Hola a todos y todas, perdonen por la demora pero…quise tomarme mi tiempo para este capítulo que sé es un poco largo pero, para mí…es como deben darse las cosas, con un poco de todo :P
Les agradezco muchísimo a quienes me mostraron su apoyo con sus reviews en el chap anterior! También a quienes vienen siguiendo mi nueva historia "Dulce seducción", les agradezco muchísimo! Sin más aquí les dejo este capi que espero sea de su agrado.
Advertencia: Lenguaje explícito, subido de tono y lemon.
Disclaimer: Los personajes de ésta historia pertenecen a Akira Toriyama.
DOLOR Y VERDAD
Parte II
Bulma contempló el jardín desde el balcón de su habitación con el corazón rebosando melancolía. Ya había anochecido, estaba oscuro y llovía, y las luces del interior de la casa alcanzaban a acariciar las ramas de los árboles para dibujar sus siluetas con tonalidades plateadas y anaranjadas. Los cipreses que su madre tenía en el jardín se agitaban violentamente con el viento, sacudidos por una tormenta que ya duraba horas, y cuando un rayo cercano iluminó el jardín con un fogonazo, la científica se sobresaltó y se apretó las manos al pecho, luchando porque esas lágrimas que le escocían los ojos no brotaran, estaba asustada y no sabía por qué pero sentía una opresión muy honda en su pecho.
Esa indecisión había arruinado el maravilloso día que este debió ser, que ella misma había esperado con tanto entusiasmo desde hacía ya varios días desde que se enteró de la verdad. Sus padres estaban acongojados porque iban a recibir más visita y debido al mal tiempo se vieron obligados a cancelar pero los invitados insistieron en venir a pesar de la lluvia. A ella le importaba un bledo que esa lluvia hubiese estropeado el viaje de los invitados de su padre porque para ella, esa lluvia había fastidiado el bello momento de permanecer junto al musculoso cuerpo de ese hombre, de ese guerrero del espacio al que ya extrañaba… ¿Cómo era posible?, ¿Por qué había sudado de ese modo ante sus caricias?, comprendía muy bien su rechazo y por qué había decidido dejarla "pensar".
Había tenido que dejar marchar al maravilloso Vegeta y se sentía tonta por eso, al caliente y abrasador hombre al que todavía sentía entre los pliegues de su piel; tanto sus labios como su cercanía todavía le provocaban hormigueos en el estómago porque tal recuerdo era imposible de olvidar cuando el miedo y la alegría se habían mezclado de un modo perturbadoramente delicioso.
El vestido que se había colocado esa noche le apretaba mucho. Sus pechos, un poco sensibles por su estado la molestaban y casi no podía respirar cada vez que suspiraba de amor. Apenas había probado bocado de la espléndida cena que su madre había preparado para agasajar a los invitados, a modo de disculpa por la lluvia, rebajando el nivel de la magnitud de aquel desastre al de un simple contratiempo. Bulma evitaba en todo momento mantener una conversación demasiado larga cuando alguien se acercaba a saludarla, dando respuestas vagas y desapasionadas con la esperanza de que la dejaran tranquila, porque de lo último que quería hablar era de su supuesto matrimonio con ese famoso beisbolista, un cruel recordatorio del destino contra el que deseaba luchar, quería gritarle a todo el mundo que si ella se casaba algún día definitivamente no sería con él, que ella no creía en esos papeleos, que ella creía en la sensación de amor y pasión recorriendo su piel, en el anhelo, en la esperanza…en aquello que veía a través de los ojos de él…de Vegeta… ¡Y lo había dejado marchar!
Durante gran parte de la cena se mostró ausente, se moría de ganas de abandonar el comedor para regresar a su habitación y recrearse en el recuerdo de él, el hombre que la había hecho por fin darse cuenta de que se estaba comportando como una tonta y del que no se podía sacar de la cabeza ni de la piel. Después de que Vegeta se marchara para así darle tiempo y que ella pensara bien en si quería ir con él o quedarse en la Tierra, Bulma permaneció tumbada en la cama tal y como supuso a él le habría gustado que estuviera: desnuda, anhelante, húmeda y extremadamente sensible.
Estaba ansiosa por sentir de nuevo sus caricias, sus manos, su cuerpo, su boca, cualquier cosa que él tuviera para ofrecerle, quizás se debía a que su cercanía le abrasaba la piel y ahora es cuando se había dado cuenta de que lo necesitaba, de que jamás alguien la había hecho sentir de ésta manera. Esperó a que regresara porque él le había dicho que lo haría y ella confiaba en sus palabras, deseaba verlo de nuevo para ofrecerle su cuerpo y su amor sin reservas para que hiciera lo que deseara con ella, para que la llevara con él, para que la amara sin interrupciones, porque se había dado cuenta de que era suya…de que no habían más dudas, quería verlo y besarlo, sentirlo para que abarcara cada centímetro de su ser entre sus grandes manos mientras la besaba con esa misma pasión de cuando la besó por la mañana. Pero Vegeta nunca regresó porque enseguida su madre la despertó y pudo ver que ya había amanecido, él no había regresado esa noche como se lo había dicho.
Al principio se negó a despertar, deseaba estar sola, deseaba que Vegeta le hiciera el amor hasta perder el sentido, durante horas, durante días; deseaba que permaneciera dentro de ella hasta que los músculos se le agarrotaran, hasta que olvidase todo y al fin puedan existir solamente ellos dos. Pero las palabras de su madre le dieron tanta energía que Bulma despertó con el corazón acelerado por el entusiasmo, era un nuevo y día y lo más probable es que Vegeta regresara hoy por ella, lo que si era seguro es que si él no volvía hoy, ella iría por él a buscarlo, porque sus nervios no aguantarían la presión ni la angustia de estar alejada de él, no por más tiempo…ambos lo necesitaban.
