Disclamer:

Cualquier aspecto conocido pertenece a Rick Riordan, el resto es parte de mi ridícula imaginación. Por favor no publiquen sin autorización.


"My universe will never be the same, I'm glad you came"

Glad you came - The wanted


Ours

Un día en casa

By: Ary Escobar


Leo's POV

—Por favor, Reyna. —Le pedí de nuevo, ella respiró hondo.

—Leo, realmente creo que no es una buena idea. —Ella insistió.

—¡Vamos! Jasón está fuera de la ciudad y Percy estará con Grover buscando un regalo para Enebro. —Traté de convencerla por enésima vez. Reyna suspiró.

—¿Quién va a estar ahí, entonces?

—Frank, Nico, Charlie y Silena.

Yo estaba organizando una de mis famosas "tardes de gamers"

Eran famosas, ¡porque eran increíbles! Toda una tarde jugando GTA, Halo, Call of Duty, Need for Speed… ¡Incluso algo de Super Smash!

Esta vez yo realmente quería que Reyna viniera porque... bueno ella era la única chica que conocía que podía patearme el culo en el Call of Duty; triste, pero cierto.

—¿Qué va a decir Hazel cuando descubra que su novio pasó toda la tarde conmigo?

—Ella dirá que eres una chica con suerte. ¡Vamos Reyna! —Dije y ella suspiró de nuevo.

—De acuerdo, pasa por mí a las cinco. —Yo reí.

—¡Oh, no! Iré por ti a la una, porque mi mamá quiere que comas con nosotros. —Añadí y Reyna jadeo.

—¿¡Qué!? —Ella prácticamente gritó en el teléfono, haciéndome reír.

—Apúrate, —le dije—: ya son 12:50.

—Mierda, —maldijo, y luego colgó. Me eché a reír.

—¿Va a venir? —Me di la vuelta y vi a Nissa apoyada en la puerta de mi habitación.

—Sí. —Contesté; una sonrisa engreída apareció en su rostro.

—Ella no puede ser más bonita que Silena. —Y con eso se fue y regresó a su habitación, sacudí la cabeza.

Tomé un baño rápido, muy emocionado por la tarde que me esperaba; Me vestí con una camisa negra, vaqueros viejos y mis converses. Me sequé el pelo y decidí usar una gorra negra.

Sonreí para mí mismo en el espejo; Tenía la sensación de que iba a ser un gran día.

Estaba de muy buen humor cuando entré en la cocina, donde Beckendorf estaba ayudando a mi mamá lavando los platos.

—¿Reyna vendrá? —Mi mamá me preguntó cuándo me vio.

—Sí. —Le respondí, sentándome en uno de los bancos de la barra para desayuno que estaba en el medio de la cocina.

—Hice pollo frito, ensalada de patatas y macarrones con queso, —ella dijo mirando sus platos, y luego se volvió a mirarme— ¿Crees que le gustará?

Yo le sonreí.

—Le encantaran, mamá. —Mi madre sonrió; miré el reloj junto a la nevera, me di cuenta de que ya era hora de que pasará por Reyna.

—Voy a ir a recogerla. —Me puse de pie y Charlie miró el reloj también.

—Vamos amiguito. —Dijo, dejando los platos que estaba lavando—, tenemos que ir a recoger a nuestras mujeres.

Casi me atraganté por la sonrisa soñadora que había en el rostro de mi madre cuando salimos de la cocina.

—No deberías decir eso delante de mamá, no quiero que se haga ilusiones. —Dije, él se rió, pero no respondió.

Se metió en su jeep wrangler 1998 y comenzó a conducir hacia la playa, ya que la casa de Silena era una casa de lujo cerca de Rehoboth Beach.

Yo fui a mi viejo Camaro y conduje en la dirección opuesta, hice mi camino a carretera 324, a la casa de Reyna. No me tomó más de cinco minutos llegar allí.

Aparqué en la esquina de Fairway Ave y esperé a que ella llegara. Estaba a punto de enviarle un mensaje diciéndole que ya estaba allí cuando mi teléfono empezó a sonar. Mis ojos se abrieron con sorpresa cuando vi el nombre de Percy en la pantalla.

