Karin Uchiha

Miró el reloj cuando escuchó que el auto de Sasuke se alejaba.

Eran las siete con veinte pero no tenía deseos de levantarse, apenas había podido dormir por la noche, pensando en las maneras en que podía castrar a su marido y salir impune del acto. La rabia la consumía lentamente, hacía mucho tiempo que no se sentía de esa manera aunque sabía que Sasuke la seguía viendo, aún y cuando había dicho que no lo haría tras la reconciliación que habían tenido hacía poco.

Aunque pudiera darse el caso de que le dijera la verdad, que ya no la veía, y ahora fuera otra. Pero realmente no creía eso, Sasuke no era una persona que gustara de relacionarse, de hecho ya le parecía increíble que tuviera dos mujeres, tres o mas ya sería indicativo de que habían reemplazado a Sasuke por otra persona que se comportaba más o menos como él.

Acarició la funda de la almohada, aunque comprendió al cabo de media hora que quedarse en cama a llorar no representaba más que la imitación cliché de una adolescente despechada.

Se puso de pie dispuesta a tomar un baño rápido.

Bajo el agua pensó en lo que podía y lo que debía hacer, tomar sus cosas e irse era una posibilidad, todavía podía conseguir trabajo gracias a sus piernas, pero la idea no hizo mas que darle ganas de llorar. Aunque Ibiki la convirtiera en su secretaria, no había más futuro para ella, que justamente empezaba a lamentar el haber dejado la escuela en un momento de rebeldía adolescente. Ya había terminado los estudios básicos, y aunque se esforzaba en estudiar, no estaba realmente segura sobre si podría conseguir entrar a la universidad. Le gustaría hacerlo, le gustaría tener algo propio con lo que decirle a su marido que no era estúpida, que no necesitaba de una doctora graduada con honores para compensar las conversaciones inteligentes.

Cerró las llaves, no quería irse, no quería dejarlo por muy estúpido que resultara todo aquello a cualquiera con dos dedos de frente.

Ni siquiera le debía tanto, la había sacado de las calles, efectivamente, gracias a él ya no tenía que arrastrarse de barrio en barrio con lo peor de la ciudad, gracias a que él pagaba las cuentas sin quejarse se daba los lujos que antes solo podía imaginar. Pero no se lo debía, ella de hecho no quería irse con él en primer lugar, Suigetsu no era malo con ella, había comida sobre la mesa todos los días, cerveza a morir todos los fines de semana y el sexo era increíble. Después de todo ¿Qué esperanzas tenía una mujer como ella de tener una relación duradera con un hombre como Sasuke?

Ella era posiblemente lo peor que podría encontrarse en la ciudad, estaba liada con drogas, había perdido la virginidad a los catorce y ya fumaba crack a la mañana siguiente.

Conoció a Sasuke cuatro años después, en ese entonces estaba tomando medicamento para una venérea y dormía con una pistola bajo la almohada porque le daba miedo quién pudiera entrar a la casa porque vivía en el edificio que podía considerarse la sala de recreo del centro penitenciario.

Él era un chico de acomodada posición, estudiaba en la mejor universidad de esa parte del mundo, el apellido de su familia tenia tradición arraigada y era tan correcto en todo lo que hacía…

La fiesta en la que se conocieron, pensó que sería cosa de una noche como muchas otras y se emocionó porque en definitiva era mucho más guapo de lo que estaba acostumbrada a ver en las calles. Tal como supuso, ni siquiera se quedó dormido, apenas acabó con ella se marchó y el mundo siguió su curso por los días siguientes, sin corazones rotos ni falsas esperanzas.

Entonces apareció un fin de semana, mientras Suigetsu trataba de sobreponerse a una resaca.

Parado en el pasillo del edificio, con una camisa impecable, pantalón a juego, zapatos lustrados, tan coordinado el conjunto que parecía haber sido todo montado sobre un maniquí, incluso la expresión imperturbable.

Tras un escueto saludo le arrojó una caja de pastillas.

—Es más fuerte del que tomas, yo llevo solo un par de días y estoy bien.

No pudo evitar el ruborizarse por completo, entre bochorno y rabia exigía saber cómo sabía qué medicamento tomaba, pero al caer en cuenta del porqué él también lo había tenido que tomar, no fue sino un momento vergonzoso.

—Orochimaru me echó, regresaré a Konoha — dijo en cuanto ella dejó de gritar.

— ¿Y a mi qué me importa que te hayan botado?

