Disclamer:

Cualquier aspecto conocido pertenece a Rick Riordan, el resto es parte de mi ridícula imaginación. Por favor no publiquen sin autorización.


"Risk it all cause I'll catch you if you fall"

If my heart was a house - Owl City


Ours

La advertencia

By: Ary Hyuga


Reyna's POV

Sentí las lágrimas ardiendo en mis ojos mientras caminaba hacia la salida del bolerama, pero sabía que Derek me seguía y no iba a darle el placer de verme llorar.

La ira en mí se hizo cargo de mis sentimientos y mi orgullo me dio la fuerza para enfrentarme a él.

—¿¡Qué!? —Le espeté en voz alta cuando me llamó por tercera vez.

—Reyna, lo siento mucho, —dijo. No respondí, simplemente lo miré con los ojos brillando de furia.

—¡Oh, enserio! —Dije sarcásticamente.

—Mira, lo siento, ¿está bien? No creí que esto pudiera suceder. —Respondió. Pude ver en sus ojos que estaba diciendo la verdad, pero también que estaba feliz de haber besado a su mejor amiga en nuestra cita doble. ¿¡Qué tan estúpido era eso!?

—¿Por qué me invitaste a salir en primer lugar!? —Le pregunté, mi voz se elevó. ¿Le estaba haciendo una escena? Tal vez, pero estaba tan enojada, que no me importaba.

—Ella es mi mejor amiga y... —Él respiró hondo y luego me miró a los ojos.

—Nunca pensé que algo entre ella y yo pudiera funcionar. Me ha gustado desde hace mucho tiempo, pero… —Derek se cubrió el rostro con las manos, yo esperé hasta que él continuó—, tenía miedo, tenía miedo de arruinar nuestra amistad, y luego te conocí y tú eres tan increíble y me gustas...

—¿Así que creíste que yo era la idiota perfecta para engañar? —Completé. Él se limitó a sacudir la cabeza.

—¡No digas eso! Sabes que no es así. Realmente pensé que podíamos funcionar, quiero decir, realmente estaba feliz de que sugirieras la cita doble —Él confesó—: Nosotros dos juntos, Jennifer y tu amigo... Podría haber sido increíble.

—Podría haber sido, ¡Si tan solo no hubieras besado tu mejor amiga en nuestra cita!

—¡No podía soportarlo! —Alzó la voz—. ¡Ese estúpido Valdez coqueteando con ella! Yo solo…

Sentí mi rostro teñirse de rojo, estaba demasiado enojada y si me provocaba un poco más… no sería bueno para la salud de Derek.

—No te atrevas a llamar a Leo estúpido de nuevo. —Le advertí. Él puso sus manos sobre mis hombros, como si tratara de calmarme.

—Lo siento, Reyna, es solo que me puse tan celoso de tu amigo—, confesó. Miré hacia dentro, Leo y Jennifer estábamos sentados en nuestra mesa y parecían estar hablando. No podía dejar de pensar en lo lindos que se veían juntos.

Tal vez Jennifer era el tipo de chica que Leo estaba buscando, pero mi estúpida cita había jodido todo; Ahora me sentía incluso más deprimida.

—¿Puedes perdonarme? —Preguntó Derek. Tome una respiración profunda.

—Está bien, supongo. —Suspiré y comencé a caminar dentro de nuevo.

—¿Estás listo? —Le pregunté a Leo cuando llegamos a la mesa. Leo me miró; su expresión confusa fue reemplazada con una sonrisa triste cuando me vio.

—Claro, vámonos. —Él dijo, poniéndose de pie. —Encantado de conocerte, Jennifer.

Ella le dio una bonita sonrisa. Me sentí culpable de nuevo; Pude ver con claridad que a Leo le gustaba.

—Buena suerte con los Juegos Olímpicos, Derek. —Leo dijo, mire a Derek, él tenía la vista clavada en la mesa. Él muy imbécil…

Leo pasó un brazo alrededor de mis hombros y me guio a su coche.

Me senté en el asiento del pasajero de su Camaro. Pude sentir sus ojos en mí, pero evité su mirada.

—¿Estás bien? —Él me preguntó. No estaba enfadado; ni siquiera triste, él sólo se veía preocupado, él estaba preocupado por mí. No pude ocultar la sonrisa en mis labios.