—Hey.

—¡Que hay, Leo! —Él respondió, completamente feliz.

—¿Cómo les va con el regalo de Enebro? —Percy hizo un sonido raro y luego respondió.

—Estoy empezando a pensar que nunca encontraremos un regalo. —Me reí—, de todas formas, voy a dejar Grover para ir a la tarde de gamers, —pude escuchar a Grover reprocharle.

—¡Oh, qué gran amigo que tengo! —Grover dijo sarcásticamente.

—Amigo, tomar una maldita caja de chocolates y salgamos de aquí. —Percy le respondió.

—¿¡En serio!? ¿¡Eso es lo que le darías a Annabeth!? —Replicó Grover yo no podía dejar de reír.

—Yo le daría un videojuego de construcción y sé que sería feliz para siempre.

—Hola chicos, estoy un poco ocupado ahora. —Les recordé y la atención de Percy regresó a mí.

—Oh, por supuesto, así que nos vemos a las cinco en tu casa. —Él dijo.

—Uh, no sé si eso es una buena idea Percy.

—¿Por qué?

—He invitado a Reyna. —Justo en el momento en que lo dije, Reyna salió de su casa.

Llevaba una blusa blanca sin mangas, un pantalón corto de mezclilla y un par de converses... ella me recordó a Jennifer y luego a Thalia, pero luego miró el Camaro; sus ojos brillaron y su sonrisa creció.

La sonrisa más bonita que jamás había visto...

No, ella era aún más hermosa que Thalia y Jennifer juntas.

Por favor, tengan en cuenta que yo jamás reconocería eso en voz alta.

—Oh, eso es genial, es la única oportunidad para que ella vaya sin Jasón. —Percy dijo y yo fruncí las cejas.

—¿Y qué hay de ti?

—Seré increíble con ella, —dijo—, no te preocupes, nos vemos luego. —Y colgó.

Reyna abrió la puerta del pasajero al momento que termino la llamada. Se metió en el coche y me di cuenta de que era la primera vez que la había visto con el cabello sin trenzar, y se veía preciosa.

—Hola, —ella me saludó.

—Hola. —Le respondí: —Llevas el pelo suelto. —Ella sonrió.

—Sí, y tú estás usando una gorra, —Reyna señaló y le sonreí, asintiendo con la cabeza, antes de comenzar a conducir de vuelta a casa.

Aparqué mi coche en la entrada de la casa; el Jeep de Charlie no estaba allí todavía. Miré a Reyna y ella me sonrió.

—Uh... quizás debería advertirte sobre mi hermana, —le dije, ella frunció el ceño.

—¿Advertirme? ¿Por qué?

—Ella está un poco obsesionada con las cosas de chicas, y yo sé que tú no eres muy femenina y eso… —La miré. Tenía las cejas levantadas.

—Lo siento, —ella comenzó, su voz sonaba ofendida—, ¿estás insinuando que me comporto como chico? —Ella pregunto. De repente, me sentí horrorizado y avergonzado.

—No es eso, es sólo que... no eres como Silena y… —Yo no sabía qué más decir, ella tenía una ceja levantada y parecía que estaba desafiándome a decir algo más.

Una vez más; me sentí horrorizado.

—Bueno, —ella dijo—, vamos a ver qué pasa. —Reyna se bajó del coche y yo hice lo mismo, abrí la puerta para ella y una vez dentro grité;

—¡Estamos en casa!

Inmediatamente, escuché pasos en el segundo piso y apenas unos segundos después vi a mi hermana bajando por las escaleras.

—¿Ella es Reyna? —Nissa preguntó, de pie en los últimos escalones. Llevaba una blusa de color rosa que decía 'París' con letras de color gris, pantalones cortos de mezclilla y un par de sandalias de color rosa, su cabello caía hasta sus hombros y sus ojos estaban pegados en Reyna.

—¡Tú debes ser Nissa! —Reyna dijo alegremente—, eres preciosa, me alegra que no te parezcas a tu hermano.

—¡Oye! —Protesté, pero antes de que pudiera decir nada más, mi madre salió de la cocina.

