Hola a todos y a todas, sé que muchos me odiarán por haberme demorado tanto en el capítulo pero, más vale tarde que nunca! No me odien! jajaja

Diré que este capítulo está dedicado para Veros, gracias linda. Tu review me animó a continuar la historia, abrazos y beshos para ti guapa.

Contarles también que ya estoy mucho más desocupada que antes y podré continuar con los fics pendientes que tengo. Gracias por la espera! *para quienes lo hayan esperado xD, no creo que queden muchos capis para culminar este fic, probablemente unos tres. Les prometo que si llegamos al review 200 actualizo ésta semana como premio xD jajaa festejando xD

Abrazos para todos muchas gracias!

Luna Estival.


PROBLEMAS INESPERADOS I

Planeta Tierra

La tarde ya había caído y se sentía tan absurdo, ¿Cuál era la verdadera finalidad de mantenerlo en la Tierra? Lo cierto fue que cuando se ofreció como parte de la tripulación para éste viaje, pensó en ella. Pero las cosas habían cambiado drásticamente y ella no recordaba nada de lo que había sucedido en Vegetasei, ni siquiera recordaba haber viajado en el espacio. ¿Cómo podría decirle que en su planeta se habían amado? ¿Cómo explicarle que ella había aceptado ser su compañera? ¿Cómo arruinar su mundo, su vida de esa manera?

La había observado lo suficiente como para saber que ella era feliz con aquel detestable y adulador humano. Ese estúpido de sonrisa arrogante que la visitaba diariamente. De seguro que ese hombre era la pareja que ella había tenido o encontrado en la Tierra. Tights era feliz, estaba bien…se le notaba contenta. ¿Por qué arruinarlo? Después de todo no llegaron a realizar el ritual de unión. No llegaron a ser una verdadera pareja ante las costumbres saiyajin. Nadie sabía sobre su relación, no creía prudente hacerla pública hasta que todo se haya calmado. Y se arrepentía de su inseguridad, si hubiese realizado el ritual ella jamás lo habría olvidado. Entonces recordó las palabras que una vez su madre le dijo cuando era sólo un adolescente.

"El dolor te enseña, te enseña a protegerte, te enseña a valorar, te enseña a olvidar y también a perdonar. Si te duele aquí –le dijo señalando el lado izquierdo de su pecho- es porque en verdad vale la pena, porque te hace sentir…los sentimientos no son una debilidad, sino un fortaleza; nunca te avergüences de tenerlos"

Toda su vida, durante su formación como guerrero se le inculcó que mostrar algún tipo de sentimiento era una debilidad, que los saiyajin eran una raza guerrera e implacable, pero en el fondo; sabía que los poseía. Él amaba a su madre, adoraba a esa mujer por sobre todas las cosas y cuando ella murió, el dolor desgarrador que lo consumió cubrió su corazón de oscuridad, por eso entrenó día y noche, se volvió más poderoso para algún día poder asesinar con sus propias manos a ese maldito que mató a su madre. El sentimiento de odio y resentimiento, de venganza; se apoderó de su alma…y había vivido así durante muchos años, aferrado a la oscura esperanza de llevar a cabo esa venganza. Hasta que conoció a la mujer de cabellos dorados, como la llamaba en un inicio y ella logró que confiara en ella. Que abriera parte de su alma para ella, para dejarla entrar en su mundo. Un mundo en donde él la protegería, en donde ella le pertenecería por siempre.

Pero la perdió…

Ella ya no era su Tights, era la pareja de otro individuo. Ella no lo recordaba, ella nunca lo volvería a querer. Y no era nadie para forzarla a quererlo. Cuando intentó saludarla con un gesto en la mañana, ella pareció ignorarlo. Y después de la reacción que tuvo cuando sorprendió a ese humano tomando su mano, no lo sorprendía que ella ni siquiera le permita dirigirle el saludo. Era un imbécil, se había comportado como un salvaje y ante sus ojos no tenía ningún motivo, ella no lo conocía.

Y era mejor así…

Se hallaba recostado bajo un árbol en alguna parte del jardín de la Corporación Cápsula, la residencia de la mujer del Rey. Una obstinada y terca mujer, cabía resaltar. ¿Cómo podía soportarla el Rey con lo arrogante y orgulloso que es? Era un gran enigma. Pero la humana científica le había dicho algunas cosas que lo dejaron confundido durante el almuerzo, cosas que preferiría olvidar. Comenzar con el proceso de alejamiento sería doloroso para él. Recordó lo que la Reina le había dicho.