—Le dije que quería casarme contigo, creo que no le gustó la idea.

Tardó en entender lo que acababa de decirle, era como si lo hubiera dicho en un idioma extranjero, o como si le hablara a alguien más que estuviese ahí cerca, solo que ella no podía verlo. Con el ceño fruncido y la caja de pastillas deformándose en su mano apretada, abrió y cerró la boca varias veces, era una broma muy estúpida.

—No tengo ya nada que hacer aquí, vamos a Konoha.

No recordaba si le arrojo la caja de pastillas o solo las tiro antes de tomar un bate de beisbol que Suigetsu dejaba junto a la puerta para los vecinos molestos. Suigetsu había despertado con el griterío y la detuvo antes de que pudiera golpearlo, tratando de entender lo que estaba ocurriendo, el porqué su novia quería matar a su amigo.

Sasuke repitió lo mismo con toda la naturalidad del mundo, y la expresión perpleja del muchacho albino no se hizo esperar, no obstante, una sonrisa apareció en su rostro.

—Hablas en serio — dijo luego de un rato.

Sasuke solo se encogió de hombros.

—Pues adelante hombre, cualquier cosa es mejor que esto.

Karin volvió a chillar recuperando su arma.

— ¡¿Es que ustedes se acaban de creer que soy uno de sus autos?!

Solo alcanzó a golpear a Suigetsu porque Sasuke se había apartado a tiempo.

— ¡Maldita loca! — se quejó Suigetsu, aturdido como estaba, se puso de pie con trabajo tomándola del brazo con brusquedad.

— ¡Suéltame!

Sasuke caminó detrás de ellos aunque entre el forcejeo, fue capaz de salir primero.

— ¿Qué crees que haces?

—Algún día lo vas a agradecer.

Y diciendo eso, en cuestión de segundos estaba en el pasillo, con la puerta cerrada frente a ella y al lado de Sasuke.

— ¡Suigetsu! ¡Idiota! ¡Estúpido!

Se escuchó un golpe desde la calle y la pelirroja corrió hacia a fuera del edificio maldiciendo más.

Para cuando Sasuke la alcanzó, ella ya había recogido varias de sus pertenecías: ropa, zapatos y algunas otras cosas que no podían romperse habían salido volando por la ventana.

— ¡Eres un bastardo hijo de puta! — le gritaba.

— ¡Lo demás lo envío por correo! — gritó el otro desde la ventana.

— ¡Métetelo en el culo, cabrón!

La chica solo tomó un par de cosas y camino hacia Sasuke, este solo le señaló el lugar en el que estaba aparcado el auto, al que se subió con toda la dignidad que podía quedarle luego de que todos los vecinos se asomaran.

El viaje a Konoha fue largo ¿Cómo había accedido a eso?

En realidad nada le quedaba en Otogakure, aunque no había tenido nunca nada para empezar, y si Sasuke decidía botarla en Konoha tras unas semanas cuando se aburriera, al menos estaría en una ciudad menos decadente y aún era joven, tenía una oportunidad, aunque pequeña, de sobrevivir. Y ella era una superviviente.

Fueron casi diez horas en que apenas se dirigieron la palabra, se había quedado dormida casi todo el camino mientras él leía. Al bajar del autobús el sol más deslumbrante que había visto en toda su vida le dio la bienvenida mas estúpida que había podido esperar, aún más que la de las trabajadoras de la línea de trasporte que con sus sonrisas perfectas asistían a los pasajeros indicándoles el proceso de inspección de pasaportes y equipaje.

Tardó en acostumbrarse a la luz, pero en cuanto lo hizo no podía despegar la vista del cielo, que era tan azul como solo podía serlo en los dibujos animados, tan limpio, lejos del gris manchado de nubes de Otogakure. Sintió la vida de la ciudad aunque aún no dejaban la terminal, y esa fuerza palpitó incluso en su corazón, como si con ese sol deslumbrante el departamento de Suigetsu fuera un recuerdo borroso de años atrás, con el edificio derruido y lúgubre, con la vida nocturna llena de ruido deprimente.

El papeleo de su acceso fue tedioso, pero no le importo, Sasuke consiguió arreglar todo antes del medio día y tomaron un taxi. Él había decidido dejarle el auto a Suigetsu, junto con muchas de sus cosas porque creía más conveniente viajar ligero y sin estorbos, aunque el detalle pudo interpretarlo como que en realidad estaba pagando a su ex novio por ella, no le importó.

