Y llegamos al final. Gracias por leer y por los comentarios. Va una recomendación, el epílogo lo escribí inspirada en un tema de suspenso que pueden oír si quieren mientras leen la historia.

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5 Judgment Day; Heavy, driving Gothic drama with choir

Sólo tienen reemplazar los asteriscos.


Delphine se vio obligada a caminar con pesadez por las galerías del vestíbulo de palacio sin entender qué demonios había salido tan mal. Lo habían pensado todo claramente, tenían un buen plan formado pero todo se había ido al demonio porque Jarvinia Niehaus había sido mejor que todos ellos.

La mujer mayor era inteligente. Tan inteligente como su chérie sino más y eso tenía que reconocerlo aunque le pesara.

A Delphine todavía le dolían los dos golpes de su ángel en el rostro, y la presión del cilindro de la pistola contra su costado previamente herido estaba siendo una tortura. Heidi Adler parecía una mujer liviana pero tenía la mano muy pesada.

No era igual con la forma en la que el guardia de Jarvinia, Schmidt, la estaba llevando. Él tenía la mano pesada también sin duda, pero de alguna manera su presión en contra de su antebrazo era más delicada.

Nadie dijo nada cuando se llevaron a Delphine hasta las puertas del despacho de Jarvinia donde se encontraba Faber charlando con los guardias.

Nadie alcanzó a oír lo que decía, pero Schmidt le indicó a Heidi que esperase en el rincón de la estancia con la detenida al lado de una estatua del busto del Rey Maximiliano II.

Heidi asintió con la cabeza y se llevó a Delphine con brusquedad a ese lugar sin dejar de amenazarla con la pistola.

Fue en ese momento que Delphine intentó razonar con la rubia alemana.

- Por favor - ella suplicó - Por favor no hagas esto. Necesito volver con mi chérie, por favor ella me necesita...

Delphine intentó zafarse del agarre de muerte que Heidi tenía en su contra pero no tuvo suerte, las palabras suplicantes habían entrado a oídos sordos e incluso enojaron a la rubia de ojos claros que agarró a Delphine con más firmeza y la golpeó con la punta de pistola en la yugular.

Delphine tragó saliva mirando al cielo raso y todo su cuerpo tembló.

- ¡Silencio perra! - la chica amenazó en voz baja pero con severidad - No intentes ningún movimiento estúpido, animal. O mi dedo puede equivocarse y reventarte el cerebro aquí mismo. Además, no tienes derecho de llamar a la niña Cosima por su nombre, como tu igual porque nunca lo será. ¿Es que no lo entiendes tonta? Ella es casi como una princesa y tú no eres más que una jodida cucaracha.

- ¡Lo sé...! - Delphine tragó saliva y se lamió los labios secos llena de pesar - Lo sé. Sé muy bien lo lejos que estoy de la liga de Cosima, lo sé... no tienes que recordármelo. Lo he sabido desde que la he conocido. Pero ella me ama igual ¿Sabes? Ella se enamoró de mí a pesar de todo y desde entonces ella y ahora nuestra hija, han sido toda mi vida. Ellas son lo único importante que tengo en el mundo, Heidi.

- ¡Señorita Adler! - la rubia de ojos verdes exclamó con rabia - Más respeto muchacha despreciable.

- Lo siento, señorita Adler - Delphine se disculpó otra vez con la voz quebrada.

- No lo entiendo - Adler meditó ahora un poco menos tensa, pero todavía enojada volviendo a posar la punta de la pistola en el costado derecho de Delphine con una fuerza tal que la había hecho gemir en voz alta - La niña Cosima es inteligente, demasiado inteligente para su propio bien y siempre lo ha sido. Siempre fue una pequeña descarada pero su inteligencia sobrepasaba por mucho su temperamento caprichoso. ¿Cómo en el infierno ha sido capaz de fijarse en alguien como tú? ¡Mírate! Heidi observó la ropa de Delphine que hacía mucho rato que ya estaba gastada y sucia.

- Ropa regalada - ella se burló - Botas gastadas, pantalones sucios, y un suéter... - Heidi se dio cuenta del hilo perdido en el suéter negro de Delphine y tiró de él con una sonrisa encantada ¿Con el punto ido? ¿En serio? ¿Dónde demonios ha ido a parar su buen gusto?

Las burlas de Heidi le dolieron a Delphine, pero ya estaba acostumbrada a los desaires. Los había sufrido desde que tenía memoria, pero siempre había sido capaz de pasarlos por alto e incluso burlarse ella misma de ellos en un intento de no derrumbarse.

- Eso es algo que siempre me he preguntado - Delphine se atrevió a sonreír a pesar de su miedo - Siempre hemos hecho una pareja muy dispareja en ese sentido qu-

- ¡No es suficiente! - Heidi amenazó una vez más a Delphine presionando la punta de la pistola contra su costado con más fuerza que antes - No es suficiente una cara bonita y un cabello precioso sino tienes clase cucaracha y tú posees lo primero pero te falta lo segundo, clase. Elegancia, una familia que te respalde. Un nombre. Y tú te has aprovechado de la niña Cosima como la rata que eres pero eso ha llegado a su fin. Tu vida ha llegado a su fin.

- ¡Heidi! – Schmidt, que había visto junto a Faber como la rubia alemana se estaba aprovechando de la debilidad de la detenida, la llamó en voz alta y Heidi volvió a su talante más calmado pero todavía furioso en contra de Delphine.

- Tenemos que irnos ya.

Heidi asintió y ambos se llevaron a Delphine hasta la salida del castillo. La rubia tenía los ojos puestos en Faber y en su desesperación le gritó por ayuda.

- ¡Por favor no la dejes aquí! - ella le suplicó - ¡Por favor sálvala de ella! ¡Salva a nuestra hija te lo suplico...!

