Hola a todos y a todas, perdónenme inmensamente la demora…la tesis me vuelve loca! Jajaj pero les agradezco mucho su paciencia y también los PM que me han mandado. Sin más aquí les dejo este capítulo, el siguiente es el reencuentro, aunque ya lo estoy trabajando aún faltan algunas cositas. Este capi se divide en dos, ésta es la primera parte. Cuídense mucho y los quieroooo, saludos!
Disclaimer: Los personajes de ésta historia le pertenecen a Akira Toriyama, la historia es mia y alguno que otro personaje por ahí, también.
PERTENENCIA
Primera parte
A veces se trataban de cosas simples, de sentimientos fáciles de describir y de recordar tiempos en donde todo fue mejor. Pero rebuscar entre las memorias del pasado no estaba en sus planes, pero sí, le encantaba jugar con las emociones de los demás, se creía capaz de manipular las emociones de los demás, pero no podía ni siquiera terminar de admitir ni distinguir las suyas propias. ¿Que si le emocionaba volver a verla? Desde luego, no sabía cómo describir aquel sentimiento extraño que invadía su pecho pero sabía que era importante, todo esto de los sentimientos y las emociones aceptadas era nuevo para él. Jamás fue bueno expresándose, exteriorizando su sentir, nadie pretendería que de un momento al otro lo fuera.
Kakarotto lo alcanzó antes de salir del palacio y le recriminó sus intenciones de invadir la Tierra, ¿Acaso eran idiotas? Lo que quería era asegurarse de que aquellos seres tan débiles estén a salvo, no sabía por qué pero…tenía la ligera sensación de que se verían envueltos en nuevos problemas. Si todo salía bien, si podía recuperar a Bulma, se concentraría en que ese planeta sea uno de sus protegidos, ya existían algunos otros planetas a los cuales ellos protegían a cambio de ciertos recursos, eso era lo que quería. No iba a destruirlo, no si Bulma estaba allí. La conocía de sobra como para saber qué conllevaría eso, no era idiota.
La noche había caído ya en el planeta escarlata, jamás sintió al tiempo pasar tan lento, el viaje a la Tierra no les llevaría más de dos días, estaba impaciente y juraba que si no hallaba nada allí, alguien pagaría por eso. Después de eso comandaría un ataque a Kempell, esos miserables no se quedarían en paz después de lo que hicieron, ya no estaban protegidos por el lagarto, ahora pagarían. En ese momento se encontraba acostado sobre la cama, tan enorme y solitaria en estos momentos, la total oscuridad que sólo se veía perturbada por el reflejo plateado de la luna llena sobre su rostro y sus brazos descubiertos, sintió una presencia conocida merodeando por los pasillos del palacio.
Era aquella hembra desagradable, ¿Cuándo dejaría de comportarse de ésta manera? Ni siquiera podía creer que él haya sido parte de ese juego en el pasado, que él haya accedido a enredarse con ella, se sentía estúpido por eso; pero ya no debería de importar, esa hembra no despertaba nada en él…nada. Los golpes en la puerta de su habitación lo molestaron, ¿Se estaría atreviendo esa mujer a molestarlo a éstas hora? ¿Qué se creía? Enfurecido, se levantó de la cama, la desnudez de su cuerpo no le importó en lo más mínimo, total…ella ya lo había visto así infinidad de veces, además para despacharla sólo necesitaba unos segundos. Maldiciendo a la mujer abrió de un tirón la puerta y aquellos orbes azul oscuro se posaron sobre los suyos, la mujer había cambiado un poco, se le notaba más madura y además su cabello, lo había dejado crecer, como cuando era adolescente. Algunos recuerdos de aquellos días lo invadieron, de las primeras experiencias. Aunque no deberían de ser importantes no sabía por qué razón en este momento pensaba en eso. Lenusy no apartó la vista de sus ojos, no quería mirar más allá, estaba dispuesta a hablar con él, no volvería a ser la mujer de turno del Rey, nunca más.
Estaba decidida a recuperar el honor, la honra y el respeto que merecía como la mujer más poderosa del planeta.
-Rey Vegeta, es un placer tenerlo nuevamente en el planeta – Saludó y reverencio al rey desnudo frente a sus ojos.
- Dime de una maldita vez que demonios quieres aquí – Respondió escueto y cortante.
