Penúltimo Capítulo
Los esbirros de Eros contemplan pasmados la transformación que ha sufrido el hombre. Su piel pálida ha tomado un color aceitunado, los ojos plateados son tan fríos como el acero, pero su ropa…
No habían visto tal riqueza en un traje antiguo.
Ni siquiera los arqueólogos o ladrones de reliquias han hallado nada tan magnífico como el uniforme de lino blanco, el nemes azul y amarillo (símbolo de la nobleza) y la bordada capa; el enorme anillo en su dedo índice está adornado con una enorme turquesa.
-Hallamos esto en un bolso – Diamante le muestra el pasaporte de Michiru – También hay otras pertenencias.
Ignorando lo que se le ofrece, el príncipe observa a su alrededor. Puede sentir la presencia de su princesa.
-Hay una soga atada al jeep –Otro esbirro ilumina con una linterna la oscura fosa –Hay otro vehículo en la caverna.
Rápidamente Ptahhotep se aproxima…
-¿Si hacemos el tin Marín atinaremos? –Haroto apunta a uno y otro sarcófago.
-No es momento de jugar –Michiru está cada vez más nerviosa.
Eshe observa a su alrededor, preguntando algo, a lo que Sitti le da una respuesta que hace que los amantes eternos preocupados crucen miradas.
-¿Qué sucede?
-Preguntó por Masika y le dije que está en el otro lado rescatando la otra mitad de su alma. No podía mentirle –Justifica. Mientras Adom y Eshe se reúnen en un rincón de la cripta, Sitti platica con el padre de la princesa.
-¿Vamos a quedarnos aquí o arriesgarnos? –Haroto le pregunta a su esposa –Tengo más de doce horas que ingerí mi última comida y sabes que no debo saltarme las comidas. –Descubre al príncipe señalarle el sarcófago de Eshe -¿Qué dice?
-Acaba de darse cuenta que hay una escritura rústica al pie del sarcófago de su hija.
-¿Dónde? –Michiru se agacha iluminando la base de piedra. –Sí, -Toca suavemente el relieve -¿Qué dice?
Sitti se ubica a su lado.
-"Mi corazón está a la diestra del horizonte donde la oscuridad engulle al sol."
-¿Qué? –Desconcertado, pregunta Haroto.
-¿Qué significa eso? –Michiru recorre cada figura.
-¿No pueden decir que mi amigo está a la derecha y el desubicado Ptahhotep a la izquierda o viceversa? – Estalla Jedite. -¡Tienen que hacer de lo fácil, algo difícil!
-Concuerdo con el mocoso –Secunda Haroto. –Por eso creo que su civilización se vino abajo; porque no sabían dar mensajes.
Michiru pone los ojos en blanco.
-¿La idiotez viene insertada en el cromosoma Y?
-Podría ser en el X –Contraataca su marido.
-Por si no está al tanto, señor Tenoh, nosotros también tenemos un cromosoma X. –Advierte Jedite.
-¿Alguna duda sobre la idiotez masculina? –Michiru enarca una ceja.
-Tengan paciencia –Sitti recomienda antes de volverse y platicar con los cuatro seres especiales. Pesarosa se vuelve hacia Michiru –Los príncipes no tienen idea de quién talló el sarcófago.
-Pudo ser alguno de los esclavos sacrificados – Murmura Haroto.
-Es mi hipótesis –Sitti asiente.
-Y los destruimos a todos. –Gruñe Jedite.
-¿Al menos pueden traducirnos su significado? –Michiru esperanzada pregunta.
Sitti vuelve su atención a los príncipes, luego de citarles el acertijo espera calmada mientras sus acompañantes desean gritar para que los tranquilos espectros que platican entre sí, se apuren a dar su respuesta…
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-Hay varias grutas –El aterrado asesino anuncia a Ptahhotep.
-¿Ya fueron a inspeccionarlos? -El príncipe pregunta en la antigua lengua sin dejar de ver el vehículo estrellado.
-Me tomé la libertad de enviarlos.
Ptahhotep gira para observar al sirviente. Diamante ha reducido su estatura, es delgaducho y su rictus amargado lo hace parecer que tiene más de cuarenta años. Su piel aceitunada se arruga en el cuello y la frente, los ojos pequeños y oscuros están muy separados haciéndolo desagradable a la vista. Pareciera ver la faz de una serpiente.
