Disclamer:
Cualquier aspecto conocido pertenece a Rick Riordan, el resto es parte de mi ridícula imaginación. Por favor no publiquen sin autorización.
"I see that sexy look in your eyes and I know, we ain't friends anymore. If we walk down this road, we'll be lovers for sure"
The other side - Jasón Derulo
Ours
La casa de los Stoll
By: Ary Escobar
Reyna's POV
Miré a la chica en el espejo. Ella llevaba un vestido púrpura, ajustado a su cuerpo, con una sola manga; hilos de oro caían a través del vestido en diagonal, formando una espiral que acentuaba aún más sus curvas, hasta sus rodillas, donde terminaba el vestido. Su negro cabello brillaba como el aceite sobre el agua y caía en hermosas ondas sobre sus hombros. Su piel era del color del olivo, se veía suave y brillante; llevaba poco maquillaje, un poco de sombra de ojos, con sus grandes pestañas enmarcando sus hermosos ojos marrones. Sus labios rosados brillantes se abrieron con sorpresa.
Y yo simplemente no podía creer que la hermosa chica del espejo, era yo.
—No estoy realmente segura acerca de este vestido. —Le dije a Hazel después de mi shock inicial, ella rio.
—¡Estás preciosa! —Me miré en el espejo una vez más.
—Ahora ten, ponte esto. —Hazel dijo, me tendió un par de tacones no muy altos. Eran dorados y tenían una bonita pulsera en el tobillo.
—¿Por qué tenemos que vestirnos tan elegantes? —Le pregunté mientras me ponía los zapatos. Miré a Hazel y su vestido color aqua; era corto y ceñido a su figura, detalles brillantes estaban bordados el lado izquierdo del vestido, acentuando la cintura de la morena. Sus tacones altos color plata simplemente encajaban a la perfección con su vestido, haciéndola ver sencillamente hermosa, sexy y madura.
—Ya verás. —Ella respondió, mirando su rizado cabello. Luego salió de la habitación y entro al baño, probablemente a lavar sus dientes.
Dado que mi madre había vuelto a salir de la ciudad y Hyllia estaba en un curso en la Universidad de Dartmouth en New Hampshire, iba a pasar el fin de semana en casa de Hazel.
Ahora, yo no estaba totalmente segura de que fuera una buena idea. Ella me había obligado a pasar toda la mañana en un spa y el resto del día de compras. Cuando regresamos a casa, ella me obligó a entrar a la ducha y cuando salí, me obligo a ponerme este elegante vestido, diciendo; "Hoy, vamos a salir."
¿A dónde? No tenía ni idea, y honestamente eso me daba un poco de miedo.
—¿Dónde está Hazel? —Nico dijo. Miré por encima del hombro hacia la puerta, donde se encontraba él. Llevaba vaqueros negros y una camisa blanca con una corbata deshecha en su cuello.
—Ella está cepillándose los dientes, creo. —Él asintió con la cabeza y se fue en busca de su hermana.
Alto, déjenme aclararlo.
Cuando Hazel era pequeña, sus padres, Pluton y Marie Levesque decidieron hacer un viaje familiar junto con la familia del hermano de Plutón, Hades y Maria Di Angelo, quienes resultan ser los padres de Nico.
Así que las dos familias comenzaron un viaje a Nueva York. Lamentablemente, sufrieron un accidente automovilístico, donde murieron los padres de Hazel y Bianca Di Angelo (la verdadera hermana de Nico). Desde entonces, Hazel ha estado viviendo con los Di Angelo; ella ya casi no recuerda a sus padres, pero decidió mantener su apellido.
Así que técnicamente, Nico y Hazel eran primos, pero habían estado viviendo juntos durante tanto tiempo que se parecían más hermanos, algo que yo pensaba era realmente lindo.
Mi teléfono sonó en ese momento, sacándome de mis pensamientos. El logo de Steelers, apareció en la pantalla, Leo estaba llamando.
—Hola. —Respondí.
—¿Estás lista? —Preguntó, arrugue las cejas.
—¿Vienes? Pero ¿A dónde iremos? —Le pregunté y él rio en voz baja.
—Debí suponer que Hazel no te diría. —Él dijo—: No te preocupes, voy a estar allí.
—Sí, pero ¿dónde es "ahí"? —Me senté en la cama de Hazel, Leo rio suavemente.
—No necesitas saber, solo llámame cuando llegues, no quiero que pases un momento sola. —Dijo y luego colgó. Le fruncí el ceño al teléfono. Hazel volvió a la habitación justo cuando Leo colgó.
—¡Vámonos! —ella dijo, sonriendo.
—¿A dónde?
