Hola a todos y a todas, perdónenme inmensamente por la demora. Pero por aquí me tienen nuevamente, les diré que este capítulo se divide en dos, la segunda parte la subiré en unos días, allí sabrán de Vegeta y algunas cositas más. Les envío un abrazo inmenso y muchas gracias por sus lindos comentarios en el capi anterior. Como siempre ustedes me roban una sonrisa cada vez que los leo. Gracias!

Disclaimer: Los personajes de ésta historia pertenecen a Akira Toriyama, alguno que otro personaje por ahí es mío.


REVELACIONES

Parte 1

Los meses pasaron sin piedad en aquel planeta escarlata, se hallaba dormido y silencioso después de que la noticia de que su Rey había vencido, nada más y nada menos que al emperador del mal. Las muestras de apoyo y felicitaciones no tardaron, las ofrendas enviadas desde otros planetas cercanos, iban y venían desde aquel día. Tarble estaba ejerciendo el papel de gobernante temporal de Vegetasei ya que de su hermano no sabían nada, después de despertar de la inconciencia sin ver a nadie ni hablar con nadie, se había marchado. Nadie sabía de su paradero, habían enviado a varios escuadrones en su búsqueda pero simplemente parecía que había desaparecido. Aunque él sabía bien que aquello era imposible, la situación lo desesperaba pues él sabía que Vegeta debería estar ocupando ese cargo en ese momento.

Su vida también se había vuelto un caos, un completo caos pues ninguno de los seres más importantes se encontraban a su lado, aunque habían sido entrenados para no afianzar vínculos entre ellos, no podía mentirse a sí mismo. Extrañaba a su padre, él sabía que jamás fue un buen soldado, no era poderoso, para su padre no había excusa para permitir su existencia, pero sabía que su padre lo quería, sólo él lo sabía, pues sería una deshonra si los demás se enteraban. Vegeta siempre fue su meta, siempre fue el ser que lo impulsaba de una manera u otra a mejorar, a superar sus expectativas y aquella mirada de aceptación y orgullo que a veces le regalaba su hermano, jamás se habría comparado con nada; estuvo equivocado durante mucho tiempo queriendo rivalizar con él en cuestiones superficiales, era su hermano y también su mayor soporte.

Y finalmente ella, la humana que había puesto su mundo de cabeza tan sólo con una sonrisa o una mirada cálida, le costó varios meses darse cuenta de las cosas, ella nunca le había correspondido, se enteró por Bardock de que Bulma era especial para su hermano y en ese momento comprendió por qué se comportaba de esa manera, por qué estaba sufriendo tanto con su ausencia, lo supo. A pesar de no estar cerca de él, tenía el presentimiento de que estaba sufriendo por eso.

Se había comportado de una manera infantil y lo sabía, se había empecinado en conquistar a esa mujer sin darle lugar a sus verdaderos sentimientos. En las últimas semanas estaba frecuentando a una saiyajin de clase baja, la verdad que su fuerza era lo de menos, esa mujer poseía una sonrisa extraordinaria y aquellos ojos púrpura eran envolventes cuando lo miraban directamente, esa inocencia y ese desenvolvimiento tan natural y frágil, lo habían cautivado. El pequeño príncipe se estaba enamorando de aquella magnifica criatura. Y él sabía que no todo podía terminar así, su hermano merecía estar en su planeta, vivir plenamente y no huyendo de los recuerdos. Necesitaba ayudarlo, apoyarlo, demostrarle que no todo está perdido, pero Vegeta necesitaba tiempo para volver a respirar como lo hacía antes, sin miedo de perder el alma.

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Bardock estaba regresando a Vegetasei, venía junto a su hijo Raditz y Drein que era uno de sus soldados más cercanos, habían pasado ya meses y ninguno de sus hijos parecían ser los mismos, lo entendía de Kakarotto pues había perdido a su compañera, ¿Pero Raditz? ¿Qué estaba mal con él?, había intentado hablar con él miles de veces pero simplemente su hijo era una gran muralla impenetrable, había desistido de seguir intentándolo, tiempo. Sólo el tiempo les volvería las ganas de seguir viviendo a esos dos. Ya se había despertado pues había accionado el sistema de inducción del sueño solamente hasta dos horas antes de llegar al planeta. Era su costumbre. Necesitaba esos pequeños espacios de soledad en que podía pensar sin miedo de que alguna desagradable visión lo vuelva a atormentar, desde lo ocurrido con los humanos, no quería volver a tenerlas, estaban destruyendo su vida.

