Jueves 5 de Mayo de 2011

11:00 hrs

Otogakure, País de los Campos de Arroz

El procurador de justicia de Otogakure, Kaguya Kimimaro, declara que Uchiha Sasuke no es sospechoso de la muerte Uchiha Karin pese a las declaraciones de violencia familiar que han salido a la luz durante los últimos días.

Durante una rueda de prensa el procurador de justicia descartó la posibilidad de acusar formalmente al viudo de la víctima incluso bajo los cargos de encubrimiento puesto que no existe evidencia de que él planificó el asesinato de su esposa.

También abrió brecha para negar cualquier tipo de trato no profesional entre el equipo de investigación de apoyo proveniente de Konoha, y los implicados en el caso, eso en relación a las múltiples sospechas de que Sasuke estuviera involucrado sentimentalmente con uno de los miembros de la investigación; Uzumaki Naruto.

Kaguya desacreditó las fuentes que aseguraban la supuesta relación basada en la convivencia en Konoha durante la estadía de Sasuke en el País del Fuego, tachándolas de sensacionalistas sin fundamentos.

Finalmente incitó a los medios a demostrar objetividad en el caso y no obstaculizar ni complicar el trabajo de los investigadores, retomando además, el compromiso de agilizar la búsqueda del culpable del atentado que causó el retiro de uno de los elementos extranjeros.


Neji sonrió de medio lado tras el sincero comentario de Sai que pretendía dar apoyo a su amigo respecto a su homosexualidad.

—Siempre lo sospeché, Naruto-kun, y no es algo por lo que debas avergonzarte.

— ¡Ya te dije que no lo soy! — chilló el rubio cruzado de brazos, consciente de que si se lanzaba en contra del pálido operador, todos los presentes lo detendrían, tal como lo habían hecho las tres veces anteriores.

—La homosexualidad, de hecho, es una práctica común en muchas culturas…

— ¡Sai!

Kakashi rió por lo bajo al ver el rostro enrojecido de Naruto que había llegado corriendo como si lo siguiera el diablo luego de que Sasuke lo echara del departamento como cordero al matadero frente a todos los reporteros.

—Naruto, cálmate, piensa que mientras más rápido podamos resolver esto, más rápido nos iremos y la gente olvidará que pasaste la noche con Sasuke…

— ¡Que no pasé la noche con él! ¡Bueno, sí, pero no! ¡No fue como "pasar la noche"! ¡Me quedé a dormir! ¡Pero no con él!

Neji salió de la habitación sin despedirse para tomar una llamada. Tras él, Kiba, que iba a su habitación para tomar su equipo y salir a hacer otro recorrido.

— ¡Y no voy a volver a salir! ¡Dattebayo! ¡Los reporteros aquí están locos!

—Si quieres quedarte encerrado, que sea en tu habitación, yo tengo trabajo — sentenció finalmente Kakashi tomándole de los hombros para sacarlo.

— ¡Kakashi-sensei!

—Nos vemos — le guiñó el ojo con burla y cerró la puerta.

Kakashi se llevó una mano a la boca para borrarse la mueca que le había surgido tras leer en el diario que Sasuke Uchiha tenía por amante de consuelo al famoso agente Naruto Uzumaki.

—Las cosas que suceden cuando no actúas con cuidado — señalo Tenzō moviendo la cabeza de un lado a otro a modo reprobatorio.

—Sí, lo sé, y hablando de cuidado ¿Alguien ya tiene algo de Orochimaru? — preguntó Kakashi sentándose al lado de Sai, este no le miró y siguió trabajando en la computadora.

—No, es difícil entrar y una vez que me cuelo en algún archivo prometedor, resulta que mudaron el contenido ¿No es frustrante? — comentó el chico sin denotar en su rostro la mínima expresión de lo que pretendiera demostrar con su aseguración, por el contrario, los demás si externaron de algún modo el bajo ánimo.

.