—Tenías razón, solo me gustan los idiotas. —Yo le respondí. Se agachó, ahora estaba cara a cara conmigo; tomó mis manos y me miró.

—No hay hombre en este mundo que pudiera ser lo suficientemente bueno para ti, Reyna. —Él dijo. Yo iba a protestar, pero él me interrumpió. —No, de verdad. Vas a encontrar a alguien que te va a encantar y todo, pero nadie será lo suficientemente bueno para ti, tu eres más que increíble.

Sentí que mi corazón se derretía dentro de mí. Lo miré a los ojos; el realmente creía en lo que estaba diciendo. Una tímida sonrisa apareció en mi rostro mientras mis mejillas se sonrojaban.

—Y sólo tengo tres semanas de conocerte. —Añadió y mi sonrisa se hizo aún más grande.

—Gracias Leo, no sé habría pasado si no estuvieras aquí.

Me miró a los ojos, sonriendo, y dijo; — Sabes que siempre voy a estar ahí.

Mi estómago dio un vuelco y mi corazón se apretó con emoción. ¿Qué no acababa de enojarme? Ni siquiera podía recordarlo; todo el mundo se detuvo cuando él dijo eso. Leo era la única persona en el mundo que siempre estaría conmigo. Yo ya sabía eso, pero escucharlo decirlo solo lo hizo... real.

No me contuve y lo envolví en un abrazo.

—Hey, vamos a Hardees, —Leo dijo después de un momento—, apuesto a que todavía tienes hambre.

—Estoy bien. —Respondí, rompiendo nuestro abrazo—. Podemos ir a casa… —pero mi estómago hizo un sonido de protesta y él me sonrió.

—Eres una terrible mentirosa. —Se puso de pie, cerró la puerta y caminó hacia el asiento del conductor.

—Tengo que confesarte que me alegra un poco que todo esto no funcionara. —Leo dijo, una vez que estuvo detrás del volante, lo miré, confundida.

—¿Por qué? —El motor rugió al encenderse.

—Porque entonces tu tendrías un novio, y no me gustaría estar solo otra vez. —Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro. ¿Cómo podía ser tan tonto?

—No te dejaría solo por un novio, Leo. —Yo prometí. Una sonrisa triste se dibujó en sus labios.

—Sabes que lo harías, estaría bien de cualquier forma, lo entendería. —Negué con la cabeza. De verdad, ¿¡Cómo podía ser tan tonto!?

—Hey, —alejo su vista de la carretera solo lo suficiente como para darme una mirada rápida—, sabes que yo siempre estaré ahí para ti también. —Dije y lo dije en serio, no importaba qué, yo estaría allí para Leo, siempre, siempre.

La sonrisa de Leo cambio, se volvió grande y sincera, una de esas sonrisas que podrían hacerte desmayar.

El buen humor de Leo duró todo el viaje de vuelta al centro. Encendió la radio y fingió cantar algunas de las canciones de la radio. Cuando él no se sabía una canción, cantaba algo como —ta ta ta ta ra tarata—. Fue muy divertido, de hecho, el verlo balbucear las canciones.

Unos veinte minutos después, llegamos al Hardees del centro. Mantuvo las puertas abiertas para mí y nos sentamos en una mesa en el fondo del restaurante.

El sol caía afuera, eran alrededor de las cinco de la tarde, así que había un montón de gente tomando una caminata. Me alegré de haber tomado una mesa junto a la ventana.

—¿En qué estás pensando? —Leo me preguntó.

—Solo pensaba en que, creo que comienza a gustarme el verano. —Dije, y él se rió. Apoyó la espalda en la silla y me miró con la satisfacción brillando en sus ojos.

—Sólo necesitabas un poco de diversión Valdez en tu vida. —Puse los ojos en blanco, pero no intente ocultar mi sonrisa.

—Lamento mucho lo de Jennifer. —Dije. Leo asintió con seriedad.

—Yo también, la pobre chica va a estar atascada con un idiota. —Él dijo, y yo reí por lo bajo.

—Quiero decir, que lamento que no funcionara para ustedes. —Levantó una ceja.

—¿Lo sientes?

—Sí.

—¿No notaste lo mucho que se parecía a Thalia? —Preguntó. Pensé en ello, fiscalmente eran muy diferentes, aunque ambas tenían esa mirada punk. ¿A Leo le gustaban las chicas malas?

