Un capítulo un poco violento pero romántico y... mi visión de Delphine en esta historia es Aurora Luft de X Company pero cuando está con el Xteam en el campamento de entrenamiento en medio del bosque.


Delphine y Cosima se besaron por un tiempo. Un corto periodo de tiempo porque Cosima no quería mezclar las cosas. Obviamente tenía claro que todavía amaba a su ex esposa pero estaba confundida y no quería acelerarlo todo debido a la confusión.

- Tenemos que hablar, Delphine - Cosima le dijo con seriedad al mismo tiempo que ayudaba a la rubia a volver a su cama. La arropó luego de acostarla y volvió a sentarse a la orilla de la cama, intentando explicarle un poco lo que tenía en la cabeza - Tenemos que hablar de muchos temas importantes, y uno de esos temas importantes son mis padres.

Delphine asintió y agachó la cabeza cerrando los ojos con nerviosismo. El tema de sus ex suegros era un tema difícil para Delphine, pero si Cosima necesitaba hablar de eso ella la apoyaría. Volvió a hacer frente a Cosima y confesó su parte en el tema.

- Tu madre me dio dinero para firmar los papeles del divorcio Cosima - ella admitió con la voz ronca - Yo estaba dispuesta a no firmarlos porque estaba convencida que todavía podía pelear por ti y por nuestro matrimonio pero ella... ella encontró la manera de obligarme y yo acepté.

Delphine suspiró y recordó de manera vívida como Jarvinia Niehaus había aparecido en la ratonera que era su casa. Se había ido de Massachusetts a Detroit y fue una de las peores cosas que pudo hacer. Estaba en una ciudad fantasma y peligrosa pero fue la única que se había podido permitir con el único dinero que le quedaba en su propia cuenta. Ella se había hecho a sí misma una okupa de una de las casas abandonadas que parecía en mejor estado y se sorprendió de saber que no estaba destartalada por dentro a pesar de que sólo tenía agua. Delphine se había hecho con algo de comida antes de llegar a Detroit y se cercioró de que fuera toda comida enlatada. No tenía refrigerador así que no podía congelar la comida, pero sobrevivió en esa casa por un tiempo a pesar de las malas condiciones.

Eso, hasta que su todavía suegra Jarvinia Niehaus apareció en su puerta, vestida de Gucci y con dos guardaespaldas. La mujer rubia entró sin siquiera saludarla y elogió su nueva vivienda.

- Veo que la cucaracha ha regresado a su guarida - se burló la mujer mayor con desdén - Casi me sorprende pero... no lo hace querida, este lugar te sienta excelente sin duda.

- ¿Qué hace aquí señora Niehaus? - Delphine preguntó con seriedad intentando no demostrar el miedo que le tenía a la mujer - ¿Cómo me ha encontrado?

- Vengo a darte un ultimátum - respondió la rubia mayor sin rodeos - Y cómo te haya o no encontrado no es tu problema muchacha, yo sólo puedo encontrarte cuando te necesito y ahora necesito que firmes los papeles de divorcio y desaparezcas de una vez por todas de la vida de mi hija. Desde que has aparecido has sido sólo un estorbo para ella.

- No - Delphine negó con la cabeza todavía firmemente parada frente a su suegra - Yo no voy a firmar ningún papel porque yo todavía amo a su hija y estoy dispuesta a luchar por ella y por arreglar nuestro matrimonio. Y ni usted ni nadie me hará cambiar de opinión.

- Entonces dime cuánto - Jarvinia contraatacó con la misma firmeza - Dime cuánto dinero quieres para desaparecer de la vida de Cosima para siempre. Dime un número muchacha y será tuyo. Podrás iniciar tu propia vida en otro lugar mucho mejor que este, salir del país. Volver a Francia. Vivir en París en una bella casa. Vamos, dame un número y haré tu vida mucho mejor.

Delphine se rió. Agachó la cabeza y siguió riéndose de la forma de ser tan descarada de la mujer. Cosima y ella compartían el mismo rasgo pero en Cosima su forma de ser descarada era más infantil y menos venenosa que la forma de ser de la rubia más vieja.

