Terry pasó a la habitación de Candy. Sentía que le daría un infarto ahí mismo, sus manos temblaban y sentía un miedo intenso. La luz no iluminaba mucho, pero se podía apreciar una linda silueta recostada en la cama. Se acercó poco a poco, tratando de no hacer ruido e intentando calmarse. Desvió la mirada hacia la ventana, hasta que se volvió a topar con el rostro de su amada. Se le partió el corazón al verla así, su perfecta cara tenía algunos moretones, con algunas cortadas causadas por el roce con ramas y tierra. Estaba pálida, casi sin vida, pero seguía viéndose hermosa, con lindos bucles dorados esparcidos por la almohada, labios carnosos y apetecibles y con piel de porcelana. Una lágrima resbaló por el rostro entristecido de Terry. Le partía el alma observar a su querida Candy inerte en esa cama, conectada a esos tubos y con algunos piquetes en sus manos.

-Candy, perdóname mi amor- Dijo con la voz entrecortada, mientras se hincaba junto a la cama tomando la mano de la chica- Jamás me perdonaré esto. Todo es mi culpa, el haberte hecho sufrir tanto. No supe valorar tu amor, no te cuidé como debí haberlo hecho. Perdóname- Dijo entre el llanto.

Terry calló, solo lloraba silenciosamente implorando a Dios que Candy se recuperara pronto y que no perdiera la memoria. En la habitación solo se escuchaba el pip- pip de la máquina que captaba los latidos del corazón de Candy. Terry se reprochaba por todo. No resistiría el hecho de que Candy no lo reconociera o que fuera un extraño para ella. La volvió a mirar y acarició su mejilla con la mano. Quería volver a besarla, pero tenía un tubo conectado a su boca, por lo que tuvo que darle un tierno beso en la frente mientras acariciaba su sedoso cabello. Una enfermera pasó al cuarto y le pidió a Terry que saliera. El joven puso cara de fastidio pero al final, tuvo que dejar la habitación cabizbajo. Al salir no vio a Albert ni a Archie, así que solo se sentó en la sala de espera con miles de pensamientos inundando su mente.

Flammy Hamilton había regresado a América después de haber sido herida de bala en plena batalla. Tardó 2 meses en recuperarse y la enviaron a la clínica en Lakewood. Flammy iba pasando por el piso donde estaba Candy y alcanzó a ver a Terry, quien tenía los brazos recargados en las piernas y sus manos cubriendo su cara. La joven sintió que ya lo había visto antes, por lo cual se le quedó mirando unos segundos tratando de recordar donde lo había conocido. El castaño levantó un poco la mirada dejando ver su rostro, y en ese instante Flammy recordó que era el joven que fue a preguntar por Candy aquella noche en que ésta dejó la guardia en el hospital por ir al teatro y al cual le había negado el paso. Se preguntó qué estaba haciendo ahí.

-Buenas noches, joven. ¿Puedo ayudarle en algo?- Preguntó con una voz suave muy inusual en ella.

Terry la miró, Flammy se impresionó, pues sus ojos estaban hinchados del llanto y en ellos se reflejaba una profunda tristeza, parecía haber envejecido en pocas horas.

-Necesito un milagro. Es lo único que necesito, no a una enfermera que no me ayudará en nada- Dijo Terry de manera grosera.

-No me hable de esa forma. No es mi culpa que sea tan amargado- Le contestó la joven enfermera con tono frío.

Terry ya no contestó, y Flammy se dio cuenta, así que decidió dejarlo solo. El castaño se llevó otra vez las manos al rostro desesperado al no tener más noticias. Albert y Archie habían regresado y se sentaron junto a Terry sin decir nada. Archie seguía preguntándose que opción sería la más correcta, si enamorar a Candy o no. Albert solo rezaba para que su pequeña volviera en sí sin ningún problema. Terry rompió el silencio.

-¿Dónde está la Srita. Pony y Annie?- Preguntó con voz ronca.

-Les dijimos que se fueran a descansar. Ambas se negaron pero las convencimos diciéndoles que en cuanto recibiéramos noticias, nos comunicaríamos- Contestó Albert saliendo de sus pensamientos.

-Tú deberías irte, Terry. Todo esto es tu culpa, deja de hacerle daño a Candy y déjala ser feliz- Dijo Archie con molestia.

-Elegante, vete acostumbrando a mi presencia porque jamás me voy a ir de aquí. Cuidaré de Candy y velaré por ella. Además, ella es feliz a mi lado- Contestó Terry poniéndose a la defensiva.

-¿Cómo lo sabes? Ni siquiera has hablado con ella. Quizás ya no te ame- Dijo Archie con molestia.

-¡Basta, Archie! Ya hablamos de esto, así que porfavor, no empieces a pelear. No es el lugar ni el momento adecuado- Exclamó Albert visiblemente irritado por la situación.

Archie y Terry se quedaron callados, cada uno sumergido en sus pensamientos. Flammy se había quedado muy intrigada por saber qué hacía ese joven en el Hospital, así que revisó la lista de pacientes. Sabía que su apellido era Grandchester, por lo cual buscó en el apartado G, pero no encontró nada. Suspiró con pesadez y empezó a buscar por todo el libro hasta que llegó a la W. Sus ojos se abrieron como platos al ver que en la lista de pacientes se encontraba Candice White Andley. Palideció considerablemente y sus manos temblaban, puesto que Candy se encontraba en Terapia Intensiva. Comprendió que Terruce se encontraba ahí por Candice. Sin esperar un segundo más, dejó el libro en el módulo y se fue a la habitación de la rubia. Trató de ser discreta porque ella no trabajaba en ese piso. Abrió la puerta y se acercó sugilosamente. Su corazón casi se para al ver a su ex-compañera en aquel estado. La palidez de su cara, los moretones y raspones, aquellos labios que antes eran rosados, ahora estaban grises y sin vida. Flammy sintió tristeza por la joven rubia. Ella la recordaba siempre vivaz, con un brillo especial en sus verdes ojos, con una radiante sonrisa, pero ahora solo parecía que estaba viendo un cadáver. Leyó el expediente para saber qué había pasado. Examinó lo que éste decía detenidamente.

