Disclamer:

Cualquier aspecto conocido pertenece a Rick Riordan, el resto es parte de mi ridícula imaginación. Por favor no publiquen sin autorización.


"When you're too in love to let it go, but if you never try you'll never know, just what you're worth"

Fix you - Coldplay


Ours

Mi esclavo

By: Ary Hyuga


Reyna's POV

Yo estaba esperando en la esquina, llevaba shorts de mezclilla y una grande camisa blanca que cubría mi traje de baño de dos piezas, color amarillo y naranja. Vestía sandalias blancas en los pies, y mi vieja mochila azul colgaba de mi hombro; en ella tenía mi toalla, protector solar y un montón de otras cosas para una tarde en la playa.

En ese momento la camioneta Ford de Hazel dobló la esquina, con "Party in the USA" de Miley Cyrus sonando a todo volumen.

—Hazel —Grité. Vi su boca moverse, pero el ruido de la música ahogaba su voz. Cuando se dio cuenta que no podía oír una palabra de lo que estaba diciendo, apagó la radio.

—¡Vamos Reyna! Se hace tarde —exclamó sonriendo.

—Es tu culpa —yo grité, saltando a la camioneta.

—Me alegro de que vayamos a la playa, —ella comentó—, te he echado de menos, es agradable pasar el rato juntas otra vez.

—Oh, no te preocupes por eso, —respondí—. Estoy bastante segura de que los labios de Frank son más interesantes que yo.

—Reyna, ¿De verdad? —Hazel sacudió la cabeza con exasperación.

—¿Qué? Eso no era sarcasmo.

—¡También eres interesante! Dios, ¡Estás saliendo con Leo! —Puse los ojos en blanco por su último comentario.

—¿Por qué sigues diciendo eso? Te lo he dicho mil veces que no estamos saliendo. —Yo insistí.

—Sí claro, lo que digas. —Ella encendió la radio y "Starships" de Nicky Minaj comenzó a sonar.

Escuchamos la fiesta en la playa antes de verla. Había un gran escenario con un DJ y un montón de luces láser que eran difíciles de ver a la luz del día, pero que se verían increíble a la puesta del sol.

Habían chicos practicando surf, otros jugaban voleibol y unas cuantas parejas demasiado cariñosas en la arena... sí; Ver eso me hizo decidir que usaría mis sandalias todo el día.

Hazel y yo decidimos ir a una parte de la playa en la que había menos gente, me agradó porque el ruido no era tan fuerte.

—Hola hermosa, —alguien dijo. Me di la vuelta para ver a Frank, llevaba pantalones cortos y una camisa blanca.

—¡Oh, cariño! Aquí estas, —Hazel exclamó y él le sonrió, extendiendo los brazos para abrazarla.

—Reyna, hola. —Dijo, con Hazel en sus brazos, besando su cuello.

—Sí, hola. —Le respondí, sintiéndome una intrusa en su escena romántica.

Después de ese momento incómodo, decidí poner mi toalla en la arena mientras Frank ayudaba a Hazel a montar la enorme sombrilla que nos protegería el resto de la tarde. Me quité la camisa y los pantalones cortos para quedar solo con mi traje de baño, y empecé a ponerme protector solar en los brazos.

—¡Leo! —Frank dijo de repente, y me di la vuelta para ver a mi nuevo mejor amigo de pie junto a mí. Me estremecí con sorpresa.

—¿Cuánto tiempo has estado de pie allí exactamente? —pregunté.

—¿Qué? —Me reí por la cara boba que tenía.

—¿¡Me has estado observando!?

—¿¡A ti!? —Él preguntó, ofendido—. ¡Pfft! Hay un montón de mujeres hermosas en esta playa y tú piensas que te estoy viendo a ti.

Le tiré la botella de protector solar en la cabeza, pero lo atrapó antes de que pudiera golpearlo.

—¡Valdez! —Nos giramos para ver a una chica de cabello castaño que llevaba un traje de baño de dos piezas de color rosa (muy pequeño, si me permiten añadir) llamando a Leo.