—No mucho. —Le respondí, él se limitó a sacudir la cabeza.

—No lo sientas, ella estaba muy bien y todo, pero realmente no me gustaba. —Respondió. No pude decir nada más porque la camarera llegó a tomar nuestra orden.

Una vez que estuvimos solos de nuevo, Leo comenzó a hablar sobre la noche anterior, me conto cada detalle del partido que tuvo con sus amigos.

—Desearía que pudieras verme jugar. —Él dijo, yo le sonreí.

—Voy a ir a todos sus juegos. —Prometí y su sonrisa se ensanchó. Su rostro estaba lleno de esperanza.

—¿Irías? Porque eso sería simplemente increíble.

—¡Claro! —Le dije—: tengo que hacerlo. Soy la presidenta del club de fans "Team Leo". —Añadí casualmente, y él se rió.

—Eso es genial.

—Así que, ¿Cuándo comenzarán las prácticas?

—La próxima semana. —Cruzó los brazos sobre la mesa—, también seria genial si fueras.

—¿Al entrenamiento? ¿De verdad crees que quiero al entrenador Hedge amenazándome por distraerte? —Le pregunté, y él se rió entre dientes. Me sorprendí a mí misma al pensar en lo mucho que me estaba acostumbrado a esa bonita sonrisa.

—Todas las chicas van a las prácticas. —Admitió en un tono más bajo—, solo pensé que podría ser lindo.

Lo miré, había un poco más de esperanza en sus ojos. Él realmente quería que yo fuera con sus amigas, era una lástima ya que Piper me odiaba, y probablemente Annabeth también.

Hice una mueca. —No sé Leo, no estoy tan segura de que tan buena idea sería. — Respiró hondo y asintió con la cabeza en comprensión.

—Tienes razón, lo siento. —Eso me dolió aún más. Miré por la ventana de nuevo.

—¿A qué universidad quieres ir? —Me preguntó de repente, me alegró, sin embargo, el que cambiara de tema; la última conversación me había puesto algo incómoda.

—Yo ya estoy trabajando en mi solicitud para Harvard. —Le respondí con orgullo.

Sus ojos se iluminaron, —Wow, ¡Harvard! Eso es algo grande. —Sonreí, tratando -sin éxito- de lucir modesta.

—¿Y qué hay de ti? —Pregunté.

—Quiero ir a Stanford. —Dijo con orgullo—, espero poder obtener una beca con el equipo de fútbol.

—Probablemente ya están apostando por ti. —Dije.

—¡Y ni siquiera me has visto jugar! —Él respondió.

Sin pensar, solté; —¿Quién dice que no lo he hecho? —En el momento en que lo dije, sentí que mis mejillas se sonrojaban, sus ojos se abrieron con sorpresa.

—¿Lo has hecho? —Sonreí tímidamente.

—Una o dos veces. —Mentí. En realidad, yo había visto toda la temporada anterior porque… bueno, la verdad es que me encanta el fútbol. Esa fue la mayor razón por la que Percy y Jasón me gustaron en el primer lugar.

—¿En serio? —Él preguntó con una sonrisa pícara y una mirada inquisitiva. ¿Cómo podía saber que estaba mintiendo?

—Bueno, tal vez un par de veces más. —Concedí, y se rió.

—Así que, ¿realmente crees que soy bueno?

—¿Bueno? —Le pregunté con incredulidad, —eres mucho mejor que bueno.

Se rió con más fuerza. Yo estaba esperando que comentara algo como "Sí, soy increíble" como siempre lo hacía, pero él sólo desvió su mirada a través de la ventana para mirar afuera.

—¿En qué estás pensando? —Le pregunté curiosa.

Leo volvió su vista haca mí—, Beckendorf va a Penn State.

—¿Qué hay de malo en eso? Penn State es una gran universidad.

—Ayer encontré una carta de Princeton. —Leo susurró y mis ojos se abrieron de par en par.

—¡¿Qué?! —Pregunté. El me miro; su semblante serio, uno de los pocos momentos en los que no estaba bromeando.

—Le ofrecieron una beca si jugaba para ellos.

—¿Y aun así ira a Penn State? —Me sentía atónita.

—Silena va a Penn State. —Él dijo, y yo asentí comprendiendo la situación, aun así, Leo se quedó pensativo.

—¿Estás molesto por eso? —Le pregunté y él sonrió, sacudiendo la cabeza.