—¡Oh, Reyna! —Ella dijo, una brillante sonrisa en su rostro.

—¿Señora Beckendorf? —Preguntó Reyna, tímidamente.

—Oh, no, —mi madre respondió mientras sonreía—, por favor, llámame Esperanza. —Reyna le sonrió.

—¡Dioses Leo! Ella es aún más hermosa de lo que nos dijiste. —Sentí que mi cara se ruborizaba cuando Reyna me miró, por suerte ella habló, desviando la atención lejos de mí.

—Leo me dijo que todavía está cocinando. —Ella mintió, yo no había dicho nada—, ¿Le gustaría que le ayudara? —los ojos de mi mamá brillaban de emoción.

—Eso sería genial, estoy preparando pollo frito, espero que te guste.

—Oh, me encanta el pollo frito. —Reyna respondió, después de que mi mamá la guiará a la cocina, tomé una respiración profunda. ¿Qué demonios estaba haciendo Reyna?

Miré a mi lado para ver Nissa frunciendo el ceño con los brazos cruzados sobre el pecho.

—¿Que va mal? —Le pregunté, sonriendo.

—Ella es muy hermosa. —Ella dijo, casi sonando enojada, y luego me miró—. Ella es casi tan hermosa como Silena ¿Cómo se supone que decidida como quién quiero ser? —Me reí y la abracé.

—Olvídate eso, sólo se tu misma. —Ella trató de apartarme, pero, vamos, soy más fuerte que una niña de diez años, por lo que no funcionó. —Además, ya eres hermosa. —Esta vez la deje ir.

—Si tú lo dices. —Nissa murmuró con rabia, caminando hacía la cocina, me reí y la seguí.

—Siempre he querido aprender a cocinar pescado, —Reyna le estaba diciendo a mi mamá—, es mi comida favorita.

—Bueno, pues puedes venir cualquier día que gustes, yo estaré encantada de enseñarte. —Mi mamá se ofreció, los ojos Reyna se abrieron de sorpresa y felicidad.

—¿En serio?

—¡Claro! Simplemente dile a Leo que te traiga. —Ambas me miraron y yo sólo me encogí de hombros.

—Así que Reyna... —Nissa comenzó, tomando asiento junto a mí en la barra de desayuno—, ¿Qué haces normalmente?

Vi a mi madre tratar de reprimir una sonrisa, pero Reyna miro a Nissa con interés, como si estuviera hablando con un miembro del Congreso o algo así.

—Bueno, por lo general estoy estudiando, estoy tratando de entrar a una universidad muy difícil.

—¿Tu no vas a fiestas? —Nissa parecía sorprendida.

—Las fiestas no son lo mío. —Reyna le confesó, me pregunté si ella había estado pensando en la fiesta en la playa cuando dijo eso.

—Pero te gusta ir de compras, ¿no? —Nissa estaba levantando una ceja y Reyna sonrió.

—¿Hay alguna mujer a la que no le guste? —Mi madre se echó a reír: —Sí, me gusta ir de compras, especialmente con mi hermana. Ella solía trabajar en un spa y es realmente buena con la moda y ese tipo de cosas.

Eso impresionó Nissa.

—Y tú, ¿trabajaste en el spa también? —Reyna se rió tímidamente antes de responder.

—Sí, no tanto como Hyllia, pero lo hice por un tiempo. —La sonrisa de Nissa creció.

—¡Así que sabes de belleza! ¿Puedes darme algunos consejos? —Ella no esperó a que Reyna le respondiera; simplemente la arrastro fuera de la cocina hasta su habitación. Mi mamá se rió de la escena, aun cocinando algo... probablemente los macarrones.

—Ella es maravillosa, Leo. —Ella comentó, asentí.

—Sí ... Lo es.

—¿Y ella es la chica con la que no puedes salir? —Juro que vi la sombra de una sonrisa pícara en el rostro de mi mamá.

—Sí mamá, es ella.

—Eso es una pena... ella parece que encajaría en la familia. —Respiré hondo, frustrado.

—Ni siquiera empieces con eso mamá, ya te dije que...

—Tranquilo Leo, —Mi mamá me interrumpió—, sólo estoy diciendo.