Flashback

- Raditz, necesito hablar contigo en privado – le dijo cuando terminaron de almorzar mientras la madre de la Reina se retiró a la cocina – Después del almuerzo por favor acércate a mi laboratorio – él sólo la miró confundido, ¿Qué quería decirle? ¿Acaso había cometido algún error o tendría alguna queja sobre su guardia?

Al parecer ella pudo percibir su preocupación y se apresuró en calmarlo.

- Descuida que no es nada malo, al contrario; pienso que es algo muy bueno…no te preocupes, que yo estoy de tu lado.

- Discúlpeme mi Reina, pero…no le estoy entendiendo nada – contestó sincero, ¿Acaso esa mujer había enloquecido?

- Lo entenderás cuando te lo explique, ahora esperemos el postre…mamá preparó un delicioso pastel de avellanas – le sonrió a la vez que tomaba un poco de jugo. Todos los saiyajin eran así de obstinados.

- Sí – respondió con un monosílabo y se limitó a observar hacia la ventana. Se sentía fuera de lugar.

- Sabe algo mi Reina, quizá no debería decirle esto pero…me siento frustrado al permanecer aquí – Bulma lo miró sorprendida, pero a los pocos instantes comprendió su pesar – Mi planeta está siendo atacado por los de mi propia raza, están asesinando niños, mujeres, arrasando pueblos enteros, solamente porque se oponen al mandato del Rey – ella lo miró a los ojos y permaneció en silencio, dándole así su apoyo y confianza para que prosiguiera – Sé que el Rey Vegeta quiere su seguridad, sé que se enfrentará a los traidores. Pero…hubiese querido estar allí peleando a su lado, al lado de mi padre y mis compañeros. Dar mi vida por defender mi planeta y a mi Rey si fuese necesario. No es nada contra usted, esto es algo personal – le dijo, ella asintió y colocó una mano sobre su hombro a lo que él se sorprendió.

- Lo sé y te entiendo. Lo que sientes es parte de ti, el querer luchar junto a tu Rey y los tuyos es símbolo de sinceridad y admiración, Raditz – le dijo serenamente, sus oceánicos ojos mostraban un destello de angustia y tristeza en ellos – Yo me hubiese sentido mucho más tranquila si ambos, Gokú y tú viajaban junto a Vegeta y combatían a su lado, no creas que mi corazón no se estruja al saber que se enfrentará a los traidores. Pero, ¿Sabes? Yo confío en él, en lo que es capaz de lograr, en el verdadero Vegeta que me mostró que la grandeza se lleva en el alma – lo miró nuevamente y le sonrió – Confía en las decisiones de Vegeta – le dijo, él sólo asintió – Él lo logrará, estoy segura, va a derrotarlos y regresará como me lo ha prometido – confesó.

- Veo que su vínculo es muy especial…espero que, los saiyajin de mi planeta la reciban cálidamente. Usted merece ser la compañera del Rey – le confesó también en un arranque de sinceridad – Usted ha hecho mucho por nosotros.

- No digas eso, que lo hice porque es parte de lo que amo, soy una científica. Mi pasión es la investigación, la creación, la tecnología. Es parte de mí y siempre lo compartiré – El saiyajin asintió y ambos observaron como la madre de la científica ingresaba con el pastel de avellanas y parte de su vajilla. Quería agasajar al invitado.

- Ten querido, ésta es para ti – la mujer rubia colocó el plato con la rebanada de pastel más grande ante sus ojos. Él no pudo evitar avergonzarse ante eso, Bulma sólo rió por las ocurrencias de su madre.

- Mamá…- le dijo divertida – Yo debería ser a quien más consientas – se burló y su madre sólo le guiñó un ojo.

- Es que ese lindo pastel fue especialmente preparado para nuestro invitado – le dijo coquetamente al saiyajin que no sabía dónde meter la cara ante la vergüenza.

- Descuida Raditz, le agradas mucho a mamá…ese es un buen indicio – Ella comenzó a degustar el pastel, seguida por su madre y el saiyajin que quedó maravillado al probar el dulce sabor, ¿Qué clase de embrujo era éste? ¡Ese dichoso pastel estaba delicioso!