Delphine intentó su mejor esfuerzo para tener al menos alguna misericordia de sus enemigos. Ella sólo pudo ver al hombre de ley mirando con severidad y con el cuerpo rígido mientras el grupo de tres desaparecía tras las puertas del palacio.

Faber sabía que no podía dejar las cosas así. Tenía que hacer algo, tanto como por la niña Cosima y su pequeña familia y tanto como por su propia esposa y su hijo Ulli. Como les estaba dando la espalda a los dos guardias que custodiaban a los cuatro de los chicos apresados, se volvió con brusquedad y se les quedó mirando.

- ¡Fuera! - ordenó con rabia - ¡Ahora!

Los dos guardias armados se cuadraron y salieron de la puerta. Una vez a solas, él esperó unos segundos y abrió la puerta de madera que hizo un pequeño ruido de sus goznes al abrirse.

Cuando Tommy, James, Krystina y Siobhan lo vieron entrar se quedaron de pie en tensión preparados para una pelea, con Jimmy incluso herido. La enfermera lo había curado y tenía el brazo cubierto con una venda y una honda que mantenía su brazo inmóvil.

- Tranquilos todos - él dijo en tono suave con las manos en alto - No soy un enemigo. Soy amigo de la niña Cosima y he venido a ayudarlos.

Los cuatro chicos se miraron sorprendidos y asintieron porque no les quedaba otro remedio. Eso, hasta que Tommy pidió saber de Neil, Miri y Delphine.

Faber asintió y luego sonrió.

- Neil y Miri estarán bien - él les aseguró - Iré a por ellos en este momento.

- ¿Y Delphine? - Krystina preguntó con nerviosismo - ¿Dónde está Delphine?

Faber negó con la cabeza y suspiró sabiendo que la respuesta no sería de su agrado.

- Lo siento...

Cosima se movía como león enjaulado por la habitación. Ella no podía caminar demasiado, pero estaba con la energía tan en alto que no sabía quedarse quieta. Recordaba lo que había ocurrido fuera de su habitación y odió saber cómo habían terminado las cosas. Su madre se había marchado y la volvía a acompañar Sabine que intentaba lo suyo para calmar a su niña, pero nada de lo que le decía parecía penetrar su cerebro. Sus palabras caían a oídos sordos.

- No debí haber aceptado Sabine - Cosima negó con la cabeza ofuscada consigo misma - Fue espantoso. Si hubieras visto las caras de traición de los chicos y Delphine... ¡Oh Dios, es que tuve que golpearla delante de mi madre y de su guardia para me creyera! - a la morena le tembló la voz y el mentón, se enfrentó a su nana y ella la abrazó - ¡Y Delphine me ha dejado golpearla Sabi! ¡Delante de todos!

- Lo siento cariño - Sabine intentó consolarla acariciando su espalda con ternura - Lo siento mucho Cosima...

- Pero no ha sido la primera vez ¿Sabes? - Cosima negó con la cabeza y tragó saliva - La primera vez le di dos bofetadas cuando nos separamos. Cuando me enteré de que ella me había engañado y la eché de nuestra casa como a un perro. No recuerdo si la golpeé con fuerza, pero nunca la había lastimado físicamente de la manera en la que lo hice frente a mi madre.

- Pero tenías que hacerlo Cosima - Sabine le recordó con tristeza - Era la única manera de hacerle creer a tu madre que estabas de su parte.

- Lo sé - Cosima asintió con pesadumbre - Lo sé, pero fingir jamás me ha costado tanto...

La morena de rastas recordó la última charla con su madre. No había sido una conversación fácil porque ella estaba furiosa de saber que Delphine y los chicos se habían atrevido a entrar a sus dominios a la fuerza, pero Cosima luego de saber los planes de su madre para todos ellos, usó la última carta que tenía su favor. Ella misma.

- Dime qué quieres - Cosima le había dicho en un acto desesperado por llegar al corazón frío de su madre. - Dime qué quieres de mí a cambio de la libertad de ellos. A cambio de que Delphine desaparezca de nuestras vidas para siempre. Dime qué quieres mamá, por favor dímelo.

La morena había visto a su madre con una ceja alzada y un atisbo de duda al cambio de corazón, pero le había sonreído y la había tomado de la mano, cosa que Cosima permitió.

- Te quiero a ti, hija mía - Jarvinia no dudó en responder - Quiero que te separes de esa asquerosa mujer para siempre y que te quedes aquí, conmigo. En nuestra casa. Donde perteneces.

- Me tienes - Cosima respondió con un asentimiento y la voz quebrada - Me tienes madre, me quedaré aquí. Tendré a mi bebé aquí y dejaré que cuides de ella y la mimes como tú quieras, pero sólo con una petición a cambio.

- ¿Cuál sería hija? - Jarvinia preguntó con una sonrisa falsa sabiendo por supuesto lo que quería su hija a cambio.

- Libéralos - Cosima le suplicó - A todos. Déjalos ir mamá por favor... y deja viva a Delphine. Yo... - ella tragó saliva con fuerza y se lamió los labios - Yo haré que me deje. Lo haré de una manera rápida y simple, una manera que sé que te gusta mucho también mamá.

Jarvinia sonrió encantada esta vez sabiendo que tendría el placer de ver humillada a su peor enemiga. Ella asintió a su hija sin dejar de sonreír.

- Dalo por hecho mi amor - prometió con una sonrisa complacida y Cosima ingenuamente creyó en todas sus palabras, o al menos, era lo que Jarvinia pensaba.

Cosima conocía a su madre lo suficiente para intuir que no todo saldría como ella quería y por ese motivo su única opción fue confiar en el hombre que había sido su referente más cercano a un padre que había conocido. Franz Faber, el esposo de su nana Sabine. Ella recordó que no lo saludó como lo había hecho con Sabine cuando había llegado al castillo, pero luego de un tiempo pudo charlar un poco con él y saber que Ulli, el hijo de ambos, se estaba convirtiendo en todo un caballero.

