2- De la diferencia entre los lazos y los hilos.

Las constantes patadas de Law sobre el pecho se alternaban con los puñetazos que le daba en la espalda. Rocinante no iba a quejarse, no pensaba hacerlo en ningún momento, ni tan siquiera quería dejarlo notar a pesar de que su gesto se torcía angustiado cuando no le veían.

En contra de las indicaciones de la asistente social, lo habían llevado a casa en vez de internarlo en un hospital. ¿Qué sentido tenía adoptar a un crío si lo pasaban de un encarcelamiento a otro? La supuesta cuarentena requerida por el gobierno mundial se podía evadir fácilmente cuando eras un DonQuixote, en especial si como tutor legal del niño eras Doflamingo. No era nada que no le pareciera lógico a Rocinante que cargaba la carga de no saber en qué hospital del mundo podrían encontrar una cura para aquella rara enfermedad que había sido más fácil erradicar mediante un asesinato en masa antes que invertir en investigación.

Rocinante le dejó en el suelo, en la puerta de su habitación. Se trataba de un espacio amplio en el que ambos habían invertido bastante, Doflamingo dinero, Rocinante tiempo. Law observó el lugar con detenimiento antes de volverse hacia él.

— No vais a comprarme con todos esas chorradas, no voy a llevar vuestro estúpido apellido — dijo justo antes de darle una patada en la espinilla. Había sido una completa declaración de intenciones, que se prolongó con una entrada en la habitación y la destrucción de la mayoría de objetos de la sala.

Varios de los libros que habían colocado en las estanterías reposaban tirados en el suelo, algunos juguetes rotos y pisoteados cuando apareció Doflamingo. Unos hilos invisibles sujetaron los brazos de Law durante un instante justo antes de que intentara arrancar una hoja de un libro.

El niño forecejeaba por intentar moverse, molesto y enfadado en aquel momento de supresión innvisible. Suponía que era obra de Rocinante al que miró con ira, justo antes de que Doflamingo se ríera al observarlo en aquella pelea que tenía contra la figura de su hermano menor.

— ¿Quien te crees que eres mocoso? — dijo Doflamingo sin dejar de sujetarle con su habilidad, que Law desconocía por completo. Seguidamente miró a su hermano con ligera desaprobación, consciente de que simplemente le permitía hacer todo aquello a pesar de tener la fuerza y la capacidad para retenerle — ¿Por qué le dejas hacer todo esto?

Rocinante sonrió sperfluamente y se encogió de hombros. Solo eran objetos, y solo había sido una patada de niño pequeño, como mucho se le inflamaría un poco, nada en comparación con la situación en la que se veía Law. Caminó hasta donde estaba su hermano y le sujetó el brazo indicándole que soltara al niño, para seguidamente ponerse él mismo a recoger los libros y objetos que seguían en el suelo.

Los ojos grises de Law paseaban por la habitación en análisis de lo que sucedía. Ninguna cuerda le sujetaba ya, pero seguía prácticamente inmóvil