Llegamos al final de esta corta historia, Siempre estuvo planeada para ser de 3 capítulos, espero les haya gustado así, como yo disfrute de escribirla… Gracias por sus comentarios, a los que leyeron; nos vemos en mis otras historias que al igual que esta espero poder finalizar… Besos, besos, gracias!


Capítulo 3

Sin Mascaras

Afuera el mundo prosigue, el bullicio de la calle era lo único que le recordaba que todo fue real, la vida continuaba mientras ella permanecía acurrucada en el sofá. Con la idea de que, era demasiado tarde para arrepentirse, ya no importaba, no quiso escuchar a su razón y siguió adelante con esa locura y ahora, estaba lamentando lo ocurrido, perder a su familia, su compromiso, a su mejor amiga puso su mundo de revés. Corregir su error a estas alturas no le traía ningún consuelo. Pero era mejor así, sin engaños, sin tener que maquillar su vida con ese juego de niña perfecta que se inventó su madre. Lloraba, buscando la forma de no extrañar la única persona que podría darle consuelo en ese momento. Tenía que resistir, la vida no se terminaba; pero maldita sea ¿Porque sentía que toda la mierda del mundo le caía encima sepultándola viva?

Sus lágrimas se detienen de golpe, el sonido de unas llaves en su puerta le acelera el corazón. Salta sin ningún cuidado de su asiento, mirando a todas partes como si buscara un portal mágico por donde escapar. El dolor es sustituido por el pánico "Killiam" chilla bajito mirando estupefacta la oscuridad.

- Vete Killiam soy policía te vas a meter en graves problemas si te entras en mi casa- su voz es más una súplica que una amenaza- Te juro que llamare a Graham.

Le costaba mantener los temblores de su cuerpo, unos breves segundos en que duda si correr y encerrarse a su habitación o plantarle cara; sin embargo, el golpe en su labio le recordaba que el hombre que estaba por entrar a su casa no era el mismo a quien ella creyó conocer- "es un delincuente más, has manejado a muchos de ellos puedes con él"- pero el alcohol en su cuerpo le declaraba todo lo contrario.

La puerta se abre dejando a la vista una sombra imponente. Retrocede unos pasos pese a que en realidad ansiaba poder correr. El alcohol no le dejaba esa opción.

- Si intentas lastimarme...- la réplica fue interrumpida por la torpeza de sus pies al encontrarse con unas de las botellas que había dejado tirada. Su impacto contra el suelo fue aparatoso.

Rápidamente la sombra se mueve a su encuentro. El eco de los tacones resuena poderosamente en la estancia, va por ella y sin esperar más, todo el cuerpo de Emma se pone en alerta.

- Detente- grita experimentado una gran impotencia.

-Emma - la voz se mezcla con sus gritos, no la escucha, el temor que experimenta nubla sus sentidos.

- Por... por favor- era la desgastada suplica que repetía la rubia.

Al ser apresada por unos brazos, la anatomía de la rubia solicita una pausa obligatoria. El conato de escape queda frustrado en el mismo instante en que sus fosas nasales son asaltadas por uno de sus peores enemigos. Un sutil aroma que ella conoce muy bien, el mismo que tantas noches la torturo y constantemente la hizo contener la respiración por más segundos de los creía poder resistir.

- Soy yo... escúchame cariño, soy yo.

Cada palabra que salió de esa boca propinaba una descarga eléctrica directamente en el corazón de Emma.

- Emma háblame por favor.

Las palabras atiborran su boca, para luego ir naufragando en las orillas de sus labios. Resultaba totalmente utópico poder hablar. Sin aviso el calor de esos brazos la dejan unos leves segundos desamparada, los suficientes para que la luz llene la habitación y Emma pueda reencontrarse con esas pupilas cafés.

No puede respirar, como hacerlo cuando el peso de esa mirada le vació los pulmones.

Puede notar como el calor sube a su rostro, de inmediato renuncia llena de vergüenza a esa mirada.

- Emma, por Dios.