Un sonido lo hizo desviar su atención y fijarse en el panel de monitoreo, le indicaba que la nave de Drein ya había desactivado el sistema de inducción, su hijo en cambio lo había vuelto a activar. Posiblemente tratando de evitar que intente hablar con él nuevamente. No había nada que pueda hacer para ayudarlo. Quiso comunicarse con su soldado mediante el sistema de comunicación privada de los scouters, ese sistema que la humana científica había incluido en sus aparatos, la mujer de Vegeta, ya todo el planeta lo sabía.

-Drein, muchacho…estamos a un poco más de una hora de aterrizar – Se comunicó con él, la verdad era que necesitaba saber que le ocurría a Raditz, aunque había tratado de mantenerse al margen, no podía. Drein era un buen amigo de su hijo, al menos un compañero bastante cercano.

- Sí Bardock, ¡Que porquería de sistema! Uno despierta con el cuerpo horriblemente adolorido, parece que me hubieran dado una golpiza – Le respondió

- Deja de quejarte, algunos científicos estaban trabajando en eso pero…bueno ya sabes lo que pasó – Recordando el incidente.

- Ya sé, ya sé…la mujer del Príncipe…ya todos sabemos que esa mujer era capaz de hacer cosas imposibles…rayos es una lástima que haya muerto, ¡Podríamos viajar mucho más cómodos! – Era sincero, si la humana aún viviese, habría arreglado estos inconvenientes.

- Drein quiero haberte una pregunta…sé que eres cercano a mi hijo Raditz y necesito saber… ¿Sabes qué rayos le está pasando? – Se explicó – Desde hace meses que está totalmente cambiado, ni siquiera está animado cuando nos asignan alguna nueva misión cuando era el primero al subirse a las naves, no sé qué le pasa.

- Eh Bardock…sabes que Raditz es un tipo complejo…perdona que te lo diga pero es un idiota – Escuchó un murmullo por parte de Bardock, pero qué más daba, estaba siendo honesto – Algo de lo que pasó me llegó a contar pero fue porque lo descubrí…qué más da…tu hijo tenía algo con una de las terrícolas.

Aquella confesión sí que lo sorprendió, ¿Raditz en amoríos con una de las terrícolas? Pero si él siempre se quejaba de que los saiyajin se apareen con seres de otras razas, ¡Qué diablos se había perdido!

- ¿De qué estás hablando? – Cuestionó aún sin creer en lo que le decía su soldado.

- Lo que oyes Bardock, un día regresaba del bar era bastante tarde y al salir del palacio estaba tan alcoholizado que no podía volar – Se rio de sí mismo – La cuestión es que caminé entre el bosque a esas horas, tú sabes ni un alma por ahí. Pero eso sí, vi a tu hijo en plena faena con una de esas mujeres en medio del bosque, pasé de largo pero te aseguro que era una de ellas, pude ver su cabello rubio, ningún saiyajin tiene ese color de cabello.

- Así que era eso… eso responde varias preguntas.

- Sí, después de unos días que lo volví a ver le pregunté y amenazó con que no me metiera, así que no le volví a comentar nada, después de todo no es algo que me haya importado – Le dijo recordando la cara de idiota de Raditz cuando se lo había dicho, ¿Qué tenían esas terrícolas que volvían locos a los saiyajin? ¡Hasta el príncipe Vegeta había caído ante ellas! Era algo de no creer.

- No le comentes que tuvimos ésta conversación, al menos si quieres conservar la cabeza en tu lugar – Le amenazó bromeando con él, era un buen soldado y también lo consideraba un hijo más.

- Deja de decir tonterías Bardock, antes de que puedas acercarte a mí ya estarás tragando polvo – Contestó.

- Muchacho no por nada soy el jefe de escuadrones…

- No me intimides Bardock…parece que Raditz despertó – Había vuelto a escuchar aquel sonido, su hijo había despertado otra vez.