—A algún lugar, perdámonos, es viernes por la noche. —Ella dijo alegremente y yo puse los ojos en blanco.
Nico ya estaba en el garaje, encendiendo su Volvo c40 negro.
—Bonito coche. —Dije y él me respondió con una pequeña sonrisa.
—Me encanta, así que tengan cuidado con sus súper tacones. —Dijo y Hazel puso los ojos.
—Te dije que podíamos ir en mi carro, si vas a ser tan exagerado con tu auto. —Señaló mientras entrabamos al coche, pero Nico no se molestó en contestar.
—¿Puedo saber hacia dónde vamos ahora? —Les pregunté desde el asiento trasero del coche, después de Nico saliera de la cochera y comenzara a conducir por Union St.
—¿No se lo dijiste? —Nico preguntó y Hazel no le hizo caso.
—Ya verás Reyna, —dijo otra vez y yo puse los ojos otra vez.
—Vamos a la casa de los Stoll. —Nico respondió, cuando se dio cuenta de que Hazel no iba a hacerlo. Fruncí mis cejas, confundida.
—¿Travis y Connor Stoll? —Nico asintió y Hazel le dio una mirada de enojo.
—Se suponía que sería una sorpresa... —Murmuró. Yo ignore su comentario.
—¿Por qué nos vestimos así? —le pregunté— ¿Solo iremos a casa de los Stoll o…?
—Es el cumpleaños de Katie Gardner —Hazel explicó—: Y Travis organizo esta súper fiesta para celebrar. El tema es "Las Vegas" así que va a haber juegos y todo tipo de cosas interesantes, y nos pidió que nos vistiéramos así.
—Es un montón de mierda. —Nico dijo y Hazel le dio una mirada irritada.
—¡Es muy lindo! Él está haciendo todo esto porque quiere que Katie sea su novia. —Hazel me explicó.
Luego, por supuesto, ella y Nico comenzaron a discutir sobre eso así que deje de prestarles atención. Tomé mi teléfono y le escribí un mensaje a Leo.
—¿Una fiesta? Sabes que no son mi estilo. —Fui directo al punto. Leo respondió solo un momento después.
—Lo sé, pero esta será divertida, te lo prometo. —Sonreí mientras le respondía.
—No te creo. ¡Quiero ir a casa! :(
—No seas un bebé. Además, no puedo esperar a verte en vestido ;) —Me reí de su respuesta.
—Cuidado, tengo tacones y no dudaré en usarlos. —Tenía una sonrisa tonta en mi rostro cuando presioné enviar.
—¿De qué te ríes? —Hazel preguntó y me sonrojé cuando la vi.
—De nada.
—Ya llegamos, —anuncio Nico, justo en ese momento.
Miré a la casa del Stoll. Era grande, muy grande. Tenía tres pisos, el último con un gran balcón donde ya se podía ver algunos adolescentes bailando. El patio cubierto de hierba estaba repleto de coches. Reconocí el Prius de Percy, la camioneta verde de Frank y mi favorito, el viejo Camaro azul.
Salimos del coche y caminamos hacia la puerta, que estaba abierta de par en par; había luces intermitentes de colores iluminando el interior de la casa. Me di cuenta de que la sala no tenía muebles, solo había mesas de poker y otros juegos, como si estuviéramos en un verdadero casino en Las Vegas. Todas las chicas llevaban vestidos y zapatos de tacón realmente altos y los chicos camisa de botones y saco.
—No me llamaste. —Alguien dijo en mi oído, enviando una carga de electricidad a través de mi espalda; mis mejillas se sonrojaron automáticamente mientras me giraba para encarar a Leo.
—Estaba a punto de llamarte. —Dije y él me sonrió, levantando una ceja. Lo miré; llevaba un par de pantalones de mezclilla negros, una camisa gris oscuro, y un saco negro. Su negro cabello aún se veía húmedo, pero caía en sus clásicas ondas sobre su rostro. Me di cuenta con sorpresa que él estaba usando zapatos de vestir.
—¿Esos son los tacones con los que me golpearas? —preguntó y me reí. Me di cuenta de que, incluso cuando yo llevaba tacones, el seguía siendo un poco más alto que yo, y eso me gusto.
—Ven acá. —Dijo, haciéndome un gesto para que lo siguiera. Tomé la mano de Hazel y lo seguimos.
—Leo, —dijo ella—, ¿has visto...?
—Frank está arriba, —respondió, casi gritando sobre la música—, con el resto de los chicos.
Llegamos a la segunda planta, y Leo nos llevó a otro enorme balcón que yo no había visto desde fuera, había un montón de mesas y en un rincón había una gran barra de buffet.