—¡Mueve tu trasero hacia acá! ¡Te estamos esperando para jugar voleibol! —Piper gritó otra vez. Le di a Leo una sonrisa forzada mientras mi estómago se revolvía en algo muy parecido a los celos.

—Parece que estas ocupado, —le comenté.

—Sí… —Leo respondió torpemente—. Uh, un poco, supongo.

—Nos vemos cuando ella se canse y se vaya a revolcar con tu amigo. —Él me sonrió.

—Tal vez antes. —Lo vi correr a Piper para jugar voleibol. Llevaba pantalones cortos de natación de color rojo con una camisa blanca que descubría sus brazos bronceados.

—Él es lindo. —Hazel dijo, agarrando la botella de protector solar que Leo había dejado junto a mi. Aparté mi mirada de Leo y la miré.

—Uh, sí. Por supuesto.

Ella me dio una mirada extraña y luego se puso sus gafas de sol.

—Okay. —Dije, sacando mi iPod de mi mochila. —Me voy a dormir. Despiértame cuando sea hora de irse.

—No te atrevas, ¡Reyna Ávila-Ramirez! —Dijo estrictamente—. Se supone que estamos en una fiesta, ¡no te puedes dormir!

—La fiesta puede esperar un poco.

—Reyna...

—Hazel, tienes el tiempo de mi siesta para besuquearte con Frank, y cuando me despierte, podemos ir a la fiesta, ¿bien?

—Bien. —Ella acepto, sabiendo que no iba a cambiar de opinión.

Me acosté, con el sol tocando cada parte de mi piel. La sensación de calor me hizo relajarme y con el hermoso sonido de U2 en mis oídos, caí fácilmente dormida.

En mi sueño, estaba de nuevo en la escuela, sentada en mi lugar habitual, a la espera de la llegada de la señorita Lupa.

Sentí algo en mi mano y cuando miré hacia abajo me di cuenta de que estaba sosteniendo la mano de alguien más. Miré a su propietario y mis ojos se agrandaron cuando vi la sonrisa en el rostro de Leo.

—Estás preciosa hoy. —él dijo—. Ese traje de baño se te ve increíble.

Negué con la cabeza por la confusión y cuando miré hacia mi cuerpo, me di cuenta de que yo llevaba mi traje de baño amarillo y naranja. Alcé los ojos para ver que de repente estábamos en una fiesta en la piscina. Me di la vuelta para ver a Leo con sus ojos marrones fijos en los míos.

—Dime que me quieres. —Suspiró.

—¿¡Qué!?

—Dime que me quieres. —Repitió, pero algo comenzó a suceder a su rostro; Su pelo se volvió rubio, sus ojos se volvieron azules y había con una cicatriz en el labio y... Entonces era Jasón.

Traté de quitar mi mano, pero me sentía paralizada.

—Cántame para dormir. —Lo miré en estado de shock. Todo era demasiado extraño.

—¿Qué rayos…?

—Cántame para dormir, no quiero despertar solo nunca más. —Entonces su rostro cambió de nuevo y él era Leo una vez más.

—Cántame para dormir. —Todo empezó a sentirse como si estuviera cayendo. Entre en pánico y un grito broto de mi garganta, quemando como el fuego.

Me senté de golpe y abrí los ojos. Yo estaba en la playa, en mi toalla. Oh, me había quedado dormida.

—Cántame para dormir... –Un escalofrió me cruzo la espalda cuando escuché las palabras una vez más ahora que estaba despierta, pero por suerte recordé que tenía mis auriculares puestos. Eché un vistazo a mi iPod y me di cuenta que estaba tocando "Asleep" de The Smith una canción que nunca dejaba de calmarme.

Aun adormecida me quite mis auriculares y luego mis gafas de sol antes de darme cuenta de que mi mejor amigo estaba sosteniendo su nariz. Mis ojos se abrieron ante la comprensión de que yo lo golpeé con mi frente cuando me senté.

—Oh dioses, Leo ¿estás bien? —Le pregunté, preocupada.