- Y dime querido, ¿Qué opinas de mi preciosa hija Tights? – le preguntó sonriente, el saiyajin estuvo a punto de ahogarse con el postre ante la impresión. ¡Qué rayos!

-¿Disculpe? – Le respondió tratando de mantener la compostura – No entiendo a qué se refiere.

- ¿Ella te gusta? – la señora Brief fue directa, el saiyajin se sorprendió y aterró a la vez, se paró precipitadamente de la mesa y salió volando de aquel sofocante lugar ante la mirada sorprendida de ambas mujeres, estaba frustrado, confundido y agobiado, ¿Acaso era tan evidente?

¿A eso se refería Drein cuando le había dicho que cuando la veía se le caía la baba? ¿Era tan patético?

Aterrizó en alguna parte del jardín cerca de unos árboles en donde decidió descansar. Un sonido de su scouter lo alertó y contestó apresurado.

"Raditz, lo siento mucho…a veces mi madre es muy sincera"

"Descuide, mi Reina…perdóneme por haberme retirado de esa manera…fue una falta de respeto hacía usted, le ruego que perdone mi atrevimiento"

"Raditz basta…te pedí que me llamaras Bulma, te pedí que dejaras de tratarme de usted, te pedí que dejes de decirme Reina, ¡Hasta te di una orden!"

"Lo lamento, me es muy difícil desobedecer una orden del Rey"

"Intenta hacer lo que te pido…sólo quería decirte que yo estoy de tu lado, Gokú me contó sobre Tights y tú, me dijo que ustedes tuvieron una relación en Vegetasei, ¿Verdad?"

"E-e-eso…eso no es cierto"

¡Iba a matar a ese bastardo!

"¿Entonces es mentira que ella te gusta? Raditz...he observado cómo la miras, es obvio que te gusta"

"Mi reina, eso…eso el algo que sucedió en Vegetasei y que, ya terminó"

"¿Por qué terminó? ¿Porque ella tampoco te recuerda?"

"Sí…por eso"

"¡Por favor! ¡Vegeta y tu propio hermano no perdieron nunca la esperanza! ¿Por qué te rindes sin dar pelea?"

"…"

"Raditz, ¿Por qué?"

"Quiero que ella…sólo quiero que esté bien"

"Raditz, por favor ¡Lucha por lo que quieres!, mi madre y yo estamos de tu lado, creo que ella merece saber lo que pasó. Lo que suceda después de decírselo depende sólo de ustedes. Ella merece saberlo Raditz y si no se lo dices tú, lo haré yo y eso será peor"

"¡No! ¡No le diga nada! Yo…"

"Juro que lo haré"

"No, mi Reina…no lo haga"

"Raditz…"

"…"

"¡Por favor Bulma! Lo haré…se lo diré"

¡Maldita sea! ¿Qué diablos haría ahora? Esa mujer entrometida, su tonto hermano. Se sentía frustrado.

"¡Genial! ¡Ánimos! ¡Verás que todo se resolverá!"

No dijo nada, no podía. ¿Acaso había enloquecido al dejarse presionar y convencer por una humana? Lo ponía de los nervios, sólo la toleraba porque era la mujer del Rey, la entrometida y extraña futura Reina de su planeta.

¡Qué el universo de apiadara de ellos!

Fin del flashback

Entonces era eso, no sabía qué hacer para acercarse a ella ni cómo. ¿Cómo había hecho para acercase a ella en Vegetasei? El sólo recordarlo afectaba algunas partes sensibles de su cuerpo. La había visto nadar en aquel lago en medio del bosque solitario durante una noche de luna llena. Su piel perlada y de reflejos plateados por la luz lunar. Su hermoso cuerpo bañado de plata y pecado. Su largo y delicado cabello dorado, su piel pálida. Ella era tan suave, tan diferente a él y aquella diferencia, aquella frágil apariencia lo cautivaron. Ella era la encarnación de alguna diosa, estaba seguro.

Y él un tonto, la Reina tenía razón en algo. Era mejor que se lo confesara todo, si ella decidía alejarse de él por esa razón, no importaba. ¿Qué más daba? Ya la había perdido y estaba resignado. Era momento de continuar con su vida y no someterse a un sentimiento que a las finales no le traería nada bueno.

