Sakura Haruno

Sakura terminó de mecanografiar la receta en la vieja pero fiable máquina de escribir que había traído desde el desván de la casa de sus padres en Konoha, la revisó para confirmar que no olvidaba nada de información, y después de firmarla, la entrego al chico que tenía frente a ella, que había acompañado a su abuelo para la revisión que le correspondía.

—Recuerde que debo verle en quince días para valorar la mejora con el medicamento — agregó con su suave y amable voz de profesional.

—Gracias, doctora — respondió el chico, codeando al anciano que aparentemente no la había escuchado, pero al reaccionar, lo hizo dando las gracias también. Ambos se marcharon y enseguida pasó una señora entrada en años pero que aún no alcanzaba la definición de anciana. Su sobrepeso la hacía caminar lentamente y bamboleándose de cierta forma que su vestido se agitaba como si fuera una campana de enormes flores rojas.

—Doctora, yo sigo cada día peor — dijo con evidente angustia entregándole un enorme sobre blanco del cual Sakura sustrajo unas impresiones de ultrasonido que colocó sobre su proyector, donado generosamente por su maestra de Konoha luego de que le confesara que en todo el hospital de Otogakure, no había ni uno solo y los médicos revisaban las radiografías sobre las ventanas, o directamente el foco del consultorio.

—El ginecólogo ha descartado que sea la matriz — dijo Sakura con un tono cansado.

—Yo digo que es cáncer, doctora.

La joven médico levantó las cejas con actitud incrédula. No era la primera paciente que se diagnosticaba por su cuenta en base a lo que escuchaban de amigos y vecinos, pero era la primera que daba una declaración con un diagnóstico tan grave, sin inmutarse siquiera.

—Ya le hicimos las pruebas, el patólogo y el cancerólogo descartaron que sea eso — agregó.

— ¡Hágalas de nuevo, doctora! ¡Tengo viniendo aquí más de ocho años y nadie me dice nada! Ya mis hijos no me soportan, dicen que solo me invento enfermedades para llamar la atención y que estoy bien.

Al hablar, a la mujer se le había quebrado la voz, buscó entre su enorme bolso un pañuelo y se limpió un par de lágrimas.

—Mi hija, la menor que vivía aún conmigo, se fue de la casa la semana pasada, dijo que ya no quería estar escuchando mis quejas… pero… pero… de verdad me siento mal… me duele todo, estoy tan cansada…

Sakura se puso de pie y caminó hasta el otro lado del escritorio ocupando la silla de visitas contigua a la de ella. Pasó su mano por la espalda de la mujer.

—Yo le creo, y de verdad haré todo lo posible para saber qué tiene y cómo puedo hacerla sentir mejor.

La señora lloró un rato más, alternando con breves lapsos de tos, pero consiguió calmarse lo suficiente como para terminar la consulta.

Fue la última paciente que revisó antes de la hora de comer. Pero cuando la hubo despedido en la puerta, en lugar de ir al comedor como sus colegas, bajó al laboratorio donde aún estaba a tiempo para alcanzar al patólogo.

El hospital era ridículamente pequeño a comparación de cualquiera de Konoha. Por fuera eran visibles cinco pisos, los dos primeros eran de consultorios, y el resto de amplias habitaciones comunales para los pacientes que debían ser ingresados. Hacia abajo, se encontraban tres sótanos que albergaban todos los laboratorios necesarios, sala de autopsias y depósito de cadáveres. Y aunque, en teoría cumplía con todo reglamento para poder operar, ella veía carencias por todos lados. Había especialistas de distintos tipos, pero la mayoría no podía dar consulta decentemente porque el equipo que había; o estaba averiado o estaba definitivamente inoperable.

El patólogo era un hombre muy pequeño, medía a lo mucho un metro con cincuenta, así que para saber si estaba en el laboratorio, no servía de nada mirar por el cristal de la puerta, había que entrar.