Su madre le informó de que los invitados reclamaban su presencia en el comedor para el desayuno y después habría una reunión, a causa de la lluvia que no había cesado en toda la noche habían decidido quedarse en su casa a dormir y al parecer también parte de este día. Y ella no podía faltar a aquella cita, porque todos aquellos invitados estaban allí por ella, por su cumpleaños que se celebraría ese cercano fin de semana. A regañadientes se metió en la bañera, tenía que lavarse, perfumarse y vestirse adecuadamente para estar perfecta, espléndida. Pero eso significaba borrar de su cuerpo el recuerdo de las caricias y los besos de Vegeta, su olor que todavía tenía pegado a la piel.
Lavó y perfumó su largo cabello azul, cepillándolo hasta que estuvo listo para hacerse el peinado. A la hora de elegir el vestido adecuado para la reunión estuvo indecisa entre tres preciosos vestidos. Bulma arrugó la nariz, no deseaba vestirse de forma especial ese día pero no le quedaba de otra, en esos momentos prefería vestir sólo piel antes que cubrirse con alguna de esas prendas. Uno de los vestidos era de un rojo muy intenso y brillante, con una falda plisada y un precioso busto con forma de flor. El otro era blanco, delicado y estrecho, con las mangas de color crema y en lindo y sugerente escote. El último era dorado, lleno de ribetes y flores, con una falda muy amplia que caía desde la base de la espalda, realzando sus torneadas y esbeltas caderas.
Eligió el último porque fantaseaba con la idea de que Vegeta llegase en algún momento de la fiesta para verla y ese vestido sería de su agrado, porque moldeaba sus senos y mostraba cuan estrecha era su cintura a pesar de su embarazo. Pero se sintió un poco mal, por supuesto que moldeaba su torso de una forma magnifica, estaba tan apretado que le oprimía el pecho pero menos mal no le apretaba el vientre, se sentía enorme… ¿Es que a partir de ahora tendría que aprender a no respirar para entrar en la ropa?
Recordaba lo libre que se había sentido sin ropa durante la noche, como su cuerpo se agitaba con los pensamientos que aquel hombre le provocaba, como el aire que él exhalaba con cada suspiro le acariciaba la piel de los hombros y el cuello. Se sofocó debido al recuerdo, sus mejillas se tiñeron de rojo y antes de que su respiración se agitara demasiado volvió a la realidad. Tuvo que esforzarse por recuperar el aliento, si quería sobrevivir al encuentro iba a tener que controlar sus emociones. Aun así, no todo era malo, porque ese era el mejor vestido que podía haber elegido, así nadie notaría que suspiraba de amor y nostalgia.
El desayuno pasó sin ningún percance y después todos fueron a la sala a celebrar con un poco de anticipación su cumpleaños número veinticuatro, Bulma se llevó una mano al vientre cuando volvió a emocionarse al pensar en Vegeta. La música que provenía de la sala llenaba sus oídos de recuerdos ardientes mientras los invitados bailaban, inmunes, quizá, al poder sensual de la música. ¿Es que no escuchaban lo que ella escuchaba? ¿Cómo podían soportar las penas de la vida diaria sino podían encontrar placer en la música y en las sensaciones que ésta evocaba?
Su hermana Tights estaba bailando animadamente con Ryuu y parecían estar pasándola bien, también la vio bailar con gran parte de los invitados y con muchos más familiares que se habían reunido. Ella no había bailado todavía y retrasaba el momento lo máximo posible porque el vestido empezaba a ser muy molesto y empezaban a dolerle las piernas, no deseaba bailar con nadie, no tenía ánimos. Se imaginó a Vegeta bailando, sonrió divertida imaginando a su guerrero bailar con tosquedad, pero enseguida esa imagen se transformó en una poderosa fantasía en la que él era un gran bailarín y ensombrecía a todos los demás, aquello si que la divirtió mucho pues supuso que jamás sería capaz de ver aquello, al menos en su imaginación sería posible... Pero no habían señales de Vegeta por ningún lado.
Aunque él no haya sabido nada sobre la reunión, sí sabía sobre el anhelante deseo que ella tenía de verlo, él debería estar aquí, debería saber que lo necesitaba; después de todo… ¿Él la quería no? ¿Por qué no había venido por ella? ¡Pues porque ella misma lo había rechazado! ¡Qué estúpida se sentía! ¡Porque apenas unas horas atrás compartían besos y caricias y ahora necesitaba su presencia para respirar! Se limpió una lágrima del rabillo del ojo, se mordió el labio y dejó que su vista vagara por los jardines, los árboles sacudidos por la tormenta y la lluvia empapando los cristales de las ventanas. Bulma se sentía identificada con la lluvia, cada vez deseaba con más ganas echarse a llorar hasta despellejarse las mejillas con las lágrimas.
-Buenas días, querida Bulma.
Tuvo que secar el llanto de inmediato, no deseaba que la vieran en ese estado.
-Buenas días Takajo, ¿Cómo te va?
Bulma volvió el rostro para saludar a su amigo de la secundaria, con el que no había intercambiado ni una palabra desde que comenzara la improvisada fiesta. Pero, en un día normal, tampoco hablaba mucho con él ya que, después de todo, en la secundaria nunca fueron grandes amigos, pero sin embargo él había congeniado tan bien con su madre que es ella quien mantenía esa amistad y quien lo había invitado. Takajo era un joven casi de su misma edad, con veintitantos inviernos sobre los hombros pero con un aspecto mucho más maduro que otros hombres adultos. El cabello del color azul oscuro le había crecido un poco, llevaba unos lentes que ocultaban una profunda mirada azul noche, sus ojos hablaban poco de su personalidad salvo para reflejar una punzante inteligencia que a Bulma le daba escalofríos ya que parecía siempre estar planeando algo, siempre tuvo esa impresión de él, desde que eran adolescentes. Recordaba aquellas épocas en que él hacía hasta lo imposible por hablarle, por conocerla, por intentar conquistarla. Si no odiara tanto a Takajo habría dicho que era un hombre atractivo y, en otras circunstancias, no habría tenido problemas en aceptarle como novio.