—¿¡Qué demonios es lo que te pasa!? —Leo respondió con una voz extraña porque estaba cubriendo su nariz. Yo no podía evitar reír.

—¡Lo siento! ¿Qué estabas haciendo tan cerca de mí? —Le dije, la última parte con una ligera irritación.

—Iba a despertarte —Él respondió a la defensiva, quitando la mano de su nariz—. Estabas gritando. ¿Qué esperabas que hiciera?

—…Oh. —Murmuré, sintiendo un rubor en la cara–. Lo siento.

—Está bien. —Él respondió, sonriendo una vez que estuvo seguro de que su nariz no estaba sangrando.

—¿Dónde está Hazel? —Cambié de tema.

—Ella está con Frank, fueron a comprar pizza.

—¿Pizza en la playa? —Levanté una ceja.

—¿Tienes una idea mejor?

—En realidad...

—Nosotros te preguntamos y lo único que hiciste fue roncar. —Leo se encogió de hombros y puse mis ojos en blanco.

Él me miró con curiosidad, y luego extendió una mano para tocar mi espinilla, justo debajo de la rodilla derecha. El contacto envió chispas de electricidad a través de mi cuerpo.

—Oh rayos Reyna, estas que ardes. —Leo frunció el ceño.

Sentí mi cara teñirse completamente de rojo cuando dijo eso y él inmediatamente se sonrojó cuando se dio cuenta de las implicaciones de sus palabras.

—Uh... Quiero decir, um, por el... el calor. —Él corrigió apresuradamente. Sonreí con buen humor.

—Tranquilo, sé lo que quieres decir —Dije—. ¿Qué tal si vamos al mar?

—No soy un gran fan del agua.

—Lo sé. —Yo respondí, poniéndome de pie—. Es por eso que siempre apestas. —Bromeé y él sonrió.

—Apuesto a que te gano al agua. —Desafié. Levantó las cejas.

—¿Qué quieres apostar? —Él me preguntó.

—Quiero tu Camaro.

—Claro, yo no lo quiero de todos modos. —Leo dijo despectivamente. Abrí mis ojos enormemente.

—¿¡Por qué no!?

—No es mi coche, quiero decir, lo compré y todo, pero, no es "El coche". —Él dijo— ¿Entiendes a lo que quiero me refiero?

—De ningún modo. —Le respondí y él se limitó a sonreír.

—Bien entonces, Reyna, si te gano tendrás que bailar conmigo durante el resto del día.

—¿Y qué si yo gano?

—No hay manera de que eso suceda, pero en ese caso, voy a ser tu esclavo durante el resto del día.

Sonreí.

—Te arrepentirás de haber hecho esta apuesta, Leo. —Nos dimos la mano.

—Adelante, te voy a dar cinco segundos de ventaja.

No perdí mi tiempo, tan pronto él dijo eso me eché a correr. Unos cinco segundos después, Leo comenzó a correr detrás de mí y antes de que pudiera acelerar él estaba justo detrás de mí.

Decidí que era el momento adecuado para hacer mi movimiento.

—¡Ay! —Grité en voz alta de repente—. ¡Maldición, mi pie! ¡Oh, demonios!

Caí en la arena y fingí estar adolorida.

Tal como yo había predicho, Leo se detuvo a mi lado.

—¿¡Reyna?! Reyna, ¿qué pasó?

—Me duele mi pie...—dije, actuando como si tuviera un dolor severo—. Oh, mi pie.

—Déjame ver. —Dijo, a continuación, hizo lo que yo esperaba; Leo se sentó en la arena y trató de ver mi pie—. Déjame ver que sucedió, Reyna.

Me senté con un pie en la arena. Él tomó mi pie derecho y lo levantó un poco. Estaba tratando de encontrar algo malo y usé ese momento para atacar.

Lo empujé con el pie derecho con tanta fuerza que se cayó en la arena, y usé esa fuerza para empujarme a mí misma antes de correr con toda mi alma hacia el océano.

—Pero que... —Oí a Leo maldecir y no pude ocultar una sonrisa de suficiencia en mi cara.