— ¡Buenas tardes! — dijo abriendo la puerta.

— ¿Haruno-san? Pase, pase, estaba por salir, apenas y me encontró — respondieron desde una de las esquinas.

Sakura vio la cabeza asomarse por encima de una de las mesas y cerró la puerta a su espalda.

—Lamento molestarlo.

—No pasa nada, casi nadie me visita, como envío a mi asistente a entregar los resultados a cada consultorio, no creen necesario bajar a este lugar. Tome asiento, por favor.

—Gracias.

Sakura ocupó la silla que estaba frente al escritorio de la computadora mientras que él tomaba el banco de la mesa de estudio, que era considerablemente más alto, por lo que ambos terminaron a una altura mas o menos similar, lo suficiente para poder tener una conversación de frente.

— ¿Qué necesita?

—Verá… es sobre la paciente Arisa Esiru.

— ¿Arisa Esiru?

—Hace como dos meses que envíe una muestra, de una hernia umbilical.

— ¡Hernia umbilical! Mujer, cincuenta y ocho años, antecedentes de diabetes e hipertensión. Ya lo recuerdo ¿Qué pasa con ella? ¿Cómo sigue?

—No muy bien… ya agoté todos los diagnósticos y no entiendo qué pasa con ella. Insiste en que aún le duele.

El hombre se encogió de hombros.

—Hay personas con umbrales de dolor muy bajos, además, su diabetes no ayuda, cicatriza muy lento.

Sakura sacudió la cabeza.

—Bueno, estaba seguro de que había cáncer, pero Aoyada-senpai rechazó eso, bueno, no soy experto, le dejaré la opinión canceróloga a él.

La joven médico de cabello rosado le miró estupefacta.

— ¿Tuvo sospecha de cáncer?

—Sí, por eso envíe una copia de los estudios también a él.

— ¡Por favor! ¡Doctor! ¡Se lo suplico! ¡Necesito un estudio extendido de ese caso! — dijo poniéndose de pie abruptamente e inclinándose.

— ¿Sakura-san?

—No intento ofender su trabajo, ni el de Aoyada-senpai, pero quiero otra opinión.

—Aoyada-senpai es el único oncólogo de la ciudad, Sakura-san, y no conozco a nadie más.

—Yo… yo… los enviaré a Konoha…— dijo, pensando que podría herir la sensibilidad de un médico de un pequeño hospital de una pequeña ciudad que de repente se veía comparado con un gigante como Konoha.

—Está bien, te lo tendré listo por la noche.

— ¡Muchas gracias!

Sakura sintió el impulso de besarlo, pero se contuvo, tampoco eran tan cercanos, aunque si se permitió el aceptar acompañarle a comer, si bien debían hacerlo deprisa porque ya habían perdido unos veinte minutos.

Tal como lo prometió, el reporte estuvo listo en la noche, al tenerlo en sus manos, Sakura debió sobornar a una de las chicas de recepción para que le permitieran usar el fax en privado. Primero marcó el número, al entrar el menú, marcó la extensión.

Dirección general, buenas noches.

— ¿Tsunade-sama? — preguntó.

¿Sakura-chan?

— ¡Me alegra que aún la pudiera encontrar! — exclamó verdaderamente aliviada, pues si hubiera tenido que esperar hasta la mañana siguiente, sin duda habría tenido una crisis nerviosa.

¿Qué necesitas?

Sakura hizo un mohín. Era la segunda persona que le preguntaba directamente qué necesitaba ¿Es que acaso ella solo llamaba cuando requería de favores? Analizaría más tarde eso.

— ¿Puedo enviarle unos análisis para una valoración?

Claro ¿De qué son?

—El patólogo está seguro de que se trata de un cáncer, pero el oncólogo lo niega, y bueno, aquí no hay nadie más para una segunda opinión.

Mándalos, tenemos turno nocturno, tendrás respuesta por la mañana ¿Está bien?

