Las aguas termales 3

A la mañana siguiente las dos continuaron durmiendo. Como sabían que no era necesario prepararse para ir a clases se pudieron permitir el lujo, mas un mensaje en el celular de Eri interrumpió el sueño de la mayor.

Primero un bostezo, luego estiró los brazos, espalda y cuello para soltar un suspiro tan relajado como satisfecho. Un vistazo a su lado derecho izquierdo le hizo notar que había una lámpara de noche encendida sobre el buró. Una parte de sí se avergonzó por la escena de anoche, pero la otra se alegró de ver lo considerada que había sido su pareja al dejarla encendida.

Al pensar en ella se aventuró a mirar a su lado derecho. Aún dormida y tapada hasta el cuello por la cobija, una expresión neutra en el rostro. No sabía si era un sueño bueno o malo, mas la mayor encontraba gozo más grande que el ver a su pareja tan temprano en la mañana. Otro bostezo le invadió y terminó con una sonrisa, no pudo resistir la tentación de acariciarle el cabello después con el mismo cariño que una hermana mayor cuida de su hermanita.

Como Umi no despertó con eso –cosa que ya sabía– se dispuso a revisar el teléfono; era un mensaje de texto de una de sus amigas. El contenido le hizo sonreír, pero no con alegría, sino con malicia. Con cada presión en la pantalla un plan se formulaba en su cabeza. Quizás era tiempo de agradecerle a su pareja por los cuidados de anoche.

Dejó el teléfono sobre el buró y apagó la lámpara. Una pequeña risa se le escapó al alzar la cobija para ver la ropa de dormir de Umi. Aprovechó el momento para colocar su mano sobre el estómago y darle unas caricias suaves. Umi continuaba durmiendo. Eri, con su sonrisa y plan de acción en mente, se cubrió por completo con la cobija.

Por su parte Umi estaba concentrada en lo suyo. Un dojo donde enseñaba a aprendices el arte del kyudo kai, o bien, arquería tradicional japonesa. Ataviada con el uniforme reglamentario asumía las posiciones específicas y con las que había practicado durante dos años. Flecha en la mano derecha, sostenida con confianza, cuerda tensa y mango sujeto con fuerza para evitar algún accidente. Su mente repasaba una y otra vez los pasos mientras se disponía a apuntar al blanco a 15 metros de distancia. Respiración pasada, como la de un tigre acechando en la selva. Entonces esperó, esperó al momento adecuado para liberar el proyectil. Una respiración profunda, el viento dejó de soplar, y justo en esos segundos sin distracción liberó la cuerda y la flecha salió disparada del arco, el cual dio un giro suave en el agarre de Umi para cancelar toda la fuerza recibida por el lanzamiento. Y la flecha, sin mayor dificultad, encontró el blanco a unos centímetros del centro.

Una ola de aplausos y ovaciones azotó el interior del dojo, pero Umi, entrenada en su arte, asumió la pose neutral del kyudo para continuar con las explicaciones.

–Al final del día lo importante no es acertar en el blanco, sino hacer todos los movimientos con la mayor perfección posible, eso demuestra nuestro respeto y práctica en la arquería tradicional.

Las preguntas llegaron, ella respondió una por una con ayuda de sus conocimientos y práctica, entonces le hicieron la petición de lanzar otra flecha, a lo que no pudo negarse.

Comenzó desde el principio con el arco en la izquierda y la flecha en la otra mano. Hizo cada uno de los pasos nuevamente, tan acertados, pausados y correctos como si de un maestro se tratara. Una vez más la cuerda tensada y el proyectil apuntando al blanco, toda su concentración volvió a centrarse en la posición correcta de los brazos para acertar, entonces, aguardó. Una vez el viento dio su permiso para disparar, ella se dispuso a liberar la cuerda.

La flecha se clavó en el pasto, ni siquiera cerca del blanco. Toda su agudeza mental se vio disipada en el último segundo por una sensación muy extraña. El dojo se inundó en la sorpresa de ver a la instructora fallar un tiro. Sus mejillas enrojecieron, su respiración se cortó a medida que el corazón latía con mayor fuerza, comenzó a sentir calor en la cadera, su cuerpo se estremecía lentamente, ¿qué estaba pasando?

–Profesora, ¿está bien? –Preguntó una de las estudiantes.

