Miércoles 4 de Mayo de 2011
9:00 hrs
Otogakure, País de los Campos de Arroz
Una manifestación frente al reclusorio donde se encuentra remitida Haruno Sakura, acusada del homicidio de Uchiha Karin, debió ser despejada por elementos de seguridad al tornarse violenta y resultar lesionadas nueve personas.
La manifestación se originó alrededor de las 7:30 horas cuando al agotarse la edición matutina de un conocido diario local, se dio a conocer información en la que se plantea la posibilidad de que la víctima estuviese embarazada. Los manifestantes, en su mayoría mujeres con empatía por el sentimiento maternal, alcanzaron un total de ochenta y cuatro presentes, llevaron pancartas con leyendas alusivas a hecho y no dudaron en manifestar su deseo de aplicar la pena máxima a la acusada.
Tras arrojar una botella con líquido inflamable encendido, la violencia se tornó incontrolable, resultaron afectados también cuatro automóviles estacionados en la vía pública y un oficial de control.
Se plantea la posibilidad de aislar a Haruno Sakura para evitar represalias en su contra al interior del reclusorio.
En el piso de abajo los gritos y jadeos desmedidos con frases obscenas lo habían despertado algunos minutos antes que el despertador. Era temprano, pero la morena de la recepción había empezado el trabajo con algún urgido madrugador que luego de su encuentro iría a algún desayuno de negocios. Nada como un poco de sexo comprado para calmar los nervios.
Por vulgar que fuera eso.
—Esto no puede ser posible — dijo Neji terminando de anudarse las agujetas de los zapatos deportivos tratando de ignorar a los vecinos de abajo.
Estaba molesto, demasiado, y el hecho de que Gai tuviera razón aconsejándole, o más bien obligándole a llevar ropa deportiva en la maleta, nada tenía que ver. Había accedido a llevar ese cambio de ropa para que lo dejara en paz y al final sí la iba a ocupar como tenía a bien demostrar en esos momentos. Encima de los pantalones y playera se enfundó el traje sintiéndose por demás ridículo y no quería ni imaginarse cómo se vería con el traje negro y los zapatos deportivos grises. Cuidadosamente salió de la habitación aparentando normalidad en su rutina, salvo claro, la combinación al vestir
Caminó rápidamente en dirección a la cafetería cercana donde desayunaban con regularidad al no tener el servicio disponible en el hotel de mala muerte que Kakashi había escogido como cuartel de operaciones generales. Una vez que saludó a la camarera pidiéndole una taza de café, alcanzó el sanitario para sacarse el traje.
Salió con el cabello atado en una coleta y llevando también una gorra de béisbol de un equipo local. No era su estilo, pero esa era la idea.
Discretamente vigiló la puerta del hotel: salía Tenzō, minutos después Gai y Kakashi. Kiba una hora y seis cafés, dos rebanadas de tarta de manzana y una orden de huevos fritos con tocino y arroz hervido después. A Ino no había argumento ni fuerza existente que la hiciera quedarse a dormir ahí, había acordado redactar y entregar en el módulo de Sai, pero ni un minuto más en ese lugar.
Hasta donde recordaba, Naruto no había vuelto a llegar, seguía pegado a Sasuke tal como había indicado Kakashi y él mismo se había ofrecido en un comienzo.
En el local había poca gente, y estaba consumiendo, así que el dueño no podía ponerse exigente con el extraño cliente que había llegado temprano y no dejaba de mirar el hotel. Neji ya le había preguntado a la camarera si alguien con una rutina parecida se había presentado en los últimos días, pero ella lo negó, y sobre gente que merodeara afuera no sabía mucho pues como la empleada que era, tenía que remitirse a lo que le concernía dentro de las paredes de concreto y cristal de aquél sitio.
Neji resopló molesto. Aquella ciudad tenía tan poca gente que ya la podía identificar toda tras los pocos días que tenía residiendo ahí, y tal vez por ello empezaba a comprender el sentimiento de rechazo y automática señalización de Sakura como culpable de un caso que debió causar bastante conmoción. Sakura era la extraña, la que no conocían de la escuela, la que no acudía con sus hijos al parque, la que no iba a su templo, la que no se ajustaba a su pasado. La perfecta sospechosa.
Miró el hotel; era un edificio medio derruido sin ser capaz de llamarlo "histórico", de piedra gris, ventanas pequeñas, muros casi impenetrables. Seis plantas, ocho habitaciones a cada lado de la puerta que era única. Construcciones cerca solo estaban a la derecha una lavandería en planta baja y oficinas de contabilidad en la segunda. A la izquierda: una tintorería en planta baja -con mal servicio, habían manchado una camisa blanca que dejó el viernes anterior- y un consultorio dental en la planta alta.
No había nada más en la cuadra. Al frente estaba esa cafetería en la que se encontraba justamente, y por atrás un parque tétrico con juegos de metal oxidado y hierba que daba la impresión de ocultar depredadores más grandes que ratas.
Dos lotes baldíos.
Una casa particular de dos pisos con amplio jardín.
En el hotel había cinco empleados, en la tintorería tres, dos en el consultorio, cuatro en las oficinas, uno en la lavandería. Tres en la cafetería, la familia de la casa era de tres personas y el niño era muy pequeño.
Dio un trago a su café, sin duda era mucho mejor que el que preparaba Tenten, y eso que lo hacían con cafetera.
¡Tenten! Tenía que llamarla.
.
Kiba miró con el semblante serio a su interlocutor.
