Hola a todas y a todos, una disculpa enorme por la demora en actualizar este fic, pero había estado un poco ausente de este fandom. Lo siento! :(
Retomaré poco a poco las historias que han quedado pendientes, les agradezco muchísimo por sus reviews pasados! Abrazos inmensos para todos.
Sigan opinando, con quién quedaría mejor emparejado el lindo Tarble? Lenussy o Gure?
Saludos y abrazos :D
Disclaimer: La mayoría de los personajes de ésta historia pertenecen a Akira Toriyama.
PROMESA
Estaba confundida y agobiada, si alguien le hubiese dicho que en menos de un año su vida cambiaría de esa manera tan radical se hubiese burlado, es que; ¿Alguien comprendía lo que había sucedido?
Trataba incluso de creérselo ella misma, hace poco más de un año era la novia más feliz sobre la faz de la Tierra, enamorada de un jugador de béisbol y amigo de toda su vida. Un día cualquiera mientras paseaba alegremente con él por el nuevo parque de la ciudad, unos alienígenas asesinos los invadieron, acabando así con todo rastro de vida en su planeta, claro llevándose a algunos vivos y cautivos.
Ella fue una de esas personas, según lo que le había contado Vegeta; aún no recordaba aquello pero ya intuía lo que pudo haber padecido en esos meses. Después de eso un grupo de desconocidos que luego supo pertenecían a una de las razas guerreras más poderosas del espacio. Bien, la habían conducido a su planeta junto a otras terrícolas que lograron ser salvadas. Ok, hasta allí todo iba bien.
Ella aún guardaba el luto por su novio supuestamente fallecido; pero se supone que durante esa estadía en Vegetasei, ya sabía como se llamaba el planeta. Se volvió a enamorar...
Y no, no como una quinceañera, ésta vez era la Bulma adulta, la Bulma mujer, la Bulma que estaba dispuesta a darlo todo por su felicidad la que se había enamorado perdidamente de un guerrero saiyajin, y no de cualquiera; ¿Qué sería de ella si hubiese sido así? ¿Bulma Brief fijándose en un hombre común y silvestre? No, por supuesto que no; el hombre del que se había enamorado era nada más y nada menos que el Príncipe de aquel planeta, nada más era el ser más arrogante, orgulloso y malhumorado del universo.
Y ella lo amaba, sí...lo amaba por sobre todas las cosas.
¿Complicado no? Mucho más si pensaba en lo que había ocurrido después, un ataque sorpresa al planeta por parte de aquella bestia infernal llamada Freezer y su séquito de imbéciles. Y la perdida de sus recuerdos, desde aquel día de la invasión.
Es cierto que había recordado lo vivido con él, con Vegeta y todo lo que tuvo relación con el suceso de las cosas que los rodearon. Pero más allá de eso, no pudo saber nada más. Su ex novia, Yamcha; le había confesado lo que había ocurrido y la razón por la que ella no recordaba nada.
Además de que estaba embarazada, primero creyó que de su novio de toda la vida...era obvio.
Pero al enterarse de lo que había pasado tuvo la certeza de que no era así, y no se equivocó. Estaba esperando un hijo de un ser del espacio, del Príncipe de la raza de guerreros más temible de toda la galaxia. Genial, Bulma Brief; ¡Siempre dando de qué hablar!
Y no fue hasta que lo vio frente a frente que pudo comprender la magnitud de las cosas, la imponente presencia de ese hombre lo decía todo. Pero cuando Vegeta se unió a ella mediante el ritual saiyajin y los recuerdos la abordaron de golpe, todo...absolutamente todo cobró sentido y valor para ella. La razón por la que trató de entenderlo, de acercarse a él, de amarlo...de incluso llegar a concebir un hijo suyo.
No era tonta, era una mujer adulta...no había tenido hijos con su ex novio por la simple y sencilla razón de que a pesar de quererlo y pensar que su futuro sería con él, muy inconscientemente no lo quería de esa manera, no se imaginaba un futuro así.
Pero en cambio a él, se lo había entregado todo sin reservas...le había abierto las puertas no sólo de su alma, sino también de su corazón. Y él también lo había hecho con ella, de eso no habían dudas...un saiyajin no tenía hijos con cualquiera. Eso le daba la seguridad de que ese orgulloso guerrero aparentemente frío frente a otros, con ella era el ser más cálido y entregado que pudo conocer, él la quería. La aceptaba como su compañera, para toda la vida...y eso la hizo muy feliz, demasiado feliz.
Porque eso era lo que ella quería, ¿A quién le importaban cosas tan insignificantes como que era un extraterrestre? ¿A quién? ¡Era el ser al que ella amaba!