- ¿De qué tanto cuchichean? – La voz de su hijo resonó en la pequeña capsula de viaje.

- Nada que sea de tu incumbencia mocoso – Respondió su padre.

- Oh vaya, nada nuevo entonces Bardock, ¡arg! Maldita sea ésta porquería, tengo los brazos entumecidos – Se quejó.

- ¡Ya te lo había dicho Bardock! – Apoyó Drein.

- Guarden silencio par de críos, ya aterrizaremos en unos minutos.

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Kakarotto se encontraba entrenando en una de las salas de entrenamiento personales, él era conocido como un saiyajin no tan adepto, es decir, mientras otros amaban asesinar y molerse a golpes por asuntos triviales, él simplemente lo hacía cuando era realmente necesario, ante una amenaza o peligro. Ya todos lo sabía, pero desde que la había perdido su vida no tenía sentido. Se había negado a ir a nuevas misiones o combatir, sólo entrenaba su cuerpo para distraer a su mente. De haber sido más poderoso esto no hubiese ocurrido, ellas no hubieran huido, Milk todavía estuviera a su lado. Había días en que se sentía extraño. Un sentimiento diferente se adentraba en su pecho, a veces soñaba, o creía hacerlo. Había días en que su recuerdo le permitía sentirla a su lado, pareciera que ella todavía estuviera ahí, pero despertaba y todo era oscuro. La sensación de vacío nuevamente lo invadía.

Había estado alejado varias semanas de su hogar, se había ido hacia las montañas más altas y alejadas del planeta, su entrenamiento ahora le permitía manejar su estado de súper saiyajin con mucha facilidad, se había prometido ser el más poderoso para que nunca más algo así suceda nuevamente, ya no tenía nadie a quien proteger, era cierto, pero aún podía proteger a su planeta, en vista de que Vegeta había desaparecido. Se lo debía, él había luchado con todo lo que podía para derrotar a ese maldito, él había visto en sus ojos aquel sufrimiento que estaba experimentando en su interior, él también estaba perdiendo parte de su alma aquel día y lo sabía. Mucho más después de aquella conversación que tuvieron, cuando él le confesó que se iría y que su deber como el más poderoso ahora, era proteger ese planeta. Con la firme promesa de que cuando su alma haya sanado regresaría y sería su turno de huir. Porque eso quería hacer, huir hacía el espacio, como había hecho Vegeta; llorar su frustración y su dolor sin necesidad de que alguien lo juzgue o lo maldigan por su debilidad, estar solo y rememorar aquellas caricias que aún le abrasaban la piel.

¿En verdad Vegeta regresaría algún día?

Sí, se lo había prometido. Habían hecho un trato y no lo incumpliría, si de algo conocía a ese obstinado era que jamás faltaba a su palabra. ¿Quién más que él podría entender su sufrimiento? Vegeta jamás se lo había dicho así directamente, pero sabía que Bulma significaba mucho para él, por eso huía de los recuerdos. Pero una conocida voz lo sobresaltó y se extrañó de su visita, no sabía a qué se debía, lamentablemente le costaba saber qué es lo que quería esa mujer buscándolo tan seguido en los últimos días. Si bien nunca había sido un compañero cercano de Lenusy, tampoco le caía mal. Era una soldado más, bastante poderosa sí, pero era alguien más en Vegetasei.

-Vamos Kakarotto, ¿No te alegra ni siquiera un poco que haya decidido visitarte? – Escuchó el tono de voz de la mujer, no lograba entender qué quería.

- Lenusy, no quiero sonar malcriado pero…creo que ayer te dije que quería estar solo – Le respondió lo mejor que podía.

- Lo entendí, pero decidí regresar sabiendo que podías decirme que me marche…vamos…te conozco desde que éramos niños, ¿No lo recuerdas? No soy un monstruo – Le sonrió al saiyajin que la miraba confundido – Es sólo que hace mucho que no te veía por el palacio, además…todo el planeta ya sabe que tú tenías una unión con una de las terrícolas, yo…no lo veo como una abominación ¿Sabes?...uno no decide con quién sucede, simplemente se da y tenemos que seguir nuestros impulsos.