— ¡Excelente! ¡Muchas gracias!

No hay de qué. Ojalá podamos vernos pronto.

—Iré en Navidad, es seguro.

¡Esperaré casi un año!

—Trataré de ir antes, pero aquí hay mucho trabajo…

Descuida, la labor de un médico es prioridad, eso te lo enseñé yo.

—Y mucho más. Lo siento, pero debo colgar.

Adiós, cuídate mucho, Sakura-chan.

—Hasta luego.

El reporte era mucho más extenso y detallado que lo que había recibido ella hacía tiempo, pero al menos esperaba que ayudara en vista de que no podía simplemente enviar la muestra por correo y ya.

Sospechó que la noche sería larga, así que en cuanto llegó a su casa, llamó al móvil de Sasuke.

— ¿Podemos hablar? — preguntó en voz muy baja.

Sí.

Ella dejó escapar un suspiro de alivio.

— ¿Va a tardar en llegar?

No lo sé. No estaba cuando llegué.

—Quiero verte…

Quizás podamos resolver eso

.

Sakura atendía pacientes y miraba el reloj alternadamente. Para cuando se acercaba el medio día, y después de que se marchara un chico con una fuerte gripa, entró una enfermera mal encarada.

—Tiene una llamada — dijo escuetamente, pero la doctora ya sabía el resto, sin duda tenía que ser Tsunade.

— ¿Sí?

Sakura-chan… Los estudios que mandaste tienen dos meses y medio de haberse hecho.

—Lo sé.

Lo revisaron dos médicos, sin una muestra no es tan sencillo, están confiando ciegamente en el patólogo, y los dos están de acuerdo con él. Es positivo a cáncer.

Sakura se llevó una mano a la boca.

Sakura-chan, de acuerdo a los estudios, esta persona lo tiene demasiado desarrollado como para ignorarse ¡¿Cómo es que no notaste nada?! — dijo Tsunade muy seria, con un evidente note de reprimenda.

—Pero… — no sabía qué decir.

Por cómo cuentas que están las cosas allá, dudo mucho que tengan una unidad para quimioterapia ¿verdad?

—Sí la hay… pero… no se da abasto…

Ni hablar de otros métodos. Quizás si pudiera venir a Konoha, intentaríamos algo.

—No sé si pueda pagarlo, ella ya no trabaja, recibe manutención de sus tres hijos, pero creo que no se hablan desde hace mucho.

Está el programa de prueba, si acepta los riesgos, sabes que no tiene costo alguno e incluso se ofrece una gratificación — agregó, más calmada y casi consolando a la joven que se había notado sumamente afectada.

—Hablaré con ella.

Y Sakura-chan, tu oncólogo es un imbécil, o un hijo de puta.

—Lo sé — quiso sonreír pero no pudo.

Justo dejaba la recepción cuando entró precisamente la mujer de la que hablaba. Lucía como siempre, hasta el vestido era increíblemente parecido a los otros, de enormes flores solo que en esa ocasión, eran de un rosa brillante.

— ¡Arisa-san! — la llamó.

La mujer tardó en encontrarla con la mirada, solo hasta que la tuvo enfrente fue cuando pudo reconocerla. Entonces Sakura lo comprendió, que el vigor de la mujer cuando estaba en consulta, era un esfuerzo sobrehumano para aparentar estar bien.

—Cielo santo — dijo.

¡¿Cómo podía haber sido tan estúpida?!

—Ya no puedo, doctora — dijo en un quejido apenas audible y dejando entre ver sus dientes postizos cubiertos de sangre.

— ¡Traigan una camilla! — gritó enérgicamente señalando a una de las enfermeras que estaba haciendo nada particular recargada en la barra de recepción.

La señora pronto amenazó con desfallecer pero Sakura consiguió sostenerla en lo que llegaba lo que había pedido.

Rápidamente checó sus signos vitales, estaba realmente mal y su problema de presión no ayudaba mucho.