En una de las mesas estaban todos los amigos de Leo. Percy llevaba pantalones de vestir negros con una camisa de color negro, su cabello se veía como si él acabara de pasar la mano por él; tenía su mano en la mano de Annabeth, quien estaba junto a él; ella llevaba un vestido color plata, que era simple, sin mangas y ajustado a su figura, su cabello rubio caía sobre los hombros: Incluso sentada, se veía increíble, hermosa, fuerte, inteligente... totalmente podías ver por qué Percy estaba tan enamorado de ella.
Junto a Annabeth estaba Frank, también llevaba un pantalón negro con líneas blancas y una camisa negra con una chaqueta negro sobre ella, nos miró y le dio a Hazel una sonrisa brillante, ella casi saltó hacia él. Me senté junto a Hazel, con Leo a mi otro lado. Enebro, que llevaba un hermoso vestido verde, estaba junto a Leo y Grover, quien llevaba una camisa blanca y pantalón negro también.
—Me encanta tu vestido Reyna. —Annabeth me dijo. La miré y ella estaba sonriendo.
—Gracias, en realidad es de Hazel. —Los ojos de Annabeth se abrieron con reconocimiento.
—¡Sabía que lo había visto antes! —Hazel y yo nos reímos y de repente todos los chicos se pusieron de pie, habían decidido tener un juego de póquer.
—¿Puedes por favor cuidar de ella? —Leo le preguntó a Annabeth, luego me miro; puse los ojos en blanco.
—Lo prometo. —Dijo ella, sin dejar de sonreír. Leo me guiñó un ojo antes de irse.
—Él es muy lindo. —Annabeth me dijo, pero antes de que pudiera responder, una chica pelirroja llegó a la mesa. Rachel se veía muy feliz, con sus pequeños shorts negros y una blusa de color verde brillante que hacía que sus ojos brillaran aún más. Me encantó la forma en que su vestimenta se complementaba con unos botines negros.
Comenzamos una agradable conversación, mirando a los vestidos de las otras chicas, hablando de chismes y chicos... Me sorprendió la facilidad con la que me acople a estas chicas.
—¿Dónde está Pipes? —Rachel preguntó casualmente y Annabeth dejó su vaso de agua para responder.
—Ella y Jasón tuvieron una pelea tan pronto como llegaron... —Ella dijo. Enebro asintió.
—Él se veía bastante enojado. No puedo creer que estén teniendo tantas peleas últimamente. —Ella dijo, y todas las chicas asintieron.
—¿Están peleando? —Yo pregunté.
—Bastante. Es extraño, estaban tan enamorados y de repente ni siquiera pueden soportar estar juntos. —Explicó Rachel.
—Creo que Jasón y Thals están teniendo problemas con Zeus de nuevo. —Annabeth señaló—. Ella ni siquiera me ha llamado, estoy un poco preocupada.
—¿Dónde está ella ahora? —Preguntó Hazel.
—Lo último que supe, estaba en su casa en Miami, pero no sé si haya viajado.
Levanté una ceja.
—¿Ella tiene una casa en Miami? —Solté, sorprendida. Annabeth se rio en voz baja.
—Su padre es el presidente de una compañía muy importante, son bastante ricos. —Ella explicó—: Tienen casas en todas partes.
—¿Entonces por qué pelean tanto?
Esta vez, Rachel respondió.
—Zeus está loco, quiere controlar la vida de Thalia y de Jasón. Jasón solía dejarlo, pero Thalia...
—Apuesto a que Jasón está tratando de rebelarse. —Dijo Enebro.
Annabeth parecía estar a punto de decir algo más, pero en cambio sonrió a alguien detrás de mí. Me di la vuelta y vi a todos los chicos caminar en nuestra dirección, después de haber terminado su juego de póquer. Percy estaba discutiendo con Nico. Leo, Frank y Grover se reían.
—¿Qué tal el póquer, cariño? —Annabeth preguntó y Percy hizo una mueca, todos en la mesa estallamos en carcajadas.
—¡Nico hizo trampa! —dijo. Annabeth lo abrazó riendo.
—Oh, mi pobre cerebro de algas…
Miré a Leo, quien estaba sonriendo con suficiencia.
—¿Ganaste algo? —Le pregunté, su sonrisa creció.
—¡Frank va a lavar mi coche todo un mes! —dijo triunfante, y me reí.
—¿Les ofrezco una bebida? —Preguntó alguien detrás de nosotros, un chico rubio con ojos verdes que vestía un traje negro estaba de pie junto a nuestra mesa.
—Polux, hey. —Leo lo saludó, no me sorprendió que lo conociera, Leo era bastante popular en la escuela.
