Lunes 2 de Mayo de 2011

7:30 hrs

Otogakure, País de los Campos de Arroz

Habla la acusada de asesinar a Karin Uchiha alegando inocencia mientras su abogado pide extradición a Konoha.

En una rueda de prensa, finalmente autorizada por el equipo defensor de Haruno Sakura se presentó ante los medio de comunicación a la acusada para que respondiera algunas preguntas referentes a las circunstancias que llevaron a su aprehensión, declarándose inocente de los cargos y limitando su declaración a la lectura de un testimonio preparado en que aseguraba no haber atentado contra la esposa de Uchiha Sasuke, a quien conocía desde varios años atrás.

Las preguntas sobre su relación con el viudo no se hicieron esperar tras un par de fotografías en que se veía al susodicho saliendo del reclusorio, situación que ella negó rotundamente.

Neji Hyūga tomó la palabra durante el último ciclo de preguntas, aunque respondió ninguna yéndose en otros temas que no fomentaran la especulación de más escándalos, sobre todo tras el supuesto matrimonio bígamo de Karin. Declaró estar cerca de conseguir extradición para Sakura Haruno con el fin de hacer el procedimiento legal más llevadero en Konoha.


—Bien frentesota — dijo Ino dejando caer escandalosamente su bolsa de mano sobre el escritorio de aluminio junto con un portafolios de cuero negro, su chaqueta, una bufanda, un fólder que traía en la mano momentos antes, la cartera que no sabía por qué estaba fuera de la bolsa, un termo desechable de café grande para ella y uno chico para Sakura.

—No tomo café desde la preparatoria, lo sabes.

— ¡No seas malagradecida! ¡¿Tienes idea del trabajo que me costó meterlo?! ¡Tómalo!

Sakura cerró los ojos aguantándose las ganas de responderle los gritos, pero como mucho le había advertido Neji un rato atrás, no estaba en posición de ser la misma de siempre, así que obedientemente tomó el vaso, lo destapó para soplar un poco y aunque había dejado de consumirlo, no pudo evitar cierta satisfacción por olor entrando a su nariz luego de tantos días con alimentación indigesta.

—Tiene mucho que no hablamos frentesota, vamos a platicar un rato ¿Sí?

La chica de cabello rosa asintió animándose a darle un trago a su café una vez de que se aseguró que no le quemaría la boca. Sorbió con algo de desconfianza, no era como si pensara que la fuera a envenenar, la rivalidad que había surgido en ellas durante sus años de escuela se había esfumado el día en que tras haber corrido a la casa Uchiha una vez que se les informó del regreso de Sasuke, encontraron al mismo sentado a la mesa con una pelirroja miope, grosera y vulgar a su parecer.

Regresaron juntas a casa, pasaron por un helado y se quedaron toda la tarde en la casa Yamanaka a ver películas.

Al principio Sakura solo miraba a la otra parlotear, no sabiendo qué tenía que ver la hija hiperactiva de Tenten con su situación legal más allá de que Neji era su abogado. Pero poco a poco dejó de sentirse cohibida, de alguna manera aquella rubia que ahora le contaba lo sexy que se veía Izumo Kamizuki en traje de baño, había conseguido quitarle la sensación de que se hallaba en el vestíbulo del infierno, en algún instante ella misma empezó a participar con algún comentario saltado, de lo que recordaba de Konoha o lo que había visto ahí en Otogakure.

De momento, Ino se levantó y caminó al otro lado de la mesa que las separaba para abrazarla, estrechándola contra su cuerpo en un acto que a Sakura se le antojo tan surrealista como cálido y necesario, tanto que no aguantó las ganas de llorar.

—Tranquila frentesota… ya estamos aquí…

Y con ese último encuentro que duró menos de lo que le hubiera gustado, Ino recogió todas las cosas y llamó al guardia para que le dejara salir.

—Pero me vas a deber una ¿Entendido? — preguntó sacando la lengua pícaramente. Sakura sonrió, era la misma de siempre.

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—Ino-san, creo que fue esto una completa pérdida de tiempo.

— ¡No hables genio! — chilló amenazándolo con el dedo — ¡Tú no entiendes nada de sentimientos y emociones!

Neji rodó los ojos sintiendo empequeñecer el mundo ¿Es que no había alguien competente que facilitara su trabajo? Si no regresaba pronto a Konoha, Tenten entraría en histeria sobre ¿Quién la llevaría al hospital? ¿Quién estaría con ella en el parto? Y todo eso aunque faltaran cuatro meses para que naciera su segundo hijo.

—Solo digo que una charla de uñas rosadas no va a ayudar a la situación legal de Haruno-san.

— ¡No eran uñas rosadas! — Ino se detuvo levantando el brazo donde iba su chaqueta y la bufanda impactándolo a propósito contra el pecho de Neji para hacer también que no siguiera avanzando. Le miró seriamente, con la seguridad que le daba su cédula profesional ya acreditada legalmente.

—Yo sé lo que hago, tú haz lo que debes hacer sin dudar de mí ni de los demás y el mundo seguirá un cauce natural feliz. Ahora bien, escuché que por aquí había un salón bellísimo donde vienen los que van a firmar con la disquera ¿Sabes tú en dónde está? No, que va ¡¿Cómo lo vas a saber?! Preguntaré por ahí, el shampoo del hotel es de lo más corriente y perdieron mi maleta en la terminal ¿Puedes creerlo? ¡Solo había dos autobuses y no pudieron con las maletas! Es el colmo de verdad…

Lo siguiente no lo escuchó, le había dejado plantado en el pórtico del edificio sin ningún tipo de reporte que pudiera usar para llenar el archivo ¿Qué se supone diría la primera impresión médica? Dio la vuelta para ir de nueva cuenta al hotel pensando en lo terrible que sería ese día, eso si alguien se dignaba en aparecer y aportar algo que sirviera.