Al cabo de una exasperante media hora, finalmente pudo acomodarla en una de las habitaciones. Hasta el momento, había tenido que usar un ventilador manual para ayudarle a respirar y cuando estuvo instalada, el equipo de respiración artificial fue instalado y acomodado.

—Tranquila… yo la ayudaré — susurró, pero la señora ya no podía responderle.

—Haruno-san — llamaron detrás de ella.

La doctora permitió que las enfermeras hicieran su trabajo realizando el protocolo correspondiente tras el abrupto ingreso, mientras tanto, Sakura caminó junto al internista hasta su consultorio, justo al otro lado del pasillo.

— ¿Puede creerlo? ¡Es cáncer! ¡Hace dos meses envié la muestra y el cancerólogo lo negó! ¡¿Es que es imbécil?! ¡Un cáncer de este grado no se desarrolla en dos meses, ya debía tenerlo cuando le dieron el estudio! ¡Simio retardado! — exclamó completamente ofendida, y principalmente, frustrada.

—Haruno-san — volvió a llamar el internista tomándola con fuerza por los hombros para obligarla a detener sus reclamos y que le mirara.

—Aoyada-senpai es un experto — sentenció con severidad —, pero la unidad de quimioterapia está sobre su capacidad, esa mujer casi cumple sesenta, no trabaja y requiere cuidados especiales, el hospital no puede costearlos.

— ¿Qué… está… diciendo?

—Aoyada-senpai recibió a orden de negar el diagnóstico.

Sakura no volvió a preguntar, solo golpeó al doctor tan fuerte como pudo de tal forma que le derribo sobre el escritorio.

— ¡Y solo por eso pensaron que lo mejor era que se muriera de dolor! — estalló furiosamente. El hombre se llevó la mano a la zona afectada mirándola con recelo al tiempo en que se incorporaba.

—No vivimos en Konoha donde se pueden dar el lujo de pagar pensiones de personas de noventa años ¿O es que hubiera preferido que ella recibiera el pase para quimio en lugar del muchacho de doce que recibimos ayer? El chico tiene oportunidad de aportar algo, esa mujer solo sería un gasto. De todos modos ¿Cuánto más piensa que puede vivir? Así como están de jodidas las cosas aquí, la esperanza de vida en este país llega apenas a sesenta y cinco.

Sakura volvió a derribarlo de un golpe.

— ¡Un doctor no puede decidir quién merece vivir y quién no! ¡Pandilla de matasanos mafiosos! ¡Solo les importa el dinero, no los pacientes! — y diciendo eso, salió del consultorio yendo de regreso a donde estaba la mujer.

Se sentó a su lado, mirándola completamente diferente. Le habían quitado la dentadura y los labios se plegaban hacia adentro. Sin el maquillaje, pudo ver que ya no tenía cejas y varias manchas púrpuras se extendían sobre sus mejillas. El ventilador hacía un ruido deprimente que orquestaba ritmos junto con los demás y con los electrocardiogramas.

—Me gustaría avisar a su familia — dijo pensando en que el teléfono del expediente no serviría de nada, recordaba que le había dicho que su hija se había marchado de la casa.

Sintiéndose pequeña e impotente decidió dejarla. Otogakure no era una ciudad muy poblada, si revisaba la guía telefónica, seguro podría dar con algún pariente.

—Haruno-san — interrumpió una enfermera —. El director quiere verla.

Sakura se golpeó la frente con una mano.

—Qué estúpida soy — se reprendió por haber golpeado al internista, seguro le echarían un buen pleito por ello, y solo porque no había personal suficiente, quizás no la expulsarían.

El director era posiblemente el único director de hospital que tenía horas de consulta casi iguales a las de cualquier otro médico. Sakura lo respetaba por ello, por no desentenderse del déficit del hospital y limitarse a tareas administrativas, aunque la información recién obtenida le había hecho generar cierta antipatía por la profundas ojeras del hombre ganadas a fuerza de trabajo forzado.