Era rico y bien parecido, elegante, sofisticado, culto y sobretodo…aburrido, más que cualquiera de los hombres que Bulma conocía. A pesar de todo, tenía unas manos grandes, preciosas y una boca muy sensual. Pero el rencor la cegaba, porque no olvidaba aquella vez en que quiso besarla a la fuerza cuando tan sólo tenía catorce años, en ese momento se defendió y lo rechazó, con la misma fiereza con la que había rechazado a Vegeta y eso la disgustaba mucho, porque no debió de hacerle eso, ¡No debió tratarlo así!. Takajo no tenía la culpa de su odio y no podía pagarlo con él siendo irrespetuosa, eran sólo unos adolescentes en ese entonces, después de aquello él cambió su actitud, se volvió tímido y callado, eso la sorprendió porque nunca más se portó mal con ella. Sin embargo los rumores sí que llegaban hasta sus oídos y las pocas amigas que conservaba de la secundaria alguna vez le habían comentado que Takajo era un joven malvado de gustos oscuros. A la madre de Bulma esas cosas no le importaban, a ella sólo le importaba que el joven era muy apuesto, muy agradable y sobre todo que era amante de los animales, así había logrado la confianza de su madre.
-Estás muy hermosa hoy, aunque…noto algo diferente en ti—dijo Takajo con una sonrisa galante. A otra mujer esa sonrisa le habría derretido el corazón, en cambio a ella se lo endureció. Aun así Bulma tuvo la deferencia de sonrojarse en vez de gritarle, tratando así de disimular y también estaba feliz de que no se haya dado cuenta de su embarazo - El color dorado te sienta de maravilla, ese vestido crea un hermoso contraste con tu cabello y con tus preciosos ojos. No he podido dejar de observarte durante toda la mañana.
- Eres muy amable, Takajo.
Bulma siempre había mantenido las distancias con él, jamás lo llamaba por su nombre y utilizaba las formas más serias posibles para tratarlo; en cambio él la trataba con íntima familiaridad y ella había dado aquella batalla por perdida. Con un largo suspiro, el muchacho se situó junto a Bulma para contemplar los jardines azotados por la tormenta.
-Me encanta la lluvia -comentó el joven tras un largo silencio- El sonido del agua golpeando los cristales de las ventanas, esa estampa fría mientras que en el interior nosotros estamos a refugio, el olor húmedo de la hierba que queda después, el aroma a tierra mojada...
-La lluvia consigue que un día soleado y maravilloso se estropee -dijo ella abatida, pensando en Vegeta y en el calor de sus brazos- Después de todo ha estropeado la fantástica salida al jardín que mi padre tanto deseaba - añadió después.
Takajo sonrió divertido, mientras sacudía la cabeza como restando importancia a lo que ella acababa de decir.
- Eso es lo que hace tan especial a la lluvia. Nos ha obligado a cambiar de planes, ya no es un día cualquiera sino uno lluvioso, con el cielo coloreado de un gris muy limpio. Y gracias a la lluvia he tenido la oportunidad de verte con ese vestido que tan bien te queda.
La miró a los ojos y Bulma se mareó por la falta de aire, el vestido seguía estando muy apretado.
- Tienes razón, Takajo.
Su corta respuesta hizo dudar a su acompañante, que la miró con más atención.
- ¿Acaso la lluvia ha estropeado tu día, Bulma? -preguntó él con una amable sonrisa. Ella no deseaba responder a su pregunta y trató de disimular su nerviosismo con una negativa - No te preocupes, tras el paso de la tormenta volverá a salir el sol y podrás sentir sus cálidos rayos sobre las mejillas.
Lo que ella deseaba sentir eran los labios de Vegeta sobre sus mejillas, sus piel, su cuerpo. ¿Cómo sería la sensación de hacer el amor bajo el sol, completamente desnudos y expuestos? La próxima vez que lo vea, cuando él la tenga entre sus brazos, persuadiría a Vegeta y le pediría que la tomase mientras dejaba que el sol le bañara el cuerpo.
- Te eché de menos todo este tiempo - comentó su acompañante tras una pausa - Pensé que nos mantendríamos en contacto a pesar de todo, nunca deje de pensar que eras una mujer increíble, inclusive ayer que te marchaste muy rápido y no pude acercarme a conversar adecuadamente.
- Lo siento…me encontraba indispuesta.
- ¿Y ya te encuentras mejor?
No deseaba seguir hablando con él así que no respondió, se limitó a mirar la lluvia. Takajo respetó su decisión de no hablar y permanecieron juntos un buen rato sin decirse nada ni mirarse, aunque Bulma sentía que él no le quitaba los ojos de encima. Ella contempló los charcos que se formaban sobre el patio notándose cada vez más inquieta, no tenía nada que decirle y no sabía cómo rellenar esos incómodos silencios. Y él no dejaba de mirarla, de estudiarla, de leerle la mente. ¿Podría ver bajo el maquillaje que llevaba, las marcas de los besos que Vegeta le había dejado? ¿Leería en su cuerpo que estaba desesperada por volverlo a ver?
- Me hubiera gustado ser aquel hombre…en verdad lo hubiese dado todo por tenerte entre mis brazos - dijo entonces Takajo. Bulma contuvo el aliento y evitó mirarle a la cara- Te ruego que me disculpes si estoy siendo demasiado atrevido, Bulma, me hubiera encantado demostrarte lo feliz que puedo llegar a hacerte.
Bulma apretó las manos contra su corazón. No ponía en duda su sinceridad, desde que se conocieron él no había hecho más que colmarla de halagos, de tratar de conquistarla, adorándola como a una diosa. Se sintió, de repente, un poco culpable por no quererlo ni siquiera una pizca y tampoco haberle dado alguna oportunidad. Lo detestaba, ella amaba a otro hombre y no deseaba nada de él, por muy guapo y muy amable que fuera. Su sola presencia era un obstáculo para su felicidad, ¿cómo iba a hacerla él feliz? Sóolo si desaparecía Bulma podría sentirse mejor, no estaba pasando por sus mejores momentos y las palabras de ese hombre la incomodaban.