Esa voz es como un pellizco en el corazón que le extrae más lágrimas. Se acerca, puede sentir esa presencia apabullando sus sentidos he ir adentrándose tan profundo en ella, que incluso siente como los últimos vestigios de fuerzas la abandonan.

- Regina- gimotea, entre tanto se arrastra sobre su espalda, buscando distancia, una que no consigue porque la morena logra atraparla en su huida. Teme morir lentamente cuando los brazos de su amada la rodean, Emma no sabe si el alcohol logro su cometido y en esos momentos se encontraba soñando.

Un suspiro tembloroso delata su agonía.

- Estoy aquí, no estás sola cariño, estoy a tu lado- jamás un abrazo entre ellas se había sentido tan sincero y verdadero- Tienes mi palabra de que voy a matarlo, juro que no habrá un lugar donde ese maldito pueda esconderse de mí. Susurra su amiga, separándose unos cortos centímetros manteniendo cautiva la cintura de la rubia al tiempo que su mano libre acaricia el lado derecho de su rostro; justo donde ese labio partido he hinchado confirmaba lo sucedido.

- Estas aquí- susurra amargamente- Te pedí que no lo hicieras.

- Puede que cuando me lo pediste ya estaba en camino- responde con leve toque de humor.

- Te dije que estaba bien- murmura sin ninguna sutileza.

Despacito se va soltando del contacto disputa a ponerse en pie. Y lo logra, bajo la atenta mirada intimidante de Regina.

Sin duda alguna la morena no parecía haber saltado de la cama, no que va, su imagen era el recorte de una portada de revista, esas que Emma muchas veces se topó en las calles. Mujeres hermosa y poderosa codiciadas y envidiadas por muchos. Regina era una de ellas, con el cabello correctamente en su lugar, sumado a esto su perfecto y fina conjunto de chaqueta tweed Armani y pantalón pitillo negro de la misma marca. En contraste con esa tímida rubia y su pequeño short rasgados y desgastado acompañados por una holgada camiseta de la Evil Queen, su villana favorita.

- Hermosa e inalcanzable- susurra en voz alta ganándose una ardiente mirada de su amiga, una que la hace bajar la cabeza abochornada- lo... lo siento

- ¿Así me ves?- esa mirada y ese tono de voz eran unas de las razones por las que Emma la amaba. Solo ella conocía ese lado sensible, a esa Regina frágil y dócil que muchos quisieran ver. El simple hecho de que la morena le regalara ese placer, como de costumbre la hace soñar.

Es aún más hermosa cuando sus ojos abandonan su antifaz de frialdad para inundarse de una oleada de sentimientos. Recuerda lo mucho que le intrigaba que Regina mostrara sus emociones ante ella. La máscara que llevaba ante los demás era la de una mujer fría, calculadora y arrogante, una fachada que muchas veces Emma le recrimino, odiaba lo que salía en las revista sobre la famosa y millonaria empresaria, detestaba esa mentiras que una y otra vez se decían. Nadie lograría convencerla de esas absurdas palabras, como hacerlo si Regina le permitió ver más allá de sus murallas fuertes e imponente. La temible niña de primaria la cobijo y apoyo desde el primer día en que sus ojos se cruzaron en la cafetería de la escuela, el hermoso ser humano que ocultaba de esos que la envidiaban y señalaban fue expuesto solo a Emma.

- No te quedes callada Emma- levemente se miran, la calidez de esos ojos café la atrapan como nunca antes haciéndola caer en un abismo donde no parece tener salvación.

Sin decir palabras intenta huir. Los pies descalzos de Emma retroceden un paso, solo uno, porque la morena la toma de la mano poniéndole un Stop. La rubia comienza a ser testigo de cómo la melancolía va fermentando sus lágrimas, suplica a Dios y todos los santos para que se apiaden de ella y poder mermar eses dolor en su lado izquierdo. Le preocupa el peso en su garganta que frena cualquier palabra que desea salir. Malditas, era evidente que la estaban haciendo lucir como una estúpida.