La sonrisa de su rostro no desapareció, ella se estaba burlando de mí.

—No puedo entender por qué haces tanto drama si ella es sólo una amiga. —Ella dijo, puse los ojos en blanco.

—No quiero que la asusten, —le respondí—: mi encanto no siempre puede compensar a mi loca familia. —Mi madre se echó a reír.

—Claro cariño, —se volvió a mirarme—, pero no hay necesidad de bromear conmigo, sé que tienes miedo de perderla. —Mis cejas se juntaron.

—¿Cómo puedo perderla si no somos nada? —Mi madre levantó una ceja.

—Tienes su amistad, ¿no es eso suficiente? —Sentí que mis mejillas se sonrojaban; por primera vez, mi mamá no estaba hablando de nosotros como una pareja, pero yo sí.

—Supongo que sí.

—Ahora ve a rescatarla de tu hermana, dile a Nissa que quiero que me ayude aquí. Comeremos cuando Charlie y Silena lleguen. —Asentí con la cabeza y me dirigí a la habitación de Nissa. Pude escucharlas charlar acerca de productos de belleza cuando llegué a la parte superior de las escaleras.

Llegué a la habitación de Nissa y me recargué en el marco de la puerta.

—Y eso es todo, ahora tienes una bonita trenza. —Reyna dijo, atando la trenza que ella acababa de hacer para mi hermana—, puedes poner unas flores en ella y se verá aún más bonita.

—¡Es una gran idea! —Nissa parecía tan emocionada que no pude ocultar mi sonrisa—. ¡Voy a mostrársela a mamá! —Se puso de pie y corrió por las escaleras hacia la cocina, ignorándome cuando pasó a mi lado. La vi bajar y Reyna se acercó a mí.

—Ella es muy dulce—, ella dijo, sonriendo.

—Sí, lo es. —Le respondí, todavía mirando hacia la escalera. Reyna se echó a reír.

—¿Recuerdas cuando dijiste que verte enamorado sería gracioso? —La miré, confundido.

—Sí, ¿qué tiene?

—Creo que estás enamorado de tu hermana pequeña. —Sonreí.

—¡Es imposible no amarla! —Ella me dio una sonrisa dulce y luego miró hacia el pasillo.

—Así que, ¿cuál es tu habitación? —Señalé la puerta de madera frente a la habitación de Nissa, y Reyna entró.

La seguí hacia la habitación cuando abrió la puerta y di una mirada rápida alrededor; mentalmente le agradecí a mi madre por haber levantado la ropa sucia que había por toda la habitación esta mañana. Además de eso, mi cuarto estaba considerablemente limpio.

En la pared del fondo estaba mi closet; un guardarropa blanco sin puertas (no me gustaban las puertas así que "accidentalmente" las rompí) cubría casi toda la pared. Estaba lleno de mis viejos proyectos, especialmente los de las ultimas ferias de ciencia; como el sistema solar que Beckendorf me ayudo a construir para el tercer grado, quedo increíble porque los planetas se movían y todo. Había también un pequeño Wall-e con el que Charlie y yo habíamos concursado en el "Día de la familia de los ingenieros" de la empresa de papá y… bueno, había bastantes proyectos.

En menor cantidad, había también ropa y algunos zapatos.

La pared derecha estaba cubierta de posters, casi todos ellos de videojuegos y algunas bandas; había algunas fotografías decorando la pared (Piper me había obligado a pegarlas ahí) de Piper y yo cuando éramos pequeños; algunas de mis nuevos amigos, algunas de mi familia. Mis favoritas eran una de mi familia el día que Nissa nació y la otra era una foto del equipo al inicio de la temporada pasada. Mi cama estaba junto a esa pared, cubierta por un par de sabanas grises que yo adoraba.

Frente a mi cama estaba uno de mis dos escritorios; mi favorito de hecho. Era una negra mesa de dibujo, con una lámpara roja en la esquina derecha y un contenedor para lápices en la izquierda. Era el lugar perfecto para hacer mis diseños y amaba pasar mi tiempo libre ahí, dibujando o haciendo planes.