Después de su respuesta hacia el guerrero Bulma iba a abandonar la casa de sus padres y ya no volvería a verlos hasta que quizás regresen algún día de visita a la Tierra. Aquella certeza le partió el alma y su compostura terminó por quebrarse. ¿Qué sería de ella si no podía estar cerca de su familia? ¿Si ya ni siquiera podría ver a su pequeño Tama? ¿Sus padres se olvidarían de ella mientras se marchitaba como una flor en la sombra? ¿En verdad sería infeliz con Vegeta? ¿O acaso había alguna manera de no perderlos?
- Te has puesto pálida, ¿he dicho algo que te ha molestado? -preguntó Takajo colocando su palma caliente con mucha suavidad en el codo de Bulma. A ella la recorrió un crudo escalofrío de espanto, descubriendo que no deseaba ser tocada por él.
- No, Takajo…Es sólo que no acabo de encontrarme del todo bien -susurró ella cerrando los ojos.
- ¿Estás enferma? - preguntó él lleno de ansiedad - ¿Te afecta el mal tiempo?
- Necesito regresar a mi habitación - casi suplicó Bulma tratando de zafarse, la atención de Takajo era incómoda y dolorosa - Lo siento, no puedo seguir aquí… me falta el aire.
- ¿Quieres que avise a un médico?
Lo último que quería era montar un espectáculo en mitad de la fiesta, no deseaba atraer la atención de nadie. Negó enérgicamente.
- Sólo deseo regresar a mi habitación.
- Te acompañaré y te dejaré ahí - dijo ofreciéndose muy solícito, sujetándola por ambos codos para mirarla de frente.
- ¡No! - exclamó Bulma demasiado alto. De inmediato bajó la voz otra vez sin saber muy bien qué excusa poner - No es necesario, Takajo. No quiero molestarte.
- Nada de lo que hagas podría molestarme, Bulma.
- Takajo, es importante que estés aquí junto a mis padres, ellos te necesitan - replicó ella, nerviosa - Ésta celebración es en mi honor, pero yo me siento indispuesta, es por eso que mi familia debe esmerarse mucho más en que todo salga bien para la dicha de todos los invitados sin mi presencia. No tienes que preocuparte por mí, es sólo que…necesito regresar a mi habitación. Discúlpame.
Se zafó de las manos de Takajo con gesto demasiado brusco y corrió hacia el pasillo notando como todos los invitados miraban en su dirección. Se agarró los lazos del vestido con los dedos tratando de aflojarlos, la fuerza con la que el busto del traje se le apretaba al torso impedía que pudiera expandir el pecho. Se puso nerviosa pensando que quizá alguien había salido tras ella, se detuvo y miró en dirección a la sala pensando en alguna excusa con la que quitarse de encima a quien sea. Pero nadie había salido tras ella, todos seguían en la sala, ajenos a su tormento.
Siempre había sido así, nadie prestaba atención a Bulma cuando estaban frente a más personas y ella acababa de convertir aquella horrible sensación de soledad en una ventaja, porque nadie le pediría explicaciones. Se agarró las faldas, subió las escaleras y corrió por el pasillo en dirección a su habitación, resollando sin aliento. Se cruzó con un robot doméstico que intentó ayudarla pero Bulma la apagó con una ágil maniobra y cerró la puerta de su habitación con llave para que nadie entrara. Más calmada, buscó unas tijeras en su cajón de la mesa de noche para acabar con el problema de raíz. Odiaba el vestido y odiaba no poder respirar con él. Odiaba, también, que Vegeta no haya ido por ella, porque era como un cruel recordatorio del destino que le aguardaba sin él.
Se puso de espaldas ante el espejo y buscó el cierre del vestido, estaba tan apretado que maldecía el no haber sido más considerada consigo misma y usar algo tan estridente. Pensó en desgarrar el vestido por delante pero la tela era tan gruesa que no había forma de cortar. Lo intentó con las manos pero no tenía fuerza suficiente y después de veinte minutos de intento, estrelló las tijeras contra la pared frustrada por no poder cortar el maldito vestido. Lo odió aún más, odió también a Takajo y sus estúpidas palabras y se habría echado a llorar si al menos pudiera respirar para sollozar. Recuperó de nuevo las tijeras y se dispuso a cortar el vestido desde abajo, poco a poco. Solo necesitaba tranquilizarse y tomarse su tiempo, haría trizas primero la falda, luego la parte del corsé, se lo arrancaría pedazo a pedazo hasta que no quedara nada de él y luego lo echaría a la basura. Eso haría. Enarboló las tijeras, se agarró la falda y empezó a cortar de abajo hacia arriba.
De repente unos brazos la sujetaron por detrás, tan fuerte que ya no se pudo mover. Abrió la boca para gritar y una mano le cubrió los labios, cuando levantó las tijeras otra mano la sujetó por la muñeca tan fuerte que se le escaparon de entre los dedos, cayendo sobre la alfombra con un ruido amortiguado. Se le aceleró la respiración, provocándole una angustiosa asfixia, pues no terminaba de entender quién había logrado entrar en su habitación si había cerrado la puerta con llave.
- Te dije que vendría por una respuesta.
« ¡Vegeta! »
Un poderoso alivio estuvo a punto de tumbarla por la falta de aire. Intentó hablar, explicarse, pero no podía hacerlo porque se estaba ahogando a causa de la emoción de encontrar a Vegeta en su habitación y además, él le había tapado la boca. Se removió tratando de liberarse de su abrazo, necesitaba espacio, necesitaba aire. Le golpeó los brazos para que la soltara y él la apretó más fuerte contra su pecho. Bulma se sintió todavía más mareada, el cuerpo caliente de su adorado guerrero la embriagó y se revolvió para intentar explicarle que tenía que quitarse el vestido o moriría ahogada. Quizás Vegeta comprendió por fin lo que pasaba o tal vez sólo quería verla desnuda, como fuese, las fuertes y enormes manos del hombre sujetaron el corsé del traje y con un fuerte tirón, desgarró la mitad de la prenda. El aire entró en sus pulmones y Bulma recibió una profunda bocanada de aire que la dejó momentáneamente aturdida, instante que Vegeta aprovechó para inclinarla hacia delante y arrancar con sus propias manos las cuerdas del corsé. El sobrecogedor sonido de los corchetes y los cordones desgarrándose sacudieron la mente de Bulma y su cuerpo, liberado de la presión, se vio envuelto en un aluvión de acaloradas sensaciones. Aquella había sido la muestra de violencia más excitante que había visto nunca y se sintió tan emocionada que se le saltaron las lágrimas.