-Necesito hablar contigo Vegeta – Se dirigió a él en un tono más familiar, después de todo siendo adolescentes él le prohibió hablarle de usted cuando estén a solas, él se lo hizo prometerlo así que cumpliría.
- Hmmp – Bufó molesto – Pasa y que sea rápido mujer – Volvió a acostarse en la cama y se cubrió con las sábanas, una sonrisa ladina y sarcástica adornaba su rostro, de cierta manera lo divertía mucho la situación.
Lenusy ingresó a la habitación real y cerró la puerta asegurándola, después de todo si alguien ingresaba o la veían salir de allí, nada de esto tendría sentido. Pero era la única forma en que Vegeta pueda escucharla.
-Necesito que me asignes a alguna misión importante, a algún escuadrón de élite, o un ascenso – Fue directa con él, necesitaba esto.
- ¿De qué estás hablando? ¿No te quedó claro que ninguna mujer irá nuevamente a las misiones importantes?
-¿Por qué no? Tengo el mismo derecho – Contestó molesta por la respuesta del rey.
- No lo tienes, no desde que tu madre asesinó a dos de los mejores soldados en aquella misión – Sonrió burlón - ¿O lo has olvidado?
- Mi madre estaba desestabilizada mentalmente, además ustedes la castigaron…creo que eso es suficiente, no fue mi culpa Vegeta…lo sabes, ni mi hermana ni yo merecemos este trato – Volvió a quejarse.
- ¿Dime, qué es lo que en verdad quieres decirme? Te lo aclaro, no estoy para juegos tontos.
- Quiero retarte a un combate nupcial – Dijo tajante y un poco triste, sabía lo que aquello conllevaba. Era su honor, el de su familia, el de su hermana. Gure ya no tenía a nadie, además era una saiyajin de última categoría, su hermana era demasiado débil y lo sabía, el consejo jamás la aprobaría como compañera del príncipe Tarble, si retaba a Vegeta en combate, se vería resarcida como guerrera, al enfrentarse nada más y nada menos que al monarca, al saiyajin legendario. Sabía que moriría a manos de él, pero esto significaría el honor y la gloria para sus generaciones futuras.
-¿Qué? – Cuestionó, ¿había escuchado bien? Aquella saiyajin lo estaba retando a un combate nupcial, sonaba tan descabellado, ¿acaso estaba loca?, él era infinitamente más poderoso, ¿qué sentido tendría enfrentarte a alguien sabiendo que vas a morir?, ¿acaso ella quería morir? - ¿Por qué lo estás haciendo? Sabes bien que yo no me contendré, no tendré piedad contigo, ¿Por qué lo haces?
-Por Gure…
- ¿Gure? ¿Te refieres a tu hermana? – Estaba confundido, no recordaba a esa chiquilla, pero sabía que Lenusy tenía una hermana con ese nombre.
- Gure está siendo cortejada por el príncipe Tarble – confesó, aunque aún le dolía aquello, ella era fuerte, ella podía luchar, Gure no – ella es una saiyajin de tercera clase, no sabe combatir…nuestra madre jamás me permitió entrenarla y cuando murió, Gure jamás quiso aprender. Ella no es un soldado…Tarble está empeñado en convertirla en su compañera y no tienes idea del infierno que vive cuando se acerca al pueblo, o convive con otros saiyajins, le hacen la vida imposible, la golpean, la humillan, solamente por ser débil y ser la mujer que ha deslumbrado al príncipe, por supuesto que él no lo sabe; ella no se lo ha dicho a nadie. Pero yo lo he visto, he querido poner en su lugar a cada uno de los idiotas que la han agredido pero…tampoco me respetan…¿Y sabes por qué?...Por ti, porque siempre me usaste como se te dio la gana, porque jugaste conmigo, porque me hiciste creer cuando éramos adolescentes de que ibas a tomarme como compañera, no te estoy reclamando eso, no tengo interés alguno en serlo ahora, pero necesito que ellos me teman y me respeten, a Gure jamás la respetarán y lo sabes, sé que Tarble la convencerá y todo se saldrá de control, si yo lucho contigo, lo haré en nombre de ella, tu hermano Tarble tampoco es oponente para mí, sólo podemos pelear tú y yo…no importa si muero, al menos su honor será restaurado, ya que seré la única mujer en haber luchado contra el Rey, la única capaz de retarlo y afrontarlo…jamás te he pedido nada Vegeta, jamás me vi en la necesidad. Pero esto en verdad lo necesito.
