Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Capítulo uno
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18 de octubre de 1494 - Florencia, Italia.
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—¡Dios! ¡Cuánta gente! Bueno… No tanta desde la Peste Negra de hace ciento cincuenta años, ¿no te parece, Sasuke? —decía Sakura mirando hacia a todos lados mientras que la muchedumbre seguía en lo suyo, ignorándolos. La Diosa había decidido tomar ese nombre como propio cuando Sasuke, el chico que adoptó, se cansó de llamarla "Diosa" todo el tiempo ya que, según él, era tan molesta e infantil que no merecía que se refiriera a ella como tal. Sakura concedió este capricho sin inconveniente alguno, porque para la Diosa tener o no un nombre le era irrelevante.
—¿Por qué decidiste venir aquí? —preguntó Sasuke pasando de largo el comentario de su maestra. Estaba molesto, realmente molesto. De buenas a primeras Sakura había decidido, ella sola y sin darle tiempo a réplica, mudarse de su cómoda choza a los pies de Los Alpes, en Génova —donde no había nadie que pudiera molestarlo (más que Sakura) y, de hecho, era el lugar más lógico para aprender sobre la energía y la naturaleza—, a Florencia, en Italia, alegando que necesitaban un cambio de ambiente.
La Diosa no le contestó, lo que lo irritó más.
—Sakura…
—No, Sakura no. Giovanna a partir de ahora, Alfredo —interrumpió ella riendo. Su risa era fluida y fresca, como las primeras brisas de la primavera. Suave y llevadera.
Sasuke prefería la primavera en Los Alpes, no en Florencia.
—¿Qué?
—Sí, ahora soy Giovanna y tú, Alfredo —respondió lo obvio, pero después se explayó—: Es para no desentonar, ¿entiendes? Sakura y Sasuke son nombres japoneses. Aquí no hay japoneses.
Sasuke, o Alfredo, enarcó una ceja. Lo que decía tenía su lógica, sí, pero perdía completamente la seriedad si venía de alguien con el cabello rosado.
Suspiró y miró hacia los costados, todos estaban en lo suyo, mientras que su maestra iba por allí y por aquí curioseando lo que los demás hacían. De pronto, ella se le acercó y lo tiró del brazo.
—¡Vamos, Alfredo, vamos! —decía tironeándolo del brazo y antes que pudiera decir algo se encontró de frente con un gentío reunido alrededor de un hombre.
De alguna forma y con mucho esfuerzo lograron llegar al frente, encontrándose cara a cara a un simple hombrecito.
—Bendecido por los Cielos sea el bueno de Colón, que por Gracia del Señor se ha topado en su vida con el gran hallazgo en la creación de Dios: Las Indias, el nuevo mundo. Vuestra merced(*) tiene la honradez de conocer su gran hazaña —cantaba el juglar.
—¿Qué? —le preguntó Sasuke a Sakura en un susurro, no era que no entendiera el idioma, pues la Diosa se había encargado de enseñarle, primero que todo, la naturaleza de la lengua, que básicamente le permitía entender, no literalmente sino el contexto, de cualquier idioma. Lo que no entendía era qué estaba pasando.
—Nada especial, sólo "descubrieron" una nueva tierra —contestó como si del clima se tratara—. Sinceramente pienso que se tardaron demasiado. Los vikingos fueron más rápidos —agregó luego en tono más bajo.
—Por lo menos te lo agradecen, ¿eh? —respondió el otro en el mismo tono.
—¡Nunca! Esta gente tiene un concepto de "Dios" algo diferente al que aprendiste en tu tierra —contestó alejándolos un poco para no ser escuchados—. Sé lo que estás pensando, pero la realidad es esta: lo dioses somos creados por la necesidad de los humanos. La naturaleza siempre fue necesaria para el mundo, pero no todos los pueblos la separan del resto de sus necesidades. En esta parte del mundo, por ejemplo, todo lo que hay que consideran como bueno lo atribuyen a Dios y lo malo a Satán, que son dos cosas distintas, ¿entiendes?
Sasuke asintió, pero luego una duda surgió en su mente:
—¿Pero es no significaría que uno de los dos no es real?
—No necesariamente —contestó—. Lo que estoy diciendo es que si los humanos creen en nosotros es porque nos necesitan y si nos necesitan… Existimos, así de simple. Por lo que ese Dios al que veneran y ese Satán al que temen probablemente sean verdaderos —explicó, lo que dejó a su alumno pensativo.
—Entonces si dejan de creer en los dioses morirán, ¿eh?
—Síp. —respondió la Diosa de lo más alegre.
De a poco la gente se fue dispersando al no haber más noticias y Sakura se marchó sin siquiera avisarle nada a Sasuke.
—¡Oye, no te vayas así! —gritó Sasuke y la Diosa se detuvo. Con las manos entrelazadas detrás de su espalda y con una gran sonrisa, esta le gritó:
—¡Eres muy lento, Alfredo!