—La remolacha hizo muchas que no le gustaría que el mundo se enterara. Desde que se convirtió en la señora Uchiha dejó todo eso de lado y el que lo llegara a mencionar terminaba con la cara arañada.
— ¿Ella estaba involucrada con drogas? — preguntó directamente mirando al joven de pálida piel y cabello azul blanquecino pasar el trago de la cerveza del desayuno. Aunque no le costaba saber que no se trataba de la primera, pues toda la casa estaba impregnada con olor a alcohol y él mismo parecía estar sumido en un sopor ebrio.
—Algo así, no las consumía, pero las repartía.
Kiba dudo de ello, sabía por los reportes que la mujer tenía muchas marcas en los brazos, algunos cortes, pero varias llagas de aguja.
— ¿La arrestaron por eso?
—No, sabían que era hija de Orochimaru, nadie en su sano juicio la delataría. Orochimaru sacó este país de la basura con su empresa, se mueve la gente y el dinero por sus negocios.
— ¿Sabe de quién era la distribución?
El muchacho sonrió revelando sus dientes disparejos, afilados y también muy blancos. Kiba levantó una ceja, había estado de mal humor tras lo de Shino, pero esa sonrisa le hizo pensar en que si Naruto le había dicho a él que viera con urgencia a un dentista por la ligera prominencia de sus colmillos, a ese sujeto le recomendaría mejor usar dentadura postiza, sugiriendo tal vez que las cervezas las abría con la boca.
— ¿Cómo iba yo a saberlo? A mí lo único que me importaba era que me la diera… lo dejé hace tiempo, es un vicio difícil de mantener.
Se hizo un leve silencio, el agente de Konoha meditó sus palabras y todo le parecía tan increíble como escalofriante.
¿Habría quedado una última deuda de dinero o mercancía antes de casarse?
—Karin no entregaba nada si no se le pagaba primero, era muy cuidadosa con el manejo de dinero, no creo que haya quedado algo pendiente ahí.
Kiba se puso de pie, el sujeto empezaba a tartamudear por no poder pronunciar algunas palabras, aunque no por ello había errado la suposición sobre algún motivo para matarla aclarándoselo en ese último comentario. Pero no tenía mucho sentido hablar con él al grado de alcoholización que ya estaba, si bien creía firmemente en que "los niños y los borrachos siempre dicen la verdad", simplemente nadie tomaría en serio el testimonio de alguien que llevaba quién sabe cuántos días ebrio. De momento, a su lista de cosas por revisar se agregaba lo de distribución en la zona para confirmar si no sería un ajuste de cuentas o algo parecido. Se despidió no esperando respuesta, su anfitrión ya brillaba por su poca cortesía.
Miró su reloj, iba bien de tiempo, podría pasar al refugio de animales para pedir la custodia del perro y mandárselo a Hana.
Afuera el cielo se mostraba gris. Ese paisaje monocromático aún en un bosque que era reserva natural, se figuraba habitual en el país por lo que notaba, donde los verdes apenas se distinguían siendo muy diferentes a sus brillantes robles de Konoha. Aquella eterna vista incolora le deprimía en exceso y eso no era un sentimiento con el que se encontrara particularmente identificado aún tras el incidente de su amigo, ese papel melancólico se lo dejaba al propio Sasuke. Pero aunque su compatriota combinaba con el lugar, sentía que permanecer ahí no era sano para nadie.
Irónicamente la mayor fuente de ingresos era el entretenimiento.
.
Sasuke arrojó con violencia la chaqueta de cuero negro a Naruto que dormía en el sillón, su sillón más concretamente. El rubio apenas emitió un gruñido por respuesta y volvió a acomodarse.
—Levántate, Naruto, tengo que irme al trabajo y no pienso dejarte solo.
—Que considerado…— masculló el otro sin abrir los ojos.
—Si no es por ti, me preocupa lo que puedas destrozar.
—Idiota.
Sasuke se puso el saco negro y dirigió una última mirada a Naruto que ya se ponía de pie con remilgos tal como niño pequeño que no quiere ir a la escuela, frotándose los ojos, bostezando, estirando la espalda.
— ¿No vas a ofrecerme nada para desayunar? — preguntó quejumbroso.
—Yo no soy ni tu madre ni tu esposa. Si tienes hambre hay como quince cafeterías en todo Otogakure.
—Serás ingrato.
—Yo no te pedí que vinieras. Ahora, lárgate — dijo caminando hacia la puerta para enfatizar más el deseo de echarlo. Inocente de él que pensó que tras la noche en el bar se iba a librar de su ruidosa presencia. El rubio avanzó con lentitud propia de quien quiere seguir durmiendo largo rato, maldijo quedamente pero enseguida lo hizo con más fuerza abriendo los ojos de golpe al tiempo en que de un salto regresaba al interior del departamento cerrando la puerta de golpe apenas y acallando con ello el bullicio de afuera.
Sasuke estaba igualmente desconcertado, y para mayor seguridad puso la cadena del seguro, luego miró a Naruto que había caído al piso sentado por la impresión.
— ¿Qué demonios fue eso? — preguntó el agente Uzumaki sin estar seguro si aquello había sido solo una invasión de cámaras fotográficas con vida propia o una turba de reporteros maniáticos que habían dicho "bebé" "despecho" "romance" y "amante" en algunas frases. Miró a Sasuke que había cerrado los ojos conteniendo un leve pero creciente enfado.
—Si acaso en el diario del medio día sale algo de ti relacionado conmigo…
La amenaza no terminó, el teléfono de Naruto interrumpió.
Comentarios y aclaraciones:
Y la trama se tuerce en caminos impensables.
¡Gracias por leer!