Vegeta estaba asombrado y confundido, ¿quién diablos era ésta mujer? ¿Lenusy? Lo dudaba, estaba confundido, Lenusy quería sacrificarse por el honor de su familia, de su hermana para que ella pueda vivir tranquila con Tarble, estaba siendo considerada con los suyos, se sentía un idiota, ¿cómo podría asesinarla si realmente no le apetecía? ¿Matarla porque sí? No, algo estaba mal, él no quería matarla. Este no era su problema, Tarble debería pelear, no él.
- Escúchame con atención – Empezó – Yo saldré mañana a primera hora hacia otro planeta y no tengo tiempo para esas cosas.
- Pero será rápido, te prometo que serán menos de diez minutos – Ella se apresuró a decir, pero él la miró furioso.
- No – Contestó con el ceño exageradamente fruncido.
- Por favor Vegeta.
- ¡Cállate!, este no es mi problema, no voy a pelear contigo Lenusy, eso está decidido. Si quieres redimir tus errores, adelante. Hazlo, pero no estoy incluido en esto. Aquí el único que debe luchar es Tarble, él quiere a tu hermana, entonces rétalo a él.
- Pero Tarble…no quiero avergonzarlo delante de los demás, sabes que él no es tan poderoso – Ella levantó la voz, estaba aterrada, no quería hacerle daño al príncipe.
- Es eso o nada, tú decides…es eso o seguir viendo como maltratan y agreden a tu hermanita, lárgate, ve a hablarlo con ese mocoso…a mí déjame en paz – Cerró los ojos y espero a que la mujer se retirase de la habitación, ¿estaba haciendo bien? Después de todo acabar con ella sería muy fácil, pero no.
Lenusy había tocado una fibra delicada en su interior, él no quería matarla. No quería volver a manchar sus manos con sangre inocente, no otra vez. Cuando la mujer salió derrotada de la habitación al fin pudo encaminarse hacia el sueño, unas cuantas horas más y ya estaría rumbo a la Tierra, a buscarla, a la Corporación Cápsula. Cerró los ojos y se adentró en sus recuerdos, momentos, minutos, sensaciones, los besos, las caricias.
El silencio y el dolor.
Todo aquello que envolvía su recuerdo, todas esas sensaciones nuevas y extrañas que evocaba su sólo nombre. Estaba decidido a traerla consigo, ella pertenecía a este planeta, ella sería la reina de Vegetasei, se oponga quien se oponga.
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Dentro de un hogar mediano y cálido, tres hombres compartían un momento de comida, a los tres se les notaba extraños. El saiyajin menor mantenía un brillo especial en su mirada, una mirada llena de ilusión y esperanza, el menor de ellos siempre fue el más inocente, el más "sentimental" de los saiyajins que conocían. Es por eso que aquellos sentimientos que profesaba lo llevaron a unirse a una compañera. La hermosa mujer que tuvo entre sus brazos, esa hermosa mujer que se entregó a él en cuerpo y en alma, la extrañaba demasiado, extrañaba sus besos, su cuerpo, sus regaños incluso, su presencia que siempre lo inundaba todo.
Él se sentía un hombre afortunado, un saiyajin premiado con una compañera excepcional, una humana. La mejor de las mujeres, él estaba convencido de eso, estaba seguro de que la vería pronto, observaría una vez más aquellos ojos negros que lo transportaban a parajes divinos, necesitaba verla pronto. Mientras arrasaba con algunos platos de comida, observó por un momento a su hermano mayor, él sabía que Raditz también estaba desesperado por volver a ver a la mujer de cabellos dorados.
Su hermano siempre fue un presumido de primera, si tenía alguna aventura con alguna saiyajin solía gritarlo a los cuatro vientos, siempre fue un desvergonzado. Pero en ésta ocasión estaba haciendo uso de toda su discreción, sólo aquellos que lo conocían bien sabían que él tenía algo con la señorita Tights, él pudo conocerla y le resultó muy agradable, era perfecta para su hermano, ella era capaz de controlar su carácter tan hostil, era quien refrenada y a la vez daba cuerda a su hermano. Sabía que ambos estaban enredados en algo que no sabría definir pues su hermano no les había contado nada. Pero al anunciarse ese viaje a la Tierra, fue uno de los primeros en ofrecerse como parte del escuadrón, aquella emoción volvió a brillar en sus ojos.