En la pared de la izquierda había otro escritorio; en este descansaba mi laptop y un montón de cosas que prefería no mover porque… bueno, si lo hacía, probablemente las pediría. Ese escritorio blanco estaba cubierto con proyectos incompletos, películas, cargadores, papeles, algunos cuadernos de la escuela y muchas otras cosas.

—Por ser la habitación de un chico... —dijo Reyna después de examinar toda mi habitación—, no esta tan mal.

—Me pregunto cómo se ve tu habitación.

Se acercó a la cama y se sentó en el borde.

—Como la de cualquier otra chica, —ella respondió, y se recostó en la cama, apoyándose sobre sus codos—. Wow, la cama es muy cómoda.

Ella tenía razón, era bastante increíble. Se acostó por completo, tomando mi almohada y descansando boca abajo.

Vi su espalda subir y bajar al ritmo su respiración, su cabello caía a los lados de su cabeza, dejando descubierta la parte trasera de su cuello, seguí la línea de su blusa blanca a través de su espalda hasta esa bonita curva que se hacía en su cintura y se levantaba en sus pantalones cortos de mezclilla, haciendo que fuera difícil tomar el control de mis propios pensamientos... me sorprendí a mí mismo pensando en lo increíblemente sexy que Reyna se veía justo ahí, descansando inocentemente sobre mi cama.

Escuche el jeep de Beckendorf estacionarse y ese sonido -afortunadamente- alejó mis pensamientos de la cintura de Reyna.

—Hay que bajar, —le dije—: Silena querrá conocerte.

Reyna simplemente gimió. ¡Mierda! ¿Por qué tenía que gemir? Sentí mi cara teñirse de rojo.

—No quiero levantarme, esta cama es demasiado cómoda...

—Uh, Reyna, vamos. —Insistí, y ella exhaló. Me sentí mucho mejor cuando se puso de pie y se dirigió a las escaleras.

Desde ese momento, no he vuelto a ver a mi cama en la misma forma.

Beckendorf estaba cerrando la puerta principal cuando bajamos por las escaleras.

Silena miró a Reyna y le sonrió. —Tu debes ser Reyna. —Ella dijo, con su clásica sonrisa encantadora, Reyna le devolvió la sonrisa y le tendió la mano.

—Reyna Avila-Ramirez, —Reyna respondió, estrechando la mano de Silena.

—Silena Beauregard, he oído hablar mucho de ti Reyna. —Ella dijo. Reyna me dio una rápida mirada y luego dirigió su mirada hacia Silena, sonriendo.

—Espero que cosas buenas.

Silena rió y dio pie a otra presentación, —Oh, y él es Charlie.

Beckendorf le tendió una mano a Reyna y ella la estrechó, —Charles Beckendorf, soy el hermano de este pequeño insecto.

Reyna se rió y respondió; —Encantada de conocerte.

—Así que Reyna, ¿ya conoces a la señora Esperaza? —Silena tomó la mano de Reyna y comenzó a arrastrarla a la cocina, hablando como si hubieran sido amigas durante toda su vida.

Beckendorf rió cuando desaparecieron por la puerta de la cocina, dejándonos a mi hermano y a mi frente a la puerta principal.

—Buen trabajo de Leo, creo que es mucho más linda que tu última conquista. —Él dijo y yo rodé mis ojos.

—Oh, rayos Charlie —dije, haciendo una pésima imitación de Silena, —¡eres tan divertido! —Beckendorf rió aún más y comenzó a caminar hacia la cocina, lo seguí.

Cuando llegamos dentro vimos a las chicas riendo por algo.

Charlie se sentó frente a la barra de desayuno mientras yo me quede junto a la puerta, recargado en la pared.

Miré a Reyna, había una pequeña sonrisa en su rostro, pero conocía esa mirada en sus ojos. Ella estaba totalmente concentrada, prestando absoluta atención a las explicaciones de mi madre, grabando en su mente cada movimiento mientras terminaba los macarrones. No podía dejar de pensar en lo bien que se sentía de tenerla allí.

Ella me miró y me regalo una sonrisa; de nuevo esa linda sonrisa. Todo lo que pude hacer fue sonreírle de regreso.