La ciudad se presentaba magnificente ante ella, tan limpia y ordenada que incluso parecía que la zona privilegiada de Otogakure no era más que un basurero en el fin del mundo.

Y la casa Uchiha hizo que sus piernas temblaran, sintiéndose pequeña, incoherente, incluso sucia en ese lugar majestuoso, solemne y enorme. Los familiares salían al encuentro del joven, muchos de ellos no eran especialmente alegres, pero se mostraban lo suficientemente cordiales como para demostrar que les importaba el regreso del muchacho. Una anciana incluso lo abrazó con lágrimas en los ojos.

Con todo y eso, Sasuke apenas emitía ruidos, cansado y fastidiado solo deseaba llegar a la casa.

Su presencia no pasó desapercibida, pero aunque la presentación fue precaria y sin palabras exactas, la mayoría consiguió asumir qué relación, de una u otra manera, tenía con él.

La casa que ocuparon estaba deshabitada desde hacía tiempo, era grande y antigua pero consiguieron quitar todo el polvo antes de que cayera la noche.

Finalmente, poco antes de que llegara la cena que habían pedido por teléfono, dos chicas llegaron a la casa y Karin, quizás no era un genio pero tampoco era estúpida, adivinó que eran la versión casi televisiva de sus enamoradas, la cara de ambas fue por demás incómoda cuando Sasuke reiteró sus intenciones de casarse con ella.

Se marcharon apenas unos minutos después de que el repartidor entregó el servicio.

A partir de esa noche vivieron juntos en una extraña sociedad en la que ella no se comprometía en absoluto a ser el ama de casa, había conseguido que una de las tías de Sasuke le diera trabajo en una tienda de comestibles que administraba, con lo que se había podido costear algunas de las cosas que Suigetsu nunca envió por correo como había dicho, por lo que esperaba que entonces sí hubiera seguido su indicación.

Pasaron casi seis meses cuando un juez y un sacerdote oficiaron su unión matrimonial, aún cuando muchos familiares le sugerían a Sasuke que primero terminara la universidad, ni siquiera los argumentos de ella, que seguía dudando de las intenciones del chico pudieron persuadirlo. La boda coincidió con el fin de semestre, por lo que tuvieron un tiempo suficiente como para tener algo parecido a una luna de miel en el País de las Olas.

Pasaron pronto cuatro años.

La ceremonia de graduación de Sasuke fue curiosa porque era una promoción muy pequeña, sin embargo, había demasiada gente presente y ni ella ni Sasuke los habían invitado, pero ahí estaban, incluso Naruto que se suponía debía estar en su año de intercambio en Suna.

Se robaron a su marido en algún momento, pero no le dio importancia, si quería irse de juerga como cualquier graduado lo podría hacer y ella regresaría en taxi sin problema, de hecho estaba pensando en irse ya que no tenía amigos ahí y solo estaba parada, bebiéndose una copa de vino, cuando el hermano mayor de Sasuke le pidió hablar en privado.

Itachi casi no frecuentaba la casa, ni el barrio familiar en general. Sabía que la relación con Sasuke era tirante, y tenía una idea general de que se trataba sobre la muerte de sus padres, pero no creía que Itachi los hubiera matado o algo así que ameritara el poco afecto. Pero en general, él había sido amable con ella, incluso cuando los otros parientes tenían la certeza de que no era más que una mala influencia para el correcto Sasuke.

—Sasuke quiere regresar a Otogakure — le dijo Itachi, tomándola desprevenida, pues no podía entender cómo podía preferir ese bodrio a Konoha, pero poco podía hacer al respecto si ya había tomado la decisión.

—Pero yo… Karin-san, de verdad quisiera… es difícil abordar esto, considerando que es uno de los motivos por los que Sasuke me odia.

Ella lo miró con una ceja arqueada y una mano en la cadera, a ella no le gustaban los rodeos.

—Entonces evítate las sutilezas y ve al grano.

—Mis superiores quieren que trabajes para nosotros.

Karin suspiró.

— ¿Quiénes son tus superiores? ¿Quiénes son "nosotros"? Ir al grano no significa que estemos en el mismo contexto.

Itachi entrecerró los ojos emitiendo algo como una sonrisa.

—Sasuke irá de nuevo a pedirle trabajo a Orochimaru, y es un hecho que no va a dejarte aquí, solo necesitamos ayuda para asegurar información.

— ¿Sobre mi marido? — preguntó mordaz.