-¿Qué tanto me estás mirando idiota? – Su hermano le dirigió la mirada y lo cuestionó.
-Nafda hermabno – Trató de contestar con la boca llena de comida.
- No cambiarás nunca, ¡pareces un mocoso! – Raditz sonreía divertido.
- Ahhh – suspiró – Lo siento Raditz, es que no pude evitar ver que te pone muy contento el ir a la Tierra.
- Bah, no digas estupideces…siempre me emociona una nueva misión.
- Lo que tú digas…pero de que te emociona, te emociona…además sabes bien que no vas a ir a ahorcar a nadie allá, vamos a traer a las chicas. ¿Lo sabes no?
- Bu-bueno…algo de eso me comentó Nappa – se le notaba nervioso.
- Sí es que hay una gran posibilidad de que los humanos hayan revivido…no me preguntes cómo pero…pronto lo sabremos cuando lleguemos. ¡No puedo esperar!
-¿Sabes también que hay una posibilidad de que no encuentren nada, verdad? Es decir… ¿Cómo rayos se explicaría si es que los humanos han revivido? Debe existir una razón poderosa y te aseguro que no es ninguna casualidad – Ésta vez interrumpió el saiyajin mayor al escuchar el rumbo de la conversación de sus hijos.
- Claro que las encontraremos, tengo la total seguridad…el vínculo con Milk lo siento más fuerte que nunca. No dejo de oírla, de sentirla en mis sueños.
-Mejor no diré nada…sólo espero que…les vaya bien y que encuentren aquello que van a buscar –deseó a sus hijos, después de todo quería de nuevo a los hijos despistados y orgullosos que tenía, no a los guiñapos que quedaron luego de la pérdida de los humanos.
- ¿Tú también vas a empezar con eso, padre? –Bufó molesto, ¿acaso había sido muy obvio en su proceder? Su hermano y su padre no dejaban de insinuarle su cercanía, su relación con Tights.
- No me creas un idiota…hasta Drein lo notó y eso sí que es todo un logro eh…ese despistado es un despreocupado y aun así, notó lo que te sucedía. Deja de negarlo de una vez.
- Deja de insistir, si quieres saberlo…tendrás que esperar – Maldito Drein, de seguro él había abierto la bocota. Se las cobraría al muy hijo de…
-Bueno me voy a entrenar un rato y después me prepararé para el viaje, nos vemos en la mañana – Se levantó de la mesa, ordenando y dejando listo los utensilios que había utilizado. Cada uno veía por sí mismo en esa casa.
-Raditz deberías de sincerarte y…- El saiyajin mayor fue interrumpido por su hijo, quería hacerlo rabiar, se parecía tanto a su madre.
-¿Esperarás o no? – Contestó aburrido a su padre, él no diría nada, no entendía por qué insistía tanto.
- Como quieras…el tiempo me dará la razón.
- Lo que digas – Se levantó de la mesa y se retiró sin decirle nada más a su padre. Raditz a diferencia de Kakarotto, era más frío y hostil, pero no era un desalmado como muchos otros que conocía, como su propio hermano por ejemplo. Conocía a su hermano…Turles fue un verdadero problema.
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Los saiyajins voluntarios para la misión a la Tierra se encontraban reunidos y a punto de ingresar a la nave que los transportaría hacia el cuadrante veintidós. A ese remoto planeta azul que se encontraba a un extremo de la galaxia vecina. Observaron al Rey Vegeta y a su mano derecha llegando al lugar, los demás soldados sólo esperaban la orden de abordar, el Rey fue rápido en dirigirse a sus hombres.
-Ésta no es una misión de exterminio ni de colonización, es una misión de reconocimiento y rescate. ¿Lo han entendido? No quiero que ninguno de ustedes se atreva a lastimar a algún humano. Llegando al planeta sobrevolaremos las principales ciudades y allí buscaremos al gobernante de la Tierra, los quiero a todos dispersos por el planeta. Cuando hayan encontrado al gobernante de cada región, háganles saber que el Rey del Planeta Vegetasei quiere tener una audiencia, de carácter urgente. No acepten un no como respuesta, sean persuasivos, eviten matarlos – Decía con una sonrisa ladina en el rostro, aún le costaba creer lo que estaba diciendo – A los saiyajins que se quedan, el príncipe Tarble será el gobernante al mando durante mi ausencia, Nappa e Imok serán su escolta personal – Los aludidos miraron sorprendidos al Rey y asintieron a los pocos segundos, sin duda salvaguardar la integridad del gobernante era una misión de suma importancia – Aprovechando que el consejo está presente, quiero comunicarles que el nuevo líder será Bardock, de hoy en adelante. No toleraré ninguna desobediencia, créanme…yo no soy como mi padre fallecido. A mí no me temblarán las manos para ponerlos en su lugar –Los ancianos estaban furiosos pero ante la fuerte mirada del Rey sólo pudieron callar, no tenían oportunidad contra él – Y por último…he tomado la decisión de nombrar a un nuevo jefe de escuadrones élite. La soldado Lenusy será la nueva jefe, eso es todo lo que quería comunicarles – Ante la sorpresa de todos, incluso de la misma saiyajin; el Rey avanzó entre los presentes y abordó la nave principal, en total eran dos navez las que enrumbarían hacia la Tierra.