Ella quiso, por supuesto seguir con los procedimientos formales y presentarle a su familia; pero el gesto y el ceño fruncido de Vegeta le dejaron claro una cosa; no era momento para ello. Le había dejado claro con sus palabras:
"Quizás para los humanos eso sea importante, pero no pretendo dejarte ir por lo que queda del día, no voy a dejar que te alejes y menos ahora; no pienso separarme de ti ni dejarte salir de ésta habitación hasta que me marche, ¿Lo has entendido mujer?...me iré al amanecer"
¿Cómo cuestionarle algo cuando había sido tan claro? Él no quería alejarse de su lado ahora, quería permanecer junto a ella hasta que partiese de retorno a su planeta y aquello sucedería en unas horas, ¿Por qué perder el tiempo en presentaciones, en cenas, en posibles horas de charla que sabía agobiarían al saiyajin? Ella al recobrar sus recuerdos, supo quién y cómo era él...no quería agobiarlo, quería que se marchase con un bello recuerdo de aquella noche, de aquella noche de los dos...para que ese tiempo que estén separados sirva como recordatorio de lo que se perdería si no regresaba por ella, porque ... ¿Volvería, verdad?
Él se lo había prometido, e iba a confiar en sus palabras, ya hablaría con sus padres sobre aquello. Sobre la promesa que él le había hecho de regresar a su lado.
La noche que habían pasado juntos fue hermosa, tan llena de pasión, de alegría, de caricias contenidas, de deseo...de amor. Porque en cada caricia él le decía que la quería; porque no le hizo falta que él hablara, su cuerpo, sus besos y su calor se lo hicieron saber, Vegeta no era bueno con las palabras, eso ya lo sabía. Pero con ella había aprendido a demostrarlo de otras maneras, porque quería hacerle sentir segura, querida, adorada como a una diosa. Porque el príncipe de aquel fiero planeta de guerreros no era más que un hombre dispuesto a matar si fuese necesario por volver a su lado. Eso le llenó el pecho de un extraño sentimiento, una vaga nostalgia la invadió, cuánto le gustaría estar a su lado, cuánto quisiera verlo combatir y darle su apoyo...pero no podía, él había decidido que ella permanecería en la Tierra bajo la protección de Gokú y Raditz.
Y no hubo lugar a reclamos, ella estaba esperando a su hijo; al heredero de Vegetasei y ante aquel argumento no pudo rebatir. Vegeta quería protegerlos, ella podía percibir su preocupación, si él que era un guerrero sumamente poderoso había preferido dejarla aquí protegida, tendría sus buenas razones y las respetaría, después de todo aunque haya querido seguirlo, ir con él a su planeta y reencontrarse con todos aquellos a quienes aún no recordaba del todo, no quería arriesgar la vida de su hijo. Vegeta jamás se lo perdonaría si volvía a exponerse tontamente como aquella vez en Zarg.
Esperaba que a su amigo Gokú le esté yendo bien, ahora mismo Raditz sobrevolaba la Corporación Cápsula haciendo un "reconocimiento del perímetro" como él le había llamado. Raditz le caía bien, contrario a lo que pensó cuando Vegeta los presentó por segunda vez. "Debes proteger a tu Reina" ¡Qué bien sonaba aquello! ¡Vegeta la consideraba su Reina!, pero no era tonta, claro que no...Raditz había presentado un comportamiento muy extraño durante la mañana cuando decidió invitarlo a desayunar, claro que su madre estuvo encantada de la vida con la presencia del joven. Pero Raditz parecía todo un manojo de nervios y creía, intuía que se debía a cierta persona que compartió con ellos el desayuno.
Su hermana Tights había salido la noche anterior a una cena con sus amigos de la universidad; llegó bastante tarde. Por eso, desayunó junto a ellos bastante tarde, Tights usualmente era una de las primeras personas que despertaba junto a su padre, el nerviosismo de Raditz la alentó, el pretendiente de Tights no le caía nada bien, incluso había intentado seducirla a ella hace un par de años. ¿A Tights le podría gustas Raditz?
¿Por qué no?
Después de todo, era bastante apuesto, muy alto, muy atlético, muy salvaje y temperamental, todo un prospecto. Conocía los gustos de su hermana, Tights siempre prefería lo inusual. Seguramente que la personalidad tan desinhibida de Ryuu lograba crear cierta curiosidad en ella, pero Raditz era un mucho mejor paquete...de eso estaba segura.
- Bulma, Bulma...¿En qué estás pensando querida? - La voz de su madre la sacó finalmente de su ensoñación, ¿desde cuando hacía aquellos viajes mentales tan prolongados?
- Lo siento mamá, estaba un poco; distraída - le sonrió disimuladamente - Mmmm ya huele delicioso, ¡Qué bien! Tengo mucha hambre...
- Jujuju querida - su madre sonrió divertida y colocando una mano sobre su hombro - Bulma, desde que estás embarazada comes como un caballo - se puso roja de la vergüenza, ¿Qué estaba insinuando?
- ¡Mamá! - se cruzó de brazos indignada - Soy una mujer embarazada muy hermosa - le dijo orgullosa de su estado.
- Eso sí, no lo discuto querida; eres muy linda - su madre le acarició el cabello y se dirigió hacia el horno en donde descansaba un delicioso pollo a punto de estar listo. La señora tarareaba una alegre canción mientras movía un poco las caderas haciendo un ademán de baile. Bulma la contemplaba sonriente, ¡Su madre era única!