—No, yo sólo... no puedo entender como está dejando pasar una oportunidad así. —Él dijo, y me reí en voz baja.

—Eso es porque no estás enamorado, Leo. —Expliqué—. Él va a Penn State porque Silena estará allí.

Leo me miró con el ceño fruncido, como si acabara de hablar en latín o algo así; Parecía querer protestar, pero fue interrumpido por la camarera que traía nuestra comida.

Comimos en un silencio inusual, pero yo estaba bien con eso. Estaba perdida en mis pensamientos y Leo parecía estar de la misma manera.

En algún momento, mientras yo disfrutaba de mi hamburguesa de pollo, Leo comenzó a golpear su pie con el suelo, y luego tamborileo sus dedos sobre la mesa y finalmente comenzó a pasar su mano por su cabello, incómodo.

—...Uh, ¿estás bien? —Le pregunté, levantando una ceja.

Él se estremeció ligeramente, como si lo hubiera sorprendido.

—¿Hmm? Oh, sí, estoy bien, estoy bien. —Puse los ojos en blanco.

—No te creo. —Se rió resignadamente.

—Bien, yo sólo... quiero ir al baño. —No pude evitar reírme más fuerte de lo que probablemente debí.

—¡Ve! —Le dije, me dio una tímida sonrisa.

—No quiero dejarte sola. —Él dijo—: La última vez que lo hice… —Puse los ojos en blanco una vez más.

—Estas exagerando Leo, ve, te esperare aquí. —Dije.

—Vuelvo enseguida. —Él dijo y corrió al cuarto de baño; Me reí de su comportamiento infantil.

Estaba tomando un sorbo de mi refresco cuando alguien se sentó frente a mí. Mis cejas se levantaron cuando vi a una chica de cabello castaño con ojos de caleidoscopio.

—¿Puedo ayudarte? —Le pregunté a Piper; ella me dio una sonrisa forzada.

—Hola Reyna. —Ella dijo—; Sólo estoy aquí para tener una pequeña charla contigo. —Fruncí el ceño, no me gustaba la forma en que dijo eso.

—¿De qué estás hablando?

—Bueno, —ella tomó una de mis papas fritas—, ahora que estás saliendo con Leo… —La interrumpí.

—No estoy saliendo con Leo.

—Como sea, él me pidió que fuera buena contigo. —Al parecer, mis papas fritas eran más interesantes que yo porque Piper estaba cortándolas mientras hablaba, ignorando por completo mi protesta a su declaración anterior.

—No necesito que seas buena conmigo. —Dije, y ella me miró. La irritación se dibujaba claramente en sus ojos.

—Mira Reyna, realmente no me preocupas en absoluto, pero hay algo que tienes que saber. —Ella hizo una pausa dramática y tuve que contenerme de rodar mis ojos—, si le haces daño a Leo, sólo un poco, te juro...

—¡Aquí estas! —Alguien dijo de pronto; ambas nos giramos a ver a la dueña de la voz y la sorpresa me golpeó.

—Justo te estaba buscando, Piper. —Rachel dijo—: Jasón está preguntando por ti.

Piper me dio una mirada de advertencia y se levantó. La vi alejarse; Rachel se sentó en el lugar que Piper ocupaba solo un segundo atrás.

—Ha pasado tanto tiempo, Reyna. —Ella dijo y me sonrió.

Rachel y yo solíamos ir al mismo estudio de ballet, cuando sólo teníamos unos seis años de edad. Entonces me rompí la pierna y no pude volver a clase nunca más.

Mucho tiempo después de eso, cuando empecé a salir con Percy, él me presentó a su mejor amiga que casualmente terminó siendo Rachel Elizabeth Dare. Incluso me confesó que había intentado romperse la pierna también para no tener que ir a la clase de ballet sin mí.

—Lo sé, he oído que vas a otra escuela. —Ella asintió con la cabeza y tomó un trago de refresco de Leo.

—Sí, es gracias a mi padre. —Ella contestó, y me sonrió.

—Lo siento por Piper. —Continuó—; Ella es un poco sobreprotectora con Leo, se siente culpable por el asunto de Thalia. —La miré, con una ceja levantada.

—¿Qué tiene que ver Piper con Thalia? —Yo pregunté. Rachel lo pensó un poco y luego asintió.