—¡Cállate!
Sólo cuando empezó a oscurecer Sasuke se preguntó dónde iban a pasar la noche, pero antes de que pudiera preguntar nada, Sakura lo guió a través de unos callejones.
—Sasuke, te sugiero que te fijes por dónde pisas y caminar contra la pared. La gente aquí no es muy limpia —le comunicó Sakura y poco después alguien, desde alguna ventana de algún edificio, tiró una cubeta con excrementos al suelo—. Creo que no necesito agregar más.
Caminaron unos metros más, Sasuke miraba con especial atención el suelo, pues no quería pisar nada con sus pies descalzos. La Diosa, por su parte, iba sin preocupación alguna… Porque "el ser humano también era parte de la naturaleza".
—¡Por aquí! —lo llamó la Diosa y luego se metió en un hueco, donde Sasuke descubrió después una escalera.
Como siempre, Sakura la subió sin esperarlo hasta llegar a una puerta de madera.
—Muy buen día, mi signora —saludó la Diosa a la habitante de la casa. Era una mujer castaña, con algunas canas, ojos claro y mirada indiferente—. Mi hermano y yo hemos venido desde muy lejos y estamos muy cansados, me preguntaba si con su permiso pudiéramos pasar la noche aquí hoy.
La dueña de casa se lo pensó un rato, mirando a los viajeros atentamente, intercalando entre Sakura y Sasuke. Había en ellos algo muy extraño, algo que no la dejaba confiar del todo en su palabra, pero no tenía modo de adivinar qué.
—Bien —accedió—, pero les pido que se marchen al alba, por favor. —Haciéndose a un lado los dejó pasar.
—Pierda cuidado, mi buena signora, que mi hermano y yo debemos seguir viaje lo más pronto posible —contestó Sakura con una sonrisa servicial.
De este modo Sasuke pudo comprobar lo buena que era la Diosa para engañar a la gente.
—Mis estimados viajeros, lo único que tengo para ofrecerles es pan y vino, pues la hora de la merienda ya ha pasado así que coman con recato —les avisó la dueña.
—Lo aceptamos con mucho gusto, signora. Vamos, Alfredo —aceptó felizmente la joven y miró a su hermano, que hasta el momento se había mantenido al margen—. Por cierto, no sabemos el nombre de nuestra acogedora, ¿nos lo podría decir?
—No lo veo necesario, signorina, dado que ustedes tan sólo estarán aquí unas horas —respondió tajante—. Tampoco creo que saber el nombre de su familia me sirva de algo. Por favor, siéntese.
Los dos se sentaron en una mesa a la espera del alimento.
—Mio signore vendrá en unos momentos, así que les pido respeto —fue lo que les dijo al volver y luego se marchó.
—¿Cuánto tiempo nos quedaremos, Sak… Giovanna? —Sasuke disimuló su desliz tomando un trago de vino.
—Ya lo dije, ¿o es que has estado en Baviera durante todo el rato? Nos iremos mañana —contestó.
—¿Y qué se supone que haremos aquí? ¿Por qué nos trajiste? —preguntó, pero Sakura no contestó ni pensaba hacerlo.
Antes de que pudiera preguntar de nuevo, la puerta se abrió, revelando detrás de ella a un hombre de edad avanzada. La dueña de casa corrió a recibirlo.
—Mio signore, bienvenido sea —saludó la mujer a su marido—. Signore mio, he acogido a estos viajeros de acuerdo a la voluntad de Dios, permítales quedarse —rogó.
Tanto Sasuke como Sakura se pusieron de pie para saludar al recién llegado y este los miró con ojos afables.
—Mi hogar siempre estará al servicio de quién lo necesite —dijo y luego miró a su mujer—. Has obrado bien, Annunziata.
—Gracias, signore.
—Me interesa su familia, ¿cuál es? —siguió hablando el hombre y Sakura codeó sutilmente a su aprendiz, indicándole que él debía responder.
—D'Lestrano Alfredo al servicio de vuestra merced —se presentó Sasuke eficientemente, pues había aprendido cómo manejarse en ese entorno, y luego posó su mano izquierda en el hombro de la joven—; y ella es mi hermana, Giovanna.
—Bienvenido, signore, yo soy Dionisio Vitale y mi mujer, Annunziata.
En las laudes(*), en medio de la noche que se cernía en la tranquila Florencia, el humo y el olor a paja quemada despertó a los habitantes de cierto barrio:
—¡Agua, señores, agua! —gritaba la gente.
La casa que se incendiaba casualmente estaba al lado de donde Sasuke y Sakura se hospedaban.
—¡Sasuke, despiértate! —gritaba la Diosa mientras sacudía a su aprendiz en la cama que compartían.
El fuego se extendió lo suficiente como para que el techo que los alojaba se ardiera también.
—¡¿Qué ha pasado?! —bramó Sasuke ya despierto, mirando a su alrededor. Por la ventana, la muchedumbre vecina se dejaba ver.