- Querida, ¿Invitarás de nuevo a comer a ese apuesto muchacho? - le dijo cantarinamente.
- ¿Apuesto? ¿Te refieres a Raditz? - cuestionó - Sí, le dije que viniera en unos treinta minutos - Agradecía a Kamisama la existencia de esos dichosos scouters, así podría mantener comunicación con sus dos escoltas sin necesidad de estar allí pegados a ella, sobre todo a Gokú que le había comentado sobre el estado de su compañera. También era una humana y ella la recordaba, quería conocerla o reencontrarla.
Le había dado la idea a Gokú de traerla a vivir a la Corporación Cápsula, si se mantenían allí en el Monte Paoz estaría muy lejos y no se perdonaría jamás si Gokú no llegaba a tiempo para el nacimiento de su hijo, el estado de Milk ya era bastante avanzado.
Esperaba que ella aceptara, le había contado a su padre y él estaba muy emocionado por la noticia, vería después de mucho tiempo a la pequeña hija de su entrañable amigo Ox Satán.
- Espero que ese muchacho venga, se ve que es muy fuerte y está muy lindo también - seguía sonriente, con los ojos brillando de ilusión y felicidad.
- ¡Mamá! ¡No digas esas cosas! - ella se avergonzó, su madre siempre había sido así.
- No es nada malo querida, ya que me contaste que tu lindo prometido volverá por tí; estoy impaciente por conocerlo. Mira nada más lo guapo que es su amigo y qué considerado de dejarlo aquí para tu cuidado, debe ser todo un caballero...no, debe de ser un Príncipe...- suspiraba soñadora la señora Brief, Bulma no pudo evitar que una gran gota aparezca en su frente, si su madre supiera...
- Sí...es muy considerado, mamá - sonrió nerviosa - mejor pondré la mesa e iré llamando a papá al comedor - trató de adelantarse antes de que su madre comenzara desvariar, ¡Y qué diría cuándo conozca a Gokú o al mismo Vegeta! Su madre sufriría un paro cardíaco...
- ¿Sabes algo? El joven Ryuu me agrada mucho pero...creo que el joven Raditz es mucho más apuesto, más interesante...¡Quisiera tener unos nietecitos tan lindos como él! - suspiró con los ojos brillando, en sus fantasías más alocada ella era la abuela de muchos, muchos nietecitos de cabello negro, con peculiares formas y de amplias frentes, con el ceño fruncido, imaginaba a esos pequeñines llamándola abuela, abuela...¡Abuela!
¡Qué felicidad!
- Mamá...por fin coincidimos en algo, a mí también me agrada mucho más Raditz que Ryuu - le confesó a su madre que la miró cómplice - Está dicho,¡Ayudaremos a Raditz! - dijo triunfalmente mientras el aludido la llamaba mediante el scouter.
Gracias a sus conocimientos había logrado transferir toda aquella información a su teléfono celular y había diseñado un aparato muy similar que servía para la misma función, sólo que ya no tendría que colocárselo en el ojo, sino que podría portarlo como un dispositivo móvil.
- Mi Reina - llamó, él aún le costaba llamarla así pero, trataba de hacerlo lo mejor posible o podría quejarse con Vegeta - Solicito su permiso para ingresar a su vivienda.
- Raditz, puedes llamarme Bulma...eso de "mi Reina" me da escalofríos y claro que puedes pasar - ella contestó divertida tratando de darle confianza al saiyajin. Así podría conocerlo mejor y ayudarlo.
- No puedo hacer aquello que me solicita, mi Reina...tenemos órdenes expresas de protegerla y respetarla como a nuestra Reina y... - Pero habían olvidado que aquella llamada no era privada, sí; un error de ella por no haberlo hecho por ese canal de voz.
- ¿De qué están hablando muchachos? - La voz del joven saiyajin retumbó en los oídos de ambos jóvenes, tanto ella como Raditz estaban asombrados de que se haya dado cuenta de esa conversación - ¿Sucede alguna cosa, Bulma?
- ¡Oye! ¡Muestra más respeto con tu Reina! - Raditz le recriminó, si el Rey se enteraba de aquello era hombre muerto.
- ¿Eh? No entiendo Raditz, ¿Dije algo malo? - Cuestionó confundido el menor de los hermanos, para ese entonces Raditz ya estaba furioso.
- ¡No seas impertinente! - Le llamó la atención.
- Basta, a mí no me molesta para nada que me llamen por mi nombre, es más... - se detuvo y suspiró - De hoy en adelante les exijo que me llamen por mi nombre, soldados... - trató de sonar severa, como debería sonar una Reina, ¿No? Se estaba divirtiendo mucho con ésta situación.
Levantó la vista hacia el cielo y miró a través de la ventana que daba hacia el jardín, el cuelo celeste y las bellas nubes algodonadas adornaban aquel sublime marco; suspiró y se llevó una mano al pecho, pensando en él.
- Vegeta...te espero, sé que vas a volver...
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