—Leo no te ha dicho, ¿verdad? —Negué con la cabeza—, No debería de contarte, entonces. —Me encogí de hombros y asentí.

—Supongo. —Ella me dio una sonrisa sincera y se levantó.

—Mejor me voy antes de que Leo regrese, se enojará conmigo si me encuentra aquí. —Esta vez le sonreí.

—Nos vemos entonces. —Yo respondí. Estaba a punto de irse cuando ella me miró de nuevo.

—Reyna, sé que no estás saliendo con Leo y todo... pero ten cuidado con él, ¿está bien?

—¿Cuidado?

—Tú no sabes por lo que él ha pasado. —Ella explicó, estaba a punto de protestar, pero ella levantó un dedo—. Sé que tu historia ha sido difícil también, pero él no es tan fuerte como parece.

Y con eso, Rachel se fue, dejándome con menos de la mitad de una hamburguesa de pollo y un sinnúmero de preguntas sin respuesta.

—¿Qué me perdí? —Leo pregunto al regresar, sonriendo cuando se sentó frente a mí, justo donde Piper y Rachel habían estado hace unos momentos.

—Nada. —Mentí. Esta vez él no pareció darse cuenta de mi mentira. O tal vez sí, pero no quiso presionar.

—Genial, ¿estás lista para irnos? —Preguntó y yo le sonreí.

—Vámonos. —Dije. Nos pusimos de pie y caminamos hacia la puerta.

En una mesa junto a la salida estaban todos los amigos de Leo, quienes comenzaron a llamarlo.

—¿Puedo…? —Me preguntó, le di una pequeña sonrisa de confirmación, y él me dio las llaves del Camaro.

Caminé sola hacía el auto, tratando de ignorar lo mal que se sentía al estar sola en el coche de Leo.

Recargué mi cabeza en el asiento y cerré los ojos, sin dejar de pensar en lo que Rachel acababa de decir.

"Él no es tan fuerte como parece"

¿Qué podría significar eso?

Yo estaba totalmente segura de que Leo había tenido una relación horrible con Thalia. Era bastante obvio, al menos para mí, debido a la forma en que sus ojos se llenaban de tristeza, o la forma en que su sonrisa desaparecía cada vez que recordaba a Thalia.

Yo no necesitaba saber su historia para saber que Leo había conseguido una muy profunda herida de ella, que no había conseguido sanar.

¿Por qué?

Esa era la pregunta más importante de todas. Leo estaba actuando de una manera que yo podía reconocer con claridad. Él ocultaba su dolor detrás de las bromas, al igual que yo lo hice cuando Jasón terminó conmigo, excepto que yo me escondí en la escuela.

Pero ¿¡por qué!? ¿Qué pudo ser tan doloroso para a Leo que tuvo que esconderse del resto del mundo?

Otro pensamiento me vino a la mente. ¿Y si Leo estaba escondiéndose de mí también? ¿Leo se escondía detrás de sus bromas también cuando estábamos juntos?

¡Oh! Eso fue sin duda mi pensamiento feliz del día...

Yo esperaba realmente que Leo no estuviera fingiendo cuando estábamos juntos, porque yo desde luego no lo hacía.

Leo Valdez había encontrado la forma de derribar todas mis defensas, pero yo estaba bien con eso. Me encantaba la forma en que me sentía alrededor de Leo, porque sólo con él podría ser yo.

"Siempre estaré allí para ti" me había dicho y una pequeña sonrisa apareció en mi cara. Realmente quería estar con él; Quería a Leo a mi lado para siempre, derritiendo mis defensas, dándome libertad...

Escuche como se abría la puerta y salte por la sorpresa de ser sacada de mis propios pensamientos; vi a Leo entrar al coche, sonriendo enormemente mientras me tendía un helado de vainilla.

—¿Y esto por qué? —Le pregunté con una sonrisa de sorpresa en mi cara.

—No sé, pensé que te gustaría. —Leo dijo haciéndome sonreír aún más.

—Gracias.

—No voy a llevarte a casa todavía. —Dijo después de un momento; Levanté una ceja.

—Tengo que estar en casa antes de las nueve. —Él sonrió.

—Lo sé.

—¿A dónde vamos? —Le pregunté después de probar mi delicioso helado. Él sonrió.

—Ya verás. —Tal vez no lo había conocido durante mucho tiempo, pero sabía lo suficiente de Leo como para saber que no iba a decirme a donde me llevaba, así que me comí mi helado en silencio.