La cena resultó bastante bien, de hecho. Fue divertido que mi madre insistiera en contarle a las chicas sobre nuestra la infancia, intentado avergonzarnos. Me tensé un poco cuando mamá empezó a hablar de mi niñez, por la reacción de Reyna, pero ella no tuvo problema con ello; lo que fuera que le había molestado el otro día, no le molesto en la cena.

Después de comer, mamá llevo a Nissa a su clase de natación, por lo que nos quedamos solos con Silena y Charlie.

Yo no quería volver a mi habitación por los pensamientos que Reyna había provocado antes, ella no quería ver "La nueva Cenicienta" con Charlie y Silena así que la llevé a mi parte favorita de la casa.

Los ojos de Reyna se abrieron con sorpresa cuando entramos en el garaje.

—¿Qué es esto? —Ella pregunto.

—Nuestro garaje. —Yo le respondí como si fuera la cosa más obvia del mundo. Pero la verdad era que el garaje se parecía más a un taller mecánico.

Había algunas pequeñas grúas con motores que colgaban de ellos. Una mesa muy grande estaba cubierta casi en su totalidad con herramientas, aviones y pequeñas piezas de maquinarias.

El paraíso para cualquier ingeniero mecánico...

—Wow, ¿sabes usar todas estas cosas? —Reyna me preguntó, señalando a una de las grúas.

—Sí. —Respondí. Ella me miró, con los ojos llenos de sorpresa y algo más que no pude reconocer. Por primera vez sentí que había impresionado Reyna.

—Así que, señorita Avila-Ramirez, mi pequeña aprendiz, ¿alguna vez haz considerado obtener tu propio coche y dejar de usarme como tu chofer? —Bromeé, vi que ella iba a responder algo, por lo que añadí—: No es que me quejé. —Ella se rió en voz baja.

—Sí, en realidad mi mamá está buscando un coche para mí. —Ella dijo y yo asentí.

—Bueno, ninguno de mis amigos, especialmente las mujeres, puede conducir si no saben, al menos, lo que es el alternador. —Dije. Ella levantó una ceja.

—Así que, ¿Tendré que aprobar el examen de conducir y además tu examen de mecánica? —Ella pregunto. Sabía que ella se estaba burlando de mí, pero yo le seguí la corriente.

—¡Exactamente!

El tiempo voló mientras Reyna y yo estuvimos en el garaje. Le enseñé lo básico sobre los motores de automóviles, los nombres de las piezas, funciones y cómo saber si no estaban funcionando correctamente.

Reyna fue una muy buena oyente y aprendió muy rápido. Ella estaba tan interesada en nuestra "clase" que incluso pareció molestarse cuando Charlie entró al garaje para decirnos que Frank y Nico habían llegado.

Después de veinticinco minutos de GTA, Nico se rindió y tuvo que aceptar el hecho de que Reyna simplemente le pateó el culo con un Porsche 911.

Reyna y Silena terminaron siendo una máquina asesina en el Call of Duty, y como siempre, Charlie y yo destruimos a todos en el Super Smash Bros.

A la mitad de un partido entre Brasil y Argentina en el PES 2012, Percy y Grover llegaron.

Okay, voy a admitir que estaba un poco nervioso por la reacción de Reyna en ese momento. No sabía por qué, pero esperaba que empezara a gritarle algo a Percy o que simplemente se pusiera toda seria y me pidiera que la llevara de vuelta a casa o algo así...

Pero estaba tan ocupada con Beckendorf mientras él le enseñaba a jugar que ni siquiera noto cuando Percy llegó.

Cuando por fin se dio cuenta de su presencia, ella sólo me miró mientras levantaba una ceja. Me encogí de hombros y ella puso los ojos en blanco.

Jugamos cada juego que teníamos. Cuando mi mamá regresó, nos trajo patatas fritas y palomitas de maíz.

Nico cometió el error de decir que "las niñas no estaban hechas para jugar videojuegos" y Silena y Reyna pasaron el resto de la tarde haciéndolo tragarse sus palabras. Para ser justos, Charlie y yo les ayudamos un poco con eso.