—¿Serás el barman hoy? —Frank le preguntó y Polux le sonrió.
—¡Claro! ¡Esto es Las Vegas bebé! —dijo provocando algunas risas en la mesa. Diez minutos después, nos trajo un montón de cócteles y botellas de cerveza.
—¿Es esto legal? —Le pregunté a Leo, vacilante, el solo se rió.
—Sólo si quieres creer que lo es. —Dijo y tomó de su botella de Corona.
Y seguimos hablando, y hablando; de todo y nada. A veces sólo con Hazel y Frank, a veces sólo Leo y yo, a veces con todos los que estábamos en la mesa... Leo tenía su brazo en la parte posterior de mi silla y en ocasiones me tomaba de la mano y jugaba con ella. Lo sentí más cerca que nunca, y no me aleje, porque me gustaba. Me gustaba sentirlo a mi lado.
El tiempo corrió rápidamente y de repente eran las doce. Travis tomó el micrófono; no podíamos verlo, porque estaba en el tercer piso, pero podíamos escucharlo perfectamente.
—¿Cómo la están pasando esta noche? —Preguntó y todos gritamos y aplaudimos.
—¡Genial! Pues estoy aquí, para darles dos increíbles noticias ¿Quieren oírlas? —La multitud respondió "sí" y Travis continuó.
—Este increíble y hermosa chica llamada Katie Gardiner… ¡Al fin acepto ser mi novia! —La multitud estalló en aplausos y vítores.
—Sí, señores. Así que manténganse lejos de ella si no quieren hacerme enojar. —Todos nos reímos.
—¿Quieren escuchar la segunda buena noticia? —Preguntó después de que las risas murieron, y todos respondimos con un "sí".
—Con ustedes, aquí y ahora, el mejor DJ de todo Delaware... Por favor, dele un aplauso a... Michael Yew.
—Pensé que iba a decir a David Guetta. —Frank dijo.
—David no es de Delaware— respondió Rachel, y Frank puso los ojos.
—Lo sé, que una broma. —Él explicó.
—Pues apestó. —Nico dijo y todo el mundo se echó a reír. Entonces empezó la música y Hazel saltó de la silla. Arrastró Frank a la tercera planta, sin dudarlo. Percy, Annabeth, Nico y Rachel los siguieron.
—Vamos. —Dijo Leo. Me puse de pie y de repente la tierra pareció balancearse bajo mis pies. Estuve a punto de caer cuando Leo me tomó en sus brazos.
—¡Whoa! —exclamó—: ¿Estás bien? —Asentí.
—No estoy acostumbrada a tomar margaritas. —Dije y me puse de pie, esta vez sin tropezar—, vamos.
El tercer piso estaba lleno de gente, todos ellos bailando. El calor de los cuerpos y el humo de los cigarrillos llenaban el aire. Era medianoche y estábamos al aire libre, pero no sentía ninguna brisa en absoluto.
Llegamos a donde nuestros amigos (sí, ahora eran mis amigos también) estaban bailando y nos unimos a ellos. La música era buena, pero de repente Yew cambió a una canción más rápida.
Bailamos y bailamos, y bailamos... Leo se movía increíble junto a mí, y yo apenas pensé en el resto de nuestros amigos, o en que las miradas de todos estaban sobre nosotros. Estaba bailando con Leo y me sentía tan bien que olvide al resto del mundo.
—Leo, estoy cansada... —Le dije después de, probablemente, una hora de bailar. Estaba sudando y agotada.
—Vamos, te llevare a casa. — Él dijo. Buscamos Hazel y Nico, pero Hazel se iba a quedar más y no pudimos encontrar Nico, por lo tanto, Leo iba a llevarme de vuelta a la casa de Hazel.
—¡Hola chicos! —Rachel nos encontró mientras bajábamos las escaleras hacia el segundo piso—. ¡Una foto! —Exclamo sonriente, levantando la cámara que tenía en la mano.
Sonreí tímidamente para la foto pero, sin saber cómo, resbalé y me habría caído, si Leo no hubiera puesto sus brazos alrededor de mí. El flash de la cámara me hizo cerrar los ojos y los abrí hasta que estuve segura de que estaba de pie otra vez.
—¿Qué pasó? —Le pregunté a Leo, pero antes de que me respondiera, Rachel giro la cámara y nos mostró la foto que había tomado.
Leo estaba sosteniendo la chica que vi en el espejo antes. Ella tenía una hermosa sonrisa en sus labios y sus ojos estaban cerrados, sus manos sobre el pecho de Leo mientras él la sostenía sonriendo.