Con un movimiento brusco aunque midiendo su fuerza con ella, Vegeta la lanzó sobre la cama, agarró lo que quedaba del vestido y terminó de romperlo con sus propias manos, con una rabia tan intensa que Bulma se mordió los labios de desesperación. Vegeta desgarró el traje en varios pedazos, lanzó el corsé al otro lado de la habitación y desnudó el cuerpo femenino a una velocidad abrumadora. Cuando metió la mano entre las piernas de Bulma, ella estaba empapada y ardiendo de deseo y volvió a experimentar la misma sensación de asfixia; ésta vez ya no fue por culpa de un apretado corsé sino por la dura invasión de unos dedos grandes y poderosos que penetraron su intimidad sin encontrar resistencia. Su cuerpo reaccionó de inmediato despertando como si hubiese estado adormecido todo ese tiempo, abriéndose como una flor tras recibir las primeras gotas de lluvia. Vegeta introdujo dos dedos en su interior curvándolos ligeramente hacia arriba y apretó la palma contra su zona más sensible, provocándole una violenta sacudida que remeció su mente. Bulma inspiró hondo, mareada y emocionada, controlando las ganas de gritar con todas sus fuerzas porque deseaba disfrutar del tacto de Vegeta, de sus duras caricias, del calor que emanaba de él y la envolvía.
Estiró las manos para tocar el cuerpo de su guerrero, lo sujetó por el cabello y con la misma violencia que estaba empleando él en ella, se lanzó hacia su rostro para hundirse entre los calientes labios masculinos, perdiéndose en su boca con el mismo deleite con el que se retorcía con sus caricias. Apenas se habían besado hace unas horas en su anterior encuentro y le gustaba mucho sentir en su lengua los sabores tan potentes que él desprendía, era una sensación emocionante y embriagadora a la vez, porque cada roce de lengua le traía sensaciones y vagos recuerdos de cómo él la tomaba y la poseía mientras jugaba con esa misma lengua en su intimidad y se emocionaba al comprobar que no importaba dónde ni cuándo sucedió había sucedido eso, a Bulma le daba tanta felicidad el estar sintiendo esto, al parecer la mente había olvidado pero el cuerpo…el cuerpo aún conservaba aquellas sensaciones, su cuerpo recordaba…cada caricia le hacía cosquillas en alguna parte del cuerpo que empezaba arder de un modo violento y doloroso.
Vegeta puso una mano sobre el pecho de Bulma para tumbarla sobre la cama sin dejar de mover los dedos en su interior, tocando un punto muy concreto dentro de ella que comenzaba a dejarla ciega. La invasión era dolorosa y apremiante, ella prefería sentir sus dedos ásperos acariciándole los sensibles y mojados pliegues, pero le gustaba de igual manera la forma en que la acariciaba hasta provocar un ardor tirante que se extendía hasta su vientre. Vegeta se apartó de su boca y aceleró implacable los movimientos que hacía con la mano, Bulma se llevó las manos a la cabeza y toda la impaciencia que había acumulado se desbordó con un subrepticio orgasmo que fue intenso y humillantemente corto.
Con las primeras palpitaciones Vegeta retiró los dedos empapados y se quedó mirándola mientras ella temblaba, vulnerable y expuesta, hasta que su estómago dejó de sacudirse sin que los rescoldos del deseo se hubiesen apagado del todo. Bulma se sintió avergonzada. ¿Siempre se sentía así cuando Vegeta la poseía y se quedaba observando cómo su entereza se desmoronaba?, como su cordura y contención desaparecían y se transformaba en un animal sensible que reaccionaba según sus necesidades. Bulma siempre había sido una mujer centrada y comedida con sus emociones, pero cuando se trataba de Vegeta perdía la cabeza…lo sabía, sucumbía con facilidad, reaccionaba de forma alocada y sin control. No le importaba en absoluto rendirse al gozo con él, porque sólo cuando su cuerpo empezaba a arder y a vibrar por él, se sentía viva.
Y también sentía miedo, empezaba a ser consciente de lo mucho que su felicidad dependía de él.
Consiguió calmarse un poco mientras respiraba lentas bocanadas de aire. Se dio cuenta de que Vegeta continuaba mirándola, sujetándola por los brazos para observar con atención su cuerpo. Ella se soltó por unos momentos y pasó las manos por la cara notando como había empezado a sudar, algunos mechones de cabello se habían soltado del peinado y se le pegaban a la frente y a las mejillas. ¿Cuánto tiempo había tardado Vegeta en causarle aquel orgasmo? La había desnudado y despojado de toda decencia en cuestión de segundos, aunque ahora parecía querer tomarse las cosas con calma, dada la forma en que clavaba los ojos en su cuerpo, se sentía nerviosa y avergonzada ya que debido a su estado, no se sentía atractiva...
- Debería de haberme ido, de haber regresado a Vegetasei…pero no podía largarme de aquí sin ti; no al menos… antes de hacerte mía una última vez - dijo entonces, recorriendo el resto de su cuerpo con la mirada hasta hundir los ojos en los de Bulma.
A ella se le contrajo el vientre por la impresión y el tono de sus palabras.
- ¿Por qué dices todo eso? - susurró con la voz un poco rasgada.
Vegeta emitió un gruñido y rodeó sus brazos con las manos para separarlos aún más y poder observarla mejor. Bulma enrojeció. «Estoy lista para él», se dijo. «No hay nada de qué avergonzarse, él es el padre de mi hijo». Con una sonrisa se acomodó sobre el colchón sintiendo como su intimidad se contraía con violencia ante la oscura mirada del hombre.
- Bulma, te pedí que pensaras y decidieras qué es lo que querías hacer…pero creo que lo mejor será que te quedes aquí…con los tuyos.
Ella tembló. ¿Estaba enfadado Vegeta y por eso le decía todas estas cosas?
