El asesino de la señora Uchiha
Domingo 9 de abril de 2017
Otogakure, País de los Campos de Arroz
Después de una larga lucha contra el Sarcoma de Ewing, el procurador de justicia de Otogakure, Kaguya Kimimaro, falleció a la edad de 35 años.
Su madre, originaria de Kirigakure se asentó en el País de los Campos de Arroz cuando él tenía cuatro años de edad, siendo los únicos sobrevivientes de una pequeña aldea arrasada durante la guerra civil. Destacado estudiante y poseedor de aptitudes de mando, se licenció en derecho en la Universidad de Otogakure, trabajando incansablemente hasta convertirse en el procurador más joven en la historia del país.
Considerado como un referente importante en la construcción de la identidad nacional, a través de sus trayectoria profesional se puede asegurar que ha cimentado las bases para la existencia de un Estado de derecho en el País de los Campos de Arroz.
Jūgo miró el diario sin demasiado interés en las múltiples notas y artículos que reseñaban el trabajo de Kimimaro. En cuestión de días el nuevo procurador de justicia ocuparía la oficina y se le había encomendado la misión de tenerla lista, además de preparar la documentación necesaria para que empezara su trabajo.
El ruido de la trituradora de papel era lo único que se escuchaba en el silencioso lugar, pero estando todos fuera, ocupados con los preparativos de las ceremonias fúnebres, no le importaba ser sigiloso.
Tomó la escueta carpeta que seguía, dándole un vistazo solo para asegurarse de que era la correcta:
Fūma Jigumo.
38 años.
Fallecido entre el 28 y el 29 de abril de 2011, por traumatismo craneoencefálico con objeto contundente.
Metió las pocas hojas que conformaban una investigación poco esmerada convirtiéndolas en finas tiras de papel ilegibles, que de cualquier modo también iba a quemar.
El cuerpo había sido cremado hacía mucho tiempo, su hermana se había encargado de ser lo suficientemente insistente en el departamento como para poder recuperar el cadáver lo antes posible, abreviando las investigaciones. Y aunque no la motivaba un genuino sentimiento de amor fraternal sino el efectivo que le había prometido, igualmente estaba agradecido.
Apenas recordaba a ese imbécil, había sido demasiado molesta la llamada en la que exigía verle personalmente. Ya sabía la clase de persona que era, tenía antecedentes penales por fraude y extorción, no dejaba pasar la oportunidad con políticos adúlteros que pagaban a jovencitas para animar sus fiestas, celebridades ebrias, contables corruptos entre otros especímenes del mismo tipo.
No imaginaba qué clase de información podría intentar venderle, pero era evidente que poseía algo, de lo contrario no se acercaría a él. Acordaron una cita en el Parque Central, un lugar discreto pese a su popularidad a una hora razonable para no levantar sospechas. Serían las seis de la tarde, la hora en la que la mayoría fichaba hora de salida y no sería anormal que alguien se subiera a un auto.
—Vaya vaya, sí que acudiste pronto, entonces sabes lo que tengo.
—No, no tengo idea.
El hombre emitió una risa irritante y le tendió un fólder que contenía varias fotografías.
—El asistente del muy amado procurador de justicia es un muerde almohadas. No es que moleste, cada quien hace con su culo lo que quiere.
Jūgo respiró profundamente.
—Lo que hago en mi vida privada, no es ilegal ni interfiere de ninguna manera en mi desempeño laboral. Espero que comprenda mi postura respecto a no contribuir en la comisión de un delito, como lo es la extorsión.
— ¡Por favor, amigo! ¡No me creo que no le importe! Tan solo ayer aporrearon a dos tipos por ir cogidos de la mano, además, han sido unos días muy difíciles, desperdicié mucho tiempo y dinero en la señora Uchiha ¡Y la muy zorra se murió sin pagar!
— ¿Estoy con un cómplice de asesinato? — preguntó Jūgo intentando mantenerse sereno, pero podía sentir perfectamente cómo su pulso se aceleraba.
—No, para nada. Soy un humilde cazador de infieles, o al menos eso creí con ella, le tomé un par de fotos cenando con un chico bonito, de esos que se cuidan el pelo, y pensé que no le gustaría que su marido se enterara, pero cuando vi el alivio en su cara al decirle que sabía lo de su aventura, mi instinto me dijo que se trataba de otra cosa, así que le vendí esas fotos a un ridículo precio y fingí que no me volvería a ver, pero la estuve siguiendo por semanas hasta que atrapé el pez gordo.