Neji aguardó afuera de la habitación pero hablaban en voz muy baja, ya había terminado su llamada desde hacía varios minutos, pero permaneció en su lugar tratando de pescar con el oído cualquier cosa. Molesto, como se encontraba en esos momentos, se decidió a efectuar el plan que había armado el día anterior durante su larga estadía en la cafetería.

Apretó los puños, tensó la quijada, pero no habría poder humano o divino que le detuviera. Estaba sencillamente harto de tener la sensación de que solo se burlaban de él, de que se pasaran de largo su esfuerzo no solo en la universidad, sino también desde que se graduó, rehusándose a tomar lugar en el despacho de la familia, trabajando por cuenta propia.

¡Tanto trabajo para que no lo consideraran parte real del equipo!

—A ver si controlas esto, Sai — dijo sacándole el freno a su auto que no abordó, mirándolo avanzar lentamente cuesta abajo, ganando velocidad con la pendiente hasta estrellarse con un viejo poste transformador de energía, enseguida los cables se tensaron hasta romperse agitándose con la corriente eléctrica, causando destellos y el movimiento de un lado a otro.

Corrió a toda prisa hasta donde pudo aproximarse sin peligro, llevando cuenta regresiva desde diez, porque diez segundos era lo que le tomaba entrar en funcionamiento a la planta de emergencia que habían conectado para el equipo de Sai. Solo tenía que hacer algunos conectes automáticos desde ahí hasta su habitación para que cuando reiniciara el sistema, la computadora de él se conectara también sin que nadie sospechara nada dejándole abierta la puerta para revisar qué era eso tan importante que nunca le decían para anexar al reporte.

Miró con tranquilidad desde abajo ocultando la llave del auto en la bolsa de su pantalón, Kakashi se asomaba por la ventana.

— ¡Hey! ¡Neji! ¡Espera a que controlen eso para pasar por la calle! ¡No queremos accidentes!

Asintió aunque no había necesidad de decirlo, no pensaba lanzarse sobre los cables con corriente. Hizo un gesto con la mano. Ahora solo debía llamar a la aseguradora, afortunadamente había comprado la póliza internacional.

—… Sí, creo que no sirvió el freno… yo estoy bien, solo fue el auto… Muy amable, hasta luego.

Sonrió triunfante. No le decían genio por tener notas altas en el colegio.

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Kiba deambuló un rato buscando la dirección que había conseguido. Sería infinitamente más fácil encontrarla si todas las viviendas y negocios tuvieran visibles la numeración, o si el buzón incluyera algún indicio del apellido de la familia que ahí vivía.

Contando uno por uno, calculó que el que buscaba era un edificio departamental de color rosa apagado. Lentamente se acercó a la puerta buscando el menú de timbres, pero no había tal. La puerta estaba abierta así que entró llamando al casero con los buenos días aunque ya eran casi las doce.

Miró a todos lados, los buzones de vecinos tampoco estaban identificados y bajo los doce casilleros azules, había tres pilas de diarios, inclinándose al frente descubrió que no eran del día.

—Creo que en esta ciudad emiten más ediciones de diario de las necesarias. — y eso ya lo había sospechado porque durante sus trayectos no había visto mucha gente, sin embargo, existía del periódico una edición "primera hora" que estaba a la venta desde las seis de la mañana, la "matutina" a las diez, la del "medio día" que en realidad estaba hasta la una de la tarde, "intermedia" a las tres, "vespertina" a las seis y "última del día" a las nueve.

—Aunque tal vez se deba a que no hay buena señal de Internet, de alguna manera hay que informar — siguió mientras avanzaba en búsqueda de quien le pudiera indicar si estaba en el domicilio adecuado o no.

Levantó el rostro al escuchar que alguien bajaba por las escaleras.

—Hola…— saludó sonriendo. Se trataba de una joven de largas piernas, corta falda, ajustado top de gran escote y pronunciado busto. Ella no respondió al saludo, pero le mantuvo la mirada mientras seguía su camino para dejar la bolsa negra de basura en los contenedores que estaban frente al edificio.