- Será un rompecorazones como sus padres - Cosima había bromeado meses después de llegar al castillo. Sabine y Franz le habían hecho un poco de compañía cuando Jarvinia le había permitido pasear por los jardines y ambos hablaban con Cosima sobre el pequeño Ulli, que en realidad no era tan pequeño pero se comportaba como tal debido a su enfermedad. Ulli tenía síndrome de Dawn pero era un amor de chico y Cosima tenía muchas ganas de verlo.

- Ulli está en su escuela, niña Cosima - Franz le había dicho con una sonrisa amable - Él es muy inteligente y se acuerda de ti, siempre que sabe que vengo a trabajar al castillo quiere saber de su tía Cosima. Echa de menos vuestras charlas por chat.

- Tendré que volver a charlar con el hombrecito para que no me extrañe entonces - Cosima dijo con una sonrisa animada a las palabras de su protector - Yo también he extrañado charlar con él...

En el tiempo que pasó Cosima encerrada, había podido charlar con Ulli e incluso verlo una vez. Esos momentos eran la única luz de Cosima en medio de su oscuridad y su soledad forzada. Tener a Franz y a Sabine de su parte había ayudado a que su ostracismo fuera más llevadero, pero ahora dependía de la lealtad de Franz para salvar a sus amigos y a Delphine.

- Él hará lo posible cariño, yo ya se lo he pedido - Sabine intentó animar a Cosima de otra manera - Y tú lo conoces, sabes que él lo hará.

- Lo sé - Cosima suspiró sentada en la orilla de la cama - Lo sé Sabine, pero aun así-

Un golpe.

Eso alertó a Cosima y a Sabine de que alguien quería entrar a la habitación y ambas se quedaron en silencio. No esperaban más distracciones, pero los golpes comenzaron a hacerse más potentes y Cosima estaba comenzando a asustarse seriamente.

- Quédate aquí cariño - Sabine se puso de pie a pesar de su nerviosismo - Yo me encargaré.

- Ten cuidado Sabi - Cosima le pidió a su nana y la rubia asintió - ¿Qué habrá pasado...?

Sabine caminó el trecho que separaba la cama de la puerta que era amplio y preguntó a la persona que golpeaba quién era. Nadie respondió y sólo podía oír más golpes tras la puerta de madera sólida.

Cuando se atrevió abrir un resquicio de la puerta se vio amenazada por una mujer alta, de aspecto feroz, con el rostro herido y vestida de negro. Tenía una pistola en las manos y apuntaba con ella hacia su frente.

- ¡Abre la puerta o te volaré los sesos! - Sabine escuchó a la mujer con claro acento francés amenazarla y casi sonrió. Entendió de inmediato por qué su niña Cosima estaba tan enamorada de ella - ¿Dónde está Cosima? ¡Exijo verla ahora!

- Calma Delphine, soy una amiga - Sabine respondió y abrió la puerta del todo tratando de tranquilizar a la mujer rubia, pero la chica no tenía ojos para ella sino para lo que la rodeaba. Sabine tuvo que hacerse a un lado cuando la mujer traspasó el umbral y suspiró cuando la vio casi correr dentro de la habitación. La voz animada de Cosima le dijo a Sabine que la mujer que ella tanto extrañaba volvía a estar entre sus brazos, sin embargo la reunión fue de corta duración.

Cosima no esperaba ver de vuelta a Delphine. No del todo. Había dejado claro a todo el mundo en el castillo que no quería volver a verla, pero por supuesto, era una mentira. Ella esperaba que su cachorrito hubiera entendido en parte lo último que le había susurrado al oído antes de marcharse. Esquimo Pie.

Al parecer ella lo había hecho, porque ahora se encontraba siendo estrujada suavemente por dos brazos feroces que no la soltaron por varios minutos.

- ¿Cómo...? - Cosima preguntó a su amor y se entristeció de ver sus heridas en el rostro. Heridas que ella misma le había propinado - ¿Cómo has podido...?

- Es una historia corta chérie, pero ahora no tenemos tiempo de hablar - Delphine respondió con suavidad pero con prisas - Tenemos que irnos, no tenemos mucho tiempo.

Delphine no tenía cabeza para nada. Ella sólo sabía que tenía que salir del castillo junto a Cosima a como diera lugar, e intentó no recordar lo que había tenido que hacer para verse libre de la amenaza que la custodió hasta la salida del castillo.

Delphine se había visto obligada a caminar hasta un lugar boscoso fuera de las puertas de palacio mientras intentaba hacer caso omiso de los halagos de un hombre que ni siquiera conocía.

- Es un desperdicio la verdad - Schmidt había expresado en voz alta a las dos mujeres, pero mirando a Delphine con una sonrisa encantada - Una bella mujer enamorada de la hija de una de las mujeres más importantes de Alemania. Un gran desperdicio, cuando hay hombres por ahí que darían lo que fuera para regalarle el mundo.

Delphine se quedó en silencio sin saber qué hacer. Por un lado tenía a esa mujer, Heidi Adler, todavía amenazándola con la pistola aferrada a su costado y por el otro, a un hombre que claramente tenía un extraño interés en ella a pesar de que no se conocían. Y él estaba desarmado, pero vio su arma en el costado izquierdo de su pantalón de soldado y Delphine supo que sólo tenía una oportunidad para hacer su jugada. Cerró los ojos recordando las lecciones de Neil en ese mismo aspecto, escuchó su voz en su cabeza dándole indicaciones y reprimió una sonrisa. Cuando abrió los ojos ya sabía lo que tenía que hacer.

Rompió en llanto.

Había sido tan inesperado y tan crudo que había tomado a la pareja de captores por sorpresa y cuando estaban a pocos pasos de la entrada al bosque Ettaler.

