar mi lengua un poco agresiva sobre ellos, acompañados de una suave succión y un pequeño mordisco erizaban tu piel al punto que querían desprenderse de tu cuerpo y unirse al mío, me dije a mi mismo en ese momento, entonces no me equivoqué al haberlo decidido, esto era demasiado bueno como para seguir reprimiéndome el entrar en ti.

Con tus manos seguías acariciando mi miembro, que ya estaba duro y a punto de estallar, con tu lengua seguías humedeciendo mi locura, hasta que por fin motivado por ese instinto de macho enjaulado tiré de tu pantalón y en un segundo metí la mano en tu entrepierna y sentí esa gran humedad que sublimaba aromas y fluidos aptos para que mi ser los disfrutara, me aguanté las ganas de lanzarme sobre ti y mentalicé en alargar un poco más tu agonía, algo que lleve tu lujuria al infinito; pasé entonces mis manos por tus nalgas y las apreté, sé que te enorgulleces de ellas ya que las mueves de un lado al otro cada vez que te veía caminar, la única diferencia era que ya estaban al aire libre y eran todas mías.

Tomé tus manos, las puse en mi cabeza y de una manera sutil pero como si me obligaras hice que me dirigieras directo a tu secreto, fue entonces cuando empezó la sinfonía que podía escuchar dentro de mi mente. Mientras acariciaba tus muslos rígidos de placer, mientras gemías como animal en celo, empecé con mi lengua a lamer lentamente tu clítoris, poco a poco se fue humedeciendo y a medida que avanzaba con la rapidez que mi lengua podía dar, más gemías, más sentía tu humedad, sin opciones de cómo defenderte metí uno de mis dedos en tu interior y lo movía ondeante buscando el punto exacto donde explotaras y así pasó un tiempo, lamiendo, revoloteando astuto mi dedo…pero parecía no ser suficiente con eso, metí otro dedo más y en ese momento te sentí enloquecer y pedías que te hiciera mía.

"No aguanto más", te escuché decir…pero no, ¡Aún no era hora!; ésta vez otro dedo se introdujo dentro de ti y ya no aguantabas más; aceleré el paso de mi lengua pervertida por tu clítoris mientras mis dedos entraban y salían como queriendo dejarte sin aliento y saciada hasta el cansancio y de un momento al otro estalló eso que llaman orgasmo y tus ojos se llenaron de luz y tu gemido se hizo intenso y largo, tu cuerpo empezó a temblar como si tuvieras frío y en voz baja decías.

-Me encanta, me fascina, hazme tuya Vegeta, por favor –suplicaste.

Y tu interior aunque cansado estaba presto para lo mejor y pedía en su inmensa excitación y su extremada humedad que te tomara porque a estas alturas, ya me había convencido de que serías siempre mía.

Con mi boca llena de tu esencia, te agarré el rostro y sin saber por qué te besé, para que sintieras que eso que emanaba de ti era el inicio de una larga noche, porque se aproximaba una magnifica explosión de placer. Mi agitado cuerpo quería volverse uno solo contigo, ya quería y necesitaba estar dentro de ti descargando toda mi excitación, así que sin más acomodé mi miembro impaciente entre mis manos y suavemente introduje el inicio en las puertas de tu húmedo interior, poco a poco fue entrando hasta que tu pelvis y la mía estuvieron completamente alineadas, empecé entonces en un movimiento similar a las olas del mar, a entrar y salir de tu cuerpo, a subir y bajar, a gozar y hacerte mía.

Con tus piernas levantadas hasta la altura de mis hombros sentía que te estaba penetrando hasta lo más profundo del alma, de un momento a otro el movimiento cambió con un agitado cambio de ritmo, te tomaba como si nunca hubiese tenia a una mujer entre mis fauces, fue entonces que tu respiración se tornó gruesa y ya las gotas de sudor recorrían todo nuestro cuerpo, estábamos sumergidos en ese vaho prodigioso lleno de pasión. Tus pechos danzaban al ritmo de nuestras caderas y me incitaban a masajearlos a morderlos y a lamerlos sin reparos…seguí con aquel movimiento clavado a tu cuerpo y en un segundo y sólo guiado por el ritmo de tu corazón noté que estabas a punto de estallar en un orgasmo, fue ahí cuando empujé con fuerza hasta el fondo de tu ser y sentí como tu interior me regalaba ese vital fluido que es el punto máximo de la lujuria.

