3 semanas después

Candy se había despertado muy contenta, no sabía por qué, pero se sentía muy bien. Se estiró y sonrió alegremente. Sin esperar un segundo más se levantó de un salto y se arregló. Vistió un overol con una blusa rosa de manga corta y botas cafés. En cuanto iba a peinarse, John entró al cuarto muy feliz.

-¡Candy! Vamos. ¡Apúrate! Tenemos que ir a cavar el hoyo para nuestra cápsula del tiempo- Dijo el pequeño con una sonrisa de oreja a oreja.

-Sí, John. Ya voy. ¿Qué vas a poner tú? Yo pondré un collar que usaba de pequeña- Dijo Candy mientras trenzaba su largo cabello.

-Yo voy a poner a uno de mis carritos de madera. Uno viejito para no tener que dar a mis favoritos- Dijo orgulloso.

-Me parece excelente. Deja que termine de arreglarme y voy a hacer el desayuno- Dijo Candy poniendo una linda diadema rosa con un moño sobre su cabeza.

-Está bien. Iré a despertar a los demás- Afirmó saliendo del cuarto.

Candy soltó una risilla y se puso a guardar su cepillo y su peine en un cajón. Todos estaban muy emocionados porque querían cavar un gran agujero y meter ahí un gran cofre con algún objeto que quisieran donar. La chica salió del cuarto y escuchó mucho bullicio en la cocina. Todos estaban platicando animadamente sobre la cápsula del tiempo y hacían demasiado ruido.

-¡Chicos! ¡Basta ya o no iremos a cavar!- Gritó Candy para calmar a los chiquillos. Como por arte de magia, todos los niños se callaron y se sentaron en sus sillas. Por nada del mundo se perderían esa gran experiencia.

Candy se quedó estupefacta ante la inmediata reacción de los niños y les sonrió amablemente. Se dirigió a la cocina y les preparó unas tostadas y huevo, con un poco de fruta para tener energías. Todos comieron apresuradamente y en cuanto acabaron, se fueron al patio de enfrente para cavar. La Srita. Pony y la Hermana María los vigilaban para evitar accidentes mientras los pequeños sacaban tierra con sus palas. Habían hecho el hoyo enfrente del Hogar, del otro lado de la cerca de madera, y poco a poco iban haciendo un gran agujero profundo. Jimmy insistió en hacer un agujero más hondo y siguió cavando junto con John hasta que el hoyo tuvo 10 metros de profundidad. Todos lo miraron asombrados y celebraron por el gran trabajo que habían hecho. Había atardecido y como todavía no tenían el cofre lo suficientemente decorado, todos decidieron terminar con su proyecto al día siguiente. Candy dirigió a los chicos al Hogar y todos reían y comentaban sobre su cápsula. En cambio, Candy pensaba en su carrera de caballos con Annie, Archie y Jimmy, la cual sería en dos días. Estaba muy emocionada al respecto, aunque fuera una pequeña carrerita, pero sabía que se la pasarían en grande.

Después de cenar los huevos revueltos hechos por Candy, los pequeños se fueron exhaustos a dormir, todos estaban completamente satisfechos con el resultado, pues les había quedado realmente hondo y así sentían que era una verdadera cápsula del tiempo. La rubia se quedó alzando la cocina y el comedor, mientras se preguntaba qué estarían haciendo todos sus amigos, especialmente Terry y Albert. Ella sabía que éste último había tomado las riendas de la familia, y que por lo tanto ya no podía verlo tan seguido como quería. Recordaba los momentos en los que ellos habían vivido juntos y lo bien que se sentían el uno con el otro. Por otro lado, Terry había dejado la borrachera y el teatro ambulante para regresar al grupo Stratford. Y para Candy, el saber que estaba al lado de Susana, le rompía el corazón, pues ella era ahora su esposa, tal y como habían dicho Eliza y Neil.

-Ánimo, Candy. Podrás superarlo. Pronto, ese suceso quedará como un simple recuerdo de la adolescencia- Se decía a sí misma tratando de olvidar todo lo relacionado con Terry. Para ella ya no tenía caso llorar por algo que ya estaba totalmente perdido.

La chica se fue a su habitación y se derrumbó en la cama. El día fue agotador y necesitaba descansar. Sin darse cuenta se quedó dormida. Soñaba con Terry, su separación, la boda de Terruce con Susana y el rostro de éste iluminado y lleno de felicidad al lado de la ex-actriz. De golpe, se despertó llena de sudor, susurraba su nombre y oía las voces de la pareja. Se fue hacia el baño para refrescarse la cara y con lágrimas en los ojos, se resbaló de la pared al suelo. Lloraba silenciosamente en aquel cuartito. Lucía realmente mal, su cara estaba pálida, con ojeras muy marcadas, los labios resecos, ojos rojos e hinchados por el llanto, y el cabello revuelto. ¿Por qué el simple recuerdo de Terry la ponía tan mal?¿Por qué no lo superaba de una vez? Poco a poco, se reincorporó y secó sus lágrimas con su overol lleno de tierra por el trabajo realizado. Salió de allí con pasos lentos y la mirada baja. No lo soportaba más, quería olvidar y no podía, no hallaba con quién desahogarse. Antes, cuando Albert estaba con ella, Candy se sentía muy protegida a su lado, la consolaba y la hacía sentir mejor, pero ahora, ¿quién la iría a consolar? Los chicos del Hogar obviamente no podían. La Hermana María y la Srita. Pony nunca tuvieron vida amorosa. Annie nunca había experimentado una separación, y Archie no era una mujer para que le diera consejos. ¡Estaba realmente desesperada! Miles y miles de preguntas pasaron por su cabeza, del por qué nunca tuvo suerte en el amor, por qué todo lo que amaba se tenía que ir y dejarla otra vez en la soledad.