- Mírame Emma... por favor mírame de verdad- pide con suavidad, tomando las pálidas mejillas y obligando a que sus miradas vuelvan a encontrarse. Los latidos del corazón de la rubia tropiezan y hacen una acrobacia al verse en esas pupilas que parecen absorberla totalmente- Sin mentiras, sin disfraces. Mírame como hace años llevo ansiando que lo hagas.

La respiración de Emma se tomó un reseco al notar como el cuerpo de Regina se acercaba demasiado al suyo. Batalla, combate cuerpo a cuerpo con sus hormonas que van haciendo fiesta. Si eso era una prueba, no caería, respetaría a su amiga como lo había venido haciendo siempre. "Aguanta Emma, dormiste a su lado, secaste sus lágrimas; hasta en ropa interior la has visto, esto es un aprueba más, una más"

- Mírame Emma.

Traga con fuerza mientras la presencia de Regina la envuelve de una forma intensa, tanto que apenas logra coordinar sus ideas. Nunca se sintió tan amenazada, tan al borde de lanzarse y probar esos labios. Si Regina vuelve a ronronear de esa forma no podrá contenerse.

- No soy un experimento Gina- la expresión de su rostro se vuelve dura.

- Lo sé- responde con esa naturalidad que la distingue.

- Entonces deja ya de jugar- cierra los ojos pensando en un modo rápido de poder escapar de su contacto, el que comienza a ser insoportable.

- ¿Juego?- aquellas palabras de Emma parecieron tomarla por sorpresa.

- Si- dijo con tono molesto- Y ya para, no me hables así.

- Eres una idiota, ambas lo hemos sido- su voz es profunda y nostálgica- No ves lo mucho que he llorado, que llevo el alma rota desde que llegue.

- Si lo sé, como olvidar cuando yo seque esas lágrimas causadas por ese estúpido amor secreto que tienes, que aparte de todo, nunca vio a la mujer que estaba a su lado- dijo antes de cerrar los ojos y pretender que sus propias palabras no le hacen daño- Lo peor es que prefirió a alguien más. Al parecer no soy la única estúpida aquí.

- Entonces eres mi mayor estupidez- Dice con vehemencia antes de reclamar los labios de Emma.

Suave dulce y abrazador es ese beso que le congela la razón y pone a trabajar a mil a sus desenfrenadas hormonas. Apenas y puede reprimir un gemido ante el audaz contacto de los labios de la morena. Emma intenta mantener el control; pero obtiene una respuesta contraria de su cuerpo, lo nota cuando sus manos envuelven posesivas la pequeña cintura de su amiga, disfrutando de cada una de las nuevas sensaciones que van surgiendo.

Con solo un beso su corazón cayó hasta su entrepierna donde palpitaba de forma placentera.

- Gina- murmuro sedienta por contacto.

La morena se separa un par de centímetros con el deseo ardiendo en sus pupilas. Emma nunca imagino que esa forma de mirarla le mandarían una descarga a ese punto tan sensible donde la humedad de sus bragas les recordaba que habían pasado todos los limites.

- Mi estúpido amor secreto eres tu Emma Swan, nunca hubo un novio, solo tú. Cuando me entere de tu boda vine corriendo a verte porque estaba perdida al saber que muy pronto alguien seria tu dueño- la miraba con evidente tristeza, como si cada palabra que salía de su boca le causara un inmenso dolor- Tuve la tonta idea que quizás, el verte me daría el valor que no tuve durante tantos años, contarte la vedad era la misión de este viaje, pero fui una cobarde- un leve cambio en el tono de su voz muestra cómo se contiene para no llorar- Fuiste más valiente que yo.

En ese momento Emma no supo que decir, simplemente levanto ligeramente el mentón de la morena para ver directamente esos ojos, sin mentiras, ni miedos de por medios.

- Fuimos unas estúpidas- informa con expresión calmada depositando un beso casto sobre los temblorosos labios de Regina.

- Casi me matas con tus mensajes- sus labios muestran una sonrisa apagada al tiempo que sus parpados luchan para no dejar escapar las primeras lagrimas- Creí estar soñando, creí que en algún lugar alguien que me odia me lanzaba una maldición para reírse de mi dolor. Pero llegaste tú y me salvaste.