Me obligué a correr más rápido cuando oí pasos rápidos detrás de mí. Arriesgué una mirada por encima del hombro cuando estaba lo suficientemente cerca del mar sólo para ver a Leo unas dos yardas atrás. Sonreí y salté al agua.

—¡Yo gané! ¡Gané! —Celebré, una vez que el agua refrescante golpeó mis piernas y mis caderas.

De repente sentí un par de manos alrededor de mi cintura y antes de que pudiera evitarlo estaba bajo el agua, dos o tres segundos pasaron antes de volver a la superficie.

Respire profundamente en busca de aire y empuje mi pelo mojado fuera de mi cara antes de sentir sus manos en mi cintura otra vez. Esta vez me preparé para estar bajo el agua otra vez. Cuando estaba por debajo de la superficie cerré los ojos y sonreí.

En ese momento, sentí el cuerpo de alguien contra el mío, me sostuvo en un abrazo y me llevo a la superficie otra vez. Tomé otra respiración cuando rompimos a la superficie y sonreí, empujando mi pelo fuera de mi cara otra vez. Abrí los ojos para encontrar los ojos de Leo en los míos, una sonrisa en su rostro.

—¡Usted señorita! —Dijo y me reí.

—Supongo que esto significa que gane. Tú eres mi esclavo ahora.

—¡Pero hiciste trampa!

—¡No la hice!

—¡La hiciste!

—Los sentimientos te hacen débil. —Yo le respondí y él negó con la cabeza.

—Bueno ¡Me asustaste! —Leo respondió con buen humor, me tomo de la cintura y me empujó hacia abajo de nuevo.

Esta vez me obligue permanecer con los ojos abiertos.

Pude verlo bajo el agua, los rayos de luz reflejándose por todas partes, se veían hermosos en su piel bronceada, sus rizos negros flotaban en el agua, tenía los ojos cerrados y las mejillas llenas de aire.

Él nos sacó del agua una vez más y se echó a reír de cómo me quedé sin aliento.

—Tonto. —Me reí. Nadé hasta ponerme detrás de él y luego salté sobre su espalda. Se tambaleó ligeramente.

—¡Corre esclavo! ¡Corre! —Grité, llena de una felicidad desconocida y que no sabía de donde venia.

—Oh, lo siento mi señora, pero yo soy un caballito de mar. —Dijo Leo. Entendí a lo que se refería sólo un segundo antes de que nos sumergiera una vez más.

Luego empezó a llevarnos a la orilla. Cuando llegamos a la playa, fuera del agua, me llevó al lugar donde se encontraba todas nuestras cosas, y donde Frank y Hazel estaban esperándonos.

—¿Qué está pasando con ustedes dos? —Frank nos preguntó cuándo nos acercamos. Traté de detener mi risa para poder responder.

—Él perdió una apuesta conmigo ¡ahora él es mi esclavo! —Dije alegremente. Leo me dejo caer sobre mi toalla sin previo aviso, la caída dolió, pero solo hizo que mi risa aumentara.

—¡Hiciste trampa! —Fingió estar enojado, pero puedo jurar que vi una pequeña sonrisa en su rostro.

—Como sea, vamos a comer. —Hazel dijo, cambiando el tema. Me puse mi grande camiseta blanca, sintiendo que se pegaba en mi cuerpo mojado, me até el cabello en una cola de caballo, ignorando cómo mi pelo mojado goteaba sobre mi espalda.

Leo solo paso una toalla por su cabello y luego la dejo casualmente sobre sus hombros.

Tomé un pedazo de la pizza de pepperoni y empezamos a hablar amigablemente.

En general, fue increíble estar hablando como cuatro amigos en lugar de 'parejas'. Se sentía muy bien.

Pasó el tiempo y pronto el sol empezó a ponerse lentamente. Eran casi las cinco cuando nos decidimos a ir a donde la fiesta estaba en su esplendor. Me puse mis pantalones cortos, pero Hazel no dejo que me llevara mi camiseta, así que tuve que ir con la parte superior del traje de baño.

