Capítulo 17
Algunos meses después
«Emma, si continúas faltando y sin estudiar acabarás suspendiendo. Siempre has sacado notas excelentes, pero has abandonado todo desde que Regina se fue de la escuela» Gold conversaba con la muchacha.
«No me importa más este sitio, no soporto escuchar la palabra escuela y no aguanto más mirar a la cara a mis padres» la rubia hablaba con los ojos llenos de lágrimas «¡La echo de menos, señor Gold! Cuando estaba con Regina, todo estaba bien por el simple hecho de que ella me sonriera o me abrazara» se enjugó una lágrima «Tres meses han pasado y ella no responde a mis mensajes, no me devuelve las llamadas, resumiendo, no da señales de que esté viva»
«Ella no quiere que sigas sufriendo, tampoco está siendo fácil para ella. El lanzamiento de su libro fue un éxito, pero me ha repetido varias veces que lo único que querría es estar contigo…» Zelena, que estaba sentada al lado de la muchacha, la atrajo para un abrazo «¡Emma, tienes que centrarte! Primero de bachillerato, mi amor…Piensa un poco en ti»
«Admiro mucho tu valor para seguir intentando contactar con ella, Emma. Pero está siendo demasiado doloroso para ambas partes, puedo decir que conozco a Regina desde que era pequeña, y nunca pensé que dejaría de impartir clases a causa de un enamoramiento o algo parecido. Realmente te ama y no quiere verte sufrir, aunque ella se esté hiriendo mucho más por eso» Gold se sentó al lado de la muchacha «Estamos hablando contigo en su nombre, sabe lo de tus notas y nos pidió que volvieras a ser la muchacha que ella conoció, su pequeña. Solo queremos tu bien…Regina quiere tu bien, hazlo por ella»
Gold sabía que estaba siendo duro con sus palabras, pero tenía que hacer que la muchacha despertara, porque si continuaba de esa manera, perdería el año.
«Necesito hablar con ella…» Emma lloraba aún abrazada a su profesora y amiga
«¿Vamos a hacer un trato?» Zelena tuvo una idea que podría hacer que la muchacha se esforzara más «Escribes una carta y yo se la entrego, ella te escribe otra y te la doy. Una última comunicación entre las dos…»
Emma abrió una enorme sonrisa y Gold desorbitó los ojos, porque el acuerdo con los padres de la muchacha era cortar todo contacto entre ambas.
«Voy a fingir que no he escuchado eso…» el hombre se puso las manos sobre los oídos fingiendo no escuchar, y Zelena se echó a reír.
«Yo me hago responsable en esta ocasión…» le guiñó un ojo a la muchacha y le limpió las lágrimas que descendían por el rostro de la muchacha «Pero necesito que mejores tus notas, ahora el trato es entre tú y yo, Emma» dijo seria y la chica asintió
La muchacha salió corriendo de la dirección y se fue derecha al jardín, solo así tendría paz para escribir lo que quería.
«Puedes llevársela…» Emma le entregó la carta a Zelena
«Hoy mismo voy a su casa» la pelirroja sonrió y abrazó a su alumna.
Durante esos meses que habían pasado, Emma cambió totalmente de personalidad. La muchacha comenzó a salir por las noches y no volvía a casa, se saltaba las clases, comenzó a beber en exceso y ya no le importaba nada, sencillamente dejó de lado a la pequeña Emma para dar paso a la Emma mujer.
Regina, mi amor…¡Te echo de menos!
Las cosas se han vuelto complicadas desde que tuvimos que acabar algo que apenas había comenzado, ya no soy la Emma de antes y te pido disculpas por ser débil. No he conseguido lidiar con todo esto y me he vuelto un monstruo, una persona fría y a la que le importan poco las demás personas.
He salido todos los días, me estoy hundiendo cada día más intentando superar este deseo de ir hasta tu casa e implorarte que regreses a mí, pero no lo voy a hacer. ¡Mi promesa fue volver a encontrarte en cuanto termine la escuela y puedes tener la certeza de que lo voy a cumplir! Soy tuya, mi reina…¡Siempre lo seré!
Pocas personas lo saben, pero tengo cita para hacerme un tatuaje dentro de tres días. Me voy a tatuar las iniciales de tu nombre y apellidos en mi muñeca, así siempre te tendré conmigo.
Me enteré de que el lanzamiento de tu libro fue un éxito y tengo que confesarte que a través de él, te he leído a ti, no te extrañe lo que voy a decir…Compré tu libro y está dentro de mi mochila todo el rato, cuando la nostalgia es muy fuerte, lo leo y recuerdo los momentos en que estuvimos juntas, la primera vez que entré en tu casa, en tu despacho y sobre todo en tu habitación.
Estoy escribiendo y es imposible no llorar, existe un agujero en mi pecho y solo va a llenarse cuando estemos juntas de nuevo, y pueda mirar tu perfecta sonrisa y mirar esos ojos que me transportan a otro mundo.
Ya no logro comer ni dormir como Dios manda, siempre que cierro los ojos apareces tú en mi mente y entonces llegan mis deseos de tirar todo por la borde y huir contigo, pero eso nos causaría una problema mayor a las dos.
Quiero que sepas que por ti voy a intentar volver a ser la Emma de antes, intentar recuperar la inocencia y la vida llena de color que en mí habitaba.
Tú serías Capitu, sí…Eres mi Capitu, todo comenzó con Don Casmurro y será así que voy a cerrar esta carta.
«Ahora bien, ¿por qué ninguna de esas caprichosas me hizo olvidar a la primera amada de mi corazón? Quizás porque ninguna tenía los ojos de resaca, ni los de gitana oblicua y disimulada…»
Te amo, Regina…Y sueño todas las noches con el día en que volvamos a encontrarnos.
¡Añoranza!
Regina terminó de leer la carta y no podía dejar de llorar, no quería haber herido a la muchacha y se culpaba todos los días por eso.
La morena tuvo un notable éxito con su libro, estaba ganando mucho dinero y por fuera estaba bien. Pero lo que nadie sabía es que estaba muerta por dentro, su corazón ya no era el mismo sin tener a Emma cerca.
No ha podido estar con nadie desde que vio a la rubia salir por la puerta de su casa y prometiendo que en dos años se reencontrarían, ella la amaba y estaba dispuesta a esperar el tiempo que fuera necesario.
Regina continuaba escribiendo el libro sobre su romance con la rubia, y pasaba noches y noches llorando. A veces, se quedaba sentada en la plaza donde siempre se veían, recordando el día en que se declararon.
«Vamos a estar juntas, mi pequeña…Eso lo sé» murmuró para sí misma y le dio un beso al papel que estaba en sus manos.