Eran cerca de las ocho treinta cuando el celular de Reyna comenzó a sonar. Dejó su control a un lado y salió a contestar, mientras nosotros seguimos jugando Halo.

Unos minutos más tarde, me di cuenta de que Reyna todavía no había regresado y que Percy había desaparecido de repente.

Sin pensarlo, solté mi control y fui afuera, a donde Reyna había ido a contestar su teléfono.

La encontré frente a Percy; ambos estaban riendo, pero mantenían la distancia entre los dos. Percy me sonrió cuando me vio llegar.

—Hola amigo, ven aquí. —Él dijo. Le di una mirada inquisitiva a Reyna, pero ella sonrió alentadoramente.

—Sólo estaba disculpándome con Reyna por... —Él la miró y se encogió de hombros—, bueno, por todo.

Reyna le dio una sonrisa sincera y me di cuenta con felicidad que era completamente amistosa. Reyna ya no tenía más sentimientos por Percy.

—Claro, bueno... iré adentro entonces. —Yo dije, a punto de regresar, pero Percy me detuvo.

—No, está bien. Ya he terminado aquí. —Él dijo, me dio una sonrisa amistosa y caminó hacía la casa. Miré a Reyna; ella se estaba mordiendo el labio inferior, tratando de no sonreír.

—¿Que está pasando? —Le pregunté y ella negó con la cabeza.

—Nada, chico de las reparaciones, —ella dijo—: yo sólo estoy...feliz.

Me acerqué a ella y ella me abrazó. Se sintió tan natural... tan correcto.

—Gracias por invitarme. —Reyna dijo un momento después. Me reí en voz baja.

—Gracias por patearle el culo a Nico, —le respondí y ahora ella se rió—. Desde ahora Silena y tu serán nuestras invitadas especiales. —Dije y su sonrisa creció.

—Mi mamá llamó, —ella continuó diciendo—, se está haciendo tarde, creo que ya es hora de que me vaya.

—Bien, pero ven a despedirte de mi madre, o ella me va a matar. —Ella rió de nuevo.

Regresamos a la sala, Reyna se despidió de los chicos y Silena decidió que era hora de irse también.

Las acompañe mientras iban al garaje a decirle a mi madre que se iban, y mi mamá las invitó a las dos a volver al día siguiente. Silena acepto, pero Reyna dijo que su madre iba a pasar un día en casa por lo que no podría venir. Mi madre parecía decepcionada por lo que Reyna prometió volver otro día.

Abrí la puerta del Camaro para Reyna y luego tomé mi propio asiento, para arrancar el motor y llevarla de vuelta a casa. Ella sonrió durante todo el camino.

—¿La pasaste bien? —Le pregunté una vez que estábamos en la esquina de la Carretera 324 y Fairway Ave.

Una gran sonrisa apareció en su rostro antes de responderme; —Una de las mejores tardes de mí vida. Gracias por invitarme.

Me sentía tan contento, tan feliz de que hubiera disfrutado del día en mi casa. Sinceramente, no podía esperar para pasar otro día increíble tarde como aquella, con ella otra vez.

—Me alegra que vinieras. —Yo respondí.

—¿Te importaría si tomo algunas clases de cocina con tu mamá? —Ella me preguntó con timidez, yo fingí ofenderme.

—¿¡Así que sólo quieres volver por mi mamá y no por mí!?— Le pregunté y ella se rió.

—Por supuesto que no me importa, Reyna —respondí honestamente, mirándola a los ojos—. Estaría encantado de tenerte en mi casa todo el verano, si así lo quieres.

Ella se sonrojó y sonrió ante mi respuesta. Luego se acercó a mí y me besó en la mejilla. Sentí mi cara tornarse de un rojo intenso y mi corazón latir desbocado.

—Gracias, Leo. Nos vemos luego. —Y con eso ella se bajó del coche. Ella corrió a su casa y se volvió a mirar el Camaro una vez que estuvo en la puerta principal.

Me quedé allí, sorprendido, tratando de procesar lo que acababa de suceder.

¡Ella me había besado!

—Me besó... —dije en voz alta a mí mismo. Sonreí, sintiendo la felicidad floreciendo dentro de mí, y empecé a conducir de vuelta a casa.