Era lo mejor, sí. Estaba seguro...la buscaría, la encararía, le confesaría lo que pasó y se alejaría de ella porque algo era seguro, no iba a soportar su rechazo otra vez.

- Hola... - Una suave voz femenina lo sacó de sus cavilaciones. Al levantar la mirada y observar a la fuente emisora de aquella voz se quedó helado. ¿Era una broma? Sí, no podía ser más que eso.

- Se-señorita Tights - saludó poniéndose de pie inmediatamente, se sentía torpe y nervioso, ¿Cuándo se había comportado así? ¿Qué le sucedía?

- Bulma me dijo que estabas aquí - le respondió sonriéndole quedamente y sentándose bajo el árbol, invitándolo a imitarla con la mirada - Es un campus tecnológico, además de mi casa. Sabemos la ubicación de todo aquí dentro - El saiyajin pareció comprender y se sentó tímidamente al lado de la mujer, manteniendo una distancia prudente para su propia seguridad.

- ¿Desea hablar conmigo de algo en especial? - le dijo, quizás la había llamado con el pensamiento, y si ella no tenía nada que decirle, él sí lo tenía.

- Sí, quería preguntarte sobre la razón de tu comportamiento el día de ayer. Ayer regresaba con un amigo a casa y nos topamos de casualidad, ¿Lo recuerdas? - lo miró a los ojos - No nos conocíamos en ese momento pero fuiste bastante brusco conmigo y...

- Lo lamento señorita Tights - desvió la mirada ante la incomodidad y la dirigió al frente - No era mi intención ofenderla de ninguna forma, no le dé importancia por favor.

- No es eso - respondió con la voz entrecortada - Por alguna extraña razón, esa reacción me hizo sentir sumamente triste. Es cierto que apenas nos conocemos pero, siento que te he visto antes en algún lugar y me atemorizaba el pensarlo - el saiyajin se sorprendió por sus palabras - Yo no soy ninguna despistada, ¿Sabes? Sé que no perteneces a éste planeta. Sé que provienes de algún planeta lejano y eso...eso es muy interesante para mí. No sé qué opines tú, pero a mí me encantaría que podamos...ser amigos - le dijo finalmente tratando de ganar su atención, en el fondo aquel extraño e imponente hombre despertaba su curiosidad.

- Yo no sé qué es eso, nunca he tenido amigos - respondió sinceramente, él era un saiyajin. Los saiyajin no tenían amigos, sólo compañeros.

- Entiendo, pero podríamos intentarlo ¿No? - le sonrió, los bellos ojos oscuros de la joven lo atraparon; exactamente como lo habían hecho aquella noche de luna llena.

Aquella noche en que la había tenido, la primera de varias noches en que se unieron en cuerpo y alma. Quizás la mente no recordaba pero el cuerpo, el cuerpo aún podía sentir esa cercanía, ese olor tan atractivo que ella desprendía, aquella sensación tan especial que lo consumía.

- Es...algo extraño - le dijo a la joven de cabellos dorados, confundido y sobretodo contrariado por sus propios pensamientos.

- Lo sé, pero me encantaría que seamos amigos...Raditz - ella le sonrió poniéndose de pie colocándose frente a él y ofreciéndole la mano para cerrar aquel trato de amistad, Raditz se sorprendió mucho por ello. Esa mujer estaba loca, y la anhelaba tanto a su lado que haría lo que ella le dijera sin dudar.

- Si usted lo quiere así, por mí está bien - le dijo tímidamente tomando la delicada y pálida mano de la muchacha entre las suyas. El espasmo que los recorrió a ambos fue evidente y tan revelador para ella que se sintió sumamente extraña. ¿Qué le ocurría con este hombre?, ambos deshicieron el contacto y desviaron la mirada; sonrojados y avergonzados por igual.

Aún había mucho camino por recorrer.

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Vegetasei

Apenas había puesto un pie en su planeta y los estallidos que se oyeron en el palacio lo alertaron, Tarble era un crío mentiroso. La situación no estaba para nada controlada y pudo notarlo al llegar. Sus generales y soldados más allegados estaban combatiendo al grupo numeroso que había atacado al anochecer. Finalmente todos tuvieron razón, fue egoísta y antepuso sus propias necesidades y deseos al bienestar de su pueblo. Si él hubiese estado presente esto no hubiese sucedido y tampoco se hubiese sentido menos culpable al saber que le había ordenado a dos de sus mejores soldados el permanecer en la Tierra, cuidando de su mujer.