—Oye esclavo. —Le dije a Leo mientras caminábamos a la fiesta.

—Yo no soy tu esclavo.

—Si lo eres, hicimos una apuesta y yo gane. —Insistí. Leo puso los ojos en blanco.

—¿Y qué? ¡Hiciste trampa!

—Fue tu culpa morder el anzuelo. –Señalé—. No tenías que ayudarme.

Él negó con la cabeza, sonriendo y yo seguí.

—Lo siento, pero una vez más la Mujer Maravilla ha vencido a Batman. —Leo se echó a reír.

—Bien, bien. ¿Qué quieres que haga? —Se resignó.

—¡Vamos a bailar! —Me sorprendí a mí misma cuando las palabras salieron de mis labios ya que no era algo que normalmente me habría permitido sugerir, pero esta felicidad desconocida estaba tomando el control de mí y yo no iba a luchar contra ella.

—Pensé que nunca lo pedirías. —Él respondió, y me reí.

Estábamos en el epicentro de la fiesta y la música era tan fuerte que podía sentir la vibración por todo mi cuerpo, todos a nuestro alrededor estaban bailando y divirtiéndose. Tomé la mano de Leo y empezamos a bailar de inmediato. Las primeras canciones las bailamos con Hazel y Frank, pero la música se volvió más rápida, y la multitud creció rápidamente. De repente estábamos simplemente Leo y yo, Hazel y Frank no se podían ver entre la marea de personas que había, aunque a Leo no parecía importarle, estaba demasiado ocupado festejando con el resto de los adolescentes, así que decidí que yo debería relajarme un poco y hacer lo mismo.

En algún momento, las manos de Leo viajaron a mis caderas y las mías a su pecho. Moví mis caderas al ritmo rápido de la música y para mi sorpresa el siguió mi ejemplo. Luego hizo un paso raro donde hecho su cabeza hacia atrás y movió su pecho e inmediatamente estalle en un ataque de risa. Justo en ese momento, una chica cualquiera se acercó a Leo y comenzó a bailar. Me quedé quieta por un momento, pero luego me dio una mirada de comprensión y le sonreí, él me sonrió y se puso a bailar con la chica.

Básicamente, yo estaba bailando sola, cuando sentí las manos de alguien en mi cintura y un escalofrió subió por mi espalda.

Me di la vuelta para ver a Jason Grace detrás de mí.

—No tenía idea de que pudieras moverte asi, Reyna. —Él susurró en mi oído. Me quedé helada.

—¡Aléjate de mí! —Le grité, tratando de zafarme y volver con Leo, pero había tanta gente entre nosotros que era casi imposible.

Jasón ni siquiera se molestó en apartarse y siguió moviéndose contra mi cuerpo. Podía oler el alcohol en su aliento y de inmediato supe que estaba borracho.

"¿Dónde diablos está Piper cuando la necesitas?" Me pregunte con irritación.

Entonces las manos de Jasón comenzaron a deslizarse hacia abajo poco a poco, desde mi cintura hasta mis caderas y luego me empujó más cerca de él. Un recuerdo aterrador vino a mi mente y entre en pánico. Empecé a empujarlo, pero él sólo me estaba tirando más cerca.

—Jasón, ¡pPr favor! —Le rogué, sintiendo mis ojos arder con las lágrimas.

Pero él no se apartó.

—¡Jasón…! —Mi voz era una mezcla de miedo y desesperación.

—Hey amigo, es suficiente. —Algunas lágrimas cayeron por mis mejillas cuando Leo empujó a Jasón lejos de mí.

—Valdez, no te atrevas... —Jasón comenzó, pero no pude oír el resto, porque Leo había empezado a empujarlo fuera de la pista de baile. Hice mi camino hacia afuera y empecé a caminar al lugar donde en la playa donde estaban todas nuestras cosas, tratando de ignorar los recuerdos que habían resurgido desde el encuentro con Jasón.

—¡Hey, espera! —Leo me llamó mientras me alejaba. Me giré para verlo, pero no paré de caminar.