-"Es un traidor, quiere a tu princesa".
La voz tenebrosa susurrante solo puede escucharla él, le hace entrecerrar los ojos y prestar más atención al hombre. Diamante aprieta y afloja la empuñadura de su daga como si se estuviera conteniendo para no atacarlo.
-Ve delante de mí, esclavo. –Observa detenidamente su tensión y duda antes de inclinarse reticente.
-Si, amo.
En el instante en que se gira, Ptahhotep desenfunda su espada adornada con piedras preciosas y de un solo desliz le corta la cabeza.
El grito desgarrador del otro esbirro al ver la cabeza rodar hacia sus pies recorre cada gruta.
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-¿Qué fue eso? –Jedite gira impresionado hacia la entrada de la tumba.
-Pareció una mujer gritando. –Michiru se asoma afuera.
-O un animal que desollaron vivo. –Haroto esconde su temor en el chiste.
Sitti platica con Adom y Eshe.
De pronto, la princesa se tambalea y hubiera caído de no ser por los brazos fuertes del soldado.
-Por favor Abby, -Susurra Jedite al ver que Adom también pierde fuerza –Libera la otra mitad de Eshe y regresa a mí con vida.
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Eshe y Abby jalan con fuerza de la cadena sin lograr desenterrarla un milímetro del pecho de Ptahhotep.
-¿Cree que haciéndole cosquillas afloje algo? –Abby intenta mantenerse de buen ánimo.
La princesa observa a su alrededor.
-Debemos cuidarnos de Apofis. Cada noche que Ra lo derrota viene a devorar almas que no han logrado cruzar a la eternidad.
-¿Si se alimenta de Ptahhotep sufrirá indigestión?
-Si nos devora nos perderemos en la oscuridad de su interior. Adom me espera y no estoy dispuesta a renunciar a volverlo a ver.
Abby piensa en Jedite. Cuando vivió en el cuerpo de Bruce, ella lo amó más que a su vida.
Por el rabillo del ojo derecho observa a varias figuras acercarse.
Temerosa de que sean antiguos esclavos, protege a Eshe sin soltar la cadena.
-No temas Masika. Maa't nos envió a ayudarlas para permitirnos acceder a la vida eterna.
Abby reconoce a las sirvientas de los padres de Eshe.
-¿Por qué se tardaron?
-Anubis nos puso algunos obstáculos que tuvimos que sortear.
-¿Ayudarán a liberar a la princesa o se quedaran platicando de lo maravillosa que es la muerte?
-Ayudaremos.
Ptahhotep emite un rugido feroz.
-¡Son unas malditas esclavas que deben obedecer mis órdenes!
-No tienes club de fans en este lugar –Replica la gimnasta. –Aquí solo hay gente que te odia. –Voltea hacia las otras mujeres Ahora chicas, demuestren que tuvieron ovarios y aplastemos a esta bacteria –Todas, incluida Eshe la ven sin comprender –La bacteria es él. –Señala a Ptahhotep.
-¡Ah! – Asiente juntas.
-¿Cómo lo aplastaremos? –Cuestiona una de las mujeres. –Es más fuerte que nosotras y no podemos faltarle el respeto.
-De haber nacido en mi tiempo, hubieras buscado de marido a un golpeador. –Gruñe Abby.
-Dinos qué hacer.
–Jalemos la cadena hasta arrancarla de sus entrañas.
-¿No es más sencillo quitarme esto? –Eshe señala el grillete en su cuello.
Abby estudia el diseño del pesado y dorado artefacto. Observa a su alrededor buscando algo que sirva de llave para la extraña cerradura octagonal. Su vista se fija en la gorguera del príncipe. Una estrella de ocho puntas adorna el centro.
Piensa que acercarse a esa bestia será un soberano suicidio, pero su meta es salvar a la princesa.
-Bien pensado –Consiente la chica –Mientras unas distraen a Ptahhotep, otras nos pondremos manos en su gorguera y luego atacaremos el cuello de nuestra adorada princesa.
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-Eshe –Adom respira con dificultad –No nos dejaremos vencer.