—No hay tiempo, ¡vámonos! —ordenó la Diosa, apartando el fuego con sus habilidades—. Vamos.
Pero una viga cayó, impidiendoles el paso.
—¡Viajeros! ¡Signore Alfredo, signorina Giovanna! —gritaba desesperado el dueño de casa—. ¡¿Dónde están?!
—¡No muy lejos, signore, sólo espere! —respondió la Diosa.
—¡Muévete! —advirtió Sasuke al tiempo que otra viga se caía justo en el lugar donde Sakura había estado parada.
—Debemos salir, así que agarra esa viga y apartala. No te quemarás —ordenó la Diosa de la Naturaleza y se deshizo en el aire, convirtiéndose en fuego, ardiendo como él, y permitiéndole a Sasuke tomar y controlar la viga sin que sus manos humanas se vean dañadas.
Una vez hecho esto, Sakura tomó forma humana nuevamente, pero no pudo hacer más de dos paso que se cayó de bruces al suelo. Había pisado el borde de la saya. Sasuke sabía que no podía perder mucho más tiempo, por lo que no esperó a que su maestra se levantara sino que directamente la cargó en brazos, ante la sorpresa y extrañeza de la otra, y salió corriendo por las escaleras.
Al llegar a la calle, algo alejados del alterado gentío, el pelinegro encaró a la Diosa en busca de respuestas:
—¿Por qué nos trajiste aquí? —inquirió firme, tomándola de los hombros, pero no recibió respuesta alguna—. ¡Responde!
Silencio.
—¡Sakura, no seas inmadura!
—¡Calma! —contestó finalmente, quitándose las manos de su aprendiz de encima y luego suspiró—. La razón por la que te traje aquí es porque el mundo está cambiando, Sasuke.
—Eso no tiene sentido, no seas ridícula —interrumpió el inepto alumno.
—Es porque no me dejas terminar, cállate —dijo—. Como sea, aunque lo no parezca el mundo está cambiando. Quizás ahora no es tan notorio, pero te aseguro que en algunos siglos se verán más muros que árboles. A lo que voy que el cambio es parte de la Naturaleza y nosotros como dioses debemos adaptarnos a estos cambios, ¿entiendes?
Sasuke, entrando en razón, asintió.
—Bien… Aunque en realidad vine aquí sin tener una idea clara de qué hacer. Lo siento —agregó más tarde sonriendo inocente y Sasuke puso los ojos en blanco.
—Dices… Dices que el mundo está cambiando y que debemos adaptarnos, ¿verdad? —decía pensativo mientras que su compañera asentía—. Y adaptarse significa moldearse al entorno que nos rodea, lo que significa que debemos convertirnos en ciudadanos de Florencia.
—Sep.
—Pero no somos ciudadanos, ni de este lugar ni de ninguno, así que, para poder lograrlo, debemos conseguir la pertenencia —iba razonando mientras miraba a la Diosa fijamente—… Entonces deberás casarte con un florentino —soltó después de tantas vueltas.
—¡¿Qué?! —casi gritó, totalmente escandalizada—. ¡¿Y por qué yo?!
—Porque fuiste tú quien me arrastró a este lugar sin saber qué hacer, y si dices que debemos adaptarnos entonces deberás acostumbrarte a ser una mujer casada —respondió lógicamente—. Ojo por ojo; diente por diente.
Bien, hasta acá por hoy. Espero que les haya gustado~.
Aclaraciones:
-Signore, signora, signorina: señor, señora y señorita en italiano.
-Vuestra merced: forma antigua para usted.
-Laudes: se refiere a las tres de la mañana.
-Saya: una túnica blanca y larga que cubre desde los hombros a los pies, se lo usaba como ropa interior.
-En la Edad Media existía una ley que obligaba a los habitantes de las ciudades a darle asilo a los viajantes y peregrinos, evitando los robos, la prostitución, etc. Si esto no se cumplía, el castigo era muy alto.
-En la Edad Media la gente solía caminar descalza.
-Como muchos deben saber, en esta época la gente tiraba los excrementos por las ventas.
-Las mujeres casadas se referían a su marido como "su señor", porque este tenía poder sobre ellas.
-Los incendios domésticos, dada la construcción de las viviendas de la época, era muy comunes.
-Estaba mal visto, aunque parezca ridículo, cenar a la noche. Generalmente sólo se almorzaba y se merendaba antes de que anochezca.
-Aunque se sabe que América fue descubierta en 1492, las noticias no llegaron ser de conocimiento público sino hasta uno o dos años después.
-En la Edad Media, la gente compartía la cama. Padres con hijos, tíos con sobrinos y entre extraños (como lo son, en este caso, Sasuke y Sakura). También muchas veces dormían desnudos, dado que la ropa de dormir, como tal, no existía.
Hasta la próxima:
Atte:
Jeffy Iha