- He vivido toda mi vida en un rancho pobre de Francia - Delphine respondió ahora más seria - No estoy interesada en el dinero que pueda darme señora, porque nunca me importó. Yo he trabajado siempre por todo lo que he tenido y si ahora estoy viviendo así es porque usted me ha quitado la oportunidad de conseguir un buen trabajo en lo que soy buena, la ciencia. Nadie me contrató más en ningún laboratorio, por su culpa. Así que gracias, pero no gracias. Puede llevarse su dinero y sus amenazas porque yo no aceptaré nada de lo que usted me ofrezca.

- Eres una estúpida mal agradecida - Jarvinia negó con la cabeza muy ofuscada al oír la negativa de su nuera - Una mujer pobre con orgullo sólo comerá polvo si se mantiene así. No seas idiota muchacha, esta es una buena oportunidad que tendrás. No habrá otra.

- Podré ser estúpida, comeré polvo y seré idiota, pero mi respuesta sigue siendo no - Delphine abrió la puerta de su casa modesta y pidió a los presentes marcharse de ella sin palabras, esperando que la rubia más vieja la dejara por fin a solas. Excepto, Jarvinia Niehaus no se movió de su lugar ni miró a nadie.

- Me iré - ella aceptó - Pero no lo haré antes que escuches mi ultimátum porque puedo entender que no te interese el dinero, ¿Pero Cosima? Estoy segura que sí.

- ¿Cosima? - Delphine se volteó para enfrentar una vez más a su suegra - ¿Qué pasa con Cosima? ¿De qué está hablando?

- De que tú tienes en tus manos el destino de mi hija, muchacha - Jarvinia sonrió con un dejo de maldad - Ella ahora tiene todo nuestro apoyo porque tú la abandonaste miserablemente y estamos ahí para ella, pagando por sus cosas y dándole todo lo que tú no has sido capaz de darle, ¿Pero sabes? Podemos no estarlo, podemos quitárselo todo. Cosima es una niña grande e inteligente pero vulnerable que siempre ha tenido que buscar apoyo en otros para salir adelante de una crisis y eso nunca me ha gustado. Desde que conoció a esas hermanas trillizas desaparecidas ha volcado todo su amor en ellas pero en el fondo su único apoyo financiero y emocional hemos sido nosotros, su padre y yo. Hemos sido su apoyo y le hemos cubierto en todos los aspectos pero ya sabes, a veces los hijos necesitan una dura lección para aprender algo y yo muy bien podría quitárselo todo para que aprenda a sobrevivir sin nada, por su propia cuenta. Tal como lo has hecho tú ¿Qué piensas? ¿Crees que Cosima sería capaz de vivir de la misma manera que tú has vivido toda tu vida? ¿Sin comodidades, sin las necesidades básicas? ¿Sin su ciencia?

- ¡Vous salope! (¡Usted, Perra!) - Delphine gritó en voz alta queriendo golpear a la mujer en la cara. Se abalanzó sobre ella pero los guardaespaldas la cogieron por los brazos y la detuvieron mientras el guarura de la derecha aprovechó de golpearla en el estómago que la hizo encogerse y gruñir en voz alta - Il ne serait pas osé. (No se atrevería) Es su hija... No Cosima...

Delphine todavía permanecía agachada y sostenida por los dos hombres vestidos de negro. Jarvinia en tanto sonreía y luego ella misma agarró a Delphine de la cabellera para enderezarla.

- Si me atrevería, muchacha estúpida - la rubia más adulta espetó con rabia - Para darle una lección a ella y para deshacerme de ti, lo haría. Así que está en tus manos. Quitarle a Cosima su herencia o firmar los papeles de divorcio, tú decides.

Delphine estaba acorralada. Supo que no iba a poder ganar y no podía permitir dejar a Cosima sin sustento. Ella no podía dárselo y tampoco iba ser capaz de cuidarla porque apenas podía sostenerse a sí misma. Tenía que decidir y como siempre, decidió a favor de su chérie.

- Está bien - dijo por fin con la voz derrotada - Firmaré los papeles.

- Excelente decisión querida - Jarvinia alabó muy contenta de haber conseguido lo que quería - Me alegro que hayas pensando con la cabeza y no con el corazón, en estas cosas pensar con el corazón simplemente es un pérdida de tiempo.