- No me hagas esas bromas de mal gusto nunca más - tartamudeó asustada pero después de unos segundos pudo encontrar esa confianza que necesitaba - Me obligaste a decidir y he decidido…¿Sabes por qué? Porque a pesar de que no logro recordar lo que pasó entre nosotros...tus besos han logrado que sepa que realmente te amo. He pasado horas allí abajo pensando en ti, en tu olor, en la sensación de tu piel contra la mía - musitó apretándose los pechos con las manos cuando sintió que sus pezones se ponían tirantes - En que te siento dentro de mí…me he encerrado aquí porque ya no podía más con ésta angustia…te necesitaba…te necesito.
- ¿Estás totalmente segura?
- Vegeta… - ronroneó extasiada - Ya estoy desnuda y lista, para ti. Deja de hablar y tómame si eso es lo que deseas. Hazlo ya. No puedo soportar más tiempo sin que me toques.
Vegeta emitió un gruñido y esbozó lo que a Bulma le pareció una sonrisa traviesa, una mueca un tanto escalofriante que a ella le provocó un febril suspiro. Cerró los ojos cuando sintió que su intimidad empezaba a arder de necesidad y se la cubrió con la mano para apaciguar las llamas, frotándose los pliegues con los dedos para aliviar el calor y se exploró a sí misma como tantas veces había hecho. Ésta vez Vegeta la estaba mirando y se deleitó con la sensación de ser observada mientras se acariciaba de un modo íntimo.
- No hagas eso - protestó él, furioso.
Bulma deslizó una ávida mirada por el musculoso pecho de su guerrero, deleitándose con los músculos que se trenzaban alrededor de su torso. Tenía el torso amplio, los hombros anchos que ocultaban toda la luz, el vientre tan plano y tan duro como una pared. Indagó su musculatura un poco más abajo y se sintió decepcionada al comprobar que todavía llevaba la parte baja de su traje de batalla puesto, conteniendo allí dentro algo con lo que ella no dejaba de fantasear. Sacudió la cabeza, sorprendida por tener aquellas primitivas necesidades. No estaba segura de comprender el alcance de su enloquecida necesidad, deseaba con increíble ansiedad sentirlo y ser un solo ser, que el llegase a explicarle con sus besos y caricias lo que sentía, que la haga suya y así terminar por completo con esos miedos y dudas; tener la certeza de que ambos encajaban como dos piezas perfectamente ensambladas y que estaban destinados a estar juntos, quería que él le mostrase ese camino.
- Tócame, Vegeta - suspiró ella acariciándose, incapaz de contener la lujuria y el deseo. Con un suspiro deslizó su otra mano por el pecho y se acarició - Hazme tuya, por favor.
Vegeta empezó a acariciarla totalmente poseído por el deseo, acariciaba sus pechos que habían tomado mayor tamaño, le encantaban. Con sus labios los aprisionaba y acariciaba, como si fuese un niño jugueteaba con ellos. Estaba maravillado y también nostálgico al recordar sus encuentros pasados. Ella se aferró a su pecho y lo acariciaba suavemente, deseaba grabar en su memoria cada centímetro de su piel, cada cicatriz que observaba y acariciaba en su cuerpo. Él lentamente descendió dejando un rastro de besos y lamidas entre su vientre abultado, sus muslos y su intimidad. Ella no pudo evitar un jadeo, sentir sus labios y su lengua adentrándose en ella fue simplemente el cielo.
- No grites - increpó Vegeta con brusquedad, siguiendo con su labor.
Bulma se clavó los dientes en la boca, agitando la cabeza para afirmar que lo había escuchado. Ahogó un agudo gemido cuando Vegeta comenzó a deleitarla con unas intensas caricias en su interior, usando la lengua con la destreza de quien sabe lo que hace. Se le escaparon las lágrimas al pensar a cuantas mujeres habría hecho llorar de placer antes que a ella o cuando la suponía muerta, pero enseguida tuvo que esforzarse por no hacer ruido, cuando sus lamidas se volvieron duras y penetrantes. El fuego de su interior alcanzó proporciones de incendio cuando deslizó dos dedos en su interior y comenzó a acariciarla otra vez de esa manera tan apremiante.
Cesaron los besos y Vegeta estrujó uno de sus pechos, sin dejar de acariciarla fervientemente con los dedos imitando el movimiento que haría su miembro. Cada vez que sus yemas rozaban un punto al salir, el estómago de Bulma se le encogía y sus pechos se ponían un poco más sensibles de un modo demasiado doloroso para soportarlo. Se le escaparon unos sollozos y Vegeta volvió a besarla en los labios, para acallarla y reconfortarla. Retorció las caderas muerta de placer, no podía soportarlo, necesitaba gritar a los cuatro vientos el gozo que sentía. El placer creció hasta cegarla y notó como se formaba una ola en su interior, tan alta que empezó a temblar de miedo pensando que se desmoronaría. Justo cuando ya creía que obtendría el ardiente alivio, Vegeta apartó la mano y se posicionó sobre ella mirándola fijamente a los ojos, ella temblaba bajo su cuerpo.
- Me encantas, te deseo…- le dijo besándola nuevamente - ¿Qué es lo que me has hecho? ¿Cómo es posible que pueda desearte tanto mujer?
Bulma parpadeó confundida, con la sangre acumulada en todas las zonas sensibles de su cuerpo y su intimidad ardiendo. Se esforzó por complacerlo, aunque lo primero era respirar y seguir consciente. Estaba demasiado impresionada por el desarrollo de los acontecimientos como para negarle nada a Vegeta.
- Oh, Dios… - gimió asombrada cuando lo vio despojarse de lo que le quedaba de ropa y la atrapaba bajo su fuerte cuerpo, hundió el rostro cerca de su cuello y empezó a lamerlo y besarlo mientras ella se sentía desfallecer.