—¡La amo! —Dije y Leo rió.
—Yo también, —me dijo—. Lo siento Rachel, nos vamos ahora. ¿Te llevamos? —se ofreció, pero Rachel se negó, diciendo que Percy y Annabeth iban a llevarla de vuelta a casa, así que nos despedimos de ella y seguimos nuestro camino hacia él auto de Leo.
Cuando finalmente salimos de la casa, el aire frío de las dos de la mañana golpeó mi espalda descubierta y me hizo temblar.
—¿Frío? —Preguntó Leo, sonriendo y yo asentí; se quitó la chaqueta y se la puso sobre los hombros. Olía como él.
—Tal vez te va a gustaría quitarte los zapatos. —Bromeó a lo que le respondí con un golpe en el brazo, él solo se rió.
Leo me ayudó a entrar en su coche y allí me quite los tacones; Leo podía burlarse todo lo que quisiera, pero esos pequeños tacones me estaban matando.
—Esas cosas parecen armas mortales. —Comentó en broma una vez que estuvo detrás del volante y me eché a reír.
—Podría matarte con ellos. —Estuve de acuerdo, y él sonrió. Crucé las piernas en el asiento y miré a Leo mientras conducía de regreso a la casa de Hazel.
—No luces como si hubieras bebido. —Le dije, él se rió y me dio una mirada rápida.
—No, pero tú sí. —Me dijo, y yo arrugue las cejas.
—Pues no me siento ebria. —Protesté y él me sonrió.
—Aún. —Completó, y yo hice una mueca, lo que sólo lo hizo sonreír más.
—¿Te gusta mi vestido? —Le pregunté de repente, él levantó una ceja, pero asintió con la cabeza.
—Sí, me gusta.
—¿Y mis zapatos? —Se rió de nuevo.
—Sí, pero me gustas más con tus converse y shorts de mezclilla. —Dijo, y mi estómago dio un fuerte tirón en mi interior.
—Me gustó la foto. —Él sonrió y me dio una rápida mirada antes de mirar la carretera de nuevo.
—Yo también, conozco un lugar especial para ponerla. —Dijo y fue mi turno de sonreírle, me imagine nuestra foto en el muro de su habitación.
—Yo también. —Caímos en un cómodo silencio el resto del camino de vuelta a casa. El viaje no tomó demasiado tiempo ya que era tarde por la noche y no había trafico.
Leo estacionado en frente de la casa de Hazel y luego me miró.
—Esto es extraño, —dijo.
—¿Qué?
—Dejarte en la puerta principal. —Me reí y rodé mis ojos. Salimos del coche y Leo me acompañó hasta la puerta.
—¿La pasaste bien? —Le pregunté y me sonrió.
—Fenomenal, ¿Y tú?
—Fantástico, no sabía que podías moverte de esa manera, Valdez. —Bromeé, empujando su hombro y él se rió entre dientes.
—Está en mi sangre. —Dijo, encogiéndose de hombros, yo me reí y lo miré.
Cuando lo miré sentí una agradable sensación en el estómago que se subió a mi pecho y luego me sonrojé. Leo sonrió y me miró a los ojos; me perdí en sus ojos color chocolate. Por un segundo, pude ver dentro de él, toda su ternura, su pasión, su inteligencia, su humor, e incluso sus heridas... Todo lo que era Leo y por ese pequeño segundo, pude verlo todo.
No me había dado cuenta de que nos estábamos acercando hasta que sentí el aliento de Leo en mis labios. Me moví para que besarlo y entonces... entonces Leo se alejó.
—Deberías ir a dormir. —Dijo de repente y sentí mi rostro enrojecerse. ¡Había estado a punto de besar a Leo! Y lo peor... ¡Leo se alejó!
—Tienes razón. —Le respondí, aun avergonzada, y tratando de no sonar decepcionada.
Leo tomó mi rostro entre sus manos y apoyó su frente en la mía. —No es el momento, —él susurró.
Miré sus ojos marrones y la sensación en mi estómago regresó, pero esta vez empecé a preguntarme en serio si era el alcohol lo que me hacía sentir así.
—Debo ir a dormir... —Dije y le di a Leo una débil sonrisa, él se separó de mí.
—Nos vemos en la mañana. —Dijo y yo asentí. Estaba a punto de irse cuando se acercó a mí y me dio un pequeño besó en la comisura de los labios.
Se alejó rápidamente y camino hasta su auto, me quede en frente a la puerta hasta que las luces de su auto desaparecieron en la obscuridad.
En ese momento, entendí a lo que se refería la gente cuando se sentían "mariposas en el estómago".
Y para ser honesta... Al instante ame la sensación.