- ¡Lo sé! ¡Tienes razón…! - Delphine gimió con tristeza y agachó la cabeza casi apoyándose en el cuerpo de Schmidt que un poco sorprendido pero encantado, intentó consolarla aunque Heidi seguía amenazándola con la pistola.

Y había llegado el momento.

En un movimiento inesperado, Delphine había conseguido quitarle el arma Schmidt con su mano izquierda golpeándolo en la cara y con el brazo derecho había golpeado a Heidi usando el codo y obligándola a retroceder unos pasos y soltar su arma entre los arbustos. Con el arma en la mano, Delphine le disparó a Schmidt en la rodilla izquierda y lo hizo maldecir cuando se vio cayendo de bruces en la hierba y Delphine quiso hacer lo mismo con Heidi pero la mujer que se había recuperado de su golpe sorpresivo, se abalanzó sobre ella y las dos cayeron a la grava.

Delphine peleó con la mujer rubia a puñetazos como siempre lo hacía, pero se vio superada por momentos con la fuerza de la otra mujer hasta Delphine había logrado presionar su antebrazo contra la tráquea de la mujer alemana.

- Sé que nunca seré digna del amor y de la vida de Cosima - ella escupió con rabia - Pero me gustaría saber qué se siente, señorita Adler. Ser asesinada por una cucaracha...

Delphine presionó con fuerza la garganta de la rubia de ojos verdes con su antebrazo hasta que la mujer dejó de retorcerse y respirar. Se había deshecho de otro enemigo y llevaba consigo otro cadáver a la espalda, pero todavía le quedaban dos. Uno de ellos a quien había herido y que... había desaparecido.

- ¡Putain de merde...!

Delphine exclamó en voz alta y cogió la pistola de Heidi que estaba más cerca y corrió. Corrió como nunca antes lo había hecho y entró por el pasadizo secreto de palacio directo hasta el ascensor que daba a la habitación de su chérie, sin encontrarse por suerte con ningún guardia o enemigo.

Cuando llegó arriba corrió hasta la puerta y la golpeó una vez. Luego más fuerte cuando no sintió ruidos dentro, hasta que escuchó la voz de una mujer desconocida que preguntaba quién era. Delphine se quedó callada esperando que la mujer decidiera abrirle la puerta y cuando lo hizo no tardó en amenazarla con la pistola en la frente.

- ¡Abre la puerta o te volaré los sesos! - Delphine ya estaba desesperada y decidida a eliminar a la fuerza todos los obstáculos en su camino. Ella sólo pudo ver a joven rubia de aspecto amable que le sonreía y no entendía por qué, considerando que estaba siendo amenazada a punta de pistola para que obedeciera. - ¿Dónde está Cosima? ¡Exijo verla ahora!

La mujer le pidió calma y abrió la puerta para ella. Delphine entró a la habitación casi con brusquedad y corrió cuando descubrió a su chérie sentada a la orilla de la cama mirándola con emoción.

Delphine la cogió en sus brazos y la abrazó con delicadeza. El vientre redondo de su chérie le impedía abrazarla con la fuerza que quería, pero se conformó con la suavidad. Podía sentir a Cosima temblando entre sus brazos y luchó salvajemente para no romper en llanto ella misma delante de su ángel y de la mujer desconocida que vagamente recordó gracias a Tommy, que era la nana de Cosima.

Cuando Cosima le preguntó cómo había escapado, Delphine negó con la cabeza y la urgió para que se vistiera alegando que no tenían mucho tiempo.

- Es una historia corta chérie, pero ahora no tenemos tiempo de hablar - Delphine respondió con suavidad pero con prisas - Tenemos que irnos, no tenemos mucho tiempo.

Ella se volteó a ver la mujer rubia que todavía permanecía apartada de la escena y Delphine intentó disculparse de su exabrupto con una sonrisa tímida.

- Desolé - Delphine estaba avergonzada, pero Sabine sólo la miraba con una sonrisa - Por haberte amenazado antes, yo sólo... necesitaba verla. - se acercó a la rubia con cuidado y alzó la mano para saludarla - Delphine, enchanteé.

- Sabine - respondió la otra rubia con una sonrisa encantada mirando a su niña que sonreía con la lengua entre los dientes y se encogía de hombros - Enchanteé, Delphine Cormier. Ahora entiendo muchas cosas de mi niña Cosima. Y si dices que vienes a por ella, te ayudaré.

Delphine asintió en agradecimiento y entre ambas ayudaron a Cosima a vestirse, ya que había vuelto a ponerse un pijama cuando su madre se había marchado tiempo antes.

Pantalones de lana de maternidad, calcetines, botas cómodas, una camiseta de algodón de manga larga, un suéter de lana mullido, su abrigo rojo que todavía le quedaba y una gorra roja fueron puestos a toda prisa en el cuerpo de Cosima y se había visto obligada a salir de su habitación y de palacio por el mismo camino que había hecho Delphine antes.

Ella sólo podía ver a dos de las mujeres más importantes de su vida casi cargándola para sacarla de la ciudadela para llegar a Füssen.

La idea era salir de Alemania y lo más pronto posible. Delphine se había montado con Cosima y Sabine en el auto de Faber y aunque la chica alemana estaba preocupada por su marido, sabía que estaría bien. Ella le dijo que para evitar a su señora, podían seguir por el río Forgensse y cruzar el lago Lech directo hasta Augsburgo sin pasar por Múnich.

- Mi madre estaría esperándonos en Múnich - Cosima estuvo de acuerdo pero luego miró a Delphine con ansiedad - ¿Dónde están los chicos Delphine? No podemos marcharnos sin ellos.

- Ellos nos encontrarán Cosima, no te preocupes. - Delphine le dijo con un suspiro nervioso concentrada en el camino a Füssen - Ellos saben lo que tienen que hacer, podremos verlos pronto.