Estaba tan húmeda y tan excitada que Vegeta se deslizó dentro de ella con facilidad. Bulma abrió los ojos con un grito atascado en la garganta, sintiendo cómo con cada centímetro de recorrido sus músculos se estiraban, abriéndose. Vegeta era increíble en todos los sentidos y ella apenas podía creer que la quería, que era ella la mujer que él había elegido, él era perfecto, salvaje, pasional, la tocaba con amor, con dolor…pero era ese dolor, ese punto de salvaje agonía lo que más le gustaba. Vegeta era rudo, brusco y exigente, y por eso se había enamorado de él, porque no la trataba como una flor de invernadero sino como un hombre tiene que tratar a una mujer, con pasión y desenfreno, en ese preciso instante lo recordó…recordó aquella mirada oscura la primera vez en que lo vio.
Se recordó siendo amada con infinita pasión en medio de la naturaleza, siendo sus cuerpos iluminados solamente por la luz de la luna. No pudo contener a las lágrimas que caían por su rostro, lágrimas de felicidad, de entrega total.
Mientras lo sentía entrar y salir de ella tan apremiantemente que la inundaba la alegría y el anhelo, recordó sus besos, la primera vez en que se unieron, las peleas, las reconciliaciones, recordó su pasado, lo recordó todo mientras sentía que él clavaba sus colmillos en su cuello suavemente, él estaba tomándola para siempre, ella lo sabía…él se lo había dicho.
No había vuelta atrás.
Era suya…
Era suyo…
Era feliz y eso era todo lo que necesitaba saber.
Así se sentía ella, amada con pasión, querida y adorada por un hombre que sabía cómo hacerla sentir viva. A ella no le gustaban los regalos, ni las hipocresías, las flores o el cortejo; ella prefería el amor carnal y pasional que él le demostraba, un tipo de amor despojado de falsedad que sólo con un roce de piel podía significar mucho. Con el roce de sus cuerpos no había mentira posible. Vegeta, por mucho que quisiera camuflar su pasión y su amor desmedido haciéndole cosas dolorosas e indecentes, no podía engañar a Bulma, en verdad nunca pudo engañarla…ella siempre supo que él la quería…tanto como ella a él. Sus instintos movían sus acciones, no había nada más puro y más real que dejarse arrastrar por la naturaleza de sus apetitos, sucumbiendo a los oscuros anhelos del corazón.
Un tirón de cabello la arrancó de su fantasía, no habían acabado y Bulma sabía que Vegeta se tomaría su tiempo. La estaba castigando por todo este tiempo apartados. Enseguida se vio obligada a luchar por mantenerse cuerda, cuando él, sujetándola de la trenza medio desecha con una mano y de la cintura con la otra, empezó a mover las caderas como un animal desbocado. Primero fueron suaves topetazos con los que amoldarse al estrecho interior de Bulma, después la embistió con tanta fuerza que cada vez que llegaba al final Bulma lo veía todo blanco.
El cuerpo se le cubrió de un sudor pegajoso, se agarró de las sábanas de la cama para aguantar los empujones y se recreó en la visión de su rostro, de aquel rostro de hermosos rasgos masculinos entregado totalmente al placer. Estaba tan sensible que sentía cada vena y cada línea de músculo rozarse en sus paredes internas y empezó a gritar. Vegeta refrenó los movimientos y la obligó a levantar el torso. Bulma respiró agitadamente y movió las manos buscando algo a lo que sujetarse otra vez.
- Contrólate. No grites - gruñó el hombre en su oreja. Pegó una mejilla caliente y mojada a la de Bulma y ella inspiró hondo para empaparse con su olor - Nos oirán si sigues gimiendo, siento muchas energías en tu casa, hay demasiada gente…que fastidio.
- No puedo callarme - gimió aplastándose contra el pecho húmedo de Vegeta, pegándose a su piel pegajosa para mezclar su sudor con el de él, deleitándose con los músculos vibrantes por el esfuerzo - Es demasiado…me gusta mucho…me encanta todo lo que haces…No puedo controlarme cuando se trata de ti.
Se retorció lo suficiente para alcanzar la boca de Vegeta y se hundió dentro de ella con desesperación. Él reaccionó acariciándole el vientre mientras embestía tan fuerte provocando que el cuerpo de Bulma se sacudiera con violencia. Ella ahogó sus gemidos mordiéndole los labios a Vegeta. Estaba a punto de tener un orgasmo cuando Vegeta la empujó suavemente contra la cama y detuvo los movimientos. Bulma se agitó buscando ese roce que la impulsaría hacia las estrellas y él la sujetó por los brazos, impidiéndole hacer nada, resollando como un animal. La tensión que emanaba del cuerpo masculino le oprimió el corazón, lo miró por encima del hombro buscando una explicación pero estaba tan cegada por el deseo que sólo vio una mancha borrosa. Supo lo que iba a suceder a continuación y trató de impedirlo, pero no tuvo tiempo. Vegeta salió de ella y se liberó sobre las sábanas, emitiendo unos gemidos que enloquecieron a Bulma, ella se enfureció al verse privada de aquello que tanto deseaba, reducida a sentir sus palpitaciones fuera de su cuerpo.
Sin pensarlo, se giró sobre la cama y aprovechó el impulso para darle una bofetada en la cara. Vegeta la sujetó por la muñeca antes de que pudiera golpearlo y ella chilló, frustrada.
- Es tu castigo, aunque te haya marcado y convertido en mi pareja…aún no te perdono del todo - dijo él.
Bulma, indignada, intentó abofetearlo con la otra mano y Vegeta la agarró también.
- No me hagas esto - gruñó rabiosa, revolviéndose para liberarse - No seas injusto…Intenté recordarte, te lo juro. Te esperé durante mucho tiempo aún sin saberlo, aunque tardaste demasiado en encontrarme, no es culpa mía lo que sucedió. Deberías haber estado aquí conmigo siempre o yo allá contigo, deberías haberte quedado conmigo y convencerme en lugar de huir como haces siempre. Yo nunca he huido de ti. ¿No lo ves? Yo te quiero como nadie te va a querer jamás…eres mi saiyajin…
Sus protestas se transformaron en súplicas, la rabia en tristeza y dejó de forcejear, aceptando con todo el dolor de su corazón el cruel castigo de Vegeta. Le dolía el cuerpo. Mucho. Y los pechos. ¡Dios! Aquello era insoportable.