Jūgo resopló sintiendo una fina capa de sudor formándose en su nariz.
— ¡Estaba espiando a su marido! Supongo que, cuando se calmen un poco las cosas con toda esa gente de Konoha a su alrededor, puedo seguir donde ella se quedó, algo interesante debe de hacer como para que merezca que su esposa lo traicione vendiéndolo a extranjeros. No quiero jugar al detective, pero de seguro que el marido la mató al enterarse.
— ¿Extranjeros?
—Tengo el nombre del tipo del pelo bonito: Genma Shiranui, y basta ponerlo en cualquier buscador para saber quién es y en qué trabaja. No puedo esperar para ponerle el lente encima a Sasuke Uchiha.
Jigumo volvió a reírse de esa forma irritante mientras Jūgo resoplaba sintiendo cómo su corazón se aceleraba. Ya había tomado una decisión, no había vuelta atrás. Lo golpeó con fuerza suficiente como para aturdirlo, por eso no gritó cuando le dio el segundo rompiéndole la mandíbula y no se detuvo sino hasta la cabeza quedó desecha, asegurándose de que estaba más allá de toda ayuda médica.
Siempre le pareció curioso que sin necesidad de intervenir, el médico había dicho que se debió de emplear un objeto contundente descartando cualquier posibilidad de que fuese un golpe directo. Pero ya no importaban los detalles porque el reporte de la autopsia, las fotografías de la escena del crimen y todo lo que se salvó de la bomba en la casa de Jigumo, estaba ya en la trituradora de papel.
—Bueno… estaba equivocado en muchas cosas, pero sería cuestión de tiempo antes de que descubriera la verdad.
Tomó la papelera para poder quemarla.
Suspiró derrotado. Había pasado tanto tiempo desde ese momento, y conforme lo que había visto en las noticias lo últimos días, ni siquiera había valido la pena.
Dejó caer la cerilla y el fuego no tardo en avivarse. Miró como hipnotizado las llamas y tanteó la bolsa de su saco en donde guardaba la pistola de bolsillo, una vieja derringer. No estaba seguro de que un solo tiro de un calibre tan pequeño fuese suficiente, aunque había que intentarlo porque no quería que el sublime legado de Kaguya Kimimaro se viese empañado por lo que iba a suceder ahora que Orochimaru había caído.
Todas las decisiones que Kimimaro había tomado, siempre habían sido convencido de que sería por un bien mayor, y jamás se había enterado de todo lo que se tuvo que mover debajo de él para construir su pedestal, por eso jamás comprendió lo mucho que se complicaron las cosas con Karin.
Se pasó las manos por el cabello, tirando de él. Se estrujó el rostro, y sus pensamientos iban vertiginosamente en todas direcciones.
Hubo tanta sangre que lo increíble fue que Sasuke no se ensuciara cuando regresó.
No esperaba que fuese a volver tan pronto, por eso estaba convencido de que tendría tiempo suficiente para limpiar un poco el desorden, pero al escuchar la puerta abrirse, no le quedó más remedio que salir por una ventana y correr hacia el bosque, de regreso a su oficina, tan solo esperando la llamada de Sasuke, que siempre había confiado en Kimimaro por lo que sería natural que hablara directamente con él y no a la línea de urgencias como el resto.
Entre los dos siempre había existido una extraña complicidad, representaban los polos más opuestos posibles, mientras que Kimimaro creía en la ley de aplicación dura, Sasuke trabajaba por debajo de ella. Tal vez solo se tocaban en el punto en que creían que los fines justificaban los medios, de ahí que bajo el mando de Kimimaro como procurador se formó la unidad de interrogación "especial", cuya tarea consistía en usar las instalaciones subterráneas para torturar sospechosos.
Nunca le quedaron claros los objetivos de Sasuke para trabajar con Orochimaru, mostraba tan poco interés por todo que quizás era solo el atractivo sueldo, o un sentimiento de rebeldía contra su hermano, héroe de Konoha y sus ideales.
Lo cierto era que cuando Sasuke llamó, estaba considerablemente alterado y cuando llegó, no soportó verlo en los escalones del pórtico, con las manos en la cabeza.
No estaba llorando, ni siquiera tenía los ojos empañados, solo una atemorizante expresión neutral.
—Está muerta, Jūgo — le dijo.
— ¿La tocaste?