Los hombres de traje soltaron a Delphine y el guardaespaldas de la izquierda un hombre moreno y alto, le entregó a Delphine los papeles que dejó en la mesa destartalada de lo que se suponía, era el comedor. Le entregó una pluma y le indicó los espacios en blanco donde tenía que firmar. Fueron cuatro firmas las que tuvo escribir y el documento estaba listo. El hombre luego le entregó los documentos a Jarvinia y ella los guardó en el bolso de Gucci que colgaba de su antebrazo. De ese mismo bolso sacó quinientos mil dólares y los dejó en la mesa del comedor.

- Ha sido un placer hacer tratos contigo querida - ella sonrió con falsedad e hizo un gesto al guardaespaldas que estaba a su derecha, un hombre de tez blanca, calvo y fornido que le había pegado en el vientre la primera vez. Le dio dos golpes más, en la cara y un segundo golpe en el estómago que acabó por dejarla tirada en el suelo sucio del comedor. Jarvinia Niehaus se había ido en su auto elegante y Delphine había quedado en el suelo con muy poca capacidad de respirar, tanto por el nuevo golpe en el vientre que había recibido y tanto por haber perdido la última chance de luchar por la mujer que amaba. Lo único que había conseguido conservar de su matrimonio fue el anillo de Cosima que le había llegado por correo junto al primer sobre con los documentos de divorcio que ella se había negado a firmar al principio.

Un anillo que se había llevado con ella al crucero pero que no tenía en esos momentos.

- ¿Delphine? - Cosima llamó a la rubia en voz alta intentando llamar su atención - Me estabas contando sobre la visita de mi madre ¿Qué pasó después?

- El anillo - Delphine miró a Cosima con ojos preocupados - No sé dónde está el anillo Cosima.

- ¿Anillo? - Cosima no entendía nada - ¿Qué anillo?

- De matrimonio - Delphine respondió con inquietud - El tuyo y que me mandaste por correo con los papeles de divorcio. Yo lo guardé y lo traje conmigo pero no recuerdo dónde está Cosima ¿Me puedes traer mi bolso por favor? Puede que esté ahí. Necesito mi bolso.

Delphine estaba comenzando a angustiarse y Cosima no dijo nada. Prefirió seguir la corriente a la rubia para no alterarla y sacó el bolso de color escarlata que ya estaba desgastado en los bordes pero que al parecer todavía servía. Ella misma lo abrió y sacó las cosas que había adentro en medio del espacio pequeño que Delphine había dejado entre sus piernas. Cosima buscó y buscó pero no había señales de ningún anillo.

- Estaba en una bolsa de tela de gamuza roja - Delphine explicó con nerviosismo - Yo lo dejé guardado en mi bolso pero creo que lo saqué de ahí la última vez... ¡Merde! ¡No puedo acordarme dónde está!

- Esta bien Del, calma - Cosima se acercó a la rubia tratando de tranquilizarla - No está en el bolso pero quizás la dejaste en la maleta, ¿Quieres que busque ahí?

- No chérie - Delphine negó con la cabeza en tono triste - No está ahí, no guardo nada importante en la maleta, sólo tengo un poco de ropa, un bolso de maquillaje pequeño, útiles de aseo, toallas sanitarias, tampones, cepillos para el cabello y nada más. Todo lo demás está en mi bolso.

- ¿Y tú antiguo camarote cariño? - Cosima intentó una vez más - ¿Es posible que se haya quedado allí?

Delphine lo pensó por un momento y lo recordó. Sí había un lugar. Un escondite secreto bajo las tablas de su camastro, Delphine había decidido a última hora guardar el anillo en ese lugar porque era más seguro que su bolso. El espacio hueco no se notaba a simple vista y ella era la única que sabía en qué parte del suelo estaba.

- ¡Está allá! - exclamó con emoción e intentó salir de la cama para ir a buscarlo pero como ya le había pasado una vez, se enredó con las mantas del camastro y no pudo salir. Maldijo en voz alta su mala suerte haciendo un mohín.

- Ve más despacio tigre - Cosima dijo en tono suave ayudándola a salir de entre medio de las mantas con suavidad - Si sigues así acabarás lastimándote ¿Para dónde quieres ir tan apresurada?

- A buscar el anillo chérie, por supuesto - Delphine respondió con un suspiro como si fuera obvio - No podemos perder el tiempo. Con suerte tu anillo todavía siga ahí, bien escondido. Tenemos que ir a rescatarlo.