¿En verdad había sido tan mezquino? ¿Tan egoísta de prohibirle a Kakarotto o a Raditz el combatir por su planeta?

Debía reconocerlo, se estaba volviendo un tonto, su padre se hubiese reído en su propia cara si lo supiera. Y él que siempre le sacó en cara a su padre su falta de temple al gobernar y se veía a sí mismo ahora. Eso debía cambiar, no podía seguir anteponiendo sus "sentimientos" al bienestar de miles y miles de habitantes de su planeta, a la muerte y destrucción de su propia raza. Tenía que buscar a Tarble en primer lugar y juraba por su propia vida que si algo le había ocurrido, les daría la muerte más dolorosa al o los culpables. Buscó el ki de su hermano y lo halló bastante débil, estaba cerca al palacio. Voló furioso no sin antes ordenar a sus soldados el unirse a los batallones de combate que contenían el avance de los traidores.

Recorrió el ala norte del palacio, corrió entre los pasillos hacia las salas médicas de dónde provenía el débil ki de su hermano y allí lo encontró. Estaba dentro de uno de los tanques de regeneración y tal y como había temido, estaba terriblemente lastimado. En esos instantes sintió odio, ira y ese odio y resentimiento atesorado por años, despertó.

Furioso salió desde el palacio y buscó el ki de Nappa, estaba junto a Bardock y otros soldados, voló hasta llegar a ellos, muchos de los soldados habían sido asesinados, podía ver desde los aires a los pueblos destruidos. Los estragos de las batallas, apretó fuertemente los puños al saber que todo esto era producto de su inconsciencia. Se acercó a sus soldados de mayor confianza quienes se sorprendieron de verlo allí, desde el día anterior combatían, nadie monitoreaba o controlaba las cosas en el palacio, posiblemente el científico Plant. Bardock después de llevar al Príncipe Tarble a la sala médica retornó a la batalla, no podía dejarlo morir, nunca se lo perdonaría.

- ¡Rey Vegeta! - Nappa le dijo levantando la voz, estaba mal herido, agotado. Toda la situación lo frustraba como nunca nada pudo hacerlo antes. Mataría a los malditos traidores.

- Debes ir a un tanque de regeneración o morirás - le contestó, estaba siendo analítico, si continuaba desangrándose moriría y Nappa era uno de sus mejores guerreros.

- Puedo continuar luchando...- respondió pesadamente, Vegeta sólo frunció el ceño y lo miró, le estaba dando una orden no una sugerencia.

- ¡Lárgate de una maldita vez! Yo combatiré - ordenó, sintió en esos momentos el ki de Broly, rodeado de otras energías conocidas. Los miserables vejestorios del consejo, algunos de sus soldados, Turles... - Bardock, tu hermano está con ellos - afirmó, el Jefe del Consejo sólo agachó la cabeza, ¿Qué podía decirle al Rey sobre tu hermano? La vergüenza caía sobre sus hombros - ¿Y tú no sabías nada? ¿Vivías con ese mal nacido y me dirás que no sabías nada de esto?

- Le juro que no tenía idea de que Turles estaba relacionado con Broly y los desertores - De postró de rodillas ante el Rey, era una señal de respeto ante la traición de su hermano. ¿Estaba en sus manos pedir por él? No, no lo haría. Para él Turles había dejado de ser su familia - Si no confía en mis palabras, puede tomar mi vida en estos momentos. Juro por Vegetasei que no miento, no apoyo y jamás apoyaré lo que está haciendo Turles, Rey Vegeta - culminó, apretaba los dientes y los puños ante la frustración.

- Levántate - le ordenó - Jamás, escúchame bien...jamás te sometas ante alguien ni le entregues tu vida, eres un saiyajin. ¡Demuéstralo en el combate! - el saiyajin mayor asintió y se puso de pie - ¿Dónde están los generales?