Explotaste en un intenso orgasmo y con los ojos destellando aún lujuria decidí aprovecharme del momento; te agarré por la cintura y volteé tu cuerpo y comencé a deleitarme con ver esas majestuosas caderas, quedaste tendida sobre la roca y envuelta entre la oscuridad dándome la espalda, nuevamente apunté mi miembro y ésta vez lo introduje sin avisarte, saltaste de placer y empecé con movimientos rápidos a penetrarte, esa sensación de las paredes de tu interior apretándome y mi pelvis golpeándote fue fantástica, te agarré del cabello y te obligué a que me dijeras que eras mía, sabía que lo disfrutabas, jamás te habían hecho sentir de ésta manera y no te molestabas en ocultarlo.

En un juego de palabras obscenas me fui volviendo agresivo hasta el punto en que doble tu largo cabello azulado con la mano y tire de él tan fuerte que casi tu cabeza pega en mi pecho…te mordías los labios y entonces noté que estabas a punto de llegar a un orgasmo nuevamente, tomé mi mano izquierda y levante tu pelvis, con mis dedos acaricié tu clítoris empapado y con movimientos circulares empecé a darte placer…por un lado mi dedo te masajeaba, arrancando gritos placenteros y por otro lado gozabas sintiendo como entraba y salía de ti, queriendo lograr que jamás olvidases que eras mía, que nadie más podría poner una sola mano sobre ti si no quería perder la vida.

Eres mía mujer, sólo yo puedo poseerte.

Sin poder contenerme por más tiempo acaricié el momento del orgasmo, ésta vez más intenso, se te cortó la respiración, se doblaron tus parpados, haciéndome saber que ya estabas extasiada de placer. Pero aún faltaba más, decidimos sin decirnos nada que te colocaras en una posición muy particular y que yo como hombre, debo admitir que me agrada mucho, esa posición en cuatro patas que da la sensación de dominio y sumisión. Fue entonces que saqué más fuerzas de mi interior y con el vaivén de tus pechos me fuiste llenando de locura…ya sentía que estaba próximo a explotar, el hecho de tenerte sometida ante mí, de espaldas con el pelo agarrado y con la otra mano palpando sus caderas hizo que de mi deviniera esa actitud de perversión que solo en los casos más extremos aparece…te hacía mía con todas las fuerzas que quedaban en mí y en ese deleite de pasión te decía que eras mi mujer, que eras mía, para siempre mía…tú me decías que sí…metí los dedos en tu boca y sentí como me transmitías con tus mordiscos y lamidas el placer que te llenaba.

Algo en mi interior se aceleró, la respiración fue tornándose agitada, jadeaba y sudaba, mientras mis manos apretaban con más fuerza tus caderas y en una explosión que jamás había experimentado, me desparramé dentro de ti y grité con fuerza, no pude contenerlo.

No sé qué demonios me pasó en ese momento pero…quería llorar, quería reír, no sé qué me sucedió pero me quedé en un estado tan surreal, sólo te tomé fuertemente aún de espaldas y te aferré a mí, te besé una vez más aún contra mi voluntad y te dije que eras mía, que siempre serías mía.

FIN POV VEGETA


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Holaaaaaaaaaa jajaja sé que quizás muchas de ustedes no esperaban actualización tan rápido, pero tengo que decirles que estaba inspirada u.u

Sólo espero que no haya sido taaaan vulgar este momento, no sé…a mí me gustó :P

Sin más que decirles espero que haya sido de su agrado yyyyyy graciassssss por sus reviews en el capítulo pasado, gracias linduras!

Ina! Bienvenida linda! Y gracias por darte el tiempo de leer 3 Besos hermosa.

Abrazos y besos infinitos para todas y cada una de ustedes, cuídense mucho y nos leemos muy pronto, Au revoir!