–Eh... ¡S-sí! –Trató de responder sin que se le torciera la voz, aunque mientras más tiempo pasaba el calor en su cadera se hacía tan intenso como el rojo en sus mejillas–, Re-recuerden...n-no importa si...no le dan al blanco...to-todo lo que...i-importa es...mmhh~...–Dejó de hablar por un momento, comenzaba a desear tener algo entre las piernas, necesitó de toda su fuerza de voluntad para no gemir durante la explicación, –¡l-los pasos!, sí, ¡eso es lo más importante! Pra-... ¡Practiquen ahora ustedes!

Antes de que las estudiantes pudieran verla más sonrojada se apresuró a ir a los vestidores del dojo. Su respiración se cortaba más, y al no aguantar más, dejó salir los gemidos que tanto había aguantado. Ya no era algo extraño para ella, sabía que se estaba excitando, mas no alcanzaba a comprender la razón, podía sentir sus piernas humedeciéndose segundo a segundo, el uniforme se vería arruinado si no hacía algo rápido. Lo primero que le llegó a la mente fue quitárselo lo antes posible.

Su ropa interior azul celeste ya tenía una mancha en el centro, ver eso le hizo avergonzarse, pero a esas alturas necesitaba aliviar la tensión aunque fuera por unos segundos. Miró a su alrededor, y al no ver a nadie más en los vestidores encontró fácil colocar su mano sobre sus labios inferiores y frotarla lentamente. Un gemido pequeño, acompañado por un estremecimiento, le dijeron que, en definitiva, lo necesitaba.

Con su mano izquierda hizo a un lado la tela para usar su derecha. Separaba y juntaba los labios, trazaba la línea vertical lenta y metódica. Su cuerpo continuaba reaccionando a sus caricias. Podía escuchar sus fluidos goteando sobre un charco pequeño en el suelo. Su voz se le escapaba con la misma facilidad, entonces su cadera comenzó a moverse, como si deseara más.

Sus tratos continuaron por unos minutos más. Ya no le alcanzaba con frotar, ahora introducía tres dedos y expandía su interior mientras gemía con mayor fuerza. No podía detener su mano, ni siquiera tenía la intención de hacerlo, al menos no tan cerca del clímax, el cual comenzaba a formarse por la presión tan familiar en su cadera. Pronto el vestuario se llenó de los sonidos de Umi, así como su olor que, para ella, le daba más ánimos a continuar.

–¡Profesora! –Escuchó la voz de una de sus estudiantes–, ¡Miren, miren lo que está haciendo la maestra!

La sorpresa detuvo su mano, en apenas segundos la entrada de los vestidores se vio azotada por oleadas de personas que querían ver qué estaba haciendo. La pena y miedo le hicieron soltar un grito más fuerte, mismo que, con un estremecimiento más, le hizo despertar de su sueño.

Estaba en el cuarto de la posada, aún cubierta por la cobija. Su respiración seguía cortada y pudo sentir algo de sudor en su cuerpo. ¿Había sido una pesadilla? No podía sentirme más que aliviada porque todo había terminado, mas una mordida sorpresiva le hizo soltar un grito.

–¿E-Eh? –Al terminar de volver a la realidad pudo notar que, debajo de la cobija, sus piernas estaban abiertas y había alguien entre ellas pasando el rato–, ¡Eri!

–Buenos días linda –Respondió al llamado, y ni un segundo dejó pasar antes de darle otra mordida a los pantalones azules, robándole otro gemido a Umi.

–¿Q-qué estás haciendo? –Intentó cerrar las piernas, mas Eri, decidida de vengarse, se lo impidió con las manos.

–Te estoy dando los buenos días...y agradeciéndote por lo de anoche –Una risa y aprovechó para seguir la línea del bordado en los pantalones para juguetear con la entrada de su pareja, quien suspiró.

–¿Q-Qué forma de...a-agradecer es esta? A-alguien podría venir...

–No tienen por qué, aún son las ocho...y este es nuestro cuarto por hoy –Pegó sus labios a la tela del pantalón y acercó su rostro hasta la entrepierna para frotarla y darle unas lamidas.

–Mmhh~... –No supo qué responder, quería decirle que se detuviera, pero era cierto que nadie más debería entrar a molestarla a esa hora–, a-al menos...quítame los pantalones... –Quiso cubrir su boca con el brazo para no gemir tan alto.

–¿Eh? Pero si lo estás disfrutando bastante así...mira cuán manchados están.

–¡Eri!

La mayor volvió a reír, mas no le hizo caso, continuó lamiendo y tentando a su pareja con los dedos. La tela seguía mojándose, y si biena Umi le incomodaba eso, Eri lo encontraba divertido.

El trato continuó otros minutos, Umi, algo desesperada, comenzaba a mover su cadera y frotar con mayor fuerza contra el rostro de su pareja. Ya había entendido que la estaba torturando por la esxcena de anoche, pero no esperaba que fuera tan desalmada...