- Lenussy está a cargo del extremo sur, Drein está al norte. Nappa y yo hemos contenido el avance aquí. Cargo está protegiendo el pueblo de infantes y mujeres - Le mencionó, existían muchos saiyajin, entre niños y mujeres que no eran poderosos; los "débiles". Ellos estaban siendo protegidos por otros saiyajin élite. Fue una orden del Príncipe Tarble - El Príncipe lo ordenó así. Él estuvo combatiendo junto a Lenussy pero lo hirieron...Turles estuvo a punto de matarlo, llegué a tiempo antes de que eso suceda. Pero no pude detener a Lenussy, arremetió contra Turles y desconozco su estado - Se sinceró con el Rey; después del ataque al Príncipe. La guerrera estalló en furia y atacó a su hermano de una manera impresionante. Pero no pudo permanecer allí ya que la vida de Tarble estaba en sus manos, tenía que llevarlo rápido a un tanque de regeneración o moriría.

- Iré al Sur, allí es donde está ese malnacido. Bardock...no me importa que sea tu hermano, no me importa si te opones, voy a matarlo - le dijo, el mayor solamente calló, no había lugar a reclamos ni cuestionamientos. Era el castigo por traición.

El monarca alzó el vuelo y desapareció de la vista de Bardock, ese era el destino.

Así tenía que ser.

Habían podido controlar el avance en aquel sector, pero Drein necesitaba ayuda así que voló lo más rápido que pudo en su búsqueda, tratando de comunicarse con él mediante el scouter pero, la comunicación era imposible. En esos momentos pensó en sus hijos, en el orgulloso y resentido de Raditz y el despistado y atolondrado Kakarotto; estaba seguro de que Gine en algún otro mundo en el que esté, estaba contenta por ellos. Y en ese momento comprendió o quiso comprender que era sólo un saiyajin, un alma contenida en un cuerpo que pronto abandonaría ese mundo. Comprendió que el momento de la despedida estaba cerca...y sorprendentemente incluso para él mismo...se sentía preparado.

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- Gokú, ¿Dónde estás? ¡Te necesito! - gritaba la joven, se hallaba sola en la pequeña casa que su padre le había acondicionado. Su pareja había ido a pescar algo para la cena al río que se hallaba cercano a la montaña. Pero sintió una fuerte contracción, una punzada tan aguda y dolorosa que no pudo evitar las lágrimas y el grito de dolor - ¡Gokú! ¡Por Kamisama! ¡Ayúdame! - Había caído al piso, las piernas le temblaban.

El dolor era demasiado; era cierto que no sabía el tiempo que su bebé permanecería dentro de su vientre. Un saiyajin puro tardaba siete meses en formarse dentro del vientre de su madre. Pero un humano tomaba nueves meses, ¿Un híbrido cuánto tiempo? Tenía seis meses y dos semanas de gestación y parecía ser que su hijo ya iba a nacer. No estaba mentalmente preparada para ese dolor, jamás pensó que fuese tan repentino y certero. ¿Por qué no fue más cuidadosa y le hizo caso a su pareja de mudarse a la Corporación Cápsula? ¿Por qué era tan testaruda? ¡Su hijo estaba en peligro si no la ayudaban!

El dolor era insoportable y cada segundo que pasaba aumentaba. La horripilante punzada de dolor que sintió en la espalda fue devastadora, cayó inconsciente desmayándose, un líqudo rojizo y viscoso empezó a deslizarse entre sus piernas. Kakarotto sintió aquel dolor, pudo sentir su miedo y su desesperación. Voló de regresó a la casa en la montaña e ingresó sin ningún cuidado, estaba desesperado. ¡Ella estaba sufriendo y era su culpa por haberla dejado sola! Cuando ingresó a la habitación pudo encontrarla, estaba en el suelo, con el largo cabello negro desparramado, su respiración débil y pausada; se le notaba aún más pálida de lo que era. Y lo peor pasó cuando observó la sangre derramada escurriendo de sus piernas.

Se le heló la sangre y los nervios se apoderaron de él, nada lo había preparado para verla en ese estado.

Trató de reaccionar al saber que ella estaba luchando contra la muerte, la tomó lo más delicadamente que pudo entre sus brazos y salió de la pequeña casa, no tenía la más mínima idea de qué hacer y no quería hacerle daño. Ella estaba inconsciente, voló a una velocidad impensable en dirección a la Corporación Cápsula.

¡Tenían que salvarla, a ella y a su hijo!

- ¡Vamos Milk, resiste! - gritaba desesperado intentando llamarla, le brindaba su energía en pequeñas descargas y su calor, la muchacha estaba demasiado pálida y fría.

- No me hagas esto Milk...por favor - Se le quebraba la voz.

Ésta vez no podría soportarlo

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