—Comprendo su reacción ante la noticia que debió haberle dado Shigure-san, pero de ninguna forma justifico una acción violenta, menos aún viniendo de un profesional capacitado.

Sakura apretó los dientes.

—He dado indicaciones para que a su paciente le sea suministrada una dosis considerable de medicamentos para evitarle todo dolor posible, pero quiero que tenga en entendido que no es usted ninguna interna, es un médico con cédula profesional y así como ha aceptado la responsabilidad de ver por la vida humana, también entiende el límite de sus responsabilidades. Nosotros los médicos luchamos contra la enfermedad, pero no pretendemos vencer la muerte, nos libramos batallas diarias contra el dolor, pero no somos capaces de curarlo todo — se detuvo un momento para tomar aire, quitarse los anteojos y frotarse las sienes, con lo que consiguió más un aire de padre dando un sermón a su hija que un jefe reprendiendo a un subordinado idealista.

—Desde que usted ha llegado a este hospital, constantemente nos hace observaciones respecto a lo que hay en Konoha que aquí no, y aunque he tratado de convertir estas puntualizaciones en un referente primordial para realizar una mejora de calidad, no puedo simplemente aparecer de la nada más equipo, más medicamento ni más personal, no puedo más que pedir los recursos al gobierno y a instituciones privadas. El cielo sabe que digo la verdad cuando digo que diariamente me hago el propósito de tener al menos un vínculo empresarial por semana para obtener cualquier tipo de beneficio que mejore este hospital. Con todo eso no puedo resolver el problema de todos ¡Qué más me gustaría! ¡Y se lo digo a usted que está tan enamorada de su bello hospital de residencia! Tsunade-sama me ha extendido una invitación para que labore con ellos, tan solo como parte de su equipo de diagnóstico me ofrecen el doble del sueldo que tengo aquí como director, pero me he visto ante la decisión de tener que declinar ¿Y sabe por qué?

Sakura se encontraba cohibida, negó con la cabeza ya que no fue capaz de hablar.

—Porque si otro llegase a director ¿Qué me asegura que continuará luchando por conseguir apoyos? ¿Aquél que tome mi lugar aceptará dar tantas horas de consulta para intentar mitigar el efecto de la falta de personal? ¿Tendrá el valor para humillarse frente al consejo de salud del país? ¡Insulte mis decisiones si quiere, pero nunca me acuse de que no me importan los pacientes!

La joven había empezado a llorar, así que solo inclinó la cabeza.

—No pretendo justificarme, no hay excusa que valga para la orden que he dado a los médicos especialistas. Pero es la decisión que he tomado y soy yo quien deberá vivir con ello. No conozco a esa mujer, no sé qué planes tenía para el fin de semana ni a quién va a dejar. Haruno-san, si no puede aceptarlo, puede marcharse aunque lamentaré perder a un excelente médico, o puede hacer como el resto y vivir con ello, en la esperanza de que, algún día alguien en Otogakure podrá conocer a sus bisnietos.

Sakura hipeaba y se limpiaba la nariz constantemente ¿Sus mejores esfuerzos? Ella daba consulta casi doce horas al día seis días a la semana, y el séptimo que siempre era variable, solo hacía medio turno para verse con Sasuke. Pensó que eso no era suficiente, ella era solo un médico cirujano sin especialidad que debía limitarse a recetar grajeas de mandarina para las gripas, todo estudio especializado debía mandarlo a los otros que se las apañaban para tratar todos los males de la ciudad ellos solos.

—No lo acepto…— tartamudeó levantando el rostro para ver al director del hospital.

El director suspiró.

—Pida sus vacaciones, Haruno-san, le corresponde una semana. Piense detenidamente la situación. En Konoha ser médico puede ser una aspiración y una vocación, pero aquí hace falta más que eso, hay que ser reverendos hijos de puta.