BAM.

La puerta del cuarto se azotó al tiempo que una voz alegre anunciaba: –¡BUENOS DÍAS!

Umi soltó un grito más de sorpresa que de placer al ver a la persona entrando de ese modo a la habitación.

–¡H-HONOKA! –Gritó como si Honoka hubiera faltado toda una semana a prácticas.

–Vienes hasta acá con Eri de compañía, ¡no es justo!, ¿por qué no invitas también?

Esa era la señal que Eri había esperado por tanto tiempo. Usó las manos para bajarle a Umi los pantalones y ropa interior y, antes de que pudiera hacer algo al respecto, se lanzó directo contra los labios inferiores de su compañera, lo que le robó a una Umi ya alterada otro grito.

–¿Estás bien Umi? No quería sustarte tanto...

–E-estoy bien... ¡s-solo sal del cuarto!

–Bueno, entré sin tocar, perdón, pero quería sorprenderte.

–¡Y-y lo hiciste muy bien, ahora fuera!

–Pero acabamos de llegar.

–¿A-acabamos?

–¿No te dijo Eri?

En ese momento la mayor se apresuró en introducir su lengua y dos dedos para continuar con la escena. Umi, además de sonrojada, comenzaba a sentir la presión en su cadera nuevamente, su mente se concentraba en la lengua dentro de sus paredes.

–N-no...¿q-qué debía decirme?

–Te mandé mensaje pero no me contestaste así que se lo mandé a ella también, iba a aprovechar para venir, así nos regresamos todas juntas. Eri hasta me dio el número de la habitación y que entrara sin tocar.

Ahora todo tenía sentido. Su broma ya estaba completada en la mente de Umi. No sólo la quería ver avergonzada ni torturarla al lamer y frotar únicamente sobre su pantalón, sino que también pretendía hacerle armar una escena así con Honoka...quería matarla.

–P-perdón, a-a-ah...p-penas me desperté...

–Oh... ¿Y Eri?

–¡Eh! Eri está...eehhh...sí...e-ella está...

Mientras Umi trataba de idear una excusa, Honoka se adentró más a la habitación para ver qué cosas habían traído, y una vez cansada decidió tomar asiento en la cama, cosa que le hizo cambiar la expresión de alegría a sorpresa y pena.

–Ah...eh...hehehe...

–Bu-buenos días, Honoka... –Saludó Eri debajo de la cobija.

–A-así que ahí estaba...

Umi ya no podía procesar nada de lo que ocurría, simplemente se bloqueó en una expresión de vergüenza pura mientras Honoka se levantaba de la cama con todas las excusas habidas y por haber para salir del cuarto.

–¡L-LO SIENTO MUCHO!

La puerta volvió a azotarse cuando salió.

Eri salió de la cobija mientras miraba a la puerta, aunque incluso ella se sonrojo por el evento, claro que, a comparación de Umi, ella se encontraba mucho mejor.

–HonokameHonokameHonokameHonokameHonokameHonokameHonokameHonokameHonokameHonokameHonokameHonokameHonokameHonokameHonokame...–Repetía la arquera como si hubiera perdido la capacidad de razonar e intentara digerir el hecho de que Honoka las había visto en medio acto.

Eri ya podía ver el enojo de Umi cuando pudiera recuperar la consciencia, pero, mientras eso pasaba, igual podría aprovechar para terminar con lo que había iniciado.


Excelente, nuevo capítulo de las aguas termales. (/*O*)/

Muchas gracias por la paciencia para esta la tercera entrega a la que titulo con todo orgullo: El ataque de las Honokas.

Honestamente me reí cuando escribí esto, me gustó mucho por la situación que se podía dar y francamente estoy feliz con el resultado. Y si quieren leer un +18 completo pueden irse a leer otra historia, no es momento para hacer uno completo como en el primer capítulo.

Con la aparición de Honoka podemos hacer más eventos y divertirnos más.

Ahora responderé una pregunta que me hicieron en el capítulo pasado: ¿Sobre qué otras parejas quieres escribir? NozoUmi y UmiRin. Especialmente la segunda porque siento que la relación sería de Rin intentando conseguir un capricho, Umi la regaña y al final se lo da. NozoUmi porque quiero experimentar y una amiga me pidió que escribiera uno, así que mataré dos pájaros de un tiro.

Espero hayan disfrutado el tercer capítulo y la aparición estelar de Honky. 8D

Nos veremos en la siguiente entrega.

Tys