—Sobre Orochimaru.

—Estás equivocado de persona — respondió ella haciendo un gesto con la mano —. Yo no he hablado con ese hombre desde que tengo catorce, aunque viví con él hasta los quince ¿Me explico? Ni siquiera es mi padre de verdad, los motivos de mi adopción no me quedan claros cuando menos.

—La seguridad nacional depende de tener un agente cercano, Karin-san, alguien que pueda estar ahí sin resultar sospechoso.

La pelirroja le dio la espalda.

—Sasuke no sabe de esto ¿Verdad?

—Si lo llegara a saber, esta vez sí me mataría.

— ¿Qué hiciste antes que fue tan terrible?

Hubo un momento de silencio.

—Si respondo a eso ¿Aceptarás?

—Me lo pensaré.

—Le pedí a mis padres que fueran informantes.

Karin giró la vista no comprendiendo.

—Cuando los descubrieron, los ejecutaron, estaban en el extranjero.

—Muy bien, causaste la muerte de sus padres y ahora pones en riesgo a su esposa ¿Qué tienes en la cabeza? ¿Qué clase de hermano perverso eres?

Itachi suspiró, derrotado por un comentario que era tan cierto que debía de aceptarlo tarde o temprano.

—Ayúdame, ahora antes de que Sasuke se meta en un problema más grande.

—Ahora si tienes mi atención.

—Orochimaru realiza experimentos de investigación genética, ocupa mucho equipo y material ilegal en al menos cuarenta de los cincuenta y dos países que conforman la cámara de La Alianza, sin contar el tráfico de personas que es la fuente de "voluntarios" para las pruebas, tenemos sospechas de bioterrorismo, que está relacionado de alguna manera con los grupos extremistas del noreste. Sasuke sabe de esto, estoy seguro, no es tan ingenuo, pero no sé hasta donde lo ayuda, no sé si solo se encargará de dirigir los negocios legales como la discográfica y las tiendas o hay algo más.

Karin sintió que sus labios temblaban, siempre supo que Orochimaru era algo perverso, pero lo que estaba escuchando pertenecía a una categoría completamente distinta.

—Si se llegase a hacer público esto, Sasuke sería ejecutado bajo tantos conceptos que tardarían más en leer el dictamen que en lo que ya estaría muerto.

Se preguntó qué le debía como para ponerse en riesgo como lo hicieron sus padres, como para que existiera una posibilidad de que Orochimaru le demostrara que lo que sucedió cuando tenía catorce era un paraíso comparado con lo que le haría de descubrirla.

El rostro inexpresivo del muchacho apareció en su mente, tal como el día en que se la llevó del departamento de Suigetsu.

Ella no se lo había pedido, ella no había siquiera anhelado una vida diferente, solo lo había aceptado porque era mejor y más cómodo. Antes de que lo notara, había en sus ojos un atisbo de lágrima al imaginar en qué podría ser partícipe de los horrores que estaba escuchando.

—Sasuke no es así, él no lo haría.

—Eso es lo que quiero demostrar, es lo que quiero evitar.

—Júrame que me dices la verdad.

—Te lo demostraré, Sasuke aún estará aquí unas semanas más para terminar el papeleo de la escuela.

Regresaron al salón, Sasuke ya estaba ahí y no tardó en encontrarlos, mientras se dirigía hacia donde estaban, Itachi se inclinó hacia ella.

—No te pido que tengas un sentimiento patriota, pero si quieres a mi hermano, no dejes que se lo lleve Orochimaru.

— ¿Qué haces aquí? — preguntó hoscamente Sasuke.

— ¿No puedo estar presente en la graduación de mi hermano?

—No te invité, Karin, vámonos.

Ella caminó detrás de él, sin dirigirse palabra, como usualmente sucedía, solo que en esos momentos ella no estaba interesada en reprochárselo, solo pensaba y quería creer que no era verdad, que solo era una coincidencia porque de ninguna manera Sasuke sería participe de algo como eso.

—Iba a decirte esto mañana, pero creo que no habrá tiempo. Orochimaru volvió a contratarme, así que deberemos ir de regreso Otogakure.

Mustió una respuesta casi inaudible.

En tres meses ya sabía que Sasuke sí sabía a lo que se dedicaba Orochimaru, ya sabía que la mitad de sus citas de trabajo eran por cuestiones "del otro negocio" más que de la discográfica, ya sabía incluso que era un experto en tergiversación de fondos.