La rubia estaba preocupada por ellos por supuesto pero si estaban con Faber, sabía que estarían bien. Cuando llegaron al lago Forgensse se robaron un bote a motor, aprovechando que el dueño de uno de ellos tenía atracado al muelle su bote Luis II, y él no estaba cerca. Ella sonrió a la ironía.

- ¡Santa cuenca! Luis II nos ayudará a escapar - Cosima casi se rió con la emoción y la adrenalina a tope. Se subió a la embarcación ayudada por su nana y ambas mujeres se pusieron los chalecos salvavidas. Delphine una vez más se había quedado sin el suyo porque no había más, pero estaba más concentrada en salir del lago que su propia seguridad. Activó el motor del bote y lo puso en marcha al mismo tiempo que el dueño de la pequeña embarcación se percataba que le estaban robando.

- ¡Hallo! (¡Hey!) - el hombre, casi un anciano gritó – ¡Das ist mein boot! (¡Ese ese mi bote!)

Cosima trató de disculparse, pero Sabine la protegió de la vista. No podían verla. Delphine siguió navegando por el río Lech y estaban cerca ya de Schongau, cuando apareció una visita inesperada. El Niehaus I

- ¡Es mi madre! - Cosima reconoció el yate de lujo que su madre solía navegar. Era una embarcación mediana, un Ferretti 53 de vidrios polarizados, cabina abierta y de cincuenta y tres pies de altura y con capacidad para seis personas. Era la embarcación preferida de su madre porque poseía piloto automático y tenía incluso una cocina a bordo. Todas las comodidades para cuando ella y su padre quisieran salir solos a navegar por el Estarnberg - ¿Cómo mierda nos ha encontrado tan rápido?

- Schmidt - Delphine respondió con pesadumbre maldiciendo su oportunidad perdida de acabar con el hombre - Pude deshacerme de Heidi pero no de él. Está herido, pero estoy segura que está con tu madre.

Cosima no quiso saber qué había pasado con la ama de llaves y mano derecha de su madre. Sólo esperaba que pudieran alejarse de ella, aun cuando el Ferretti ya les estaba llevando buena ventaja.

- ¡Oh merde! - Delphine exclamó con nerviosismo al darse cuenta que la brújula del tanque del bote se estaba vaciando - ¡Nos estamos quedando sin gasolina!

Y sin tiempo.

El Ferretti consiguió alcanzarlos y obligó al bote más pequeño a detenerse. A Delphine no le quedó más remedio que hacerlo, pero ya estaba preparada para enfrentarse a su peor pesadilla. Ella miró directamente a Sabine y exigió:

- Pase lo que pase ahora deberás llevarte a Cosima - Delphine dijo en tono serio evitando mirar a Cosima que negaba con la cabeza - Todos los demás tienen la misma orden Sabine, salvar a Cosima. Nada más importa.

- Lo haré - Sabine estuvo de acuerdo y no pudo evitar acercarse a Cosima que quería discutir con su pareja. Ella las vio abrazadas y esperó un momento para guiarla a la proa del bote protegiéndola con su cuerpo.

- Je t'aime, ma chérie - Delphine dijo en voz alta y se aguantó las lágrimas al ver que Cosima lloraba.

- Delphine... - ella pidió con tristeza - Por favor, no...

Delphine quiso responder con una sonrisa, pero se vio violentamente atacada por una Jarvinia furiosa que no tenía ojos para nadie más que para Delphine y su hija que permanecía escondida tras Sabine.

- ¡Ficken Schlampe! (¡Maldita perra!) - la rubia más vieja gritó con rabia y se abalanzó sobre Delphine sin importar que estaban dentro de un bote en medio de un lago - ¡Acabaré contigo de una vez por todas!

Delphine intentó defenderse y lo logró por los pelos, pero no pudo evitar caer por la borda del bote a motor. Sin embargo, no lo hizo sin antes llevarse a Jarvinia con ella.

- ¡Noooo! - Cosima que había conseguido salir de la protección de su nana, se acercó al borde del bote mirando hacia el río con los ojos anegados en lágrimas gritando por su madre y por Delphine - ¡Delphine!

Rutas alternativas. Era lo único que tenían en mente Neil y los chicos. Estaban fuera del castillo gracias a que Faber los había rescatado a todos y ahora estaban buscando a Cosima, Delphine y Sabine. Ellos no sabían dónde podrían estar, pero Faber dio con la respuesta cuando encontró que su auto había desaparecido. La única que sabía dónde tenía una llave de repuesto y como abrirlo era su esposa Sabine.

- Tengo una idea - él dijo con un suspiro y se llevó el auto de Schmidt que era más grande y a quién no había visto por ninguna parte - Tendremos que prepararnos para navegar chicos, ya sé dónde están.

Los seis chicos asintieron y siguieron al hombre que los metió con rapidez a la minivan de su jefe. Salieron de la ciudadela rumbo a Füssen y siguieron la misma ruta que habían tomado Sabine, Cosima y Delphine por el río Lech, a bordo de una embarcación del tamaño de un yate que Faber exigió a toda prisa en el muelle en nombre de Jarvinia Niehaus.

El yate zumbó su camino por río hasta casi llegar a Landsberg am Lech. Cuando llegaron se dieron cuenta que Sabine estaba siendo amenazada a punta de pistola por un Schmidt herido y furioso y que Cosima se escondía tras ella pidiendo que no lastimase a su nana.

En ese momento Faber vio rojo. Nadie se metía con su esposa ni con su niña Cosima, no de esa manera.

- ¡Sosténganse chicos! - gritó en voz alta al mismo tiempo que aceleraba al máximo el yate - ¡Porque habrá turbulencia!