-Cayó de un caballo, Flammy- Dijo una voz femenina.

Flammy volteó a ver a la persona que había entrado. Era una hermosa chica de 23 años, de cabello castaño, ojos azules y piel blanca, llamada Samantha. Ella era doctora de aquel hospital, amiga de Albert y proveniente de una familia rica y muy importante. Albert le había pedido cuidar de Candy ya que Samantha era excelente médico.

-Dra. Hall. Lamento haber entrado aquí. Pero la paciente fue compañera mía. Me dio curiosidad- Se disculpó la pelinegra.

-No te preocupes, Flammy. Te comprendo. Y no me digas Dra. Hall. Llámame Samantha- Dijo la joven doctora con tono dulce.

-Está bien...Samantha- Dijo Flammy aún insegura de tutear a la doctora.

-Así se oye mejor. Pobre chica, ¿no? Esperemos que se recupere pronto. Es hija adoptiva de un amigo mío- Comentó Samantha revisando las máquinas que estaban conectadas a Candy.

-Pero cómo es posible que se haya caído de un caballo y que se encuentre en estas condiciones. Una caída así le pudo haber causado solamente algunos rasguños o algún hueso roto, pero no esto- Dijo Flammy mirando a la rubia.

-No solo fue una caída de caballo- Contestó la doctora mientras escribía en una hoja sujeta a un pisa papeles.

-¿Entonces?- Preguntó la enfermera intrigada.

-El caballo perdió el control y comenzó a alterarse. Candice no se pudo sostener y se cayó. Pero enseguida de ella estaba una fosa, así que al caer del equino, también cayó a ese hoyo de 10 metros- Explicó Samantha mientras seguía escribiendo.

Flammy se quedó impresionada. ¿Una caída de 10 metros? Le sorprendía que su ex-compañera siguiera viva.

-¿Se recuperará pronto?- Preguntó de nuevo.

-No lo sabemos. Sigue luchando entre la vida y la muerte. Si es que llega a sobrevivir, hay probabilidades de que pierda la memoria o que quede con secuelas- Respondió Samantha mirando con tristeza a su paciente.

-No puede ser- Susurró Flammy llevándose una mano a la boca. No podía asimilar todo aquello. Nunca le agradó Candy al 100%, pero no podía dejar de sentirse mal por ella. Ahora sabía por qué Terruce se notaba tan desesperado.

-Flammy. Hazte cargo de ella por unos minutos. Yo iré a informarles a sus familiares sobre cómo sigue- Pidió la doctora mientras se dirigía a la puerta.

-Sí, doctora- Respondió Flammy.

-Samantha-Le recordó la bella doctora.

-Sí, Samantha- Dijo Flammy con timidez.

La joven doctora salió del cuarto rumbo a la sala de espera, y Flammy cuidaba de Candy. Albert vio a su amiga y se levantó para preguntar por Candy.

-Sam, ¿cómo se encuentra Candy?- Preguntó Albert con desesperación.

-Albert, yo...- Samantha buscaba las palabras correctas para decirle todo a su amigo sin que éste se alterara- Candy sigue sin responder. No ha tenido mejora en estas horas, lo bueno es que tampoco ha empeorado.

-Porfavor, Sam, haz lo que sea para que se salve. Te lo pido- Suplicó Albert con ojos cristalizados.

-No se preocupen. Estamos haciendo todo lo posible para que se recupere. Pero debes entender que su estado es grave, no podemos definir nada aún- Dijo la doctora tomando el hombro de su amigo para consolarlo.

-Gracias, Sam, por lo que haces por mí- Agradeció Albert tratando de no llorar.

-No tienes nada que agradecer. Es mi deber, además de que eres un gran amigo mío. Haré todo lo posible para que Candice se salve- Dijo Samantha con un tono muy dulce- Me tengo que ir. Debo seguir trabajando. Será mejor que vayan a descansar. Los tres se ven muy cansados.

-No. Nos quedaremos aquí hasta recibir alguna noticia- Dijo Albert con necedad.

-Bueno. Entonces vayan por un café para que se despabilen. Yo les sugeriría que se turnaran para que cada uno pueda descansar. Candy los necesita ver a todos bien- Sugirió Samantha.

-Está bien. Haremos eso. Gracias- Volvió a agradecer.

-Por nada. Nos vemos luego- Se despidió.

Albert regresó a su asiento con lentitud. Los tres muchachos se notaban muy estresados y cansados, así que Albert le pidió a Archie que se fuera a descansar, ya que sabía que Terry no se iría aún. Archie al principio se negó, pero logró convencerlo diciéndole que en cuanto tuvieran más noticias, se lo dirían de inmediato. La noche pasó lentamente.

Muchos saludos a todos mis queridos lectores. ¿Les gustó el cap?¿Qué opinan de él? Díganmelo en los comentarios porfavor .

Con cariño, MPEU