Cosima negó con la cabeza, seguía divertida por el cambio brusco de comportamiento de la rubia pero una vez más decidió seguirle la corriente y ayudó a Delphine a quitarse el pijama para ponerse una camiseta sin mangas y una camisa estampada de líneas blanca. También la ayudó a ponerse unos pantalones de lana negros y unas zapatillas negras con velcro para que le fuera más fácil caminar por la cubierta del barco. Cosima también le ayudó a atar su cabello en una trenza y la ayudó a salir del camarote siguiendo la ruta de servicio hasta los cuarteles de la tripulación.

El pasillo que daba a las habitaciones era angosto y encerrado. Fue un shock para Cosima descubrir esta parte del barco que estaba prohibida para los pasajeros de las clases de lujo y de eso se dio cuenta cuando la morena vio varias caras sorprendidas de chicos y chicas jóvenes que salían de las habitaciones y seguían cada uno de sus pasos. Eso la inquietó. Delphine en tanto ya estaba acostumbrada a las miradas y los murmullos, no estaba pendiente de ellos sino de mantener a Cosima bien aferrada a su costado, tratando de alejarla lo más posible de miradas indeseadas. Su altura y complexión conseguían intimidar a los chicos que eran más pequeños que ella, los más grandes decidieron mantener su distancia. Cuando ambas llegaron al antiguo camarote de la rubia, Delphine pidió a Cosima abrir la puerta y descubrió que estaba sin seguro. Ella entró y obligó con suavidad a Cosima a que la siguiera. Pasaron por la habitación que era de Susan Robert hasta la habitación que era de Delphine. Cosima se dio cuenta que el viejo camarote de su ex esposa era aún más pequeño que el camarote que ambas compartían. El lugar era simplemente una caja de zapatos.

- Vaya - Cosima no pudo evitar exclamar en voz alta - Este lugar es...

- Una caja - Delphine suspiró sin mirar a la morena, tenía enfocada su vista en las tablas de madera del suelo y las pisaba con el pie para descubrir la que estaba hueca. Cuando la encontró sonrió.

- La tengo Cosima - Delphine llamó con entusiasmo - ¿Me puedes ayudar a quitar la tabla por favor? No es difícil de remover, sólo tienes que moverla hacia abajo y se levantará.

Cosima asintió con una sonrisa y lo hizo. Tal como había dicho Delphine, la tabla de madera había cedido sólo con unas sacudidas. Cuando destapó el hueco descubrió la bolsa roja de gamuza atada con un lazo negro. No necesitó abrirlo para saber que el anillo se encontraba dentro, podía sentirlo entre los dedos.

- ¿Lo puedes guardar en el bolsillo de mi pantalón chérie? - Delphine volvió a pedir en voz baja - Tiene cierre, estará más seguro ahí.

Cosima volvió a asentir y guardó el anillo de matrimonio en el bolsillo derecho del pantalón de lana de Delphine, aseguró el cierre para que no se abriera y volvió a tapar el hueco del piso con la tabla de madera. Salieron del camarote lo más rápido que pudieron pero cuando llegaron otra vez al pasillo de las habitaciones, a Delphine se ocurrió volver para buscar alguna otra cosa que se le pudiera haber quedado. De pronto ella recordó su propio anillo, ella no lo tenía en la mano porque las alhajas no estaban permitidas dentro del barco, así que Delphine también había escondido el suyo en otra parte secreta de su camarote. Bajo el colchón del camastro.

Cuando le explicó eso a Cosima ella suspiró pero decidió esperar a Delphine cuando le dijo que podía hacerlo por ella misma.

- Te esperaré aquí afuera Del, no te preocupes - Cosima asintió con una sonrisa un poco más animada - Estaré bien.

- Gracias por la paciencia mon ange - Delphine sonrió y se atrevió a besar la mejilla derecha de Cosima - Intentaré no tardarme, te lo prometo.

Cosima sonrió y esperó en la puerta del camarote a que Delphine volviera, intentando no prestar atención a las miradas inquietas de los chicos tripulantes que de pronto la rodearon, al mismo tiempo que silbaban y se reían. La morena no les hizo caso, ni siquiera los miraba pero uno de los chicos que la rodeaban de pronto la reconoció.

