Sasuke Uchiha
Karin salió corriendo sin despedirse ni nada. Aún podía verla por el cristal que separaba su oficina de la recepción, y no fue sino hasta que entró al ascensor, que Sasuke tuvo la certeza de que se había marchado. Con el ceño fruncido se acercó al escritorio descolgando el teléfono y presionó para regresar al último número marcado. Un timbre, dos…
—Ha llamado a Placeres Prohibidos, me gustaría hacer su fantasía más oscura realidad…
Sakuke colgó de inmediato antes de que aquella voz masculina, que se le figuró como de un stripper caro, terminara de turbarle las ideas haciendo que se olvidara siquiera lo que pretendía regresando la llamada que pilló de Karin.
— ¿Qué demonios?— preguntó en voz alta pero más para sí mismo que para alguien más.
Algo dentro de él empezó a bullir con violencia ¿Karin frecuentaba un club de strippers?
Encendió su computadora portátil y se dejó caer sobre la silla. Lo iba a ignorar. Iba a fingir que no había sucedido nada, que no sabía nada. Para el caso, ella igualmente podía tener algún escape a lo que se había convertido en una monótona rutina matrimonial, mientras conservara el decoro de no dejarse ver frente a conocidos comunes no él importaba…
No, no le importaba.
Abrió el archivo de los documentos que Orochimaru le había ordenado cambiar. Cotejando con el impreso uno a uno fue haciendo las correcciones pertinentes, pero su mente se rehusaba a dejar el asunto de su esposa por completo.
Su vida sexual era más activa de lo que podría suponerse por la disfuncionalidad misma del matrimonio, no podía quejarse de que la desatendía por las noches… ¿Ella lo veía así? ¿No consideraba suficiente lo que recibía?
Sacudió la cabeza, no necesitaba de una mujer para que reafirmara constantemente su hombría, no tenía quince años, no tenía porqué sentirse afectado solo porque la mujer con la que compartía cama desde hacía años requería de atención especializada para complacer la intimidad.
Miró de reojo, nadie se encontraba en la recepción o la sala de espera. Su secretaria hojeaba distraídamente una revista, así que no le pondría atención a menos que la llamara, cosa que no haría. Rápidamente abrió el buscador de internet y tecleó el nombre del lugar que había atendido la llamada.
Placeres prohibidos…
Un sitio de internet con intro musicalizado le dio la bienvenida con el mismo slogan.
Hacemos tu fantasía más oscura realidad.
Optó por saltar el resto, realmente no quería saber. El sitio era realmente sencillo de navegar, tenía incluso tres sucursales en todo el país y ofrecía distintos tipos de servicios, desde las clásicas despedidas de soltera, los shows en vivo, hasta acompañantes para cenas formales y bailes privados. Incluía un catálogo completo de todos los trabajadores, bailarines y acompañantes.
—Este tipo no puede tener más de quince…— masculló al ver la fotografía de un muchacho completamente depilado y complexión delgada aunque bien tonificada.
Tras unos minutos comprendió un par de cosas como denominadores comunes: cuero, esposas, látigos y arneses.
Cerró la ventana y respiró profundamente.
Volvió a enfocarse en la correcciones pendientes. Si hubiera habido alguien más en la oficina, sin duda alguna le hubiera hecho una observación respecto a que estaba a punto de romper una o dos teclas por los golpes que daba.
Cerca de las seis y media de la tarde ya había terminado todo lo pendiente. Con pulcro cuidado acomodó todo en su lugar, mandó a impresión los archivos, los acomodó en sus respectivos folder, despejó el escritorio, tomó su saco y salió dejándole dicho a la chica en recepción lo que era para Orochimaru, que iba a salir y no quería ser molestado.
El restaurante en que comúnmente quedaba con Sakura se encontraba a varios kilómetros a las afueras de la pequeña ciudad. Era un páramo muy privado, casi exclusivo con vista a un enorme lago y una excelente cocina. Lo había descubierto casi por un estúpido accidente en el que la anterior secretaria, ya entrada en años, equivocó la dirección de una cita programada. Pronto se volvió el lugar perfecto para verse con una mujer tan peculiar e inconfundible como Sakura, principalmente porque parecía ser el punto de reunión de todos los empresarios y sus queridas.
Llegó a las siete con cinco, un idiota le robó tiempo en un semáforo, pero Sakura no era impaciente, ya lo había esperado hasta una hora en otras ocasiones. Personalmente no le gustaba la impuntualidad, pero si había trabajo, nada se podía hacer.
En la recepción, no fue necesario ni dar su nombre ni comentar que ya tenía reservación, inmediatamente le condujeron hasta la mesa, Sakura se apresuró a darle el encuentro besándolo con cierta desesperación, él la dejó, hacía más de una semana que no se veían. Apenas se separaron tomaron sus lugares, el mesero le sirvió lo usual; un awamori con agua y hielo*. Sasuke se bebió casi la mitad de un solo trago. Realmente no pensó que lo fuera a necesitar tanto.