Los seis chicos se aferraron a la barra de protección del yate y rezaron para no caer de bruces al río. En un movimiento brusco la embarcación siguió su camino tan cerca del bote que casi lo chocó, pero la inercia que acompañó la acción hizo que Schmidt y las chicas casi perdieran el equilibrio. El yate se detuvo frente al costado del bote y Faber se abalanzó contra Schmidt que no alcanzó a reaccionar a tiempo.

- ¡No te metas con mi familia hijo de puta!

Faber aprovechó de golpearlo con la culata del arma que el anciano había recuperado del bosque cercano al castillo. Schmidt había quedado inconsciente en la popa del bote y el capitán alemán lo escondió debajo del tablón que hacía de asiento.

- ¡Franz! - Sabine gritó con nerviosismo y abrazó a su marido. Luego del pequeño reencuentro, ambos obligaron a Cosima a subir al yate donde la esperaban sus amigos.

- ¡Delphine y mi madre están en el lago! - Cosima gritó con desesperación negándose a subir a la nueva embarcación - ¡No me iré de aquí sin saber de ellas!

Los Faber intentaron convencer a Cosima a subir al yate, pero fue Neil quien se acercó a ella a pesar de estar herido y le dijo que la salvaría.

- Estará bien Cosima - el chico dijo en tono suave - Ella volverá contigo, confía en ella.

Él se lo había pedido con delicadeza pero sin dejar de lado la firmeza. Cosima entendió que debía marcharse a un lugar seguro porque era eso lo que Delphine quería, así que no le quedó más remedio que asentir. Vio a Tommy saltar al bote para ayudarla y quedarse ahí por un momento.

- Yo me encargaré de rescatar a tu cachorrito Cos - el chico le sonrió con amabilidad y abrazó a Cosima - Ella quería tu seguridad, así que vete. Yo me quedaré.

- Gracias amigo - Cosima dijo con emoción y luego se quejó en voz alta. El vientre había comenzado a punzarle y el bebé daba patadas desesperadas contra su vientre.

- ¡No! - ella gritó con angustia - ¡Contracciones ahora no!

- ¡Vete Tommy! - gritó Neil y el chico americano se lanzó al río para buscar a Delphine mientras podía escuchar los lamentos de Cosima y la preocupación de sus amigos. El ruido del yate lo distrajo, pero siguió aguantando la respiración sabiendo que no tenía suficiente tiempo.

Delphine y Jarvinia seguían peleando. El río las había alejado un poco de Landsberg pero no demasiado. Ellas no tenían mucho oxígeno ya, pero Delphine estaba acostumbrada a sobrevivir un tiempo importante debajo del agua sin necesidad de salir a la superficie para respirar. Fueron métodos de sobrevivencia que había tenido que aprender a la fuerza cuando era adolescente y había conseguido permanecer bajo el agua por casi seis minutos sin tener que salir a la superficie.

Jarvinia en cambio tenía más problemas. No estaba muy acostumbrada a aguantar la respiración bajo el agua, pero estaba tan furiosa que esa misma energía le permitía aguantar.

Ella se había casi derrumbado cuando vio a Schmidt aparecer por la puerta secreta que daba a su despacho, con la rodilla herida, hecho una furia y le había dicho que la infeliz de su ex nuera se había escapado. Cuando se enteró que ella se había llevado a Cosima y a Sabine, enfureció y salió a toda prisa con el hombre para buscar a su hija y traerla de regreso.

Ella pensó en lugares donde podrían haber huido y supo que ellas no tomarían las rutas obvias para llegar a Múnich y que tomarían otras alternativas. Recordó que la única ruta alternativa que podía tomar era a través del río Lech y no dudó en tomar dicha ruta a bordo de su yate preferido, el Niehaus I. Un regalo de su esposo de su segundo aniversario de bodas. Un yate que amaba navegar por el río Estarnberg aunque tiempo después fuera declarado patrimonio ecológico.

Navegó por el Lech como un alma arrancando del río Estigia hasta que llegó al borde del Landsberg y encontró el bote donde pudo ver a su hija, a la chica que cuidó de ella desde pequeña, Sabine y a esa mujer indeseable que había detenido el bote y estaba abrazando a su hija con ternura.

Cuando llegó hasta la pequeña embarcación le ordenó a Schmidt liberarse de Sabine y llevar a Cosima de regreso a Hohenschwangau.

- ¡Y no me importa cómo lo hagas Schmidt, sólo hazlo! Ella le había gritado al hombre que se quejaba de dolor en su rodilla y cojeaba visiblemente. Salió del yate y se lanzó en contra de su peor rival consiguiendo golpearla y hacerla caer por la borda. Estaba a punto de liberarse de la mujer, pero la hija de puta se las había arreglado para caer al agua al mismo tiempo y llevársela a ella.

Ahora se encontraba varios metros bajo el agua congelada, todavía luchando en contra de la rubia más joven que parecía no tener problemas de luchar contra ella casi sin oxígeno bajo el agua.

La falta de aire y la poca energía que le quedaba estaban jugando en su contra y ella lo sabía. Tenía que actuar rápido, así que agarró a la rubia por el cuello intentando asfixiarla más pero la perra lograba zafarse, era mucho más ágil bajo el agua que ella y lo odiaba, pero no dejó de intentarlo hasta que ella misma se vio atacada por la rubia. O eso creía...

Jarvinia no sabía lo que estaba viendo, pero podía distinguir una figura en el fondo del lago. Era blanquecina y humana que nadó rápidamente a su lado y en un sólo movimiento, la hundió más y la separó de manera brusca de la presión que la rubia más joven mantenía sobre ella.

Cuando quiso soltarse de ese nuevo agarre poderoso lo único que pudo ver fue una mano blanca y masculina que poseía un anillo real con un cisne en el dedo anular derecho.

Era el anillo del Rey Luis II, su tataratatarabuelo.

Jarvinia Niehaus no pudo luchar en contra de su pasado y se hundió con él para siempre en el fondo del Lago Lech.