—Reyna, espera. —Él dijo, su voz más cerca, sentí que tomaba mi mano suavemente—. ¿Estás bien? —Preguntó. Estaba a punto de decir que estaba bien, pero la honesta preocupación en sus ojos derritió mis defensas y no pude contener más el llanto.

—Oh Reyna... —Él me abrazo y me sostuvo en su pecho—. Ven acá.

No me había dado cuenta de lo fuerte que Leo podría ser, pero él me levantó en sus brazos sin problema. Escondí mi rostro en el hueco de su cuello y envolví mis brazos alrededor de sus hombros, sólo para estar segura de que no me iba a dejar caer accidentalmente.

Caminó y caminó hasta que la música estaba suficientemente lejos y entonces, con cierta dificultad, se sentó en la arena conmigo todavía en sus brazos.

—¿Qué pasó? —Él dijo, rompiendo el silencio entre nosotros. No aleje mi cara de su cuello.

—¿Estás bien, Reyna? ¿Él te hizo daño? —Leo presionó. Negué con la cabeza.

—Lo siento, no debería haber dejado sola. —Se disculpó. No pude responder, aun había un enorme nudo tapando mi garganta.

El tiempo pasó, mi miedo menguaba y Leo seguía sentado pacientemente a mi lado. Él acarició mi pelo y yo estaba disfrutando del ritmo en su pecho al subir y bajar con cada respiración, tratando de olvidar.

—¿Te sientes mejor ahora? —Leo me pregunto algún tiempo después.

—Sí —Respondí, separándome de él. Él me sonrió, pero no rompió el abrazo.

—Mira las estrellas. —Leo levantó una mano para señalar. Incliné la cabeza para mirar hacia el cielo, al ver unas pocas estrellas titilantes volviendo a la vida con la puesta del sol. Nunca había visto las estrellas brillar así.

—Look how they shine for you... —Completé, y me dio una sonrisa brillante.

—Coldplay —Comentó, reconociendo la canción de una de mis favoritas bandas. —Pero creo que prefiero "Fix you" para este momento. —Él me miró a los ojos cuando dijo eso. Mi estómago dio una vuelta muy intrépida dentro de mí cuando recordé la bella letra en esa canción.

Me senté con la espalda recta junto a él, rompiendo el abrazo.

—¿Puedo preguntar qué pasó? —Me miró con atención.

—Supongo que puedes, pero eso no garantiza una respuesta —Él sonrió y empezó a hablar.

—Lo siento Reyna, no debería haberte dejado sola. Me preocupé mucho cuando te perdí de vista. —Dijo Leo.

Miré su cara; estaba mirando el mar, la brisa marina movía lentamente su pelo y la luz de la puesta de sol hacía su piel lucir hermosa y brillante.

—¿Por qué? —Yo pregunté.

—No lo sé… —Él dijo, frunciendo el ceño—. Solamente me asuste.

—Gracias por llegar cuando lo hiciste —Yo dije, él me miró y sonrió.

—Para eso están los amigos —Leo respondió, mi sonrisa se hizo más grande.

—Tengo el mejor amigo del mundo entonces —Me miró cuando dije esto, y me abrazó de nuevo, un abrazo fuerte, protector...

Me reí ligeramente—, hueles bien cuando te bañas. —Yo le devolví el abrazo. Él se echó a reír.

—Lo sé —Él dijo. Rompimos nuestro abrazo y me sentí un poco decepcionada por eso.

—¿Te puedo preguntar algo? —Dijo, con su mirada directamente en el mar, el hundiéndose en el horizonte.

—Claro.

—¿Qué pasó entre tú y Jasón?

Sentí su mirada en mí, pero no lo mire, subí mis rodillas y abrace mis piernas, clavando mi mirada en la arena que se colaba entre los dedos de los pies.

—Lo mismo que ocurrió con Percy. —Le respondí después de pensarlo. Esperaba que me preguntara qué pasó con Percy, pero en lugar de eso, dijo;

—¿Conoces a Khione?

—Tuve un par de clases con ella —Le contesté, un poco confundida—. ¿Por qué?