- Odio hacerte llorar - dijo él entonces - Cuando lloras de placer sollozas incapaz de soportar el gozo y te ahogas. Ahora mismo tienes los ojos brillantes, las mejillas negras de pintura y el pelo pegado a la cara. No soporto verte así porque no merezco ni una pizca esa expresión de deleite que me dedicas cuando estamos juntos. Te miro y sólo deseo hacerte mía una y otra vez y…
- Hazlo - pidió ella con los ojos brillantes, deslizando una mirada por su cuerpo hasta el lugar en el que tenía el traje de batalla a medio caer. La había tomado con el traje y las botas puestas. Se relamió los labios de gusto, qué estampa tan erótica - Quiero hacerlo - insistió.
- No.
- ¿Qué tengo que hacer para demostrarte lo mucho que te amo y te deseo? ¿Qué tengo que hacer para demostrarte lo mucho que deseo tenerte dentro de mí de todas las formas posibles?, Te amo Vegeta…
Se impulsó hacia él y Vegeta la frenó apretándole las muñecas y mirándole con expresión tormentosa.
- Mientras venía para acá he tenido tiempo para pensar…
- ¡Deja de pensar, tonto! - gritó Bulma, ofuscada. ¿Por qué pensaba tanto? ¿Por qué se contenía? Estaba cansada de luchar contra su tozudez - ¿Qué quieres pensar? Eres mi pareja y yo soy tu mujer. No oculto lo que soy, ¿por qué te ocultas tú?
- Por tu bien - respondió Vegeta furioso - Porque no quiero hacerte daño, menos en ésta situación mujer…estás embarazada. No quiero dañar al niño…
- No vas a hacerlo - contestó ella con determinación - Nunca nos harías daño, de eso estoy totalmente segura…además, ya faltan solamente dos meses para que podamos verlo.
Vegeta la tumbó sobre la cama recostándose encima de ella, mirándola fijamente para rebatir su argumento con una respuesta contundente. Bulma se tranquilizó al sentir su estómago duro presionando suavemente contra su abultado vientre y separó los muslos más que dispuesta a obtener el placer por si misma aunque fuese restregándose contra él e incitándolo.
- Piensa en cómo vas a hacerme tuya ésta noche Vegeta porque no pienso dejarte ir hoy - ronroneó ella, envalentonada. Había perdido la vergüenza - Eso es en lo único que tienes que pensar.
Vegeta impuso su cuerpo sobre el de ella moviendo las caderas y le sujetó ambas muñecas con una mano mientras con la otra le separaba los pliegues para introducirse dentro de ella.
- Oh, sí… - gimió complacida – Mi amor…
Su cuerpo se curvó de placer ante la invasión de Vegeta y gimió hondo. ¡Él era maravilloso!
- No grites - protestó él frotándose contra un punto de su interior.
- Quiero estar así contigo al aire libre una vez más para gritar lo mucho que te quiero - suspiró con la piel de las mejillas ardiendo.
Vegeta hundió la cara en su cuello y empezó a embestirla con un ritmo lento pero contundente. Bulma se dejó envolver en aquel placer con rapidez entregándose a las cálidas sensaciones de aquel encuentro salvaje. Cuando alcanzó la cima del placer, él acalló sus gemidos con un beso profundo y estuvieron así durante algunos minutos mientras ninguno decía nada. Unos segundos después lo sintió ponerse de pie y escuchó como la ventana de su habitación se abría aun más. Observó la silueta de Vegeta allí de pie, mirando hacia el exterior. La lluvia había cesado, el cielo aún estaba gris y aquella postal fue hermosa, verlo allí fue una escena de aquellas que le hubiese gustado capturar para la posteridad.
- ¿Vegeta? - preguntó, indecisa, mareada.
- ¿Tienes miedo? -preguntó a su vez él.
- Sí…
- Eso es bueno. El miedo te mantiene alerta. Serías una estúpida si no lo tuvieras.
- ¿Qué vas a hacer?
- Enseñarte lo que me gusta de verdad.
Él se apresuró a envolverla entre las sábanas y tomarla en brazos mientras se elevaba unos centímetros del suelo, se acercó a la ventana y salió volando rápidamente de allí, ella se aferraba a su pecho con algo de miedo de caerse, pero sabía que él jamás la dejaría caer. La sensación de tenerlo allí, de estar entre sus fuertes brazos, de tener la certeza absoluta de que lo amaba y haría lo que sea por él, era simplemente lo mejor que le había sucedió en la vida.
Ahora podía conocer sus recuerdos, muchos de ellos dolorosos, su pasado, sus anteriores experiencias…
Pero eso eran…su pasado.
Porque ella y su hijo eran su presente y su futuro.
Ella también tenía un pasado y supo que él lo había visto, quizás por eso le había hecho el amor de esa manera tan salvaje, para que ella recordase siempre sus besos, su cuerpo, sus caricias. Él era posesivo y territorial por naturaleza, él era lo que ella necesitaba para sentirse completa y feliz.
Finalmente habían creado aquel vínculo, habían consumado la unión saiyajin y se sentía feliz, demasiado feliz. Sabía que no todo sería felicidad por siempre, que probablemente sucederían cosas que los hagan pelear o existirían situaciones difíciles que afrontar, pero se sentía preparada para ello. Sentía que con él era capaz de enfrentarse al mundo o al universo si era necesario.
- Sabes…después me gustaría visitar a Milk, durante todo este tiempo no la he recordado…tampoco a Gokú.
- Iremos después, ellos deben estar ocupados ahora.
- Entiendo – Ella sintió y le dedicó una hermosa sonrisa a su guerrero.
- ¿No me preguntarás a dónde vamos? – Le cuestionó, era raro que ella no lo atosigue con preguntas.
- No…sé que donde sea que vaya contigo, está bien – Ella se acurrucó contra su pecho y él enrojeció, era divertido ver estos cambios de humor en él a pesar de todo lo que habían vivido juntos – Confío en ti…siempre confiaré en ti.