- Jamás creí que podría conocer en persona a una de las dueñas de este barco - el chico era casi un niño, no tenía más de veinte años. Tenía la piel morena y por su acento Cosima supuso que podía ser de origen latino - Al menos su familia lo es ¿No es así señorita Niehaus? Usted viajaba en Penthouse de primera clase.

- No sé de qué me estás hablando amigo - Cosima se atrevió a responder en tono tenso pero con amabilidad - Quizás me estás confundiendo con alguien más.

- No, es usted - el chico sonrió con descaro - La reconocí de una de las revistas de famosos que a mi mamá le gusta leer. Usted salía en la portada con sus padres, no se veía muy contenta en la foto pero vestía... guau, preciosa. ¿Qué hace aquí con los pobres mortales de servicio? ¿Se ha aburrido de su vida de lujo en su jaula de cristal? Porque yo le podría mostrar el verdadero crucero, la verdadera diversión que jamás encontrará entre esos estirados de la primera clase.

- Muy amable de tu parte amigo pero no gracias - Cosima no dejó de ser amable a pesar de su nerviosismo - Estoy bien así, no estaré aquí mucho tiempo. En serio gracias, pero no gracias.

El chico sonrió pero no se tomó bien la negativa. Se acercó a Cosima en tono más amenazante y la cogió del brazo mientras ella intentaba zafarse gritando y pidiendo que la soltara.

Ellos forcejearon por un corto periodo de tiempo hasta que un borrón alto obligó al chico a soltar a su presa de golpe.

- ¡Morceau de merde! (¡Pedazo de mierda!) - Delphine gritó en voz alta al mismo tiempo que le pegaba un gran puñetazo al chico que estaba acosando a Cosima con todo y su mano vendada - ¡Nunca vuelvas a tocarla!

El chico acosador quedó tirado en el suelo sin ser muy consciente de qué lo había golpeado, pero por desgracia en esos casos él no estaba solo. Tenía un grupo de compinches de su misma edad que no toleraron ver a su amigo siendo atacado por una mujer y ellos mismos lo defendieron, golpeando a Delphine de la misma manera en la que ella lo había golpeado.

- ¡Maldita perra! - gritó uno de ellos - ¡Pagarás el haber lastimado a Josué!

- ¡Delphine! - Cosima ahora estaba muy nerviosa. Vio a Delphine siendo atacada por cuatro chicos y no sabía qué hacer para ayudarla - ¡Por favor no la lastimen!

- ¡Vete Cosima...! - Delphine había alcanzado a gritar mientras forcejeaba para quitarse de encima a los chicos - ¡Ve a por ayuda chérie! ¡Vete, yo los distraeré! ¡Vete...!

Cosima asintió no queriendo dejar sola a Delphine, pero sabía que no podía quedarse esperando sin hacer nada. Salió corriendo lo más rápido que pudo y logró dar con un par de asistentes de a bordo y les explicó la situación.

- ¡Ella sólo me estaba defendiendo pero la van a matar! - exclamó con nerviosismo - ¡Por favor ayúdenla! ¡Van a matarla!

Los dos hombres trataron de calmarla y le preguntaron dónde estaba sucediendo el problema, ella les dijo dónde era y uno de ellos llamó a un grupo de control de motines que llegó directo donde se inició la trifulca.

- Vuelva a su camarote señorita Niehaus - el hombre mayor y de aspecto amable le aconsejó - Nosotros nos encargaremos.

- ¡Pero Delphine! - Cosima no quería dejar a su ex esposa sola - ¿Qué pasará con ella?

- ¿Delphine Cormier? - el hombre preguntó con extrañeza a lo que Cosima asintió - ¿Qué es usted de ella señorita Niehaus?

- Su esposa - Cosima no dudó en responder sin saber dónde le había venido la inspiración - Delphine Cormier es mi esposa y unos chicos de su tripulación van a matarla sólo porque me estaba defendiendo de ellos. ¡Y ella ya está herida!

El hombre dudó de las palabras de Cosima pero decidió aceptarlas como ciertas. Asintió y volvió a repetirle que no se preocupara porque él se encargaría del asunto personalmente.

- Vuelva a su camarote señora Cormier - el hombre se dirigió a ella con el apellido de Delphine y la morena se emocionó - Le llevaremos a su esposa de vuelta a su camarote cuando podamos arreglar todo el problema, se lo prometo. Sólo regrese a su camarote, allá estará más segura.

