Una extraña luz que solo Jedite puede ver, ilumina el sendero facilitándole las cosas. Los granos de arena se unen en una sólida superficie evitando que las llantas se hundan en las dunas.
-Esto es extraño -Murmura atento a la luz. Las respuestas a sus plegarias fueron escuchadas.
Mientras tanto, Seiya sujeta a Haruka desde atrás.
-Eshe -El calor de la fiebre traspasa la ropa de la rubia. -Dime qué te hicieron en ese lugar.
Jedite deja de ver el camino un instante para contemplar la silueta de la rubia.
-¿La torturaron?
-No lo sé. -La sostiene fuertemente contra el asiento.
Jedite imprime velocidad al vehículo.
-No permitas que se duerma -Grita a su amigo. –Si lo hace, tú también caerás en el letargo y no podré ayudar a ambos.
Continúan a toda velocidad. Seiya susurra palabras de ánimo a su prometida, suplicando en su interior que esa no sea su última noche, mientras Jedite conduce hacia el camino misteriosamente iluminado.
-¿Ves las luces de la ciudad? –Pregunta preocupado. Haruka arde.
-¿Qué? –El rubio no comprende en qué dialecto habla. –No es hora de juegos, Kendrick.
-Eshe… Resiste hasta que lleguemos a un hospital. –El moreno comienza a sentirse débil. –Vamos a lograrlo. Nos casaremos y tendremos esos tres hermosos niños que aguardan por nosotros.
Su fe por ese futuro comienza a debilitarse a medida de que su vista se torna borrosa y afloja el abrazo.
-Estúpido Kendrick, no te duermas –Jedite grita furioso. –Cuéntame qué pasó desde que los dejara en el hotel. –Ordena en un intento por mantenerlo despierto, descubriendo un jeep metros adelante. –Solo espero que no sean… -La luz que lo guía se apaga de repente.
Sus gritos y los de Seiya se ahogan dentro de la fosa donde caen…
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-¿Escuchaste algo? –El hombre asustado se cuelga de la mujer que camina frente a él.
Michiru se sacude de su fuerte agarre e ilumina la gruta que dejaron atrás.
-Solo son momias sedientas de órganos frescos. Sus cuencas vacías te observan.
Haroto va a gritar, enarcando las cejas al darse cuenta del chiste.
-¿Cómo me pueden ver si no tienen ojos? –Pero mantiene su vista al frente temeroso de que hallan monstruos a su espalda.
-Necesito una mano –Sitti ha hallado una segunda puerta más pequeña que la anterior.
-¿De la momia que está detrás? –Michiru bromea.
-Preferiblemente alguien vivo y con más fuerza que yo ofrece el cuchillo –Responde mientras lee las inscripciones. –Tres y no dos descansan en este lugar. Mi corazón me guiará a tomar la decisión correcta y alcanzar la mano del amor que Maat eligió para mí.
-Comienzan a cansarme estos acertijos –Cojeando, Haroto toma la daga -¿Qué tengo que hacer?
-¿Ves esa rendija? –Señala una minúscula línea apenas visible en la piedra. –introduce la hoja y luego empuja con fuerza hacia dentro.
-Espero que no existan escarabajos hambrientos detrás de esta pared. –Gruñe intentando en vano de introducir la lámina -¡Mier…! –Gira asustado debido al ruidoso eco.
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-"Despierta Ptahhotep. Has sido engañado por Eshe y ha escapado con el campesino".
Eros salta de la cama y, tomando un arma corre hacia la celda donde ordenó encerrar a Seiya.
-¡Abdulah! –Llama a gritos a Diamante cuando descubre que la prisión está desierta. ¡Abdulah! –Corre escaleras arriba en busca de Haruka. -¿Dónde está Eshe? –Exige al llegar a la alcoba.
- Escapó. –Expresa temerosa una de las doncellas de Haruka. -Abdulah y otros sirvientes persiguen a la princesa y el prisionero.
Lanzando un grito desgarrador, Eros dispara en todas direcciones. La mujer logra salvarse lanzándose detrás de un sofá.
-"Sigue mi rastro y te guiaré" –La voz espectral de Anubis lo detiene –"Han profanado el lugar donde descansan los cuerpos de la princesa y tuyo. Si los separan morirás"
-¿Qué hago?
-"Mátalos y destruye el cuerpo de Adom para que la princesa sea tuya para siempre".
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Jedite lleva su mano a la cabeza.
-¿Están bien…? –Aturdido voltea hacia sus amigos sin hallarlos.
-¿Quién te regaló la licencia de conducir? –Protesta dolorido Seiya, dos metros delante del vehículo –Si le hiciste daño a Eshe…
-Adom… - Haruka susurra desde el asiento trasero -¿Tratas de matarme?
-Fue culpa de Jedite, pero sirvió para que reaccionaras.