-No lo haremos, mi amor –Sudando dolorida, la joven princesa acaricia el rostro masculino con la mano temblorosa. –Tendremos los hijos que Maa't nos prometió.
Sitti los contempla preocupada.
-Debemos descifrar el acertijo para salvarlos.
-"Mi corazón está a la diestra del horizonte donde la oscuridad engulle al sol." –Repite Haroto en vista de que Michiru vigila a su hija. -¿La oscuridad engulle al sol?
-El poniente –Interviene Jedite –El sol se pone por el occidente.
-Bien, "mi corazón está a la derecha" –Sitti murmura.
-Si nos ponemos frente al occidente, la derecha será el hemisferio norte –Susurra Michiru entre lágrimas. -Adom es el corazón de mi hija y está en el sarcófago al norte de esta tumba.
-Podemos deducir que el príncipe del terror está al sur –Indica Jedite. – ¿Dónde queda el sur?
-Veamos -Haroto busca en su teléfono. –Rayos, en este pequeño espacio no hay señal.
-Esta tumba fue tallada en las roca con la puerta de entrada hacia el nacimiento del sol para que La princesa caminara con Amón Ra hacia la luz del más allá. –Sitti traduce lo que el resucitado padre de Eshe le dice -¿Recuerdan la inscripción en la entrada? "la princesa que caminó con Amón Ra".
-Según la mitología, Eshe partió en busca de Ra caminando por el desierto –Solloza Michiru acariciando el rostro febril de su hija –La puerta está dirigida hacia el oriente y los pies de los difuntos están en dirección del alba.
-Desde que los chicos tuvieron el primer sueño hemos estado aprendiendo mucho de Egipto -Justifica Haroto.
-Eso quiere decir que Adom descansa aquí –Jedite Señala la tumba de la derecha.
-Vamos por esta. –Haroto señala la tercera.
El otro padre de Eshe se une a los dos vivos para ayudarlos a mover la piedra.
-Esta tapa es muy pesada –bufa Jedite cuando apenas logran moverla unos centímetros.
-Así de pesado era el fulano –Gime Haroto empujando con fuerza hasta dejar caer la piedra –Esto es una broma –Respirando con dificultad observa dentro del sarcófago.
-¡Lo parta un rayo! – Brama Jedite.
Una segunda piedra está colocada dentro del sarcófago.
-La próxima vez que profanemos una tumba, recuérdenme traer palas, picos y dinamita –Jedite se trepa dentro, sentándose en el borde –A la cuenta de tres subimos esta cosa.
-Mi espalda se resentirá conmigo desde hoy –Se queja Haroto.
Sitti se ubica en una esquina para asistir a los hombres. Michiru y la otra madre de Eshe se mantienen con los jóvenes vigilándolos.
-Uno, dos… tres.
Todos suben la tapa del ataúd, descubriendo una tercera más delicada y hecha de oro con apliques de lapislázuli, ocre y negro.
-Me recuerda a las muñecas rusas – admite Sitti.
-No se parece en nada a Adom, por lo que definitivamente es el fulano. –Jedite observa la majestuosidad de la última cubierta.
-No cabe duda de que el tipo era atractivo –Haroto contempla la máscara dorada maquillada para semejar el rostro de Ptahhotep. –Pudo fijarse en otra mujer que lamiera el suelo para él y dejar a mi bebé en paz.
-Haroto, nuestra niña perdió el conocimiento – Lamenta Michiru.
-Retiremos esto y quememos el cuerpo. –Sugiere Sitti, viendo que Adom sigue despierto.
Rápidamente, los cuatro se ponen a la obra, descubriendo el cuerpo momificado.
-Retiro lo que dije de atractivo. –Haroto ilumina el cuerpo -Esto es puro estiércol.
Pese a que el cuerpo está unido por los vendajes, se puede apreciar a simple vista las secciones de desmembramiento.
Sitti retira la cubierta de gasa
-Necesito la antorcha. –le pide a Jedite.
-Olvidé los malvaviscos y las salchichas. –El rubio le ofrece el asta encendida, apagándose en el acto por una ráfaga de aire. -¿Quién abrió la ventana?
-Aquí no hay ventanas. –Anuncia una voz chillona.
Todos voltean hacia la puerta encontrándose frente a frente con Ptahhotep y varios secuaces.