Sakura dejó la oficina y se encaminó a su consultorio para tomar sus cosas. Haría las llamadas en búsqueda de familiares de Arisa desde su casa, al menos quería que no pasara sus últimas horas abandonada.

La primera persona no la conocía.

La segunda nunca contestó.

La tercera resultó ser la cuñada.

¿Internada? ¿Por lo de la hernia?

—No, han hecho un último diagnóstico.

¿Es grave?

—Cáncer…

¡Por todos los cielos! ¡¿Así nada más?! — exclamó indignada la mujer, pero no más de lo que estaba ella en esos momentos.

—Desconozco detalles, es importante que se presenten en el hospital.

Sí, por supuesto. Llamaré a mi esposo. Hasta luego.

Sakura colgó y se hundió más en la cama sintiendo que no podía más. Volvió a llorar y en algún momento se quedó dormida.

El despertador sonó fuertemente y por costumbre se puso de pie lista para empezar el día, pero pronto cayó en cuenta de que el director la había suspendido elegantemente. El recuerdo de su conversación la había afectado demasiado, pero tuvo lucidez suficiente como para recordar que debía ir a pedir sus vacaciones a la administración antes de que le descontaran el día.

Llegó al hospital quince minutos más tarde de su hora habitual, pronto se dio cuenta de que ya habían conseguido repartir las citas que tenía ella entre los demás médicos y cuando hizo la solicitud en recepción, no hubo problema alguno ya que aparentemente el director había dejado listas las indicaciones para que no le dieran el trámite largo.

Sin poder evitarlo se dirigió a la habitación donde habían internado a su paciente. Se asomó desde la puerta principal dándose cuenta de que no había nadie de guardia, así que entró hasta el pequeño espacio que ocupaba la camilla.

Arisa aparentemente dormía, con el gesto lívido y la cánula nasal alrededor de su rostro. Tan solo el día anterior se veía con más peso. Examinó sus brazos, llenos de moretones a causa de las inyecciones, la mala circulación y la dificultad para coagular que presentaba.

—Ya no quiere que la inyecten — dijo una jovencita a su lado, que no había notado debido a que ella se empeñaba en ello, sentada sobre la silla con las piernas recogidas, muy compactada.

—No puede tragar — dijo Sakura. Lo había sospechado casi inmediatamente, la fase terminal le había consumido toda fuerza, incluso para eso.

—Lo sé — respondió la otra con la voz quebrada —. No quiso comer lo que trajeron las enfermeras. Está aquí desde ayer temprano. Sé que no desayunó, nunca lo hace porque dice que le da asco. Entonces lleva casi dos días sin comer… ¿A parte de lo que sufre debe morir de hambre? — la chica no pudo más y rompió a llorar —Y yo nunca le creí, los doctores decían que estaba bien, pero yo debí creerle a ella…

—Do…

Sakura giró la vista al escuchar el débil y casi imperceptible voz de Arisa.

—Do..ra..

—Aquí estoy, Arisa-san — dijo Sakura tomándola de la mano y dándole un suave apretón.

—Do..ra…

—No se esfuerce, está muy débil.

—De… jen… me… ir…

—No mami, no podemos irnos, tienes que ponerte mejor primero — dijo la muchacha acercándose tanto como pudo.

—Mo… mo… rir… me… en… mi… ca… sa…

Sakura no lo resistió, sin darse cuenta, estaba llorando de nuevo junto con la chica.

— ¿Podemos hablar? — le dijo a la joven. Ella se resistió en un principio, pero la acompañó afuera —Ya no podemos hacer nada por ella.

— ¡¿Por qué no le dijeron qué tenía?! — preguntó entre lágrimas — ¡¿Por qué tantos estudios y no le dijeron qué tenía?!

—No hay excusa…— susurró apenada, pero tampoco era justo culpar a nadie más, la culpa no iba a resolver nada.