Cosima asintió y le pidió por última vez que ayudara a Delphine. Él le prometió que lo haría y no le quedó más remedio que regresar al camarote y esperar, con el corazón en un hilo y los nervios de punta.

La morena esperó en completa tensión por diez minutos hasta que sintió un par de golpes en la puerta y la voz urgente del hombre con el que había hablado diciéndole que tenía a su esposa. Cosima no tardó en correr y abrir la puerta y cuando lo hizo casi gritó. Entre él y su amigo que también estuvo presente, cargaban a Delphine malherida y casi a rastras.

- ¡Oh dios mío! - ella exclamó y les ayudó a dejar a Delphine en su propia cama del camarote que era más grande y cómoda ¿Pero qué pasó?

- Aquí su esposa ha sido toda una campeona señora Cormier - el hombre elogió casi con una sonrisa mirando a Delphine que tenía diversas heridas en su cuerpo. Entre las más visibles, un ojo negro y el labio partido. - Ella luchó a puñetazo limpio contra unos chicos un poco violentos que tenemos castigados en la zona de servicio y por lo que supe ella lo hizo para defenderla como usted dijo. Se enfrentó a los cuatro al mismo tiempo y los mandó a todos directo a la enfermería.

Cosima negó con la cabeza con una mezcla extraña de orgullo, emoción y fastidio. Odiaba ver a Delphine herida, pero odiaba más verla pelearse con otros por su culpa. Y todo había empezado por unos jodidos anillos.

- Gracias por traerla señores pero ahora necesito tiempo a solas con mi esposa - Cosima despidió a los hombres con amabilidad pero en tono serio - Necesito que llamen a la enfermera y me traiga todo lo necesario para atender las heridas de Delphine, por favor. Eso es todo.

- Traeremos todo lo que usted ha pedido de inmediato señora Cormier - el hombre mayor se despidió - Y lo siento por lo ocurrido, espero que su esposa se mejore pronto.

- Gracias - Cosima no miró a los hombres, los despidió y cerró la puerta. Volvió a la cama donde estaba Delphine y suspiró. Se sintió peor cuando vio a Delphine sonriéndole un poco embobada.

- ¿Señora Cormier, chérie? - ella sonrió a pesar de que le dolía el labio - Me gusta el sonido de eso. Que les hayas dicho que soy tu esposa. Me gusta ser tu femme, ¿sabes? Y todavía tengo los anillos. Delphine alzó la ceja sana en tono de broma y Cosima volvió a suspirar.

- ¿Se puede saber en qué mierda estabas pensando Cormier? - Cosima estaba muy molesta con la rubia pero Delphine estaba tan emocionada que no se daba cuenta de nada más - ¡Pelearte con cuatro niñatos como si fueras...! ¡Como si fueras un vándalo! ¿Cómo se te ha ocurrido loca?

- Esos pequeños idiotas te estaban ofendiendo Cosima - Delphine contestó en un tono más serio pero igual sonrió - Y yo soy tu esposa, esos hombres lo dijeron. Así que como tal tenía que defenderte. Defender tu honor. Porque nadie osa ofender a la mujer que amo sin recibir su castigo a cambio.

Cosima se emocionó una vez más. Ella odiaba la maldita capacidad que tenía Delphine decirle las cosas así, de manera tan galante.

- ¿Eres así de galante mi caballero? - Cosima se burló intentando no romper a llorar al ver a Delphine tan lastimada - ¿Luchando por mi honor?

- Toujours madame Cormier (Siempre señora Cormier) - respondió en francés en broma la rubia pero mirando a su ex amor con toda intención - Siempre la defenderé mi señora, no importa cuánto me cueste.

Además, estoy feliz porque la tengo a usted. Una hermosa dama tomando cuidado de mis heridas de guerra. Ellos sólo tienen a la enfermera del barco que no es nada como usted chérie.

- Está bien Casanova, ya lo entendí - Cosima rió esta vez más divertida - Vamos a ver ahora tus heridas de guerra, luego podrás seguir tratando de conquistarme con tus galanteos.

- ¿Está funcionando? - Delphine preguntó con una sonrisa - ¿La estoy conquistando mi señora?