A varios metros de la superficie una mano también masculina ayudaba a una rubia a salir del lago.

Clínica de familia del condado de Landsberg am Lech - Dos meses después.

- ¡Puja mon cher! ¡Vamos cariño, puja!

- ¡Lo estoy intentando maldita sea! ¡Lo estoy intentando pero es muy difícil! - un grito ronco - ¡Esta es tu culpa Delphine! ¡Tú me hiciste esto! ¡No me toques!

Delphine Cormier sonrió con nerviosismo. Estaba sentada contra la pared de la sala privada de Cosima en la clínica de familia de Landsberg, mientras su chérie estaba apoyada contra su cuerpo intentando dar a luz a su bebé.

Luego del último enfrentamiento que había tenido en contra de Jarvinia Niehaus, Delphine había conseguido salir con vida del lago Lech gracias a Tommy, pero toda la angustia del caos le había pasado la cuenta a Cosima quien estuvo a punto de tener un parto prematuro cuando llegó al pueblo de Landsberg. El grupo de amigos y los Faber habían tenido que llevarla de urgencia al hospital local donde habían tenido que sedarla para calmarla y habían conseguido por los pelos evitar el nacimiento de la nueva heredera de la casa Wittelsbach.

La angustia de Cosima se había calmado cuando había visto a Delphine completamente mojada pero viva, aunque segundos después había roto en llanto en los brazos de ella cuando supo que su madre había muerto. El estrés de todo el asunto tenía amenazado su embarazo de tal manera que fue declarado de alto riesgo al principio. Ella había tenido que pasar casi tres semanas internada en el hospital y el resto del embarazo se vio obligada a pasarlo en absoluto reposo.

Como no estaba dispuesta a volver a Hohenschwangau, el grupo decidió quedarse en Landsberg y todos se fueron a vivir a una casa muy linda estilo parcela que tenía tres departamentos pequeños dentro de las tierras. Era un lugar del que Tommy se enamoró cuando la vio y con el permiso de sus padres y su apoyo financiero, la compró para todo el grupo. Él planeaba dejarla como casa de veraneo porque estaba cerca de la ruta romántica, a pesar de todo lo que había pasado en ella.

Un mes más tarde habían realizado el funeral de todos los muertos en Hohenschwangau y entre ellos el de Jarvinia Niehaus.

Luego de que unos buzos encontraran su cuerpo y declararan su muerte como ahogamiento accidental, Baviera se convirtió en un hervidero internacional. Sobre todo cuando encontraron en la ropa de la mujer el anillo real que pertenecía a Luis II de Baviera. Todo el mundo sabía que el hombre se había ahogado en el lago de Estarnberg, así que era todo un misterio que el anillo hubiera aparecido en el río Lech. Nadie lo entendía, pero todos estaban fascinados con la historia y luego el acoso que Cosima tuvo que vivir en carne propia cuando su nombre y su vida fueron de interés público internacional.

Con la ayuda de los Faber que se convirtieron en sus representantes, Cosima había podido permanecer al margen de tanto caos periodístico, pero no había podido evitar el interés que el nacimiento de su primera hija suscitaba en toda Baviera.

Era casi un nacimiento real, porque Cosima tenía apellido real y por lo tanto quisiera o no, era parte de la antigua realeza desaparecida de Alemania.

Y ella no quería esa horrible presión. Estaba harta de saber que su vida había sido expuesta de esa manera y quería irse de Alemania, pero se vio obligada a quedarse ya que el parto estaba demasiado próximo y era delicado.

Cosima y Delphine se habían refugiado en la parcela protegida de Tommy ahora la morena daba a luz en una clínica de familia privada que quedaba a pocas cuadras de la casa.

Llevaba cuatro horas de trabajo de parto pero la bebé no estaba dispuesta a nacer todavía. Cosima sufría contracciones constantes y ya estaba completamente dilatada. Delphine era un caos en sí misma. Estaba aterrada por todo lo que estaba pasando y aunque quería ser quién ayudase a Cosima a dar a luz, la matrona que las atendía, una mujer pelirroja llamada Patsy, le dijo que prefería tenerla de espectadora.

- Puedes tener mil títulos de doctora muchacha, pero la encargada de este centro soy yo - ella se defendió a las críticas que Delphine no había podido evitar expresar - Ahora dime, ¿Cuántos partos has entregado tú durante tu carrera?

- Yo... - Delphine negó con la cabeza, ofuscada - Ninguno, pero porque yo soy inmunóloga no partera. Eso no es justo.

- Bueno pues yo he entregado más de cien - Patsy respondió con orgullo - Además tú eres la pareja de esta niña - miró a Cosima con una sonrisa - Así que tu deber es apoyarla.

- ¡Pero...!

- ¡Delphine Cormier mueve tu culo pálido aquí y deja ya de pelear! - Cosima estaba entretenida con la pelea pero se estaba cansando - Ahora mismo cachorro.

La rubia agachó la cabeza debidamente castigada y se acercó a Cosima.

La pelirroja más vieja sonrió al ver la dinámica de las chicas. No era la primera vez que asistía a un parto de una pareja del mismo sexo, pero era la primera vez que lo hacía con una pareja tan importante. Ella sabía la historia de la joven Cosima por supuesto, pero no tenía idea que la chica fuera homosexual o que estuviese casada con otra mujer porque no le gustaban los chismes. Ella sólo sabía que vivía en los Estados Unidos y que sus padres viajaban de manera constante entre ese país y Alemania por negocios y placer.

Fue ella quien había atendido a Cosima cuando había llegado a emergencias junto con el obstetra de turno y ambos se hicieron cargo de ella.

