5- Room
La tarde era realmente calurosa, y a pesar de todo Rocinante había insistido en que bajaran las persianas, subieran el aire acondicionado y pusieran una película. Law se sentaba en el suelo, mientras que Doflamingo se estiraba a lo largo del sofá, apoyando su cabeza sobre las piernas de Rocinante. El único bol de palomitas lo tenía Doffy, que no le daba al niño que lo miraba receloso antes y después de recibir unas pocas por parte del tercero en la habitación.
La película se hacía pesada, la habían visto por lo menos tres veces en el último tiempo. El documental "a corazón abierto" del doctor Vegapunk, en la que enseñaba como se podían substituir todos los órganos internos del cuerpo a excepción de uno, el corazón.
Law adoraba los detalles que representaba el documental, y Doflamingo se reía al pensar que su hijo era el crío más raro que podía haber elegido. Se regalaba en la excentricidad del pequeño, que esperaba el día en que pudiera abrir un corazón él mismo.
Rocinante, como diferente opinión solo se había quedado dormido del aburrimiento que le profesaba toda aquella explicación científica. Le importaba un bledo si era más o menos dedicado en sus pasiones el niño. Todos los críos tenían obsesiones extrañas. Al niño mink de los vecinos le había dado por el Kung Fu después de ver Kung Fu panda, y los de más abajo en la calle les había dado por ir al acuario semanalmente.
Solo los ronquidos y la falta de palomitas saladas y con un ligero toque de mantequilla hicieron que el niño quitara su vista alucinada de la pantalla.
— Corazón, eh, Cora-san — dijo y se frenó en golpearle la pierna, porque si lo sabía Doflamingo seguramente se molestaría aunque lo hiciera con buenas intenciones y no para herirle. Se giró para comprobar que efectivamente, su proveedor de refrigerio se había dormido y después se fijó en Doflamingo. Volteó sus dedos y la vez susurró —. Room, bol.
A la par que recitaba en voz baja, el bol de palomitas se intercambió por un cojín y Law cogió el mismo del bol todo lo que mirada de tedio de Doflamingo fue brutal, la risa después de que el niño le devolviera el bol, no tanto.