-He venido por mi princesa. –La voz profunda de tenor de Ptahhotep les eriza los vellos de la nuca.
-Un excremento atractivo –Sitti le dice a Haroto.
Jedite pone los ojos en blanco.
-Los malos se quedan con las tontas.
Adom se incorpora, escondiendo de su enemigo la debilidad que siente.
-Eshe no es ni será tuya jamás.
La risa sepulcral de su contrincante asusta aun a sus esbirros.
-Pobre campesino. Todos los siglos que han pasado y no has entendido que eres sangre sucia indigna de la hija de Ra.
-Mi sangre es más limpia que la tuya porque en ella hay amor y bondad.
Ambos se mueven midiendo sus fuerzas mientras el resto los rehúye.
Sitti traduce a sus acompañantes lo que los guerreros dicen.
-¿Acaso Ra sería inmisericorde para dar destino más cruel a una hija suya? No lo creo, por eso ha permitido que Maa't nos bendiga.
Las aletas de la nariz de Ptahhotep se mueven repetidamente.
-Maldita escoria del desierto. Te enseñaré a ver cuál es tu puesto. No te mataré porque sería demasiado sencillo. Pero mutilaré tus brazos y te encadenaré como mascota en mi casa para que seas testigo de los hijos que Ra me concederá a través de Eshe.
-Si ustedes son inteligentes, -Haroto advierte a los incrédulos esbirros –No deberían meterse entre dos hombres que han vivido más de tres mil años solo para matarse. Recuerden las películas, los secuaces asalariados son los primeros en morir.
Nada más persuasivo que jugar con la psiquis de un confundido, piensa Jedite. Espera que el viejo haya logrado su cometido o tendrán que pelear por sus vidas con siete hombres más fuertes y diestros que ellos.
De pronto y sin previo aviso Ptahhotep se lanza contra Adom. Éste logra evadir el filo de su espada y golpear a su oponente en la espalda, haciéndole un corte diagonal.
Ptahhotep sisea de dolor, pero eso le da nuevos bríos para atacar a Adom. Le hiere la muñeca desarmándolo.
-Esto no pinta nada bueno –Gime Jedite llevándose las manos a la cabeza.
Lo que sucede a continuación, nadie lo esperaba.
-Ya… me… cansé… que… estés… molestando… a… mi… ¡bebé! –Michiru ha tomado la máscara mortuoria, golpeando a Ptahhotep repetidamente en la cabeza, brazos y hombros haciéndolo retroceder.
Los esbirros van a apoyar a su amo, pero Haroto hace un sonido chirriante con los dientes.
-¿Alguno de ustedes se atreverá a meterse con una mujer histérica?
-Mala idea –Sentencia Jedite
-Muy mala –Secunda Haroto.
–Mi mamá es peor. –Continúa el rubio -Y ni hablar de Abby. Una vez entendí por qué la llaman Lalo, y fue de la peor manera.
-Y si te metes con su hija, ay, ay, ay. Es capaz de matar.
Los hombres cruzan miradas sin saber qué hacer.
Ptahhotep aprovecha el agotamiento de la mujer para arrebatarle la máscara y arrojarla lejos.
-Me cansaste, mujer.
Adom se lanza sobre su enemigo y ambos ruedan hacia el fondo de la tumba golpeándose con la imagen tamaño hombre de Anubis. Todos ven azorados como la figura cobra vida.
Sacando sus manos de la roca, alcanza a los dos hombres del cuello y los lleva consigo adentrándose nuevamente en la piedra.
Gritando aterrados los esbirros son atraídos por una fuerza invisible que los aplasta contra las paredes, transformándose en una masa gelatinosa y deforme.
-¿Qué ha pasado? –Haroto siente que en cualquier momento sus esfínteres lo traicionarán.
Sitti toca la imagen de Anubis y cierra los ojos buscando la esencia de Seiya
-Adom y Ptahhotep están peleando en el Duat.
-¿Y eso? –Jedite señala lo que queda de los hombres.
-Sus corazones fueron pesados y hallados faltos. –Observa la hora en su reloj –Quedan menos de cuatro horas para el amanecer. Si Adom no vence a Ptahhotep ni Abby rescata la otra mitad del alma de Eshe, los tres morirán y se quedarán para siempre en el Duat…