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—Yo sabía que debimos haber traído a Akamaru — se quejó Kiba forcejeando la puerta de una pequeña casa a las afueras de la ciudad donde por fortuna no había vecinos, sin embargo, Shino no podía evitar la necesidad de mantenerse alerta girando la vista a modo de inspección cada cierto tiempo.

— ¿Él puede abrir puertas más rápido?

—No… pero ayudaría a calmar tu paranoia.

—Deja que yo lo intente…

— ¡No! Yo puedo… ¡Ah! ¡Mierda! — una de las ganzúas que había estado usando saltó arañándole la mano, pero haciendo enseguida el ruido propio de cerraje abierto.

— ¿Ves? Te dije que podía.

—Sí, Kiba, nunca dudé de ti — agregó el otro sin mayor emoción introduciéndose en la casa.

Todo estaba oscuro, gruesas cortinas cubrían las ventanas impidiendo el paso de la luz, un olor a humedad y comida pasada obligó a Kiba a taparse la nariz, Shino sacó una lámpara de mano pequeña que encendió para darse una idea de lo que había ya que el interruptor no había sido capaz de encender la luz. Frente a ellos varios archiveros metálicos llenaban la sala, el pasillo que llevaba a la cocina y había incluso dos en la propia cocina.

La alfombra que daba señales de haber sido naranja en alguna ocasión, estaba llena de pelusa y pelo, la fruta de la cocina era la que daba el olor a putrefacción. Ante la luz, palomillas y moscas parecieron reaccionar revoloteando lejos de la mesa.

—Solo díganme que nada se murió aquí — masculló Kiba levantando con la punta del pie una hoja de periódico bajo la cual había excremento.

—Un momento… ¡Shino! — pero su grito no pudo advertir a su compañero que había sido embestido por un enorme pero delgado perro, el joven había levantado los brazos instintivamente, Kiba corrió a auxiliarle metiendo las manos en el forcejeo para abrazar el cuello del dobermann jalándolo para separarlo de Shino tomándolo también por las orejas para controlar su cabeza.

— ¡Deja de forcejear Shino! ¡Lo vas a poner más bravo!

— ¡¿Y qué se supone que haga si me quiere arrancar la cara?!

— ¡Quédate quieto! ¡Yo lo controlo!

Shino obedeció simplemente dejando al otro hacer su trabajo, el perro gruñía, su cola erecta, los músculos tensos, el joven seguía con ganas de golpear al animal, pero confiaba en Kiba y su experiencia de entrenador. Se levantó una vez que se vio libre del animal asegurándose también de que las fauces estaban lejos. Le había hecho daño en los antebrazos y deshecho el traje en esa zona, pero nada serio.

— ¡No le des la espalda lo vas a enojar! — advirtió Kiba apenas el otro empezaba a girar.

— ¿Qué demonios hace esa cosa ahí?

—Bueno, es un perro guardián, estaba haciendo su trabajo, no lo odies.

Suspiró resignado mientras Kiba trataba de calmarlo y lo llevaba al patio de atrás.

—No ha comido, le daré algo y nos lo llevamos — dijo sintiendo ante eso la fulminante mirada de su compañero.

— ¡Su dueño está muerto! ¡¿Piensas abandonarlo?!

Otro suspiro.

—Dale algo de alimento. Más de dos días sin bocado, con razón quería comerme. No tardes que hay mucho que llevarle a Sai — agregó.

Algún archivo sobre Karin tenía que haber, y agradecido estaba que dentro de esa porqueriza, que bien pudo haber hecho el perro estresado y abandonado, existía la noción de orden, la situación recaía entonces en ¿Por dónde empezar?

En cualquier caso solo tenía que precisamente empezar y cavilando en eso tomó el fólder que tenía más cerca.

—Buen muchacho…— decía Kiba acariciando la cabeza del perro que había terminado el tazón de alimento que le había servido.

—Quédate un rato aquí y luego te llevaré a Konoha, mi hermana tiene mucho espacio en su casa y habrá otros muchachos para jugar y claro, una chica para ti.

Un ruido como de cristal roto alertó al perro que volvió a ladrar poniendo alerta también al agente.

— ¡¿Shino?! ¡¿Todo bien?!

Pero no hubo respuesta, Kiba corrió abriendo la puerta de una patada y entrando tras el animal que saltando la barra a toda prisa llegó a la sala de estar donde Shino permanecía en el suelo sujetándose una herida en el hombro.

— ¡Shino!

—Me… me dispararon… Kiba ¡El auto!

Reaccionando torpemente Kiba corrió tras el perro que había salido por la ventana destrozada, se escuchó el rechinido de un auto al acelerar abruptamente, el agente Inuzuka y el dobermann no lo alcanzaron, y el perro saltó sobre su lugar regresando a la casa… que ardía en llamas tras una explosión que los tomó desprevenidos.

— ¡Shino!


Comentarios y aclaraciones:

Kiba y Shino, los agentes de campo con peor suerte.

¡Gracias por leer!