—Yo solía salir con ella. —Él dijo.

—Lo sé.

—Pero no sabes porque rompimos, ¿verdad?

—Honestamente, no. —Respondí.

—Ella es... —hizo una mueca antes de continuar—. Uh… especial supongo.

—¿Qué pasó? —Yo pregunté.

—Bien, ella practica patinaje sobre hielo, y le encanta, pero… no me gusta el frío. —Leo continuó, una sonrisa se dibujó en mis labios—. Todas nuestras citas, lo juro, TODAS eran en una pista de patinaje, y me canse de eso.

—¿Rompiste con ella por eso? —Le pregunté con incredulidad, levantando una ceja.

—Bueno, ella era fría siempre, así que cuando le decía algo lindo su respuesta siempre era un simple "bien".

—¿Algo lindo? —Le pregunté, con una sonrisa burlona en la cara. Él sonrió.

—Sí, algo lindo.

—¿Como que? —Puso los ojos en blanco.

—Algo como "me siento muy triste cuando no estás conmigo".

—Uh, con algo como eso yo respondería un simple 'ok'. —Me burlé. Él rio.

—Lo siento, es sólo que es raro decírselo a alguien por quien no lo siento. —Explicó Leo. Mis cejas se levantaron de inmediato.

—¿¡Así que no me extrañas cuando no estoy!? —Cerró los ojos y respiró hondo.

—¡Lo hago! Pero no de la misma manera, ya sabes. —Él dijo. Las palabras dolieron, pero traté de fingir que no fue así.

—Así que rompiste con ella. —Dije y él asintió una vez.

—Sí, me estaba haciendo daño a mí mismo solo para no estar solo. —Pude ver un poco de tristeza en sus ojos.

Nos sentamos en silencio por un rato antes de que yo empezara a hablar.

—Percy y yo nunca encajamos bien. —Le dije—. Él es tan... no sé, feliz y popular y yo soy un poco más reservada.

—¿Un poco? —Él pregunto. Le di un golpe en el brazo, pero él sólo se rio.

—Entonces, ¿por qué empezaste a salir con él? —Preguntó Leo.

—¿Por qué comenzaste a salir con Khione? —Repliqué.

—Touché

Suspiré.

—Así que conoció a Annabeth en clase y bueno, se puede ver desde kilómetros que son el uno para el otro. —Miré a las estrellas cuando dije eso.

—¿Él te engaño? —Leo me preguntó después de un momento, había una chispa de rabia en sus ojos.

—No, —le contesté—, me di cuenta de que le gustaba Annabeth, incluso antes de que él lo supiera. Yo rompí con él, y él incluso trató de que volviéramos. —Las cejas de Leo elevaron.

—¿En serio?

—Sí, ya te lo dije, él no se daba cuenta de lo que sentía por Annabeth.

—¿Y tú lo rechazaste?

—Así es.

—¿Pero todavía te gustaba?

—Sí, —me detuve—. Me gustaba.

—Así que...

—Yo no iba a hacerlo feliz. —Respondí, mis ojos se centraron en la arena una vez más—. Además no quería que el rompiera conmigo, habría sido más difícil.

—Creo que lo entiendo. —Leo dijo después de una pausa—. Pero estas personas no son los que rompieron nuestros corazones ¿O sí?

—No, no lo son—. Le respondí.

—¿Qué pasa con los Grace? —Preguntó, y yo me reí.

—No lo sé, solo me importa olvidarme de ellos. —Dije. Él asintió con la cabeza.

—Es más fácil de olvidar cuando estoy contigo. —Leo me miró a los ojos y sonrió.

—Me siento igual. —Confesé. Con eso, puso un brazo alrededor de mis hombros y me empujó hacia su pecho, yo abracé su cintura.

—¿Puedo confesarte algo? —Dijo en voz baja.

—Claro, adelante. —Le respondí, con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en su cómodo pecho.

—Prefiero ir a ballets que al patinaje sobre hielo—, dijo y me reí, sintiendo la comodidad de su cuerpo caliente.