Después del encuentro en el Hogar de Pony, Candy decidió quedarse ahí para ayudar a la Hermana María y a la Señorita Pony a cuidar a los chicos. Ayudaba de vez en cuando en la Clínica Feliz, y se veía muy a menudo con Archie y Annie, sus inseparables amigos. De vez en cuando veía a Albert, quien ya había tomado por completo la fortuna de los Andley y ya no tenía tanto tiempo como antes.

Había pasado ya un año desde la separación, y Candy seguía sufriendo tanto como si ese doloroso acontecimiento hubiera pasado hace poco. Se había propuesto ser feliz, pero era muy difícil, sin él, su rebelde aristócrata, el chico que le había robado el corazón por completo. Terry, ¿cómo olvidarlo de una vez por todas? "Imposible", pensaba ella.

Candy había cambiado un poco desde entonces, con la ayuda de Annie, quien le dio unos cuantos consejos para verse aún más linda. Ya no se recogía el pelo en dos coletas, lo peinaba en una coleta alta con un moño o en una trenza con una bonita diadema. Seguía teniendo unas cuantas pecas y su cabello ya no era tan rizado como antes, la parte de arriba estaba lacia y las puntas eran espirales muy bien definidos. Se veía aún más hermosa que antes. Además, había dejado de lado esos vestidos formales que usaba y ahora se vestía con sus vestidos overol y sus botas altas, como cuando era una niña o simplemente un overol con una camisa a cuadros (como se muestra en la imagen de arriba).

A pesar de todo lo que le dolía, trató de seguir adelante con la ayuda de todos sus seres queridos.

Una mañana, Candy se levantó como siempre, antes que los demás. Se puso su vestido rosa con overol azul y sus botas altas color rosa. Se hizo rápidamente una trenza adornada con un lindo moño azul cielo y salió para ordeñar a las vacas junto con Jimmy.

Jimmy-¡Hola Jefe!- Le saludó desde la carreta en la que venía.

Candy-¡Hola Jimmy!- Dijo con una radiante sonrisa.

Jimmy-¿Sabes? Ahora no va a ser necesario que ordeñemos- Afirmó.

Candy-¿Por qué?- Preguntó confundida.

Jimmy-Porque ya traje la leche. Mi papá nos la da de cortesía.

Candy-¡Qué bien! Entonces creo que deberíamos ir a dar un paseo por la ciudad. Falta mucho para que los niños despierten.

Jimmy- Está bien. Hoy no tengo mucho que hacer.

Jimmy ayudó a Candy a subir a su carreta y emprendieron su camino hacia la ciudad.

En Nueva York, una pareja joven desayunaba en silencio. La muchacha veía como el joven tenía su mirada perdida y picoteaba su comida con el tenedor.

Susana- Terry. ¿Qué te sucede?

Terry- Nada. Estoy bien- Afirmó secamente.

Susana- ¿Por qué te portas así conmigo? Yo solo quiero que platiquemos como una pareja normal.

Terry- Susana. No somos una pareja. Ya te lo dije y te lo vuelvo a repetir.

Susana- Pero Terry... Tu y yo nos casaremos en tres meses. Yo te amo, Terry. ¿Por qué me tratas tan mal?

Terry- No tengo nada más que decir. Voy al teatro.

Terry se levantó de su asiento rápidamente. Odiaba a Susana, ella simplemente no iba a llegar a ser lo que Candy habia sido para él. Pero esa muchacha insistía demasiado. Ansiaba poder irse de ahí e ir en busca de su gran amor, pero todo se lo impedía, la madre de Susana, la misma Susana y la promesa que le había hecho a Candy.

En cuanto Terry iba a salir de la casa, oyó un golpe, como si algo se hubiera caído. Corrió hacia la cocina, de donde había venido el ruido, y encontró a Susana tirada en el suelo, todavía un poco consciente. Al parecer había caído de la silla porque se sentía mal. Susana se quejaba y jadeaba. Terry se acercó horrorizado.

Terry- ¡Susana! Por Dios. ¿Qué te pasa? Contéstame- Dijo con voz temblorosa.

Susana- Terry... yo...- Susurró.

Terry quería cargar a Susana, pero ésta se había desmayado. El joven corrió con la rubia en sus brazos y pidió a los sirvientes que llamaran a una ambulancia. Se sentía aterrado, no sabía qué hacer. Todo había sido tan repentino, ver a Susana débil, en el suelo. Cuando todavía estaba consciente vio cómo sus ojos se apagaban y una sombra extraña los había cubierto.

La ambulancia llegó 10 minutos después y se llevó a Susana. Terry llamó a la Sra. Marlow para que los alcanzara en el hospital y después se fue en su auto para llegar lo antes posible al lugar.

El hospital estaba lleno y mucha gente estaba en Urgencias, pero Susana pasó primero a la Sala de Observación para hacerle unos estudios.

El miedo invadió a Terry. Odiaba a Susana, pero aún así no sentía que las cosas fueran a ir bien, que algo malo pasaría. Pasaron por su mente miles de recuerdos, su pequeña Tarzán pecosa, su madre, su padre, hasta recordar el día en que Susana perdió su pierna. Una voz irritante lo sacó de sus pensamientos.

Sra. Marlow- ¡Terruce! ¿Cómo está mi hija? ¿Qué pasó con Susy? ¡Contésteme!- Lloraba desesperada.