—Quería verte — dijo Sakura tímidamente acomodando su largo cabello rosa aunque este no se había movido del peinado.
— ¿Muy ocupada la semana? — preguntó Sasuke evasivo.
—El postgrado… he estado haciendo unos estudios… la situación del sistema de salud es grave, he estado trabajando en eso, muchas personas no tienen acceso ni a los servicios más elementales, la tasa de mortalidad por enfermedades que tiene tratamiento preventivo es alarmante, no entiendo cómo es que no ponen atención en esos puntos — dijo ella hablando con naturalidad y exaltándose por momentos.
—Ni creo que lo hagan, a menos claro, que solo queden veinte personas en todo el país, entonces quizás haya algo de impulso.
—Es realmente triste, creí que siendo Orochimaru-sama un estudioso de las ciencias médicas quizás…
Una mueca de Sasuke la interrumpió, era como un intento de risa, él se llevó el vaso de su bebida a la boca solo para encontrarse con que solo quedaban los hielos, hizo un ademán al mesero y este acudió para retirarlo y traer otro.
—Él no es médico, lo suyo es Ingeniería Genética y Otogakue no apoya nada relacionado a ello, por eso creó Manda Ōkyū, para poder financiar sus investigaciones — explicó sin mirarla. Por alguna razón estaba seguro de que eso ya se lo había dicho antes ¿O había sido a Karin?
—Si quieres hacer lo que sea en este lugar, tienes que tener otra empresa que lo respalde — agregó.
Sakura se sonrojó y alcanzó el vino de uva espumoso que ella había ordenado.
La cena transcurrió como solía ser entre ellos. Ella le hablaba del trabajo, del lugar, como si Sasuke no conociera nada de la ciudad, lo que era en sí una curiosa realidad pese a que ambos vivían ahí. Él era más dado a estar horas en el trabajo, frecuentaba pocos lugares porque no le interesaba la gente, cosa contraria a su compañera que se había adjudicado la labor de benefactora para la clínica en la que trabajaba y para todas las personas que ahí llegaban.
No permanecieron mucho tiempo una vez que terminaron de cenar. En algún momento entre el postre y la última copa, creció una necesidad que apresuró cualquier deleite del jazz que ambientaba el salón. En el auto de Sasuke llegaron a la pequeña casa de la joven doctora despojándose de toda ropa en el camino.
Besos, caricias bruscas y un encuentro que buscaba recuperar el tiempo que no se habían visto. Por momentos Sakura se dejaba llevar pero casi siempre, al final, ella tomaba control para terminar como eligiera y nadie se quejaba por ello.
La luz de la luna entraba por la ventana del dormitorio. Sasuke ya se había recobrado y sobre su pecho sentía la respiración de Sakura aún apresurada por el esfuerzo. El silencio se extendía y envolvía todo con una paz que se vio quebrada nuevamente por el recuerdo de la impertinente llamada que regresó en su oficina. Él estaba ahí con Sakura y muy seguramente Karin se estaría besuqueando con el mocoso del club de strippers.
— ¿Sasuke?
Supo en ese momento que no había podido ocultar la molestia de su expresión y trató de recobrar la neutralidad con la que usualmente estaba.
— ¿Qué sucede?
—Nada…
Quizás lo tenía amordazado y amarrado en la cama con la seguridad de que él no estaría sino hasta la mañana siguiente.
¡En su cama!
¡La que él había comprado! ¡Con las sábanas que él había elegido!
Se incorporó bruscamente pero Sakura ya se había movido.
—Tengo que irme — dijo de pronto.
La joven de rosados cabellos solo atinó a bajar la mirada. Hacía mucho que no rogaba por unos minutos más, ella había aceptado conscientemente a conformarse con las migas de tiempo y atención, porque se había convencido a sí misma que eso era suficiente, porque el simple hecho de que accediera a verla, a tener esas noches secretas a su lado, era prueba suficiente de que sentía algo por ella.
Lo miró vestirse con prisa y cierta molestia para luego salir apenas dedicando un escueto "Nos vemos".
Viéndose sola en la cama no se molestó en acompañarle a la puerta. Se recostó abrazando la almohada que aún conservaba el olor de su colonia.
De la casa de Sakura a la suya era casi media hora de camino. Convenientemente estaba lo suficientemente apartada como para no lidiar con vecinos molestos o calles céntricas abarrotadas por gente sabía el cielo de dónde salían si Otogakure el lugar más desolado que había encontrado para vivir. Las luces del barrio le dieron la bienvenida, el guardia de noche apenas dio una mirada al auto reconociéndolo enseguida así que no interrumpió su camino.
En su casa las luces del piso superior estaban encendidas. Aquello que se había agitado en su interior durante la tarde volvió a retorcerse. Dejó el auto mal acomodado, abrió la puerta principal y corrió escaleras arriba. La música estaba a un volumen demasiado alto, los vecinos le darían lata por ello en la mañana ¡Pero al diablo con ellos!