Cosima se quedó mirando a Delphine a los ojos por un momento, buscando en ellos algún rastro de broma. Cuándo no encontró ninguno en esas profundidades de avellana, Cosima tragó saliva y suspiró. Delphine iba en serio y no sabía qué responder a eso. Sólo sabía lo que Delphine era capaz de hacer y los extremos a los que era capaz de llegar sólo para protegerla. La había defendido de cuatro pequeños rufianes que no dejaron de molestarla mientras esperaba en el pasillo de los cuarteles de la tripulación. Todavía no podía creer que Delphine se había enfrentado a ellos con las manos y las rodillas vendadas como toda una jodida campeona, tal como había dicho el hombre que las había ayudado y aunque la derrotaron de vuelta, Delphine igual la salvó del acoso de esos chicos.

- Lo siento Cosima yo...

- Sí - Cosima respondió en tono serio al mismo tiempo que se dedicaba a desnudar de su ropa destrozada a Delphine - Sí está funcionando.

- No dejaré de intentarlo chérie - Delphine miró a Cosima con intensidad. Estaba feliz de haber conseguido ser la héroe de Cosima porque Delphine siempre había querido serlo y nunca lo había conseguido hasta ahora. - No dejaré de intentarlo, ganarme tu amor de vuelta y que vuelvas... que vuelvas a ser mi mujer ahora de verdad.

Cosima alzó la vista y suspiró. Estaba luchando contra muchas emociones y negó con la cabeza intentando borrar cada una de ellas, pero la intensidad de la mirada de adoración que tenía Delphine le hacía difícil ignorar nada.

- ¿Cosima? - Delphine llamó en un susurro tratando de tener la atención de su chérie, cuando lo logró sonrió y luego se puso seria - Je'taime.

- Lo sé Delphine - Cosima suspiró con cansancio - Lo sé...

Cosima no dijo nada más y se encargó de terminar de desnudar a Delphine para atender sus heridas. La enfermera de reemplazo había dejado en un pequeño carro todo lo que necesitaba Cosima para curar las heridas de su chica, pero antes tenía que cerciorarse que no hubiera nada roto.

- No tengo máquinas de rayos X para saber si tienes algún hueso roto Delphine, así que vas a tener que ayudarme - Cosima le explicó con seriedad - Yo sólo puedo ver moretones en tu costado, en tus brazos y en tus piernas ¿Pero sientes algo más lastimado aparte de eso?

- Me duelen las manos y las rodillas... - Delphine gimió en voz alta cuando empezó a sentir todos los dolores de su cuerpo al mismo tiempo - También me duele el coxis, las nalgas y la entrepierna. Yo... no creo tener nada roto chérie pero me duele todo el cuerpo.

- Eres una demente Cormier - Cosima se quejó en voz alta pero más afectada por lo ocurrido que enojada - ¡Es que mira cómo te han dejado esos idiotas!

La morena no aguantó más y rompió en llanto aferrada a la camisa sucia y destrozada que Cosima no le había podido quitar del todo a Delphine.

- Odio esto - Cosima se quejó de nuevo - Odio verte lastimada cachorrito y más que eso odio verte sufrir así. No debiste pelear de esa manera Delphine, no debiste.

- Sí que debí mon ange - Delphine no estuvo de acuerdo - Sí que debí, ¿O es que acaso no te has dado cuenta? Cuando dije mis votos de amarte y protegerte en la salud y en la enfermedad también me comprometí a luchar por ti y cuidarte. Es que estoy dispuesta a morir por ti mi amor, si con eso sé que tú estarás a salvo.

- ¡Pero yo necesito que vivas! - Cosima negó con la cabeza y lloró aún más que antes todavía aferrada a la ropa de la rubia - ¡Yo necesito que vivas Delphine! ¡Que estés conmigo! ¡Te necesito conmigo maldita sea! ¡Y te necesito viva, no muerta! ¡Que muerta no me servirías de nada!

Delphine asintió y se lamió los labios intentando acercarse a la cara de su chérie para besarla. Cuando no pudo, fue Cosima la que se acercó y cogió el rostro herido de Delphine entre sus manos con delicadeza y la besó.

- Te amo - Cosima expresó ya derrotada y sin poder ocultar lo que estaba sintiendo - Eres una demente Delphine Cormier pero te amo maldita sea, nunca he dejado de amarte cariño. Nunca...

- Merci mon dieu... - Delphine dijo en un susurro al cielo con los ojos llorosos después del beso - Merci, merci, merci, merci...