Pero nunca le dijo nada, la esperanza que le daba Itachi de que podrían salvarlo aunque Orochimaru se viniera abajo la mantenía atenta a todo movimiento. Después de un curso de capacitación casi exprés, ya sabía como entrar al correo electrónico de Sasuke, podía acceder a su registro de llamadas, incluso sabía cómo localizarlo aunque no le contestara el teléfono, así fue como supo de ella.

Casi una casualidad, a mediados de año, pensó que tal vez era un segundo agente que enviaban como refuerzo, pues era de Konoha, pero cuando al escuchar una llamada supo que era su amante, sintió que algo en ella se rompía.

No podía echárselo en cara sin decir de por medio cómo lo había descubierto.

Se preguntó qué era eso en lo que había fallado como para que él se buscara otra mujer, en un cuadro comparativo mental la diferencia era notable, ella era médico graduada con honores, miembro de varias asociaciones civiles, considerada como brillante en varios medios debido a sus artículos en diversas revistas especializadas, mientras que ella apenas había terminado la secundaria.

Así que decidió demostrar que no era estúpida, y empezó a estudiar en línea que era su única opción ya que se avergonzaba de inscribirse en una escuela regular dada su edad.

A principios del siguiente año ya había conseguido su certificado e interferir varios contenedores de sustancias controladas, más uno que tenía inmigrantes embaucados y secuestrados por igual.

Era complicado, porque mientras que tenía que jugar al espía con Genma y su humor pícaro, también tenía que mantener la casa en orden, tener lista la cena y fingir que no sabía de la otra mujer. Pero mientras su vida matrimonial moría lentamente, sentía que era exitosa con las enseñanzas de Genma.

—Podrías venir y estudiar para incorporarte a la agencia — dijo Genma alguna vez mientras cenaban en una modesta parrilla.

—No te burles.

—Lo digo en serio, Karin-chan, no es que critique tu decisión de ser ama de casa, pero tú tienes más que dar, y con un tipo como Sasuke solo te desperdicias.

Inclinó la cabeza, quería contarle de ella, pero no se atrevía, ya era demasiado mala la opinión que tenían de su esposo como para decirle que aparte de todo, le era infiel.

Aún así soportó un poco más, en Marzo habían peleado, ya no sabía porqué empezaron pero llegaron al tema de Sakura al final. La expresión del rostro de Sasuke fue única. Él no se esperaba que ella lo supiera, y eso fue una victoria aunque él terminó por marcharse.

Cuando llegó el citatorio del divorcio quería correr y decir que sí y que no le importaba nada como una pensión ni parecido, pero estaban tan cerca de tener a Orochimaru, era cosa tan sencilla como aguantar un poco más, Genma se lo suplicó, Ibiki se lo ordenó, Itachi se lo pidió, solo un poco más, pero ella se preguntaba, si había empezado solo por Sasuke, ahora que él ya no estaba en su corazón ¿Por qué estaba ahí? Ella no era ninguna clase de heroína que luchaba por el amor y la justicia, pero de alguna manera, saber que le era necesaria a alguien, que formaba parte de algo grande y especial, le hizo creer que al final valdría la pena.

Hacer que Sasuke regresara no fue realmente tan difícil, ni tampoco tener una conciliación que acabara en orgasmos, pero su estrategia se volvió un arma de doble filo, y cuando despertaba al lado de su esposo, esa rabia que había sentido por su traición se desvaneció lentamente.

Sin embargo, ahí estaban de nuevo en el mismo punto. En el que él regresaba después de acostarse con ella pretendiendo que era estúpida y no lo notaría.

Se arregló para salir. Hacer las compras para la cena era algo que la entretenía y le causaba cierto gusto, aún más que ir a comprar zapatos o ropa, no sabía el motivo específico, pero así era.

Justamente estaba terminando de arreglar su pelo cuando abrió la puerta del espejo del baño para tomar el enjuague, y al cerrarla…

La vida era tan corta, tanto que no tenía tiempo para todo lo que quería hacer, mientras caía por las escaleras maldijo, porque no estaba pensando en la universidad a la que le hubiera gustado ir, ni siquiera vio su vida en tugurios, burdeles y departamentos como pocilgas pasar frente a sus ojos, solo podía pensar en que el día de su boda, Sasuke se veía mas sexy que de costumbre, y quiso creer que tal vez ese atisbo de sonrisa que emitió al verla a ella, no lo había imaginado.


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