Negó con la cabeza. Aunque ya sabía lo que iba a encontrar en la casa, de todos modos entró, era lo que se esperaba de él.
Dentro ya se estaba un equipo de investigación tomando fotografías y realizando las mediciones pertinentes de cada mancha, pieza rota y posible huella.
Miró el cadáver, aún no lo recogían porque seguían documentando la posición.
Su pelo rojo tenía manchas oscuras que formaba mechones apelmazados, tenía la nariz rota y la sangre cubría todo su rostro, restándole la belleza que alguna vez tuvo. Los ojos, de peculiar color rojizo ya cubiertos con el velo de la muerte lucían extraños, nunca había visto ese efecto y resultaba atemorizante.
—Perece que querían sacarle el corazón — dijo uno de los peritos —. Las puñaladas se concentraron en el pecho.
—Si ya terminaron, por favor sáquenla — ordenó.
Salió de la casa, Sasuke estaba en el mismo lugar en el que le dejó.
—Tienes que venir — le dijo, él asintió sin pronunciar palabra, poniéndose de pie y caminando a su lado.
— ¿Karin tenía problemas con alguien?
Sasuke resopló.
—Por favor, no finjas, fuiste de los primeros que se oponía a la boda y me diste un breviario de su ilustre vida.
—Lo siento, es costumbre preguntar.
Sin embargo, el semblante adusto del reciente viudo palideció súbitamente, viéndose afectado por un abatimiento genuino.
—No puede ser — dijo.
Jūgo puso las manos sobre sus hombros.
— ¿Qué sucede? ¿No puede ser qué?
— ¿Sakura? No… no, no es posible.
Si de alguien podía culpar la doctora Haruno por todas las desgracias de su vida era al hombre que amaba, porque si nunca la hubiera mencionado, jamás se le hubiera ocurrido implicarla. Solo tuvo que ordenar a Sakon que cuando entrara a su casa para arrestarla, se pusiera lo suficientemente violento como para arrancarle algunos cabellos que después se encargaría de incluir en las pruebas.
El fuego se consumía a medida que el papel se había convertido en cenizas llenando de humo la habitación.
Así acababa todo, ya nadie recordaba a Karin Uchiha, incluso los investigadores de Konoha que habían mantenido tanto espectáculo en los diarios la habían dejado detrás cuando se lanzaron a la caza de Orochimaru. Incluso el aviso de que habían puesto un nuevo investigador a cargo parecía más como un chiste que una realidad.
Volvió a ver la nota que anunciaba la muerte de Kimimaro y la arrojó al fuego para avivarlo. Si no se hubiera dedicado en cuerpo y alma a deslindar al país del trabajo de Orochimaru, quizás habría tenido más tiempo para cuidar de su salud, pero al menos había vivido lo suficiente como para saber el desenlace de las cosas.
Al verlo agonizar en el hospital, supo que sería inevitable su muerte, así que había decidido encargarse de Sakon y su hermano, los únicos que conocían muchos de sus secretos. Encontrarían sus cadáveres en dos o tres días, pero no se averiguaría demasiado, se conocía de sobra la enfermedad del hermano menor y la dependencia emocional de uno con otro, por lo que un aparente suicidio de Sakon sería incluso lógico si se encontraba junto al cadáver de su hermano postrado en cama.
Ya solo quedaba él. La persona que había llamado por teléfono Kimimaro, cuando presa de un episodio de furia le explicó que había descubierto que la esposa de Sasuke trabajaba para Konoha. Su mente paranoica la había relacionado con un golpe de estado y visualizó una guerra, como la que había aniquilado a toda su familia.
—No creo que sea posible — le dijo tratando de calmarlo.
— ¡Tengo su maldita computadora! ¡Nos están incriminando con aberraciones de tráfico de personas y experimentos genéticos!
— ¿Cómo… cómo es que tienes su computadora?
—Estoy en su casa.
— ¡¿Qué haces ahí?!
—Ya he solucionado el problema.
— ¿A qué te refieres?
—¡Está muerta, Jūgo! ¡Le cerré la boca para siempre!
Y con el pensamiento de que siendo el último que conocía la verdad de Kaguya Kimimaro, puso la pistola en su boca para llevarse el secreto del asesino de la señora Uchiha a la tumba.
Comentarios y aclaraciones:
Tengo curiosidad ¿esperaban esto? ¿están muy decepcionados?
¡Déjenme sus cometarios! Porque este es definitivamente el
FIN
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