- Entonces también estoy soñando y no quiero despertar y ver que ya no estas- susurra en tono delicado mientras amolda el cuerpo de Regina al suyo- Solo si mi princesa viene y me da un beso de amor verdadero despertare de este sueño que quiero que sea eterno.

- Crees que una reina malvada sea suficiente- ronronea pegándose más a la rubia y reclamar sus labios en un lento y sublime beso que parecía hacerla perder el conocimiento y las atrapabas en una bruma de emisiones y sensaciones que encendían sus pasiones más ocultas -Fui una ciega- dijo Regina empujándola suavemente hacia el sofá.

-Fui una estúpida- se dejó caer sobre el cómodo sillón quedando Regina instalada sobre ella.

- Emma- saboreo su nombre sin apartar los ojos de aquella mirada que la devoraba.

- Regina-el nombre sale de su garganta como un gemido.

Amabas apagaron sus palabras en un beso hambriento, donde se perdieron y desconectaron por completo. Donde las palabras sobraban para ser sustituidas por caricias y besos que se deslizaban por zonas donde nunca imaginaron perderse. Se descubren, explorando y adentrándose en lugares desconocidos, especialmente en esa morada que se empapa con las corrientes de placer.

A trompicones llegan hasta la habitación de la rubia, desprendiéndose de cada pieza de ropa que es como una barrera que no les permite tocar su piel. La intensa necesidad que tiene la una de la otra es sofocante. Apenas llegan se dejan caer sin ninguna delicadeza sobre la cama.

- Si supieras cuantas veces te imagine así- la voz de Regina es hipnotizante, mientras envuelve entre sus manos unos de los pechos de su rubia.

-Regina-brama a viva voz cuando su amiga se acopla entre sus piernas para embestir su centro.

- Dime amor-le regala una sonrisa mientras la punta de la lengua recorre de forma seductora los labios de Emma- ¿Quieres que me detenga?

La mano de la rubia se aferra a la nuca de la morena demandando su boca.

- Te necesito- susurra bajo la ardiente mirada de su amada.

El aroma intoxicante de cada una las vuelve adictas. Se saborean una y otra vez con uñas y dientes, sin darse tregua porque su piel es un mapa que las lleva a descubrir abundantes y sensibles tesoros. Memorizan sus puntos llameantes, tatuando sus nombres en cada embate de sus bocas, en cada embestida de sus caderas que inunda de gemidos sus nombres.

Hacía rato que sus cuerpos las habían abandonado, sus respiración agitada les recordaba que estaban a punto de dispararse a la sima. Solo basta un instante, un insignificante segundo donde cierran sus ojos. Emma se aferra a las sabanas, mientras sus piernas enredadas en la cintura de Regina la invitan a que sus dedos la penetren más fuerte y profundo. La morena entra y sale de su morada y cada una de ellas es recibida con un gemido de Emma. Se entregan por completo sin caretas ni mentiras solo son Emma y Regina dos mujeres que se necesitaban, ya no les importaba nada solo liberar sus cuerpos en aquella apasionante batalla que era acompañada por las susurrantes palabras que se dedicaban, te amo, no volverás a separarte de mí, eres mía, soy tuya, una y otra vez la repetían, cada vez que sus movimiento se hacían más profundos y rápidos.

Las descargas arrebatadoras se acumulan desde adentro, sensaciones que conllevan a que un frio les atraviesa las espalda. Las puntas de los dedos le hormiguean, la culminación está cerca, pueden sentir como peregrina por su anatomía.

Las manos de Emma se anclan en las nalgas de Regina quien la embiste haciendo que sus dedos entren más profundo.

Sus vientres se tensa, ambos cuerpos se estremecen dominados por el abismal clímax que explota en lo más recóndito de su ser hasta transformarse en un desfile de espasmos y lágrimas.

- Te amo Mi reina

En silencio la morena se abraza a ella.

- Te amo mi Salvadora.

Fin…