Por primera vez en su vida, Kakarotto escuchaba a Lenusy hablar de una forma que no le disgustaba, estaba aquí diciéndole que ante ella no debía de avergonzarse por amar a una humana, estaba sorprendido.

-Honestamente no me lo esperaba…

- Lo sé, es que nadie se toma la molestia de conocerme un poco más, siempre me trataron como una mujer más para pasar el rato, no te lo niego Kakarotto, quizás también disfrutaba de eso, además tú eras cercano a Vegeta, debes de saberlo. Durante muchos años albergué la esperanza de ser su compañera algún día, pero…con el paso del tiempo me di cuenta de que eso jamás sucedería y…no pude evitar que los celos y la frustración me trastornen…pero ahora ya nada tiene sentido. Comprendí que jamás encontraré a alguien que corresponda mis llamados. Me había enamorado de Tarble… ¿Lo puedes creer?...sé que no deberíamos tener este tipo de sentimientos, siempre nos lo han enseñado…pero no pude evitarlo y ahora él…está cortejando a mi hermana Gure… ¿Sabes qué es lo que siento?, por supuesto que ella no sabe nada de lo que pasó entre nosotros y así será hasta que muera, me cansé de todo esto.

- ¿Pasó algo entre Tarble y tú? – Cuestionó sorprendido de él mismo, pero Lenusy le estaba confesando cosas muy importantes y sentía la necesidad de reconfortarla, después de todo la conocía desde que eran niños y sabía que no era mala.

- Tarble también estaba enamorado de la humana científica…al igual que Vegeta, lo que sucedió con Tarble fue algo que no había planeado…pero él se robó mis pensamientos cuando me sonreía así, como si nada le preocupara o como si ante él no existieran los problemas, al ver que Vegeta no me correspondería, enfoqué mi atención en Tarble pero, parece ser que haber cometido el error de enredarme con Vegeta en el pasado, sería la causa para que nadie más me tome enserio. Tarble fue duro conmigo cuando me lo dijo, él jamás podría unirse a alguien que ya haya probado placeres provenientes de otro cuerpo… ¿Por qué no Kakarotto? ¿Esto me hace ser peor que otros?

- Lenusy, no podría darle la razón a Tarble, yo creo que todos tenemos la oportunidad de ser correspondidos, yo te confesaré que lo que me sucedió con Milk fue algo que jamás esperé, con ella todo sucedió tan natural y certero que acabé único a ella de la forma en que jamás podré olvidarla, la marqué y ella a mí, es por eso que me cuesta tanto aceptar que no está.

- Estoy segura que el tiempo te ayudará a que logres encontrar la calma que tanto necesitas, quizás nunca la olvides y sé que eres consciente de ello, pero…creo que los recuerdos son lo único que puedes conservar y debes de entender que tu deber es guardarlos en el lugar más especial que haya en tu alma de guerrero, haz inspirado a muchos, ¿No lo sabías verdad? Niños y jóvenes guerreros sueñan en ser como tú en un futuro no muy lejano, cuando naciste eras un guerrero de clase baja y ahora mírate…sólo compites con Vegeta y aquello ya es mucho, sé que la razón solamente tú la sabes pero, deberías mirar hacia ese futuro, aquí en Vegetasei hay muchos que te necesitan, te necesitamos Kakarotto, Vegeta cometió un gran error al irse de aquí. No se puede huir de los recuerdos, sólo aprender a vivir con ellos.

Diciéndole esto, Lenusy avanzó unos pasos y salió de la sala de entrenamiento, lo dejó pensativo y con muchas dudas al respecto. ¿Por qué estaba haciendo lo que hacía? ¿Por qué quería huir? Milk estaría feliz de verlo superarse, de verlo con los suyos, de saber que inspiraba a los más jóvenes, Milk le sonreiría, lo miraría con esos hermosos ojos negros y le regalaría su más bella sonrisa, Milk estaría orgullosa de él si desde ese momento decidía salir adelante, salir de aquella inmensa oscuridad que le dejó su ausencia y además debía de esperar a Vegeta, esperaba que él también lo haya comprendido.

Debía de agradecerle a Lenusy por sus palabras.

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