—Si quiere irse a casa, deberían considerarlo, estar aquí es bastante deprimente…

La joven seguía llorando pero empezó a moverse de un lado a otro en el pequeño pasillo.

—Tiene que venir mi hermano — dijo dándole la espalda y entrando de nuevo a la habitación.

Sakura se fue, no podía hacer nada más. Ya solo era cuestión de esperar.

Una vez en casa, llamó por teléfono.

— ¿Tsunade-sama? — preguntó quedamente.

¿Ya has visto a tu paciente?

— ¿A qué se refería con que Aoyada-senpai era un hijo de puta?

Tsunade resopló al otro lado de la línea y tardó en responder.

En mis tiempos, cuando yo era interna, Konoha acababa de salir de una guerra. Economía jodida, la mitad de la población muerta o pensionada por heridas de guerra, hambruna, solo regresaron vivos como un cuarto de enfermeras y menos de la mitad de médicos. Se estableció un protocolo de prioridades, de buscar utilidades… no es que alguien se creyera Dios, pero alguien tenía que tomar decisiones, y las tomaron los que tenían los tenía los pantalones bien puestos.

—No sé qué hacer.

Eres una buena chica, Sakura-chan. Bastante idealista hay que decir, pero las personas así son las que cambian las cosas para bien.

— ¿Cómo es que cambiaron las cosas, Tsunade-sama? ¿Cómo es que el hospital se convirtió en el más grande y moderno del mundo?

Eso no es fácil. No solo creció el hospital. Creció toda la ciudad, toda la economía.

— ¿Hay algo que pueda hacer?

Aquí en Konoha existe ya la Administración hospitalaria como carrera, pero en lugares como Otogakure se continúa con la vieja tradición de que sea el médico de mayor antigüedad quien se haga cargo de eso, así que todo el sistema se basa en doctores viejos. Puedes hacer como Kumadori-kun, aunque lo odies, deberás entrar al sistema administrativo.

— ¿De verdad conoce al director? — preguntó sonriendo trémulamente.

No hay facultad de medicina en el País de los Campos de Arroz, Sakura, bueno, no la había en aquél entonces. Él vino a Konoha para estudiar, cuando estaba en primer año, yo estaba en tercero. Un mocoso adorable y tremendamente sexy, si no hubiera estado saliendo con Dan en ese entonces, jamás le habría permitido regresar a Oto ¿Cómo está?

Sakura rió.

—Lleno de arruga, canas y unas ojeras como antifaz de mapache.

Me da gusto ¿Sabes? Dos idiotas necios quizás sean lo que hace falta para un cambio.

—Gracias.

Ahora que lo pienso… hay algo más… pero debemos ser muy discretas al respecto.

Sakura se reacomodó en la cama sin pronunciar palabra.

Una empresa nos ha donado equipo de urgencia y diagnóstico, pero el que tenemos está en excelente condiciones. Por protocolo enviamos el anterior a desmantelamiento y usamos el nuevo, pero los cambiamos hace ocho meses, básicamente está nuevo… tenemos el inconveniente de que hablamos de otro país, pero nada que Jiraiya no pueda arreglar ¿Te parece si los enviamos? Hablare con Kumadori-kun, estoy segura de que no dirá que no. Y ya de pasó, te envío una buena cantidad de libros que podrían ayudarteDebo dejarte, hoy llegan los residentes y se supone que les dé la bienvenida.

—Entiendo. Muchas gracias por todo.

Llámame cuando tengas la entrega, no creo que tarden mucho, tendré todo listo hoy mismo. Debería llegar mañana por la noche. Adiós.

Tsunade colgó primero.

El silencio de su habitación resultaba sobrecogedor, pero quería estar en cama un rato más, tan solo para terminar de entender lo que debía hacer. Cerró los ojos sintiéndose muy cansada y pensando que sería una semana muy ocupada.


Comentarios y aclaraciones:

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