-Por nada –Expresa sarcástico el rubio sacando una linterna de la guantera –Y por si no lo han notado, estamos en un hueco.
-Gracias a ti –Ayudando a su novia a salir del vehículo, se cerciora de que no haya sufrido daño.
-En lugar de discutir, deberías ayudarlo a buscar una salida. –Débil y hambrienta, Haruka opina –No he comido nada desde la mañana. Y podría beberme toda el agua del Nilo,
-Tendremos que buscar una salida para cumplir tu deseo, mi amor –Observa sobre su cabeza –Pero no será por el lugar donde caímos –Le maravilla no haber sufrido ninguna lesión luego de tan atroz caída.
-El único lugar posible es por allí. –Jedite ilumina la gruta.
-Andando –Temblorosa, la rubia le quita la linterna precediéndolos…
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-¿Escucharon eso o me dirán que es el resultado de mis miedos? –Haroto tiembla.
-Pueden ser ratas –Michiru se infunde valor.
-No eran chillidos –El miedo obliga al hombre retomar la labor más afanoso –Fue algo peor.
-¿Crees que las momias están volviendo a la vida?
Haroto odioso la mira.
-Pienso más en saqueadores de tumbas que no dudarán en eliminar testigos y llevarse el botín. Y más que nuestras vidas, me preocupo por el destino de los restos de la princesa que hoy es mi hija.
-Nuestra hija –Corrige Michiru.
Por fin se escucha el sonido de la roca cediendo después de milenios.
-Apártate –Sitti jala al hombre en el momento en que un fuerte soplido sale por la apertura –La mayoría de contacto con enfermedades resistentes por parte de arqueólogos y saqueadores ocurre al inhalar este aire contaminado de esporas bacterianas contenidas en las tumbas selladas.
-Gracias por salvarme –Haroto no piensa ser huésped de ningún virus. Tomando el control de la linterna ilumina por la rendija –Veo una cámara no muy grande. –Ilumina el suelo –Oh.
-¿Ves algo más?
- El suelo parece estar cubierto por una alfombra de cadáveres.
-Los sirvientes de los príncipes. –Confirma la mujer.
-Uno de esos cuerpos debe ser el de Abby –Michiru teoriza.
Haroto mueve la piedra un poco más, hasta permitirle el paso.
-No debemos molestar a los muertos –Sitti busca por donde pasar hasta la siguiente cámara –Podríamos perturbar su descanso y poner en peligro el retorno de Masika.
El sonido de huesos chocando le dice a Haroto que su peor pesadilla está a punto de hacerse realidad.
-Seremos alimento de momias zombi.
Michiru pone los ojos en blanco.
-Esto le pasa a la gente que se la pasa viendo series y comics de muertos vivientes.
-Lamento decirte que no es producto de su mente enferma –Sitti da un paso atrás –Anubis ha enviado a sus sirvientes para evitar que separemos a Eshe del infame Príncipe.
-¡Te lo dije! –victorioso el rubio grita –Estos seres vienen por tu cerebro.
-Cuando regresemos a casa, dormirás en el sofá –Dictamina Michiru preparándose para pelear contra los muertos…
-.
Abby avanza entre un mar de almas perdidas. Los chillidos y lamentos llenan el espectro y entenebrecido ambiente de ultratumba. Ella nunca estuvo allí porque Maat la arrebató en el momento en que su alma abandonó el cuerpo de Masika.
Habría muerto de nuevo de haber sido castigada en el Duat.
-La princesa no pertenece aquí. –Cerrando sus ojos, se deja levitar hacia el único lugar silencioso.
Eshe, digna y con innegable porte real, se halla de espaldas. Ataviada con un delicado kalasiri y una saya adornada con piedras preciosas, se mantiene inmóvil viendo las almas que arden sin consumirse. Abby observa conmocionada el grillete en su cuello unido a la cadena de platino. Siguiendo la atadura, alcanza a ver a Ptahhotep del otro extremo enterrando la cadena en su pecho atravesándolo por la espalda.
-Esto es tener la mente enferma –Murmura asqueada. Contempla la gruesa cadena preguntándose qué puede usar para desprender el grillete del cuello de su ama. –Maat, creo que necesitaré refuerzos.
Ptahhotep se paraliza girando su rostro hacia Abby. Por suerte para ella, él no tiene ojos. Deberá ser más cuidadosa para no descubrir su presencia ante ese lunático.
Sorteando algunas trampas serpientes, logra llegar hasta los pies de Eshe. Igual que Ptahhotep, ella está ciega y muda pero ladea la cabeza extendiendo una mano en dirección a Abby.
-Estoy aquí para salvarla y llevarla con Adom –Musita junto a su oído al tiempo que toca el grillete buscando una posible cerradura.
Repentinamente es sujetada por el cuello y levantada del suelo. Horrorizada observa el rictus asesino de Ptahhotep…