El doctor de Cosima se llamaba Duncan Sinclair y era un canadiense de cincuenta y dos años que había viajado como conferencista de obstetricia a Alemania. Sinclair no trabajaba realmente en el hospital, pero se había ofrecido a ayudar y hacer un turno el mismo día que Cosima había llegado con síntomas de parto prematuro. El hombre alto y calvo de mirada azul, se hizo cargo de su caso desde ese día y Sinclair se había visto obligado a quedarse en Baviera por un tiempo más hasta que su paciente diera a luz sin problemas.

Cuando la chica completó los nueve meses de embarazo y lo llamaron cuando ella estaba de parto, decidió que era mejor trasladarla a la clínica de familia privada de Landsberg para evitar el acoso periodístico. En su mayor parte.

Ahora él podía oírla quejarse y pelear con su pareja y se rió. Eso era común en las salas de parto, pero para él no tan común con parejas del mismo sexo.

Cuando fijó su mirada en la pareja de la joven volvió a reírse al verla asentir de manera obediente y tratando de no quejarse al agarre de muerte que su paciente tenía en las manos de la chica rubia.

- ¡Yo sé que puedes mi amor, yo sé que puedes! - Delphine todavía insistía en apoyar a su ángel - Hazlo por nosotras cariño, hazlo por nuestra bebé. Yo la extraño también Cosima, por favor...

- Lo sé, lo sé... - Cosima respiró profundo en el pequeño espacio que tuvo de paz entre contracciones - Sé quieres verla y yo también pero- ¡Ahhh!

Cosima gritó y pujó. Siendo alentada por Delphine que era la única que acompañaba a Cosima en la sala de parto, porque así lo había pedido ella. Era un momento demasiado íntimo que querían compartir juntas como pareja y los amigos de ambas no tuvieron problemas en ello. Estaban todos esperando en la pequeña sala de espera fuera de la habitación. Neil ya recuperado de su herida de la pierna. Él y Miri habían sido liberados por Faber del calabozo y luego todos pudieron volver a reunirse gracias a él. James también se había recuperado de la herida de su brazo y todos estaban ansiosos de conocer a la pequeña y nueva miembro de su ahora gran familia, porque los Faber también se habían unido a ella. Él y Sabine habían dejado de trabajar en Hohenschwangau, los militares que tenía a su cargo fueron despedidos y Schmidt que había sobrevivido fue encarcelado. Habían descubierto muchos fraudes y asesinatos comandados por él en el pueblo, pero nunca dijo a nadie quién lo había mandado aunque aquello fuera un secreto a voces. El palacio fue clausurado y el padre de Cosima se encargó de ello, pero se mantuvo alejado después de la muerte de Jarvinia.

La morena de rastas empujó un par de veces más alentada por Delphine y un minuto después pudieron oír un llanto suave. Su pequeña angelito había nacido y estaba perfecta, aunque de pequeña no tenía mucho. La hija de Cosima y Delphine había pesado tres kilos quinientos gramos y había medido casi cuarenta y cinco centímetros. Iba a ser una niña alta, tal y como había pensado Cosima que sería. Casi una copia exacta de Delphine. Tenía una suave mata de pelo marrón claro y cuando fue limpiada la segunda vez para entregarla a su madre, por fin había dejado de llorar.

La bebé estaba tranquila descansando en el pecho de su mommy, pero sus madres estaban hechas un mar de lágrimas.

Delphine no había dejado de besar la frente y la sien de su chérie agradeciendo al cielo tener en sus brazos a sus dos ángeles.

Había sido un largo viaje donde lo había perdido y lo había vuelto a encontrar, un viaje donde había tenido una segunda oportunidad y ahora estaba con sus dos amores. Fue ella quien presentó a la bebé a su familia y con orgullo les dijo su nombre.

- Valentine Sabine Cormier Niehaus - ella anunció y cuando la Sabine adulta oyó el segundo nombre, rompió en un llanto emocionado en los brazos de Franz.

La familia se había completado y las chicas habían decidido viajar a Estados Unidos para visitar a las hermanas de Cosima y al resto de su familia y también decidieron radicarse definitivamente en Francia. Su grupo de amigos, excepto los Faber que se quedaron en Alemania con Ulli. Los demás regresaron a Inglaterra pero se visitaban periódicamente ya que las chicas seguían en Lille, pero no en el pueblo sino en la ciudad.

Un año más tarde - Hospital de Lille, Francia.

- ¡Vamos cachorrito tú puedes! - Cosima alentó a su esposa con entusiasmo. Delphine estaba a punto de dar a luz a un par de gemelas y sólo faltaba un empujón para conseguirlo.

La rubia estaba enorme y se quejaba mucho, pero más se quejaba con Cosima por haberla puesto en ese estado en el que se encontraba ahora. Ellas utilizaron el mismo método de inseminación para el embarazo y fue una sorpresa lo de las gemelas, aun cuando no era extraño un embarazo múltiple en esos casos.

- ¿Por qué me has hecho esto Cosima...? - Delphine preguntó todavía luchando contra el dolor de las contracciones - ¿Es acaso algún castigo...? ¡Porque yo lo hice contigo una vez, pero tú lo has hecho conmigo dos veces... no es justo! ¡Ahhh Cosima...!

La primera bebé salió de cabeza y con una mata de cabello negra y ondulada. Lloraba muy fuerte y era muy inquieta. La segunda bebé salió más rápido que la primera y también llorando con fuerza, pero era menos inquieta que su hermana.

Krystina Marie Cormier Niehaus y Alexandra Siobhan Cormier Niehaus cerraron el ciclo familiar. Llenaron a sus madres de alegría y todos juntos pudieron seguir con sus vidas tal y como quisieron siempre. Las chicas enamoradas y enfocadas en la ciencia y el resto de ellos en paz.

Unidas y libres.

Fin


N/A

Existe la posibilidad de una precuela de la vida de Delphine antes y durante su vida al lado de Cosima pero irá más adelante, tal vez. Primero acabaré las historias Cophine que me han quedado pendientes.