Unos diez minutos después, Leo estaciono en Cupola Park. Aparcó la cajuela de su Camaro de frente al lago, así que podíamos sentarnos allí y ver la puesta de sol, una gran idea si me preguntan.

Salimos del coche y me senté sobre la cajuela, Leo estaba de pie junto a mí. Vimos cómo el atardecer pintaba el lago de naranja, había algunas familias cerca de nosotros y las risas de los niños era la banda sonora perfecta para ese momento. Miré a Leo y lo encontré mirándome.

—¿Qué? —Le pregunté, él se rió.

—Te veías como una niña pequeña comiendo ese helado. — Él dijo, una sonrisa triste cruzó mi cara.

—Bueno, tengo que actuar como una niña en algún momento de mi vida. —Susurré, con la esperanza de Leo no me escuchara, pero lo hizo.

—Para eso se supone que sirve la infancia, Reyna. —Él dijo y yo le di una sonrisa forzada. Bajé la mirada a mis dedos, y los recuerdos se apoderaron de mí.

Yo estaba en la corte. El monstruo de todas mis pesadillas estaba en el estrado; su horrible rostro tenía una sonrisa desafiante. Mamá pensó que yo no oí cuando ella lo decía, pero sabía iba a ser declarado inocente porque yo no quería hablar delante de la corte.

Él se estaba riendo de mí, él me estaba tomando el pelo, y su mirada lo decía todo, "Volveré por ti"

Sentí los brazos de Leo a mi alrededor, trayéndome de vuelta a la realidad. Lo abracé con fuerza, y él empezó a acariciar mi espalda. En ese momento me di cuenta de que estaba temblando y llorando.

—Lo siento, Reyna. —Leo dijo, todavía acariciando mi espalda—, ¿He dicho algo malo?

Me separé de él y lo miré a la cara; su rostro era una mezcla de preocupación y tristeza; intenté componer una sonrisa tranquilizadora.

—No es tu culpa Leo, es sólo… —Me quedé en silencio. ¿Debía decirle? ¿Qué diría cuando descubriera mi pasado? Jasón salió corriendo, ¿Leo haría lo mismo?

—No tienes que explicarme nada. —Él dijo, como si estuviera leyendo mi mente—. Nota mental; no hablar sobre la infancia... Lo tengo. —Le di una pequeña sonrisa.

—Gracias Leo.

—Lo siento mucho, Reyna. —Dijo de nuevo, y yo negué con la cabeza, mientras limpiaba las lágrimas de mi rostro.

—No te preocupes, ya te lo dije, no es tu culpa.

—Sí, —dijo, tomando mis manos entre las suyas—. Te traigo a este lugar bonito y termino arruinándolo todo. —Me reí en voz baja.

—No seas tonto, no has jodido nada. —Me miró, con los ojos llenos de preocupación y culpa, lo que hizo que mis recuerdos se desvanecieran.

El pasado era el pasado, y este momento perfecto era mi presente; estar ahí, con mi mejor amigo, junto al lago, viendo la puesta de sol... ¿Quién necesita el amor, de todos modos?

—Leo, —le dije. Mantuvo sus ojos en mí, sin decir nada y esperando a que continuara.

—¿Tu... confías en mí? —Le pregunté; sus cejas se elevaron con sorpresa y luego frunció el ceño con confusión.

—¿Qué quieres decir? —Él preguntó: —Ósea, te confiaría mi vida en un segundo si eso es lo que quieres saber. —Le sonreí.

—Es bueno oírte decir eso. —Dije, y Leo negó con la cabeza.

—Esa es la pregunta más estúpida que alguna vez me has hecho. —Él dijo burlonamente. Le di un pequeño golpe en el brazo y él sonrió, desviando la vista hacia el lago.

—¿No vas a preguntarme si yo confío en ti? —Le pregunté y él se rió, su mirada todavía en la puesta del sol.

—No hay necesidad, —él respondió—: probablemente me habrías atacado cuando te dije que no iba a llevarte a casa si no confiaras en mí. —Me eché a reír con su respuesta, porque era cierto.

Y con eso, apoyé mi cabeza en el hombro de Leo, viendo la puesta de sol sobre el lago y disfrutando de la paz de aquel lugar.

Desee que aquel momento durara para siempre.