Terry- No lo sé, señora. Se desmayó y llamé a la ambulancia en cuanto Susana quedó inconsciente. No sé lo que tenga.

Sra. Marlow- ¡No! Mi hija no puede quedarse otra vez en el hospital. ¡Quiero ver a Susy ahorita mismo!

Terry- Lo lamento, pero le están haciendo estudios para determinar qué le causó el desmayo.

La Sra. Marlow lloró toda la tarde y Terry solo trataba de ignorarla. Seguía preocupado, él sabía que la salud de Susana se había vuelto inestable desde la amputación. No quería que le pasara nada, a pesar de ser quien lo había separado de Candy.

Pasaron dos horas más hasta que el Dr. Robinson salió del cuarto. Su cara reflejaba preocupación y tristeza.

Dr. Robinson- ¿Familiares de la Srita. Susana Marlow?- Preguntó el Doctor a todos los que estaban en la sala de espera.

Terry y la Sra. Marlow- ¿Sí?- Respondieron al unísono, levantándose de sus asientos.

Dr. Robinson- Lamento decirles que no tenemos muy buenas noticias- Dijo con la cabeza baja.

Sra. Marlow- Porfavor, Doctor. ¿Qué tiene mi hija? ¿Qué le pasó?- Preguntó aún con lágrimas en los ojos.

Dr. Robinson- Después de varios estudios practicados, hemos llegado a la conclusión de que la señorita tiene gangrena. No le queda mucho tiempo. Está muy avanzada y yo le doy máximo un mes de vida.

La Sra. Marlow lloró aún más y Terry quedó completamente estupefacto con la noticia. Entre lágrimas, la Sra. Marlow habló:

Sra. Marlow- ¿No... hay...nada que... podamos hacer... Doctor?- Dijo casi en un susurro.

Dr. Robinson- Hicimos lo que pudimos, señora. Pero la situación de su hija es grave. No queda nada más por hacer. Como dije anteriormente, la enfermedad de Susana ya está muy avanzada, se ha desarrollado demasiado y no nos quedan opciones para salvarla.

Terry- ¿Puedo pasar a verla, Doctor?

Dr. Robinson- Por supuesto. Está despierta, pero sólo cinco minutos. Tiene que descansar.

Terry asintió y se dirigió a la puerta del cuarto. Sus pensamientos inundaron su mente, y la voz del Dr. Robinson se repetían una y otra vez... Un mes de vida... gangrena...no hay buenas noticias... no hay nada más que hacer.

No podía creer que aquella chica tan joven y bella fuera a terminar así, aquella que lo recibió en la puerta el primer día que fue a audicionar, la muchacha que siempre estaba alegre, y aunque no le caía bien del todo, Terry nunca hubiera querido verla así.

Con manos temblorosas abrió la puerta del cuarto, y ahí estaba ella. Otra vez débil, ojerosa, delgada y con piel acabada. Se acercó a ella y la chica sonrió débilmente.

Susana- Terry... yo...- Dijo murmurando- Qué bueno que estés aquí.

Terry- No te esfuerzes, Susy. Estaré contigo y te haré compañía.

Susana- Sé que no me queda tiempo. Lo presentí, pero te quiero agradecer por todo lo que hiciste. No lo merecía. Fui egoísta. Perdóname.

Terry- No me agradezcas nada, Susy. Te lo debo. Porfavor, descansa y trata de calmarte un poco. Hoy ha sido un día difícil.

Susana- ¿No fuiste al teatro?- Preguntó preocupada.

Terry- No. Pero después le explicaré a Robert nuestra situación. No te preocupes más. Te dejaré descansar.

Susana- Está bien, Terry.

Terry salió del cuarto y se despidió secamente de la Sra. Marlow. Habían pasado demasiadas cosas y necesitaba relajarse un poco. Trató de despejar su mente y se dirigió hacia su casa. Al llegar, dejó todo en su sofá y se acostó.

" Pequeña pecosa, Candy. Cuánto te he necesitado. Te extraño demasiado, tu sonrisa, tus ojos, tu voz. Todo. Si Susana muere, estaré libre y podría buscarte, pero... ¿Me seguirás queriendo después de todo?" Pensó Terry. Le atormentaba pensar que Candy estuviera con otro hombre, que él ya no significara nada para ella, tenía tanto miedo.

No paró de pensar en toda la noche, sintió que las cosas saldrían mal con Susana. No logró conciliar el sueño, estaba tan abrumado que aunque lograra dormir, un mal sueño lo haría despertar en segundos.

"¿Qué estará haciendo Candy?".

La noche había caído ya, los niños del Hogar de Pony ya estaban listos para dormir y Candy se estaba poniendo su pijama. No había parado de trabajar en todo el día y estaba exhausta. Jimmy la había invitado a la ciudad y comieron muy rico allá. Un dolor en el corazón la había estado molestando, pero ella no le dio importancia y seguía su rutina diaria. Se quitó su vestido overol y se puso su pijama rosa. Se deshizo su larga trenza dorada y se dejó el cabello suelto. Batalló bastante para dormir, pero al fin pudo caer rendida después de tanto trabajo. Quería ir a ver a Annie y a Archie al día siguiente y tenía que dormir bien. El dolor en su corazón seguía y seguía.

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Espero que les haya gustado el capítulo. Es el primero y me siento emocionada.

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Con cariño, MilPalabrasEnUna (MPEU)