Abrió la puerta del dormitorio y esta rebotó contra la pared haciendo tal estruendo que Karin chilló dejando caer el libro que tenía en las manos.
Sasuke se quedó en una pieza con la mano extendida para frenar el abatimiento con el que la puerta pensaba responder el brusco acto de su llegada.
Karin estaba sobre la cama vestida con un coordinado de licra color lila que ya le había visto varias veces antes porque a ella le gustaba demasiado; una camiseta de tirantes finos muy ceñida y bajo la cual no usaba sujetador con pantaloncillos demasiado cortos, apenas para cubrir lo necesario. Sobre las sábanas blancas había un reguero de hojas, otros libros, unos cuadernos de apuntes y varias cosas más de papelería.
— ¡¿Qué mierda pasa contigo?! ¡Casi me matas del susto! — gritó bajándose de la cama, acomodándose los lentes y directo a apagar el reproductor de música.
Sasuke no dijo nada, solo cerró los ojos.
—Pensé que no llegarías — murmuró Karin con las manos sobre la cadera.
— ¿Eso hubieras querido? — preguntó bruscamente.
— ¿Ya cenaste?
—…Sí…
Karin lo examinó minuciosamente, se acercó despacio y aspiró el olor que había detectado muy sutilmente pero quería confirmar. El aroma dulzón de un perfume que no era suyo le arrancó un gruñido y no tardó en darle una bofetada al hombre frente a ella, luego lo empujó hasta asegurarse que podía cerrar la puerta y así lo hizo tan fuerte que hizo vibrar los muros.
— ¡Eres un imbécil Sasuke Uchiha! — chilló desde adentro y volvió a encender la música.
Sasuke siguió de pie frente a la puerta unos momentos más. La mejilla le ardía, ella no se había contenido al pegarle y pensó que se lo merecía, no por Sakura, sino por no haber cuidado los detalles de siempre o al menos tener la delicadeza de fumarse un cigarro antes de entrar para disimular cualquier cosa. Podía ser muchas cosas, pero no cínico, eso lo había odiado siempre de su padre y no tenía deseos de serlo él también.
Para cuando reaccionó, unos minutos después, fue consciente de que iba a tener que dormir en la habitación de huéspedes. De haber sido menos impulsivo, podría haberse quedado con Sakura.
Pero ya no importaba, de cualquier forma Karin solo estaría molesta unos días, quizás para el fin de semana todo volvería a la normalidad. Por unos instantes deseo que ya quedara embarazada, quizás un hijo limaría las asperezas del matrimonio insulso, la mantendría ocupada el tiempo suficiente como para prescindir de sus citas con strippers y él… quizás reconsideraría seguir viendo a Sakura.
El dormitorio de invitados no era nada pequeño, aunque no entendía porqué Karin insistía en tenerlo siempre listo si nunca recibían a nadie, se alegró de que hubiera sábanas limpias y almohadas. Se quitó el traje resignado a pasar la noche en ropa interior, se metió a la cama, enlazó los brazos bajo su nuca y contempló el techo un rato antes de quedarse dormido.
A la mañana siguiente, el sonido distante de la alarma de su teléfono móvil fue lo que le obligó a abrir los ojos. Le costó un par de segundos comprender que no estaba en su habitación, pero apenas lo hizo caminó a la recámara principal para ver si podía obtener un traje y una camisa limpia o tendría que ir al trabajo en calidad de juerga.
Para su sorpresa, Karin lo dejó pasar, pero regresó a la cama cubriéndose completamente con el edredón, rehusándose siquiera a darle los buenos días. Tampoco Sasuke se empeñó en formalidades, le hablaría tarde o temprano.
Usó el cuarto de baño, se afeitó, peinó y arregló como hacía todos los días. Solamente tomaría algo de café ya que no había desayuno preparado.
"Ni que fuera una gran pérdida" dijo para sus adentros recordando lo pésima cocinera que era su esposa.
Miró el reloj.
Las siete y diez. Llegaría absurdamente temprano a la oficina, pero no podía estar más tiempo ahí.
—Paso por ti a las seis — dijo casi como un murmullo. Quizás podía adelantar el proceso del perdón si la llevaba a cenar a un lugar decente y le compraba alguna cosa. Pero no hubo respuesta.
Abajo tuvo a tiempo una taza de café mediocre, cortó una rebanada de pan de mantequilla que había comprado Karin la tarde antes y tomó una manzana del frutero. Su intento por matar tiempo había sido infructuoso, eran exactamente las siete con veinte.
Salió de la casa con una amarga sensación subiendo por la garganta a su boca y un malestar general.
¿Cuánto había bebido la noche anterior? Dudaba que lo suficiente como para tener un fantasma de resaca.
Comentarios y aclaraciones:
*awamori= bebida alcohólica hecha con arroz y no es producido por fermentación como el sake sino por destilación.
¡Gracias por leer!