- ¿Qué? ¿Qué dijo? ¿Me nombró jefe de escuadrones? – La saiyajin no podía creerlo, jamás pensó que Vegeta fuese capaz de esto, sin duda; él había cambiado mucho y lo agradecía de cierta manera. Ésta era la oportunidad de su vida para recuperar su honor y el de su familia – Honraré este cargo con mi vida, Rey Vegeta – Levantó un poco la voz para que él pueda escucharla, una sonrisa de lado adornó el rostro del rey.
- Vaya, felicidades Lenusy…en verdad te lo mereces – Comentó uno de los soldados élite. Ellos siempre habían sido compañeros de entrenamiento y grandes conocidos desde muy pequeños.
- No puedo creerlo, ¡al fin!...al fin podré crear un futuro para Gure – Aunque no quiso una sonrisa sincera adornó su rostro, estaba agradecida con el rey, ya no tendría que morir ni avergonzar a nadie, ahora todo dependía de ella y su desempeño.
- Lo harás muy bien…anda, que me tengo que ir y sé que me vas a extrañar – Bromeó con la saiyajin, si tan sólo ella pudiese verlo con los mismos ojos que él la veía, pero parecía no registrarlo.
- Cállate tonto – Le golpeó superficialmente el brazo – Posiblemente hasta tú regreses con una de esas mujeres como compañera, no me sorprendería. Todos mueren por ellas, sino mira la cantidad de voluntarios que tuvieron.
- Las terrícolas no son de mi agrado, prefiero…prefiero algo más intenso…
- Lo que digas, tonto – bromeó nuevamente con él – Nos vemos, Drein.
- Nos vemos – Vio a la saiyajin alejarse de los hangares, no se rendiría; esa mujer tenía que ser suya.
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Las naves saiyajin despegaron sin mayor contratiempo, dos días…solamente dos días más y podrían volver a verlas, a comprobar con sus propios ojos que aquellas sensaciones son totalmente reales, el saiyajin de cabellos alborotados estaba más que eufórico porque sentía cada vez más latente en su pecho aquel vínculo con su terrícola. Mientras que el orgulloso rey, mantenía en el fondo la esperanza de encontrarla, de tomarla nuevamente entre sus brazos y olvidar todo aquel amargo dolor que le dejó su partida tan súbita.
Pero una interrogante asaltó su mente, si Bulma estaba viva…si ella estuviese viviendo en la Tierra. ¿Por qué no lo buscó ella? ¿Por qué dejó pasar tanto tiempo sin haberse comunicado? ¿Por qué? Ella era en extremo inteligente, hubiese tenido muchas maneras de hablar con él o buscarlo. Pero al parecer no lo había hecho, aquella pregunta azotaba su mente, ¿Acaso ella no quería volver a verlo? ¿Acaso ella no sentía esa necesidad?
Dudas, dudas atormentaban su ser.
¿Estaría ella dispuesta a regresar? ¿Y si lo rechazaba?
Maldecía a su suerte por sentirse tan miserable de un momento a otro. Había posibilidades de que esto también ocurriese y no se alegraba en absoluto, él no tenía la certeza de kakarotto, él no tenía nada. Sólo una maldita sensación de vacío y culpa oprimiendo su pecho.
Pero la buscaría, la encararía y la traería consigo.
Ella era suya, eso tenía que quedarle claro, cerró los ojos y se concentró en el viaje; le esperaban dos malditos días para verla y paciencia tenía muy poca, pero debía esperar.
Ella era suya y eso nadie lo cambiaría, ni siquiera ella misma.