Candy se encerró y con pereza, se cepilló el cabello enmarañado. Sacó el pijama y se quitó su overol sucio. Volvió a acostarse con las manos en la nuca. Cerró los ojos y soltó unas lágrimas silenciosas y llenas de dolor, ¡Cuantó ansiaba gritar a los cuatro vientos todo el vacío que sentía y el dolor que la oprimía! Con esos pensamientos se volvió a quedar dormida.

A la mañana siguiente, Candy no despertaba y la Hermana María fue a verla a su habitación. Entró y se acercó a verla. La rubia seguía derramando lágrimas dormida y su rostro estaba muy pálido aún. La monja se sintió terriblemente mal al observar a la chica y la despertó. Candy trató de disimular y no quiso contarle nada a la Hermana María, puez no quería agobiarlas con sus "cursilerías" y prefirió decir que solo fue un mal sueño sin importancia.

Durante el día, Candy se concentró en su trabajo con los chicos para despejar su mente y lucir radiante como siempre. Ayudó a los niños a decorar su cofre para la cápsula y también les dio consejos sobre qué podían depositar. Rió junto con ellos y le funcionó bastante bien. Por un momento sintió que lo demás no existía y que solo estaban ella y los chicos divirtiéndose. La tarde entera se la pasaron decorando su cápsula del tiempo y pintando todo tipo de cosas, como carritos, estrellas y muñecas.

Nueva York.

En la casa de Susana y Terry todos estaban muy tristes, pues la muchacha había amanecido con un terrible dolor en la parte amputada. Llamaron a un doctor y éste llegó enseguida, sabiendo la gravedad en que Susana se encontraba. Tras estar revisándola durante una hora, dio el anuncio de que el temido día había llegado. La Sra. Marlow lloraba desconsoladamente y todos pasaban al cuarto de Susana para despedirla. Terry se encontraba ahí con ella y otros familiares para poder acompañarla hasta su último suspiro. En cuanto todos los familiares terminaron de despedirse de la chica, ésta pidió a Terry que se acercara y él obedeció sentándose a la orilla de la cama.

-Terry, porfavor. Perdóname por todo lo mal que hice y por haberte hecho sufrir. Yo solo pensé en mí sin saber que tu sufrías. Ve con ella y sé feliz. Te lo suplico- Decía con la voz entrecortada.

-Susie. No te atormentes. Yo estoy bien. Mi propósito era hacerte feliz para toda la vida.

-Lo fui. Te lo agradezco, cariño. Fuiste lo mejor que me pudo pasar. No me arrepiento de haberte salvado. Eres lo que más amo. Yo ya no estaré ni te estorbaré. Busca a Candy y busca tu felicidad a toda costa- Dijo con una sonrisa débil.

-Gracias, Susie, por todo. Te debo la vida- Dijo Terry.

-Te quiero, Terry- Susurró la chica, para después, cerrar los ojos y dar su último respiro. En su mente agradeció a Candy: "Gracias, Candy, por permitirme a Terry".

La rubia murió con una leve sonrisa en su rostro, y Terry supo que al menos la había hecho sentir feliz.

Todos velaron unos minutos a la occisa, y se fueron a enterrarla. No hicieron funeral por petición de Susana, según ella para evitar chismes y también porque nunca le gustaron los funerales, menos el suyo. Llovió esa tarde y todo se veía muy gris. Terry dejó unas cuantas flores en la tumba de Susana y la despidió.

-Susana. Descansa en paz. Talvez no llegué a amarte, pero te quise mucho. Gracias por salvarme- Fueron las últimas palabras de Terry a Susana.

El joven regresó a su casa a cambiarse y sin perder tiempo fue a comprar unos boletos de tren para viajar a Lakewood, y de ahí, al Hogar donde su pequeña pecosa se encontraba. Robert le había dado vacaciones para superar la pérdida de Susana, y Terry las usó para irse con Candy.

Cuando compró sus boletos, se fue a esperar su tren para partir ya mismo. Pensó en Candy, en cómo reaccionarían ambos al encontrarse tras más de un año sin verse. ¿Ella lo seguiría queriendo? Eso no lo sabía. Pero la conquistaría de nuevo sin importarle nada. Por fin, su amor prevalecería y serían felices el uno con el otro. La noche transcurrió tranquila para Terry y para Candy. Él iba todavía en el tren, ansiando ver a su Tarzán Pecosa. Ella dormía plácidamente sin imaginarse que Terry se dirigía hacía el Hogar para iniciar una nueva vida.

Hola a mis queridos lectores!!! Otro capítulo más. Al fin pude tener tiempo para inspirarme.

¿QUÉ PASARÁ CON CANDY Y TERRY? ¿CÓMO SERÁ SU REENCUENTRO? TODO ESTO EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO!!!

Abrazos, MPEU