—Ah… perdone, señorita… busco a la señorita Fūma Kotohime… ¿Vive aquí?

La chica puso las manos en su cadera mirándole con gesto escrutiñador.

—Soy yo.

— ¡Ah! ¡Estaba ligeramente perdido! — exclamó Kiba luchando con el control de sus ojos para dejar de mirarle el busto consiguiéndolo con precario éxito.

— ¿Y usted es…?— pregunto ella sin dejar de analizarle de arriba abajo.

—Inuzuka Kiba…

Y se hizo un silencio incómodo del que pareció reaccionar el muchacho faltándole poco para abofetearse a sí mismo.

— ¡Ah! ¡Yo necesito hablar con usted! Soy del equipo de investigación de Konoha, es sobre…

— ¿Karin?

—Sí, sí, precisamente.

Ella le hizo un gesto para que la siguiera escaleras arriba, y aunque la idea de esperar dos o tres escalones abajo era tentadora, su sentido de la moral le hizo pensar en su madre y hermana, y lo que le dirían respecto a mantener el corto de una falda a la altura de la cara. Agitando la cabeza caminó a su lado, el ancho de las escaleras lo permitían.

— ¿Qué necesita saber? Aunque debo aclarar que hace años que la veo personalmente, nos llamábamos de vez en cuando, pero desde su muerte, la última llamada tendría uno o dos meses.

—Sí, me imagino que por eso no la llamaron a la declaratoria inicial… pero en realidad no estoy aquí por su muerte, sino porque estamos interesados en saber algo de su vida. Algo que haya hecho furia en alguien del pasado…

—Era ella muy agradable… no se me ocurre de alguien que la odiara.

Kiba abrió mucho los ojos buscando en su rostro alguna muestra de mentira, pero la chica, seria e inexpresiva, no parecía ser del tipo que se prestara a bromas. Con todo eso, definitivamente le parecía mentira, porque era la primera en toda su lista que le decía algo cordial sobre Karin, a quien todo mundo aparentemente quería pegarle un par de bofetadas.

—Pase. — invitó al interior.

La sala era cómoda, de un gusto elegante y muy tradicional; blanco y chocolate con un único detalle color rojo proporcionado por un ramo de rosas dispuestas en un jarrón sobre el pequeño comedor redondo que podía ver bien desde la salita de estar.

— ¿Puedo ofrecerle algo?

El agente se sintió soñado, también era la primera persona con la que no sentía ni abrumado -como con la anciana que lo obligó a comer muffins sin preguntarle antes- ni poco bienvenido -como otra vecina del barrio que le cerró la puerta en la cara-. Además era guapa.

—Un poco de agua, por favor…— en realidad no tenía ni hambre ni sed, acababa de almorzar, pero rechazar el ofrecimiento le pareció excesivamente grosero.

Ella inclinó un poco la cabeza y fue directo a la cocina tomando una pequeña charola de servicio sobre la que acomodó hábilmente dos portavasos, un par de servilletas de tela, un tazón de cristal con algunos cubos de hielo y sus respectivas pinzas de servicio. Con mucha ceremonia llenó una jarra limpia y dispuso también dos vasos a juego.

—Y si le hubiera pedido café…— murmuró.

—Aquí tiene.

—… Muchas… gracias…

Kiba no supo si debía servirse él o esperar a que su anfitriona lo hiciera, el vaso de agua parecía tener un protocolo incluido y él lo desconocía.

— ¿Cómo… cómo conoció a Karin?

Ella se inclinó al frente, Kiba cerró los ojos para no ver bajo la blusa que amenazaba con desbordar el contenido que apresaba. Kotohime no se percató de ello, o si lo hizo, disimuló al respecto y solo sirvió el agua.

—Fuimos compañeras de trabajo.

— ¿En alguna de las tiendas de discos?

—No. En la casa de citas Mandala…


Comentarios y aclaraciones:

No me resistí al escándalo con Naruto, era inevitable.

¡Gracias por leer!